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La gran mentira
Más artículos de este autorJosé M. Cortés Muñoz

     Estoy seguro que cuando el físico Jim Russell inventó la grabación óptica digital que constituiría más tarde el Compact Disc, no lo hizo pensando solamente en sus efectos comerciales y por lo tanto económicos sino que supongo que le guiaría un afán, loable, de mejora revolucionaría de los soportes de grabación. Sus 22 patentes fueron vendidas por su empresa (Battelle Labs.) a las multinacionales Philips y Sony que crearon el Libro Rojo con las especificaciones del nuevo formato, tal vez por esto, una prestigiosa revista americana le colocó a su inventor el sobrenombre del camarada rojo

    Estas especificaciones, por todos conocidas, fueron las de 44,1 Khz de frecuencia de muestreo de la onda de la señal analógica y una longitud de palabra de 16 bits más dos de corrección que totalizaban los 18 bits que hasta hace poco tiempo tenían casi todos los convertidores (independientemente de cómo se tratara la señal - bitstream, multibits, etc.), creándose la famosa interface de comunicación SPDIF (que no significa otra cosa que Sony Philips Digital Interface). 

     A partir de ese momento surgió el nuevo sistema comercial y consecuentemente hubo que venderlo utilizando para ello técnicas de marketing de gran agresividad, con el único objetivo de eliminar del panorama comercial a los vinilos y hacer obligatoria la sustitución no sólo de los equipos domésticos para adaptarlos al nuevo soporte, sino también de todas las consolas de grabación de las casas discográficas y de toda la tecnología propia de la fabricación de los soportes. 

     Aproximadamente en el año 1.983 se comenzó la comercialización de lectores del nuevo sistema y de la edición de los discos con el nuevo formato. Durante bastantes años el nuevo sistema no pudo imponerse al tradicional analógico y esto se debió, principalmente a que sonaba peor, mucho peor que un sistema analógico de igual o inferior precio, de hecho en el mercado inglés hasta el año 1.989 las ventas de CD's no superaron a las de LP's (Gramophone, Vol 72, nº 863). 

     Posteriormente, la evolución de la ingeniería de circuitos y de diseños, la adopción de nuevas soluciones tecnológicas (adopción de los 20 bits en la masterización y reproducción, etc.) pero sobre todo cuestiones de comodidad de reproducción, durabilidad del soporte, ausencia de ruidos y agresividad comercial, provocaron la casi desaparición del soporte y de la reproducción analógica. 

     Es evidente que los lectores de discos compactos de hoy no tienen nada que ver con los de hace diez años y que han ganado enormemente en calidad de reproducción pero no hay que olvidar que su limitación de base (la frecuencia de muestreo y el ancho de banda máximo que ella implica - hasta los 20 Khz -) siguen siendo las mismas y esto se traduce en que siguen sonando peor que las fuentes analógicas, incluso considerando aparatos de muy alta gama y con componentes separados (transporte y convertidor) de precio millonario, no suelen resistir la comparación, en cuanto a musicalidad y naturalidad, con una fuente analógica (plato giradiscos) de buen nivel, con un buen brazo lector bien colocado, con una cápsula de buena calidad bien colocada y tarada y un previo competente, es decir, a partir de un cierto umbral de calidad mínima, y ya sé que esto puede sonar raro, en mi opinión, no hay comparación posible entre la calidad musical de la reproducción de un plato giradiscos y la de un lector de CD's. 

     Es cierto que, normalmente, las grabaciones en CD tienen una mayor presencia, por ejemplo de las voces, pero es totalmente artificial, a nadie en una sala de conciertos le sopla el barítono o la soprano en los oídos. En contra de esto, la tímbrica de los instrumentos, las sensaciones de profundidad, la aireación entre instrumentistas, los planos sonoros, es decir, la música, está mucho mejor resuelta en la lectura analógica que en la digital, además el rango dinámico de los giradiscos (normalmente en torno a los 70 db) es mucho más adecuado para una escucha de la música en el hogar que el de los lectores de CD (fijado teóricamente en 96 db - 6 por cada bit -) que considero excesivo aunque también es evidente que es más fácil que se produzca una distorsión ante un pico de voltaje elevado en el primer caso que en el segundo. 

