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En Oxford, el día 26 de enero de 1.945,
tras la noche más fría en los últimos cincuenta años,
ocurrió un hecho totalmente rutinario. La Señora Iris Greep,
pianista, dio a luz a su segunda hija. Estaba muy emocionada ya que había
tenido problemas de fertilidad lo que la condujo, junto a su esposo Derek
du Pré, a la consulta de un especialista quién después
de prescribirle un tratamiento con estrógenos le dijo en tono jocoso
de
aquí saldrá un bebé que será un futuro vencedor
en las carreras de caballos. La niña era, como ya supondréis,
nada menos que Jacqueline (Jackie) du Pré.
Este artículo no es una biografía suya, me parecería
una pedantería y una estupidez que yo intentara aquí realizar
una obra de este tipo sobre un personaje de la talla artística y
humana de Jackie. Se trata simplemente de esbozar algunos rasgos
de su personalidad y unas pinceladas de su existencia y de hablaros de
unos tesoros visuales sobre su vida y su carrera. Tampoco me pidáis
que sea imparcial ya que debido a mi admiración por su persona y
su obra, es muy fácil que caiga en alguna exageración. Las
fuentes que han inspirado este texto figuran al final del mismo.
Como si de un trabajo de alquimia se tratase, Jacqueline conjugó
en su forma de interpretar, la sensibilidad, pasión y personalidad
de Pau Casals (aunque nunca lloró en una interpretación
como sí lo hizo el gran maestro catalán), el fraseo genial
y la contundencia de Mstislav Rostropovich (pero sin su, demasiado
habitual, autocomplacencia) y la técnica portentosa de Paul Tortelier
y no se debió, en absoluto a que recibiera clases esporádicas
de los tres grandes maestros sino a su excepcional talento artístico
demostrado, como luego se verá, desde su infancia.
Su sonido cálido, lleno de matices y colores, inmenso, su sensibilidad
sin límites, su seguridad y control, su vibrato, sus ataques, en
resumen, su arte, provocó que su corta vida profesional fuese suficiente
como para situarla entre los tres o cuatro mejores violoncelistas del siglo
(por dar cabida a otros en ese ranking ya que para mí es,
sin duda, la mejor instrumentista que ha habido en esta centuria). De sus
interpretaciones siempre emanaba MUSICA (en el sentido que le di al término
en mi primer artículo) que envolvía
y penetraba como un fluido invisible en el oyente transmitiendo sensaciones
y sentimientos, era y es imposible sólo escucharla, te obliga a
vivirla. ¿Acaso se puede hablar del Concierto
para violoncelo de Elgar sin asociarlo a Jacqueline du
Pré? ¿Se puede esperar otro acorde como el que introduce
el tema principal del Concierto para violoncelo
de Saint-Saëns como el que en su día ejecutó
Jackie ?
Fue un personaje con aparentes contradicciones entre su imagen y su forma
de ser real. Su aspecto tímido y vulnerable escondía una
gran capacidad de comunicación, un enorme entusiasmo y una seguridad
y fortaleza en la interpretación inmensa.
Su madre había estudiado piano mediante el método eurítmico
de Dalcroze y posteriormente en la Royal Academy of Music
de Londres con Eric Grant y composición con Theodore Holland
y se hallaba en posesión de diversos galardones de piano y composición,
y su formación, en el método Dalcroze, fue fundamental en
la educación musical de Jackie puesto que logró interesarla
e involucrarla totalmente en el fenómeno musical.
La niña, un poco antes de cumplir los cinco años, oyó
en una emisora de música una pieza en la que el papel primordial
lo llevaba el violoncelo y le dijo a su madre que quería tocar lo
que producía ese sonido. Al cumplir los cinco años se encontró,
en su habitación, como regalo, con un chelo 3/4 al que ella, cuando
lo vio, lo llamó cariñosamente whopping creature
(criatura enorme) dado el tamaño del instrumento.
