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Estoy seguro que cuando el físico Jim
Russell inventó la grabación óptica digital
que constituiría más tarde el Compact Disc, no lo hizo pensando
solamente en sus efectos comerciales y por lo tanto económicos sino
que supongo que le guiaría un afán, loable, de mejora revolucionaría
de los soportes de grabación. Sus 22 patentes fueron vendidas por
su empresa (Battelle Labs.) a las multinacionales Philips y Sony que crearon
el Libro Rojo con las especificaciones del nuevo formato, tal vez
por esto, una prestigiosa revista americana le colocó a su inventor
el sobrenombre del camarada rojo.
Estas especificaciones, por todos conocidas, fueron
las de 44,1 Khz de frecuencia de muestreo de la onda de la señal
analógica y una longitud de palabra de 16 bits más
dos de corrección que totalizaban los 18 bits que hasta hace poco
tiempo tenían casi todos los convertidores (independientemente de
cómo se tratara la señal - bitstream, multibits, etc.), creándose
la famosa interface de comunicación SPDIF (que no significa otra
cosa que Sony Philips Digital Interface).
A partir de ese momento surgió el nuevo
sistema comercial y consecuentemente hubo que venderlo utilizando para
ello técnicas de marketing de gran agresividad, con el único
objetivo de eliminar del panorama comercial a los vinilos y hacer obligatoria
la sustitución no sólo de los equipos domésticos para
adaptarlos al nuevo soporte, sino también de todas las consolas
de grabación de las casas discográficas y de toda la tecnología
propia de la fabricación de los soportes.
Aproximadamente en el año 1.983 se comenzó
la comercialización de lectores del nuevo sistema y de la edición
de los discos con el nuevo formato. Durante bastantes años el nuevo
sistema no pudo imponerse al tradicional analógico y esto se debió,
principalmente a que sonaba peor, mucho peor que un sistema analógico
de igual o inferior precio, de hecho en el mercado inglés hasta
el año 1.989 las ventas de CD's no superaron a las de LP's (Gramophone,
Vol 72, nº 863).
Posteriormente, la evolución de la ingeniería
de circuitos y de diseños, la adopción de nuevas soluciones
tecnológicas (adopción de los 20 bits en la masterización
y reproducción, etc.) pero sobre todo cuestiones de comodidad de
reproducción, durabilidad del soporte, ausencia de ruidos y agresividad
comercial, provocaron la casi desaparición del soporte y de la reproducción
analógica.
Es evidente que los lectores de discos compactos
de hoy no tienen nada que ver con los de hace diez años y que han
ganado enormemente en calidad de reproducción pero no hay que olvidar
que su limitación de base (la frecuencia de muestreo y el ancho
de banda máximo que ella implica - hasta los 20 Khz -) siguen siendo
las mismas y esto se traduce en que siguen sonando peor que las fuentes
analógicas, incluso considerando aparatos de muy alta gama y con
componentes separados (transporte y convertidor) de precio millonario,
no suelen resistir la comparación, en cuanto a musicalidad y naturalidad,
con una fuente analógica (plato giradiscos) de buen nivel, con un
buen brazo lector bien colocado, con una cápsula de buena calidad
bien colocada y tarada y un previo competente, es decir, a partir de un
cierto umbral de calidad mínima, y ya sé que esto puede sonar
raro, en mi opinión, no hay comparación posible entre la
calidad musical de la reproducción de un plato giradiscos y la de
un lector de CD's.
Es cierto que, normalmente, las grabaciones
en CD tienen una mayor presencia, por ejemplo de las voces, pero es totalmente
artificial, a nadie en una sala de conciertos le sopla el barítono
o la soprano en los oídos. En contra de esto, la tímbrica
de los instrumentos, las sensaciones de profundidad, la aireación
entre instrumentistas, los planos sonoros, es decir, la música,
está mucho mejor resuelta en la lectura analógica que en
la digital, además el rango dinámico de los giradiscos (normalmente
en torno a los 70 db) es mucho más adecuado para una escucha de
la música en el hogar que el de los lectores de CD (fijado teóricamente
en 96 db - 6 por cada bit -) que considero excesivo aunque también
es evidente que es más fácil que se produzca una distorsión
ante un pico de voltaje elevado en el primer caso que en el segundo.