     Durante bastantes años los fabricantes, conscientes de estas limitaciones y constantemente espoleados por los verdaderos melómanos y además audiófilos, se han preguntado que pasaba con el sistema, ¿porqué sonaba metálico, agresivo, irreal?. 

     La solución no es en modo alguno la introducción de coloraciones artificiales cuando en el sistema de conversión se disminuye la respuesta a las frecuencias más altas para evitar estos defectos (hay aparatos comerciales cuyos filtros digitales  hacen exactamente eso). 

     Las respuestas han ido llegando poco a poco, en primer lugar es evidente que la señal analógica produce una onda sinusoidal continua y  al realizar un muestreo de los valores de voltaje de dicha onda, aunque los intervalos entre muestreo sean muy pequeños se está perdiendo una información que es toda aquella que no ha sido muestreada. 

     Pero además hay otro grave inconveniente que ha sido descubierto hace relativamente poco tiempo. Se creía que el oído humano era incapaz de oír y por lo tanto interpretar en la corteza cerebral auditiva sonidos con una frecuencia mayor de 20 Khz, sin embargo, como demostró Hosoi y colaboradores (The Lancet, Vol 351) las frecuencias hasta los 40 Khz e incluso superiores son interpretadas por otra área de la corteza auditiva como sensaciones (¿por ejemplo de espacialidad? ¿de profundidad? ¿de alturas tonales?). Estas frecuencias son eliminadas sistemáticamente en las grabaciones para el formato digital del CD ya que la frecuencia de muestreo no las permite, no ocurriendo lo mismo en las grabaciones analógicas. 

    Precisamente, además de intereses comerciales, este ha sido uno de los motivos para la adopción  del  nuevo sistema de grabación de 24 bits y 96 Khz (que nadie lo confunda con el DVD ya que este es una modalidad particular de este tipo de grabación) puesto que con esta frecuencia de muestreo se hace posible llegar a un ancho de banda teórico hasta los 48 Khz. 

     Después de la revolución inicial (parece maravilloso, y lo es, ir a una determinada pieza sin moverte del sillón, o repetirla cuantas veces quieras, no oír ruido alguno en la reproducción - salvo cuando hay errores de lectura - la mayor duración del soporte, etc.) el volumen de ventas de CD's aumentó exponencialmente al mismo tiempo que disminuía en picado el de vinilos (entre otras cosas porque era imposible comprarlos dado que no se importaban) pero la realidad de hoy es bien distinta, todas las casas comerciales son conscientes de que, debido a varios factores, la venta de CD's se ha estancado y los intentos por revivirlas parecen infructuosos (continuas reediciones basándose en cualquier motivo, incorporación de fondos de catálogos, grabaciones históricas, legados,  etc.). 

     Al mismo tiempo se está produciendo un renacer del vinilo, incluso con soportes especiales como son los vinilos de 180 e incluso de 220 gramos en ediciones numeradas que se agotan prácticamente nada más  salir a la calle, al precio de 5.000 - 6.000 pesetas la unidad. Todas las firmas importantes de clásica y jazz están editando sus grabaciones emblemáticas en vinilos de estas características y además siguen en producción los tradicionales. 

     Aquí van unos ejemplos: Decca ha reeditado sus grabaciones míticas en vinilos de 180 gramos (la serie Classic Sound) que luego trasladó al CD, Emi sigue produciendo vinilos en sus plantas inglesas y además tiene ediciones para audiófilos en vinilos especiales (en la casa Testament), RCA editó todas sus grabaciones de la serie RCA Living Stereo en los Estados Unidos en vinilos de 180 gramos, igual ha hecho la casa Deutsche, y en el campo del jazz lo han hecho Verve, Blue Note, TBM, etc. A este movimiento se han incorporado sellos independientes de gran reputación entre los audiófilos por su gran calidad de grabación como son: Sheffield Labs., Analogue Recordings, Reference Recordings, Mobile Fidelity Sound, Audioquest, Analogue Productions, Chesky Records, etc. 