A partir de ese momento, comenzó a recibir clases (una cada sábado)
y su madre, dada la carencia de música de chelo para niños
de esas edades, empezó a componerle piezas que le escribía
en un cuaderno, al que llamó Primer libro
de chelo de Jackie (Jackie's First Cello Book) estando
las piezas ilustradas con dibujos e historias. Su madre le dejaba el cuaderno
al final de la cama mientras Jackie dormía y cuando lo encontraba,
al despertar, su gran prioridad era la interpretación de la nueva
obra. Además, la hacía colaborar en la afinación del
instrumento, pidiéndole que tocara la nota La del piano y que le
dijese cuando, según ella, estaba afinada la cuerda del chelo.
Sólo medio año más tarde entró, después
de una audición, en la London Cello School cuyo director
era entonces Pau Casals, y su Presidente Sir John Barbirolli,
(que comenzó su carrera como violonchelista) siendo su profesora
Alison
Dalrymple. A los seis años dio su primer recital en público
en el Queen Mary Hall con las piezas: Andantino
de Florembassi, Canción Rusa
de Fitzenhagen y Wiegenlied
de Schubert. Un años después, acompañada al
piano por su madre, ofreció un concierto en la London School
interpretando a Schumann y Schubert.
Una fecha importante en su vida fue diciembre de 1.952 (un mes antes de
su octavo cumpleaños) ya que recibió una carta de un benefactor
secreto en la que le decía que dadas sus cualidades y su enorme
progresión y trabajo, le regalaba un nuevo violoncelo, que podía
ser escogido por ella y el Sr. Walern (gerente de la escuela). Adquirió
un 3/4 apto ya para la interpretación de conciertos. Después
se verá la importancia que este benefactor tendría en su
carrera (algo similar le ocurrió a Chaikovsky con Nadezhda
von Meck quien le financió durante bastantes años con
la única condición de no verse jamás).
En 1.955, con diez años de edad, precisó un cambio de profesor
(pues su antigua profesora no podía aportarle nada nuevo). Gracias
a su madre entró en contacto con William Pleeth (a
quien ella acabaría llamando cariñosamente Daddy
cello y que ya no la abandonaría nunca en su vida musical).
Siguieron años de intenso estudio, ya dirigido plenamente a la actividad
musical (motivados por la admisión en la beca Suggia -en
honor de Guillermina Suggia- para jóvenes talentos del violonchelo),
de corrección de posturas motivadas por algunas deficiencias
físicas de Jackie (p.e. tenía dos dedos de la misma longitud,
etc.), de actuaciones públicas (de ámbito local) y de premios
que retribuían su esfuerzo. A una gran velocidad todas sus dotes
innatas se fueron moldeando para que el gran genio que habitaba en
su interior se exteriorizara sin temores ni vacilaciones.
Una situación que demuestra su entereza de carácter fue la
que se produjo a consecuencia de su debut profesional, en marzo de 1.961
(con 16 años) en el Wigmore Hall de Londres. Este acontecimiento,
inducido por su profesor Pleeth, había sido rigurosamente
planeado y previsto, hasta el punto de que su mecenas particular le había
comprado un Stradivarius de 1.673 por la nada desdeñable cantidad
de 6.000 libras esterlinas (después de pasar por un 7/8 Guarnarius,
un Rugieri y un Tecchler) adrede para la ocasión. Todo estaba preparado,
el programa consistía en una suite de Bach, sonatas de Händel,
Brahms,
y Debussy y algunas danzas de Falla. Jackie subió
al escenario y comenzó con la sonata de Händel y de
improviso comenzó a desafinar (era extrañísimo en
ella dada su seguridad), algo ocurría. Sin inmutarse, la intérprete
dijo: señoras y caballeros lo siento pero una cuerda se ha roto
y debo cambiarla, salió del escenario, cambió la cuerda
y prosiguió el concierto con un éxito total.
Al día siguiente la cabecera del Times rezaba así:
Asombroso
dominio del violoncelo a los 16 años de edad. En el mismo sentido
de elogios se expresaban los diarios más influyentes de Londres.
