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Nombrar a Joaquin Turina
es evocar a Sevilla, no en vano al laureado compositor español,
debemos el término sevillanismo. Turina comenzó sus
estudios de música en su ciudad natal, al tiempo que se educaba
en otras materias en los colegios de San Ramón y de Santo Angel.
Enrique
Rodríguez fue quien le enseñó las primeras nociones
de música y quien le inició en la práctica del piano.
Con Evaristo García Torres (ver
nota) estudió contrapunto y composición. Su padre, de
ascendencia italiana, prefería para él el título de
Medicina, título al que optó, sin ninguna fortuna ni convicción
el joven músico.
Habiéndose encauzado
definitivamente hacia el piano, actuó en público en Sevilla
el 14 de marzo de 1897 ejecutando la difícil obra Moisés
de Thalberg. En esta época destacan sus Coplas de la Pasión,
sobre textos de Rodriguez Marín. Cinco años más
tarde, el 6 de marzo de 1902, partió hacia Madrid con el propósito
de perfeccionar su aprendizaje del instrumento con el maestro José
Tragó (ver nota), que le
introdujo en la escuela chopiniana de la interpretación pianística.
Antes de establecerse
en la capital, tras repetidos viajes entre Sevilla y Madrid, se presentó
como pianista profesional ante el público madrileño en el
Ateneo el 14 de marzo de 1903 (también el 14 de marzo lo había
hecho ante el público sevillano; curiosa coincidencia). Su zarzuela
La
copla se estrenó con éxito el 24 de marzo de 1904, y
como muchos músicos de su época intentó infructuosamente
estrenar su primera ópera: La sulamita -basado en un tema
bíblico-. De todos modos, su estancia en Madrid no sería
duradera; sus padres murieron en 1904, y esta triste circunstancia precipitó
la realización de la idea que ya estaba fraguando y que no era otra
que (también como otros muchos músicos de su generación)
la marcha a París. Hacia allí partió en 1905, tras
la fría acogida de su zarzuela Fea y con gracia.
En París estudió
composición y piano con Moritz Moszkowsi (ver
nota) en los años 1905-6 e ingresó a continuación
en la Schola Cantorum (ver nota), donde
estudió composición con D' Indy a partir de 1907.
Turina abandonó la Schola en 1913.
Turina conoció
en París a músicos como Debussy, Ravel, Dukas,
Florent
Schmitt, Angel Barrios y Ricardo Viñes. Pero el
encuentro más importante que habría de tener durante su estancia
parisina fue con otros dos músicos españoles de relevancia
capital: Albéniz, que se produjo el 3 de marzo de 1907, y
Falla.
Turina, muy dado a la
escritura de vivencias y anécdotas sucedidas a lo largo de su vida,
narró uno de sus primeros encuentros con Albéniz en un escrito
que publicó en Barcelona en 1917. Después de estrenar en
París, en 1917, su Quinteto con piano en sol menor (ver
nota), fue invitado (a la vez que
Falla) por Albéniz al café de la
Rue Royal. Allí, escribe Turina, me di cuenta de que la
música tenía que ser un arte y no un entretenimiento para
gente frívola y disoluta. Éramos tres españoles reunidos
en aquel rincón de París y nuestro deber era luchar valerosamente
por la música nacional de nuestro país. Este mismo año
(1917) ve la luz su Enciclopedia abreviada de la Música (ver
nota)..
A propósito del
citado Quinteto, el músico gerundense había aconsejado a
Turina que abandonase ese estilo y se encauzara por las sendas del nacionalismo.
Este consejo fue vital para la obra del músico de Sevilla, el folklore
andaluz, y particularmente el sevillano, irrumpieron en su estilo de manera
evidente.
Turina viajó frecuentemente
a España durante su estancia en París, y en 1908, en uno
de esos viajes contrajo matrimonio con Obdulia Garzón. En
1913 logra un éxito arrollador con el estreno de La procesión
del Rocío opus 9 en Madrid, interpretada por la Orquesta Sinfónica
bajo la batuta de Arbós, acogida entusiasta que repetió
en París. Ese mismo año abandona París, actuando como
pianista en España y Europa y tras esta etapa de triunfos se instaló
definitivamente en Madrid en 1914.
