|
Introducción. El Tiento
Hablar del organista Francisco Correa de Arauxo
es hablar del tiento, de esa forma tan difícil de definir con exactitud
que algunos autores han descrito como "motete instrumental". Es
evidente que el contrapunto es parte esencial del tiento, pero no es menos
cierto que también posee otras características que evolucionaron
de diferente forma dependiendo de la región y la escuela en que
se desarrolló.
Según el profesor José López
Calo, en la España de finales siglo XVI y principios del XVII
pueden diferenciarse dos tipos de tientos, de orígenes distintos
y características también distintas que, además, se
desarrollan en lugares geográficos dispares. Por un lado está
el tiento originado de los instrumentos de tecla, surgido de la adecuación
al teclado de obras vocales contrapuntísticas - imitativas, que
se difunde en Castilla y Aragón; por otro, tenemos el "tiento vihuelístico
andaluz", surgido a partir de Luis de Milán (c. 1500 - c.
1561) y que se desarrollará en Levante y fundamentalmente en Andalucía.
Si Francisco Fernández Palero (m. 1597) es el primero
de los compositores de esta escuela andaluza, podemos considerar a Francisco
Correa de Arauxo -cuyas composiciones que han sobrevivido son casi exclusivamente
tientos- como el último exponente de este tipo de tiento andaluz.
Las características de esta forma en la obra de Luis de Milán
-alternancia entre acordes verticales lentos y pasajes veloces y virtuosísticos-
evolucionará progresivamente hasta encontrar en el organista Correa
un
estilo muy exuberante en cuanto a la ornamentación y la fantasía.
Pero más que explicar nosotros qué entendía Correa
de Arauxo por tiento y como veía la manera de tratarlo, dejemos
que él mismo nos ilustre mediante su "Prólogo en alabanza
de la cifra", contenido en su obra fundamental: "Facultad orgánica"
(Alcalá, 1626), de la que hablaremos al final de este artículo.
"En ella (la cifra) ve, no sólo el
maestro, pero el razonable discípulo, cómo entró el
paso al primera voz, de qué modo la segunda respeto de la primera,
cómo la tercera respeto de la segunda y la cuarta respeto de la
tercera. Y después de haberlo acabado la primera, cómo acompañó
ésta a la segunda en la fuerza de su paso, y la primera y segunda
cómo acompañaron a la tercera y estas tres cómo acompañaron
a la cuarta. Y después de haber todas cuatro acabado su tema advierte
cómo se divierten imitando algún pasaje de glosa, o jugueteando
sin imitación, o discurriendo de mil modos posibles, hasta que una
dellas, deteniendo la rienda a su curso, calla, aguardando pausa, para
de nuevo comenzar con nuevo intento su discurso, o con el mismo repetido
por diverso estilo de acompañamiento. El cual modo procuran imitar
las otras voces, aguardando ocasión de claúsula, ya callando
la una, ya entrando la que había callado, ya callando la otra, ya
acabando la última de imitar este segundo intento o perficionar
el primero repetido. En las cuales paradas o pausas advierte asimismo el
buen discípulo de la calidad la calidad de la cláusula, si
fue acabada o acometida, si fue remisa u sustenida, el acompañamiento
que tuvo, sobre qué falsa se intentó, si se acabó
sobre ella misma, o acometiendo otra de nuevo al acabarse. Nota asimismo
cuando, no queriendo usar de un mismo tema el autor, casa otro diferente
con el primero, o ese mismo lo imita "passive", esto es, haciéndole
que baje lo que sube, y a la contra. Advierte el tono y sus cláusulas
debidas, y nota con la moderación que usa, y nota con la modración
que usa de las ajenas, intentando gustosas digresiones, saliéndose
del tono por sus pasos contados y volviendo los mismos, o por otros, a
entrarse en él. Considera asimismo las especies que el tenor, alto
y tiple comenten respecto del contrabajo, y asimesmo las que el alto y
tiple respecto del tenor, y últimamente las que el tiple respecto
del contralto, y desta consideración conoce la buena y la mala,
la perfecta y la imperfecta, nota la curiosidad y la licencia, la libertad
y la falsa, el acompañamiento y el intento della; nota el pasaje
de la glosa, el aire, la imitación propria, o de las otras voces,
el paso, ya largo y veloz, ya revuelto y entricado, el bocadito gustoso,
el melindre y el juguete y otros mil sainetes que la eminencia del arte
descubre cada día".
"Divierten", "jugueteando", "bocadito
gustoso"... Todas ellas expresiones que nos dicen mucho del arte de
Correa, de su capacidad de invención y de su inclinación
a la fantasía a partir del consabido dominio de las formas contrapuntísticas.