De la noche a la mañana, Jacqueline du Pré se había
convertido en una estrella.
La década de los 60 le proporcionó todo lo que una artista
puede desear, gran proyección internacional, estudio con grandes
maestros, conciertos por todo el mundo, asuntos amorosos, premios, grabaciones
de discos (tanto en directo como de estudio) - casi todas de ellas con
el sello EMI-, etc.
Tal vez uno de sus momentos culminantes se lo proporcionó su benefactor
cuando en el otoño de 1.964, ya en plena vorágine internacional,
le propuso comprarle otro chelo y por medio de Charles Beare (dueño
de una reputada tienda de instrumentos en el Soho londinense) se enteró
de que el Stradivarius Davidoff (nombre en honor del violoncelista
ruso Carlos Davidoff que lo tuvo en su poder hasta su muerte en
1.889) se había puesto en venta en Nueva York por la viuda de un
magnate americano que coleccionaba Stradivarius. Este instrumento, catalogado
como uno de los cinco mejores del mundo, cautivó a Jacqueline y
en diciembre de ese año llegó el chelo a Londres para ser
probado por ella misma y por William Pleeth. Ambos quedaron asombrados
y enamorados de su sonido y fue adquirido por la fantástica suma
de 84.000 libras. Este instrumento le causó problemas de afinación
(era muy sensible a los cambios de humedad y temperatura) y de aguante
de la fuerza con que Jackie realizaba los ataques pero gracias al mantenimiento
del Sr. Beare, lo conservó durante toda su vida (hoy sigue en escena,
propiedad, creo, de Yo-Yo Ma), aunque en algunas épocas utilizó
un Francesco Gofriller adquirido por ella misma.
El mismo año fue el de su encuentro con el joven pianista australiano
Stephen
Kovacevich (también llamado Stephen Bishop) que, como ella,
también había sido un niño prodigio. Debutaron juntos
el 15 de octubre en Goldsmith's Hall con el siguiente programa:
Sonata
en Sol menor de Bach,
Sonata
en Sol menor de Beethoven, Sonata
en Mi menor de Brahms y la Sonata
de Britten. Estuvieron juntos durante 18 meses dando conciertos por todo
el mundo y como no podía ser de otra forma, surgió el idilio
entre ellos.
Otro de sus años inolvidables fue el de 1.965 ya que en él
realizó dos de sus actuaciones que han hecho historia. El 7 de abril
de 1.965 se celebró el histórico concierto en el que se interpretó
el Concierto para violoncelo de Elgar,
con la Halle Orchestra y la dirección de Sir John Barbirolli
en el Royal Festival Hall.
La misma obra se grabó el 15 de agosto de 1.965 en el Kingsway Hall
de Londres esta vez con la London Symphony Orchestra y el mismo
director siendo esta grabación, de la casa EMI, en mi opinión,
la referencia absoluta de esta obra (con la que siempre tuvo una especial
vinculación Jacqueline du Pré).
También triunfó en Nueva York hasta el punto de que para
muchos críticos, lo más importante de la temporada 64/65
había sido la aparición de Jackie en sus escenarios (Bernard
Jacobson - Music and musicians - Nueva York).
El año 1.967 marcó otra etapa en la vida de Jacqueline ya
que fue en el que contrajo matrimonio según el rito judío
con el pianista y director argentino Daniel Barenboim con quien
realizó numerosos conciertos y grabaciones, tanto como director
como de pianista acompañante (Sonatas de
chelo y piano de Brahms, de Beethoven, Concierto
de violoncelo de Elgar, de Haydn (en Do menor),
Dvorak,
Saint
Saëns, Tríos de Beethoven, etc.
Tuvo un grupo de amigos incondicionales entre los que se encontraban Zubin
Mehta, Pinchas Zukerman, Itzhak Perlman a los que, junto
a su esposo, se conocía amistosamente como la mafia musical judía
, John Barbirolli, y otra serie de nombres de grandes artistas que aparecían
normalmente vinculados al matrimonio en conciertos y actuaciones (Leonard
Bernstein, Vladimir Ashkenazy, Adrian Boult, etc.).