Durante bastantes años los fabricantes,
conscientes de estas limitaciones y constantemente espoleados por los verdaderos
melómanos y además audiófilos, se han preguntado que
pasaba con el sistema, ¿porqué sonaba metálico, agresivo,
irreal?.
La solución no es en modo alguno la
introducción de coloraciones artificiales cuando en el sistema de
conversión se disminuye la respuesta a las frecuencias más
altas para evitar estos defectos (hay aparatos comerciales cuyos filtros
digitales hacen exactamente eso).
Las respuestas han ido llegando poco a poco,
en primer lugar es evidente que la señal analógica produce
una onda sinusoidal continua y al realizar un muestreo de los valores
de voltaje de dicha onda, aunque los intervalos entre muestreo sean muy
pequeños se está perdiendo una información que es
toda aquella que no ha sido muestreada.
Pero además hay otro grave inconveniente
que ha sido descubierto hace relativamente poco tiempo. Se creía
que el oído humano era incapaz de oír y por lo tanto interpretar
en la corteza cerebral auditiva sonidos con una frecuencia mayor de 20
Khz, sin embargo, como demostró Hosoi y colaboradores (The Lancet,
Vol 351) las frecuencias hasta los 40 Khz e incluso superiores son interpretadas
por otra área de la corteza auditiva como sensaciones (¿por
ejemplo de espacialidad? ¿de profundidad? ¿de alturas tonales?).
Estas frecuencias son eliminadas sistemáticamente en las grabaciones
para el formato digital del CD ya que la frecuencia de muestreo no las
permite, no ocurriendo lo mismo en las grabaciones analógicas.
Precisamente, además de intereses comerciales,
este ha sido uno de los motivos para la adopción del
nuevo sistema de grabación de 24 bits y 96 Khz (que nadie lo confunda
con el DVD ya que este es una modalidad particular de este tipo de grabación)
puesto que con esta frecuencia de muestreo se hace posible llegar a un
ancho de banda teórico hasta los 48 Khz.
Después de la revolución inicial
(parece maravilloso, y lo es, ir a una determinada pieza sin moverte del
sillón, o repetirla cuantas veces quieras, no oír ruido alguno
en la reproducción - salvo cuando hay errores de lectura - la mayor
duración del soporte, etc.) el volumen de ventas de CD's aumentó
exponencialmente al mismo tiempo que disminuía en picado el de vinilos
(entre otras cosas porque era imposible comprarlos dado que no se importaban)
pero la realidad de hoy es bien distinta, todas las casas comerciales son
conscientes de que, debido a varios factores, la venta de CD's se ha estancado
y los intentos por revivirlas parecen infructuosos (continuas reediciones
basándose en cualquier motivo, incorporación de fondos de
catálogos, grabaciones históricas, legados, etc.).
Al mismo tiempo se está produciendo
un renacer del vinilo, incluso con soportes especiales como son los vinilos
de 180 e incluso de 220 gramos en ediciones numeradas que se agotan prácticamente
nada más salir a la calle, al precio de 5.000 - 6.000 pesetas
la unidad. Todas las firmas importantes de clásica y jazz están
editando sus grabaciones emblemáticas en vinilos de estas características
y además siguen en producción los tradicionales.
Aquí van unos ejemplos: Decca ha reeditado
sus grabaciones míticas en vinilos de 180 gramos (la serie Classic
Sound) que luego trasladó al CD, Emi sigue produciendo vinilos en
sus plantas inglesas y además tiene ediciones para audiófilos
en vinilos especiales (en la casa Testament), RCA editó todas sus
grabaciones de la serie RCA Living Stereo en los Estados Unidos en vinilos
de 180 gramos, igual ha hecho la casa Deutsche, y en el campo del jazz
lo han hecho Verve, Blue Note, TBM, etc. A este movimiento se han incorporado
sellos independientes de gran reputación entre los audiófilos
por su gran calidad de grabación como son: Sheffield Labs., Analogue
Recordings, Reference Recordings, Mobile Fidelity Sound, Audioquest, Analogue
Productions, Chesky Records, etc.