Vida
El organista e investigador José
Enrique Ayarra Jarne ha demostrado que la fecha del nacimiento de Correa
de Arauxo no corresponde a los años 1575-77, como se venía
creyendo hasta hace relativamente poco tiempo, sino que nació, muy
probablemente en la misma Sevilla, en 1584. A pesar de este reciente
descubrimiento, los antecedentes y los primeros años de Franciso
Correa permanecen aún en la oscuridad, y si se saben ciertos datos
no es por documentos que lo atestigüen, sino por deducciones e intuiciones
más o menos fundadas.
Los familiares más próximos de
Correa de los que tenemos noticia fueron su prima Gerónima Ortiz
y dos de los hijos de ésta: Juliana y Juan, personaje este último
muy importante en la vida del maestro, pues parece ser que fue su familiar
más próximo y entrañable y por el que, en más
de una ocasión, pleiteó en su favor ante el Cabildo del Salvador,
iglesia primordial en la vida del maestro, a la que nos referiremos en
breve.
Respecto a los maestros de Correa tampoco hay
certezas, si bien es muy posible que recibiera clases de Francisco Guerrero,
Maestro de Capilla de la Catedral, y de Diego del Castillo y Francisco
Peraza, organistas los dos también de la Catedral.
A este propósito conviene recordar lo
que el propio Francisco Correa dice respecto al ambiente organístico
en la Sevilla de sus primeros años. Esta declaración forma
parte de sus "Advertencias" de la "Facultad orgánica":
"Quando comence a abrir los ojos en la musica
no avia en esta Ciudad rastro de música de organo accidental; y
la primera que vide puntada en cifra despues de algunos años fueron
unos versos de octauo tono por delasolrre de Peraza y luego de ay a poco
mas otros de Diego de el Castillo, racionero organista que fue de la Cathedral
de Sevilla, y después de la real Capilla".
Los dos centros musicales más importantes
de la ciudad de Sevilla en esta época, eran la Catedral, como es
fácil suponer, y la Iglesia Colegial del Salvador. Esta última
era más modesta en cuanto a posibilidades que la primera, si bien
su capilla coral e instrumental y su organistía eran lo suficientemente
importantes como para que de aquel centro saliesen y se formasen buenos
músicos.
A esta Iglesia opositó Francisco Correa
en 1599, bien que al parecer no tuvo que esforzarse mucho para ganar dicha
plaza a su contrincante, apellidado Picaforte, pues desde la muerte del
anterior organista del Salvador, Miguel de Coria, se hizo cargo de la Iglesia,
y por dos meses, antes de oposistar, debió demostrar que su breve
edad no era óbice para ser lo suficientemente capaz como para llevar
a buen término las labores de organista en El Salvador.
Constrasta este su primer éxito con
los reiterados fracasos que en años posteriores amargaron la vida
del maestro Correa. Pues no sólo sus pleitos con el Cabildo del
Salvador fueron una desagradable constante durante su estancia sevillana,
sino que la fortuna no le acompañó cuando pretendió
optar a diferentes organistías dentro y fuera de su ciudad de nacimiento.
Pero es pronto para referirnos a estos acontecimientos. De momento sepamos
cuáles eran los derechos y deberes que el maestro Correa tenía
en la organistía del Salvador.
El salario que recibía Correa por su
trabajo en El Salvador constaba de 37.500 maravedís al año,
además de un suplemento que le era proporcionado por sus actividad
como entonador y que ascendía a 4.500 maravedís anuales y
doce fanegas de trigo, también al año. Además del
salario, el maestro tenía derecho a poseer las llaves del órgano;
circunstacia ésta muy importante, pues le permitía que sólo
él eligiese a las personas que, en su ausencia, pudieran tañerlo.
Esta posesión de las llaves fue motivo tiempo después de
uno de los más enconados pleitos con el Cabildo. A Correa, asimismo,
le era adjudicada la prerrogativa de nombrar suplentes, cuando por enfermedad
o permiso, no pudiese él hacerse cargo de las actividades que conllevaban
el puesto de organista.
Por otra parte, estas fueron sus obligaciones:
actuar como organista en las Misas Mayores y oficios corales (matutinos
y vespertinos) de todos los domingos y días de fiesta; dedicarse
en exclusiva a los órganos del Salvador; no ausentarse sin permiso
ni sin nombrar sustituto.
Por lo que sabemos, los órganos de que
disponía el maestro Correa no eran unos instrumentos extraordinarios.
Bien al contrario, dieron problemas de mecánica y su sonoridad no
era buena.
Sus actividades no se limitaron a su puesto
de organista. Realizó la carrera eclesiástica, y poseyó
los títulos de bachiller y licenciado. Además, le fue adjudicada
por el Cabildo una capellanía que, si bien por un lado le aumentaba
el trabajo, por el otro le reportaba unos beneficios que se unían
a los que adquiría como organista de la Colegial del Salvador.