Turina, en un escrito
que se leyó en el Instituto Francés de Madrid en 1946, en
el acto en que esta institución pretendía homenajear el recuerdo
del recientemente finado Falla, recordó así al músico
gaditano como parte fundamental de aquel momento especial de la música
española, aquella época en que mucha de la mejor música
española se había fraguado en el excepcional caldo de cultivo
que suponía París: Fue en París donde se formó
el gran músico [Manuel de Falla]. La etapa parisina supone
el perfeccionamiento de la técnica y el comienzo verdadero de su
producción (...). La intensísima vida musical de la gran
ciudad, el choque de las diversas tendencias en ideales, las grandes figuras
de uno y otro campo, Fauré y D' Indy, Debussy y Ravel, la campaña
españolista de Albéniz, todo ello formaba un ambiente musical
de enorme atractivo, de gran fuerza (...). Quizás no se hubiera
movido de París si la guerra de 1914 no nos hubiera lanzado a todos.
A partir de 1919 fue
pianista del Quinteto de Madrid y compaginó esta actividad con otras,
tales como actuaciones como solista y como director de orquesta en España
y en el Extranjero. En 1918 había dirigido las representaciones
en España de los Ballets Rusos de Serge Diaghilev. Y desde
poco antes se encargaba del Coro del Teatro Real de Madrid, consiguiendo
también un gran éxito como compositor tras el estreno de
la Sinfonía Sevillana (1920).
En 1923 se produce el
estreno de Jardín de Oriente en el Teatro Real de Madrid
el 6 de marzo de 1923. Al año siguiente (1924) presenta La oración
del Torero para 4 laudes escrito para el Cuarteto Aguilar.
En 1929 firmó
un contrato con la Unión Musical Española, según
el cual se comprometía a suministrar a esta institución obras
pianísticas. Esta colaboración con dicha institución,
además de suponer una disminución de sus anteriores actividades,
le procuró beneficios económicos que ayudaron a solventar
su nada boyante situación económica. En 1930 es nombrado
catedrático de composición del Real Conservatorio, tomando
posesión el 5 de agosto de 1931. Un año más tarde
murió su hija María y se abrió ante él una
etapa de reconocimientos y homenajes que culminaron en 1935 con su elección
como académico de Bellas Artes. A pesar de que Turina fue nombrado
Académico de San Fernando en 1935, no pudo leer su discurso hasta
1939, 4 de agosto. El discurso fue La arquitectura y la música
. Su salud era penosa y su estado económico lamentable.
Turina, tras el golpe
de estado fascista de 1936, y durante la guerra provocada por los sediciosos,
tuvo serias dificultades al interrumpirse la actividad del Conservatorio.
El cónsul británico, John Milanés, gran aficionado
a la música, lo qyudño nombrándolo archivero de la
delegación diplomática y certificó reiteradamente
que Turina formaba parte del personal administrativo del consulado. Durante
la Guerra Civil, Turina no compuso una sola obra.
Tras una nueva etapa de viajes y homenajes, durante la cual redactó
el Tratado de composición (1946), su salud comenzó
a resentirse seriamente, y murió en Madrid el 14 de enero de 1949.
Ha sido tradicional unir
las figuras de Turina y de Falla, identificarlas de manera sistemática,
así como se han venido identificando los dos grandes compositores
españoles de la generación anterior: Granados y Albéniz.
Según el crítico musical Adolfo Salazar, Ni los caracteres,
ni lo conseguido en sus obras [se refiere Salazar a Falla
y Turina], ni su influencia en el actual florecimiento de nuestra
música [el crítico escribe esto en 1930], tienen más
rasgos en común que su deseo de hacer una musica nacional,
dentro de un rango elevado". Salazar consideraba más próximos
a Granados y Turina, afirmando que los dos tienen en común en su
obra un concepto poético de la música, un aire evocador.
Una de las diferencias
más importantes entre Falla y Turina es que, mientras que el primero
exploró nuevas posibilidades en hizo que su música evolucionara
por las sendas de un nacionalismo con afán universalista, Turina
sufrió en su trayectoria musical una suerte de anquilosamiento,
lo que provocó que su evolución fuese limitada, permaneciendo
en un nacionalismo de carácter localista. De este modo, es usual
afirmar que la música de Turina se conoce con haber escuchado unas
pocas composiciones suyas. Esto no significa, desde luego, que la figura
del compositor sevillano no sea de una gran relavancia para la música
española de este siglo, que no haya influido grandemente en compositores
de generaciones posteriores, y que muchas de sus creaciones no posean una
hermosa y sólida factura y profunda inspiración.
En los últimos
años se multiplican las grabaciones de obras de Turina sobre todo
en EEUU y Canadá, debido a la compra de la Unión Musical
Española por Schirmer. En 1995 el Beaux Arts Trio grabó para
Philips los dos Tríos de Turina Op. 35 y 76 y "Círculo ..."
Op. 91 en la referencia 28944 66842.