Sin embargo, como si la naturaleza odiase la perfección y sintiese
envidia de la felicidad, la tragedia comenzó a cernirse sobre ella
a partir de 1.971. En la primavera de ese año comenzó a presentar
trastornos de memoria, a sentirse siempre exhausta, a tener problemas de
convivencia con su marido y le empezaron a hablar de casas de reposo hasta
que en el verano anunció la cancelación de todos sus compromisos
hasta abril de 1.972, tomándose un año sabático para
recuperarse del agotamiento nervioso que le habían diagnosticado.
En el otoño e invierno mejoro, lo que le permitió realizar
sus últimas grabaciones comerciales que se efectuaron en el Abbey
Road Studio nº 1 de Londres los días 10 y 11 de diciembre,
siendo éstas la Sonata en Sol menor
de Chopin y la transcripción para chelo de la Sonata
en La de César Franck, acompañada por Daniel
Barenboim, siendo editado el disco por EMI. También se grabó
el primer tiempo de la Sonata en Fa
de Beethoven, debiendo detenerse después por hallarse agotada,
pero, que yo sepa, esta grabación no ha sido editada.
Su declive interpretativo se produjo en el año 1.973. En enero (justo
antes de su 28 aniversario) interpretó el Concierto
para violoncelo de Lalo en Toronto con una crítica
que benignamente calificó su actuación de buena pero no excelente,
algo pasaba. Posteriormente en Nueva York, en un ciclo de música
de cámara también acompañada por su esposo recibió
unas críticas más severas, calificando su interpretación
de autoindulgente, con un tono áspero y con omisión de muchas
notas (esto nunca le había ocurrido y marcaba sin duda el principio
del fin de su sensibilidad y agilidad y de hecho ella ya había notado
que sus manos no le respondían como debían).
La situación de degradación se consolidó en el concierto
del 8 de febrero en el Royal Festival Hall en el que interpretando su obra
más representativa, el Concierto para violoncelo
de Elgar bajo la dirección de su gran amigo Zubin Mehta,
fue incapaz de seguir el ritmo normal de la obra debiendo ralentizar los
tempi la orquesta para que pudiera seguirla. Después de anular dos
conciertos, el día 16 de octubre el zarpazo terrible del destino
se produjo y su diagnóstico salió a la luz. Estaba afectada
de una esclerosis múltiple (incurable). Catorce años después,
y tras largos sufrimientos, el lunes 19 de octubre de 1.987 fallecía.
La que fuera estrella fugaz nos abandonaba.
Sin embargo, nos quedó su estela, no sólo en forma de grabaciones
sonoras que, resistiendo a la tentación, no voy a describir (sólo
mencionaré dos de sus muchas maravillas, el cofre de EMI Les
introuvables de Jacqueline du Pré - que recoge en seis compactos
sus mejores obras, y El concierto de Elgar con John Barbirolli
y la London Symphony del que ya se ha hablado en el texto, también
de EMI) sino también como documentos visuales y a estos me refería
al principio cuando hablaba de tesoros.
Fue Christopher Nupen (familiarmente llamado Kitty), un reputado
director de producciones de vídeo que procedía de la BBC
el que se encargó de realizar las tres auténticas joyas que
ahora se describirán y que se desarrollan en la época de
mayor esplendor musical de Jackie.
El primer vídeo y más importante por su contenido humano
fue el titulado Jacqueline du Pré and the Elgar Cello Concerto,
publicado por la casa TELDEC, código 2292-46240-3. Es con mucho
el más intimista de los tres ya que dedica una parte de la obra
a la vida de Jacqueline desde su infancia, con entrevistas con su madre,
su padre, su profesor William Pleeth, con Sir John Barbirolli, etc. hasta
su plenitud artística. En él podemos ver todo el proceso
comprimido de la vida de Jackie, incluidas escenas patéticas de
la violoncelista, ya postrada en la silla de ruedas dando clases y siendo
paseada por los parques de Londres. Además incluye tomas musicales
(en sonido mono pero de buena calidad), con un dúo inolvidable con
su profesor y acaba con la interpretación del Concierto de Elgar
con la New Philharmonia Orchestra y la dirección de Daniel Barenboim.