En marzo de 1613, cuando llevaba ya catorce
años en su puesto en el Salvador, se le presentó la ocasión
de opositar a una de las plazas con que todo organista sevillano soñaba
por entonces: la Catedral. Había tres candidatos: Francisco Pérez
de Cabrera, organista suplente de la Catedral sevillana, Francisco
Díaz, organista de la Catedral de Sigüenza, y el propio Correa.
Los ejercicios de oposición tuvieron lugar los días 14 y
15 de junio.
Las oposiciones a las diferentes organistías
eran un evento de gran importancia en el mundillo musical de las ciudades.
Servían para que el público conociese el arte y las maneras
de los diferentes candidatos, además de suponer un escenario en
donde los organistas y sus maestros se jugaban mucho de su honor y
reputación. Algunas veces, las oposiciones estaban amañadas;
existía el amiguismo y la recomendación, de modo que no siempre
quien más lo mereciese accedía al ansiado puesto. Así
quizás nos podemos explicar cómo un músico del indudable
talento de Correa fracasara tantas veces en sus intentos de llegar a puestos
acordes con su habilidad y genio.
En efecto, la decepción que sufrió
cuando fue elegido en la Catedral de Sevilla Francisco Pérez
de Cabrera, fue seguida en años sucesivos por otra serie de
reveses que, junto a los pleitos con el Cabildo, terminaron por minar su
salud y su ánimo. Primero fue Málaga, en 1613; su nuevo fracaso
en esta oposición hizo que regresase a Sevilla y se reincorporase
a sus tareas en el Salvador. Cuatro años más tarde, en 1618,
se le presentó la oportunidad de acceder a otra relevante organistía:
Toledo. Tras la muerte de Jerónimo Peraza, que había
sido tiempo atrás organista de la Catedral en Sevilla, había
quedado libre su puesto. Francisco Peraza, su sobrino, era suplente de
esta Catedral y a él nombraron organista tras competir con Francisco
Correa, que tras esta nueva desilusión, regresó otra vez
a Sevilla.
Pero antes de serguir con la vida del maestro,
detengámonos un momento para conocer, mediante un documento de la
época, de qué modo se llevaban a cabo este tipo de oposiciones.
El siguiente escrito, extractado de las actas capitulares de la Catedral
de Toledo, da cuenta de los ejercicios de oposición que tuvieron
que realizar Correa y su contrincante Peraza para acceder a dicha organistía:
"Martes, 6 de marzo, 1618. Este día,
despues de las dos de la tarde. Organista. (al del Sr. Dean, a la parte
de afuera, vino el Maestro de Capilla y el racionero Hernando de Segura
y, por mandato de los dichos señores, ordenaron a los opositores
a la ración de organista que tañesen; y comenzó Francisco
de Peraza a tañer un cuarto tono, y luego tañó lo
mismo el Maestro Francisco Correa, organista mayor que dice ser de la iglesia
colegial de San Salvador de Sevilla. Luego se les ordenó que tañesen
ciertas voces y cantasen otra voz diferente, cada uno de ellos de por sí,
en ausencia del otro. Luego se les ordenó que, asimismo, tañese
cada uno de repente un tercio de voces que el Maestro de Capilla traía
apuntado, y asimismo, que tañesen otras habilidades en que fueron
examinados hasta que, por hacerse la hora de completas, mandaron los dichos
señores suspender el examen, para mañana a la misma hora..."
"Miércoles, 7 de marzo, dadas las dos. Los dichos señores,
capitularmente ayuntados prosiguieron el examen de los opositores a la
ración de organista; y fueron examinados en tañer un motete
de cuatro voces que, el día antes a la dicha hora, les fue entregado,
para que les trajesen estudiado y le tañesen de memoria. Asimismo,
fueron examinados en tañer compás ternario y proporción
mayor y otras hablidades. Luego se les ordenó que se preguntasen
y pidiesen el un opositor al otro y el otro al otro, y tañesen;
y así, se preguntaron, pidieron y tañeron lo que les pareció
pedir el uno al otro; con lo cual se acabó el dicho examen. Y los
dichos señores, habiendo quedado solos, echada fuera toda la gente
que había querido estar a ver el dicho examen, mandaron al Maestro
de Capilla informase en su conciencia lo que sentía de las habilidadesy
méritos de los dichos opositores. Y así informó lo
que sentía. Luego mandaron entrar al racionero Hernando de Segura
y que informase e informó asimismo lo que sentía del examen
que este dicho día se ha hecho." Ya sabemos cuál fue
el resultado de los referidos informes.