ÓPERAS Y DIVERSAS OBRAS TEATRALES
La sulamita (probablemente compuesta en
1897);
Margot (1914),
La adúltera penitente (1917; obra
que Falla apreciaba mucho);
Jardín de Oriente (1922; leyenda
de ambiente árabe).
OBRA SINFÓNICA
La procesión del Rocío (1912;
poema sinfónico que tuvo una excepcional acogida);
Danzas Fantásticas (Exaltación,
Ensueño, Orgía) (1919; una de las más populares
obras de Turina, brillante y colorista, muy típica de su estilo);
Sinfonía sevillana (1920; también
muy bien acogida por el público);
La oración del torero (1925; compuesta
en su origen para cuarteto de laúdes, pero transcrita por el propio
Turina para cuarteto de cuerdas y también para orquesta de cuerdas,
esta es una de sus obras más célebres);
Ritmos (1928; tratándose de una
obra muy inspirada y original, es menos conocida que las anteriormente
mencionadas);
Rapsodia sinfónica (1934; obra
virtuosística y de efecto);
Sinfonía del mar
(obra que dejó incompleta a su muerte).
OBRA DE CÁMARA
Poema a una sanluqueña (1924; esta
composición, para violín y piano es considerada una de las
más logradas creaciones de Turina);
Sonata para violín y piano nº 1,
op. 51" (1920);
Trío nº 2, op. 81 (1933; obra
de estilo clásico en combinación con tintes andalucistas);
Sonata para violín y piano nº
2, op. 82 (1934; muy elaborada, esta sonata está entre las composiciones
de un nacionalismo más profundo y alejado de la superficial popularidad);
Serenata op. 87 (1935);
Musas de Andalucía (1942).
OBRA PARA PIANO
Como podemos fácilmente
imaginar, la obra de Turina dedicada al piano es inmensa. Entre muchas
piezas de valor existen otras tantas de circunstancias que no pasan de
ser superficiales estampas pintorescas. Turina era especialmente dado a
la creación de miniaturas pianísticas que reunía en
diferentes álbumes atribuyendo, algunas veces, importancia a detalles
externos. Entre las más consideradas composiciones dedicadas al
piano podemos nombrar:
Sevilla, op. 2;
Album de viaje (1915);
Mujeres españolas (1917);
Sanlúcar de Barrameda (1921);
Danzas gitanas (1930);
Siluetas (1932);
Mujeres de Sevilla (1935).
OBRA PARA GUITARRA
Sevillana (1923);
Ráfaga (1930);
Sonata (1932; considerada una de las más
ambiciosas piezas para guitarra de ese período en España).
OBRA VOCAL
Rima (1911; basada en rimas de G. A. Bécquer);
Poema en forma de canciones (1928);
Canto a Sevilla (1925; para voz y orquesta);
Saeta en forma de Salve (1930).
Juan Montil
Notas
1
(m. 1802) Maestro de Capilla de la Catedral de Sevilla y admirador de Hilarión
Eslava, a quien había sucedido en el puesto [Volver]
2
(1857 - 1934) Figura relevante en el panorama pianístico español
de finales del siglo XIX y principios del XX. Tras estudiar en Madrid partió
hacia París y se instruyó con Georges Mathias, discípulo
a su vez de Chopin. Julio Gómez dijo de Tragó que "su temperamento
era extraordinariamente sensible", incorporó a España la
escuela chopiniana [Volver]
3
(1854 - 1925) Reputado maestro y virtuoso del piano, compositor sobre todo
de música para piano y estudios para los ejecutantes de este
instrumento. [Volver]
4
Escuela de música fundada por Bordes, Guilmant y Vincent D' Indy
(discípulo y admirador de Cesar Franck) en 1884. El propósito
de esta institución fue el de elevar el nivel de la música
religiosa francesa, además de proporcionar a sus alumnos los elementos
adecuados para la realización rigurosa de la música. Es tradicional
afirmar que las enseñanzas promovidas por la "Schola Cantorum" adolecían
de no pocas dosis de dogmatismo y academicismo, lo que provocaba una cierta
despersonalización en los músicos que en ella se formaban.
[Volver]
5
El Cuarteto ganó en 1907 el premio del Salón de Otoño,
fues estrenado en la Sala Aeolian el 6 de mayo de 1907 por Turina y el
Cuarteto Parent y publicado al año siguiente como opus 1 por Salabert.
[Volver]
6
Joaquín Turina. Enciclopedia Abreviada de Música. Ed.
facsímil. Granada: Consejeria de cultura de la Junta de Andalucía,
1987 [Volver] |