     Algunas de estas grabaciones se pueden obtener en España, por ejemplo Speakers Corners Records distribuye en España los vinilos especiales de Decca por medio de dos firmas españolas, RCA Living Stereo, Verve y Blue Note también tienen distribuidor y además existen direcciones de Internet donde se pueden consultar catálogos y precios de los vinilos (independientemente de las revistas especializadas), una de ellas es la de Classic Records (de California) cuya web es : http://www.classicrecs.com, otras firmas internacionales especializadas en vinilos para audiófilos son Audiophile International, (http://www.audiophileusa.com), Vivante, Langley's Records, etc. 

     Pero aparte de los soportes, también se están incrementando las ventas de platos y de sus accesorios y todos los grandes fabricantes siguen en la brecha (Linn, Michell, Voyd, SME, Roksan, Forsell, Rockport (tiene un giradiscos que vale ¡12.000.000 de ptas! y se distribuye en España), Pierre Lurné, Verdier,  Pink Triangle, Thorens, VPI, Koetsu, Lyra, Goldring, Van den Hul, etc…. perdón por los olvidos) amén de que los que habían cerrado han vuelto a abrir, por ejemplo recientemente se ha creado una sociedad para resucitar los clásicos giradiscos Garrard y la casa Systemdek que había cerrado ha sido rápidamente adquirida por Audionote (fabricante de Alta Fidelidad de excepción especializado en circuitos de válvulas y que posee el amplificador más caro del mundo en su catálogo, atención porque es un diseño que no llega a los 20 watios de potencia con triodos en configuración Single Ended, como veis hay muchos mitos que deshacer, el de la potencia de los amplificadores es otro) y de otros constructores que se han incorporado al mercado con nuevas tecnologías, como es el caso de la firma británica Wilson - Benesch. 

      A la vista de esto podríamos preguntarnos ¿qué está ocurriendo en este campo en el resto del mundo? (aquí, como siempre vamos detrás de los acontecimientos). La respuesta en mi opinión, es sencilla. La gente ha aumentado su formación y cultura musical, escucha más música en directo, sube su capacidad crítica y se defiende frente a las bondades del mundo digital, comienza a valorar si vale la pena no oír algún que otro chasquido de vez en cuando a costa de renunciar a la musicalidad y naturalidad  de la reproducción musical. 

     Creo que la introducción del disco compacto no ha supuesto ninguna mejora, desde el punto de vista musical estricto, en el panorama de la reproducción, más bien al contrario ya que ha privado de la posibilidad, a aquell@s que tuviesen la capacidad, de distinguir entre un Amati o un Guarneri, entre un Stradivarius y un Montagnana o entre un Steinway y un Bösendorfer, por poner unos ejemplos. 

     Otro aspecto negativo es la  desaparición de la magia y la liturgia que rodeaba al mundo del vinilo donde cada uno tenía sus arreglos y trucos favoritos, con las balanzas de precisión para el tarado de las cápsulas, los cepillos de fibra de carbono, los transformadores para las cápsulas de bobina móvil, los recableados de los brazos lectores, etc. La tecnología, una vez más, ha actuado como factor de homogeneización y uniformidad, eliminando la iniciativa y la diversidad y esto no siempre es deseable. 

     A pesar de lo anterior, he de reconocer que hay bastantes grabaciones realizadas por grandes ingenieros de sonido que son especialmente buenas pero muy pocas de estas están realizadas ex profeso para el mundo digital (hay algunas evidentemente) y algunas que han ganado en la remasterización al eliminarse ruidos y parásitos de las cintas originales en la transferencia. 

     En cuanto al nuevo formato de grabación, habrá que esperar a que se desarrolle y salgan discos (ya hay casas como Chesky Records que están grabando a 96 Khz y 24 bits) de momento hay una buena noticia y es que, además de ampliar la banda de frecuencias, no podrán ser objeto de esta ganancia aquellas grabaciones que sean DDD ya que evidentemente no se puede añadir información real donde no la hay mientras que sí se beneficiaran las ADD puesto que se podrán volver a grabar en el nuevo formato digital con menor pérdida de información a partir de las cintas analógicas originales. 

     Muchas veces me hago una pregunta que, evidentemente, nadie puede contestar: ¿qué hubiera ocurrido si todo el dinero invertido en la tecnología digital se hubiese aplicado a la investigación de un nuevo soporte para las grabaciones analógicas o a mejorar el existente?, como dijo Bob Dylan, la respuesta está en el viento.

José Cortés
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Copyright © 1998 by  José Cortés, Valencia