La película dura aproximadamente 74 minutos y es un auténtico
derroche de sensibilidad y saber hacer, eso sí, tiene una alta carga
de emotividad. En resumen, una joya.
La segunda pieza de esta trilogía única, la constituye el
vídeo llamado The Trout, donde se recoge la famosa grabación
del 30 de agosto de 1.969 del quinteto de Schubert "La trucha" a
cargo de Jacqueline du Pré, Daniel Barenboim, Zubin Mehta (contrabajo),
Pinchas Zukerman e Itzhak Perlman . En este vídeo se describe
además de la representación (en el New Queen Elizabeth Hall),
la llegada a Londres de cada protagonista, algo de su vida, sus ensayos
previos, su enorme amistad, los intercambios de instrumentos (la foto de
la
portada es histórica porque está Zubin Mehta al piano y Daniel
Barenboim con el contrabajo), su vida en común y podemos ver a una
Jackie distendida, improvisando jazz, riendo y luego interpretando. La
película también es de TELDEC, con el código 2292-46239-3,
dura aproximadamente 55 minutos y su sonido es estéreo.
La última de la serie es la titulada Pinchas Zukerman… "Here
to make music" and The Ghost" (Trío de Beethoven Op. 70 nº
1). Sus intérpretes básicos son Jacqueline du Pré,
Daniel Barenboim y Pinchas Zukerman, aunque también aparecen Leonard
Bernstein, Itzhak Perlman, Marc Neikrug, Lawrence Smith,
The Enclish Chamber Orchestra, etc. y se interpretan además piezas
de Bach, Mozart, Wieniawski, Corelli, Telemann,
Schumann,
Mendelssohn,
Schubert,
Vivaldi
y
Brahms. La introducción en este se centra más en
la vida de Zukerman. Como los anteriores, es de TELDEC, código 9031-73671-3,
la duración aproximada es de 91 minutos y el sonido mono (pero
de alta calidad).
Además de estos documentos, últimamente se está observando
un aumento en el interés de la gente por las grabaciones de Jacqueline
que ha provocado la reedición de algunos de sus discos que, inmediatamente
han sido galardonados con premios (como la roseta de Penguin a las grabaciones
de EMI de los conciertos de Delius y Schumann).
También hay que decir que hay una chelista británica cuya
trayectoria conviene seguir. Me refiero a Jacqueline Thomas,
violoncelista del Brodsky Quartet (ingleses). Hace tres años tocaron
en Valencia la integral de los cuartetos de cuerda de Shostakovich,
y me impresionó profundamente. En febrero/marzo de 1.997 la integral
de los cuartetos de cuerda de Schubert y el año pasado le
dedicaron un ciclo a la música de cámara de compositores
británicos. He tenido la gran suerte de asistir a todas sus representaciones
y os puedo asegurar que es un cuarteto de altísimo nivel.
En la última actuación del año pasado, cuando salieron
a firmar autógrafos, le dije Sabe, su forma de tocar me recuerda
a Jacqueline du Pré, visiblemente emocionada, al menos para
mí, me contestó. Muchas gracias, es el mejor cumplido
que me han hecho en mi vida.
Este artículo está
basado principalmente en el maravilloso libro " A GENIUS IN THE FAMILY,
an intimate memoir of JACQUELINE DU PRÉ", de sus hermanos Hilary
(también músico) y Piers du Pré. Vintage 1.998.
También en " JACQUELINE DU PRÉ: A BIOGRAPHY" por Carol
Easton, 1.991 Por último en centenares de horas de escucharla, decenas
de horas de verla y miles de añorarla.
José Cortés
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