Del 8 de junio de 1630 al 2 de febrero de 1631
tiene nada menos que seis pleitos con el Cabildo del Salvador. Su relación
con él se había ido enrareciendo, y sólo los jueces
podían arreglar lo que las partes en discordia disputaban. Sería
muy extenso para los propósitos del presente comentario referirnos
a todos y cada uno de los pleitos que enfrentaron a Francisco Correa con
el Cabildo. Baste decir que las cosas habían llegado a tal punto
que se litigiaba hasta por la posesión de las velas que se repartían
entre canónigos y capellanes. Incluso en uno de estos pleitos, y
tras haber supuestamente armado un escándalo en la iglesia, Correa
dio por un tiempo con sus huesos en la cárcel.
Como es lógico imaginar, no era esta
vida apropiada para quien pretendiese dedicarse a su arte y realizar su
trabajo en unas condiciones mínimas de bienestar, sin contar con
que todas estas disputas le habían llevado no poco dinero, por lo
que Francisco Correa, tras renunciar a su plaza antes de que su consumara
su expulsión por parte del Cabildo, partió de Sevilla, ya
definitivamente, con el propósito de ser el nuevo organista de la
Catedral de Jaén., puesto del cual se hace cargo en 1636.
Al parecer su estancia en Jaén fue relativamente
cómoda, pues si bien la Catedral estaba en continuas reformas y
los órganos de que disponía no eran en absoluto mejores que
los de Sevilla, el Cabildo jienense tuvo grandes atenciones para con Francisco
Correa, documentadas en diversas actas capitulares. Pero a pesar de su
buena relación con el Cabildo y de sus ingresos más cuantiosos,
aceptó la nueva oportunidad que se le presentaba, y que no era otra
que hacerse cargo de la organistía de la Catedral de Segovia. Hacia
allí partió en 1640.
Ya en la ciudad castellana, recibió
la noticia por parte del Cabildo sevillano del Salvador de que ha quedado
vacante la plaza de la Catedral tras la muerte de Francisco Pérez
de Cabrera. Pero el maestro Correa decidió permanecer en Segovia,
donde al parecer encontró la paz y el bienestar definitivo.
En efecto, todo indica que la vida de Correa
en Segovia discurrió sin mayores sobresaltos, y que fue relativamente
feliz y serena. De todos modos, tantos años de fracasos y pleitos
habían provocado que su salud se resintiese; una grave enfermedad
acabó por llevarle a la tumba a finales de octubre de 1654, cuando
contaba con 70 años de edad. Fue enterrado en la misma Catedral
de Segovia, si bien hoy en día no se conoce el lugar exacto endonde
yacen sus restos, pues algunas tumbas fueron movidas años atrás
durante la remodelación de la Catedral.
Importancia de Correa de Arauxo.
Facultad orgánica
Hoy en día podemos considerar a Francisco
Correa de Arauxo como uno de los compositores organistas más relevantes
de la historia de la música española. Su presencia en los
programas de conciertos de órgano es profusa, y su obra ha sido
estudiada desde que Hilarión Eslava lo sacase del olvido
ya en el siglo XIX. Toda la fama de que goza hoy se debe casi en exclusiva
a su "Facultad orgánica"; muchas de sus obras se perdieron,
otras quizás aún permanezcan esperando el día de su
descubrimiento...
La "Facultad orgánica" surgió
de la necesidad de crear piezas para el estudio, dirigidas a diletantes
y a iniciados. Al parecer Correa tuvo una relación bastante paternalista
con sus alumnos; no sólo les enseába la música, sino
que también en algunos caso les alimentaba y protegía. Ante
la carencia de obras que pudieran servir para el correcto estudio del arte
organístico, y con el fin de que sus discípulos, por los
que tanto se preocupaba, tuviesen a mano una obra práctica que les
ayudase en su aprendizaje, el maestro Francisco Correa concibió
esta "Facultad orgánica", publicada en Alcalá en 1626,
por tanto durante su período sevillano.
La primera parte de la obra es teórica,
y se abre con una "Tabla de los tientos y discursos de música
de órgano contenidos en este libro", agrupados en cinco grados
distintos dependiendo de su dificultad. Después aparece un "Epigrama"
en alabanza del autor y a contuinuación un "Prólogo en
alabanza de la cifra", contenido en sus "Advertencias" y sobre
el que hemos dado cuenta al principio de este artículo. También
dentro del apartado "Advertencias" encontramos "El arte de poner en
cifra" y "Modo de templar el monacordio". La segunda parte de
la "Facultad orgánica" consta de sesenta y dos tientos, cinco canciones
glosadas ("del Smo. Sacramento") y una glosa ("sobre el cantollano de la
Inmaculada Concepción"). La ordenación de estas obras no
es gradual en cuanto a la dificultad, sino que obedece a distintos factores,
tales como al registro entero o partido, a la pertenencia a tonos antiguos
o modernos, o al número de figuras que entren en el compás. |