Algunas de estas grabaciones se pueden obtener
en España, por ejemplo Speakers Corners Records distribuye en España
los vinilos especiales de Decca por medio de dos firmas españolas,
RCA Living Stereo, Verve y Blue Note también tienen distribuidor
y además existen direcciones de Internet donde se pueden consultar
catálogos y precios de los vinilos (independientemente de las revistas
especializadas), una de ellas es la de Classic Records (de California)
cuya web es : http://www.classicrecs.com,
otras firmas internacionales especializadas en vinilos para audiófilos
son Audiophile International, (http://www.audiophileusa.com),
Vivante, Langley's Records, etc.
Pero aparte de los soportes, también
se están incrementando las ventas de platos y de sus accesorios
y todos los grandes fabricantes siguen en la brecha (Linn, Michell, Voyd,
SME, Roksan, Forsell, Rockport (tiene un giradiscos que vale ¡12.000.000
de ptas! y se distribuye en España), Pierre Lurné, Verdier,
Pink Triangle, Thorens, VPI, Koetsu, Lyra, Goldring, Van den Hul, etc….
perdón por los olvidos) amén de que los que habían
cerrado han vuelto a abrir, por ejemplo recientemente se ha creado una
sociedad para resucitar los clásicos giradiscos Garrard y la casa
Systemdek que había cerrado ha sido rápidamente adquirida
por Audionote (fabricante de Alta Fidelidad de excepción especializado
en circuitos de válvulas y que posee el amplificador más
caro del mundo en su catálogo, atención porque es un diseño
que no llega a los 20 watios de potencia con triodos en configuración
Single
Ended, como veis hay muchos mitos que deshacer, el de la potencia de
los amplificadores es otro) y de otros constructores que se han incorporado
al mercado con nuevas tecnologías, como es el caso de la firma británica
Wilson - Benesch.
A la vista de esto podríamos preguntarnos
¿qué está ocurriendo en este campo en el resto del
mundo? (aquí, como siempre vamos detrás de los acontecimientos).
La respuesta en mi opinión, es sencilla. La gente ha aumentado su
formación y cultura musical, escucha más música en
directo, sube su capacidad crítica y se defiende frente a las bondades
del mundo digital, comienza a valorar si vale la pena no oír algún
que otro chasquido de vez en cuando a costa de renunciar a la musicalidad
y naturalidad de la reproducción musical.
Creo que la introducción del disco compacto
no ha supuesto ninguna mejora, desde el punto de vista musical estricto,
en el panorama de la reproducción, más bien al contrario
ya que ha privado de la posibilidad, a aquell@s que tuviesen la capacidad,
de distinguir entre un Amati o un Guarneri, entre un Stradivarius y un
Montagnana o entre un Steinway y un Bösendorfer, por poner unos ejemplos.
Otro aspecto negativo es la desaparición
de la magia y la liturgia que rodeaba al mundo del vinilo donde cada uno
tenía sus arreglos y trucos favoritos, con las balanzas de precisión
para el tarado de las cápsulas, los cepillos de fibra de carbono,
los transformadores para las cápsulas de bobina móvil, los
recableados de los brazos lectores, etc. La tecnología, una vez
más, ha actuado como factor de homogeneización y uniformidad,
eliminando la iniciativa y la diversidad y esto no siempre es deseable.
A pesar de lo anterior, he de reconocer que
hay bastantes grabaciones realizadas por grandes ingenieros de sonido que
son especialmente buenas pero muy pocas de estas están realizadas
ex profeso para el mundo digital (hay algunas evidentemente) y algunas
que han ganado en la remasterización al eliminarse ruidos y parásitos
de las cintas originales en la transferencia.
En cuanto al nuevo formato de grabación,
habrá que esperar a que se desarrolle y salgan discos (ya hay casas
como Chesky Records que están grabando a 96 Khz y 24 bits) de momento
hay una buena noticia y es que, además de ampliar la banda de frecuencias,
no podrán ser objeto de esta ganancia aquellas grabaciones que sean
DDD ya que evidentemente no se puede añadir información real
donde no la hay mientras que sí se beneficiaran las ADD puesto que
se podrán volver a grabar en el nuevo formato digital con menor
pérdida de información a partir de las cintas analógicas
originales.
Muchas veces me hago una pregunta que, evidentemente,
nadie puede contestar: ¿qué hubiera ocurrido si todo el dinero
invertido en la tecnología digital se hubiese aplicado a la investigación
de un nuevo soporte para las grabaciones analógicas o a mejorar
el existente?, como dijo Bob Dylan, la respuesta está en el viento. |