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Reflexiones sobre la hibridación musical:
La Misa Criolla de Ariel Ramírez,
¿liturgia o folclore?
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        La creación artística e intelectual precisa de un escenario de libertad absoluta para que las ideas cristalicen adecuadamente en la obra final. No deben de haber situaciones ni géneros ni personajes prohibidos apriori, ni tabúes intratables ni nadie que deba o pueda decidir sobre el artista (1), sólo la historia esta legitimada para hacerlo y, cual juez implacable, en ocasiones lo hace sin piedad y sin respetar a los protagonistas. 

    ¿Acaso alguien puede dudar hoy que el gran Goethe se equivocó cuando, en abril de 1.816, despreció y devolvió (2) sin ningún comentario las lieder que Schubert compuso basándose en poemas suyos y que le fueron remitidas a Weimar con una casi humillante carta de acompañamiento de  Josef Edler von Spaun? (3)

    Si en el primer párrafo me he referido a la sentencia ocasional de la historia, es debido a que, por desgracia, no siempre lo hace (4) y hay que reconocer que la razón asiste a Dahlhaus (5) también cuando deja entrever que el Tiempo no siempre realiza bien sus funciones de juez universal de personas y hechos. 

    Es evidente que no creo en los guardianes del Grial ni en los posibles salvadores de los valores humanos ni en los que se creen dueños únicos de la  verdad absoluta (suponiendo que exista), cualquiera que sea el ámbito en el que actúen. 

    La música, y en especial la mal llamada clásica, por sus características y presencia  histórica es especialmente susceptible de sufrir a estos personajes que sin dar opción a escuchar o valorar la obra ya la han descalificado, basándose a veces en criterios como que es una interpretación historicista, o que no lo es, o que se han usado sopranos en vez de contraltos o voces blancas, o que es una adaptación o una mezcla de estilos, o de géneros, etc. (la lista sería interminable). 

    Los debates sobre instrumentos originales ¿mejor o peor?, voces femeninas vs voces masculinas (6) etc. pueden y deben de realizarse y, siempre que se lleven a término con el suficiente conocimiento de las circunstancias históricas y sociológicas que motivaron esas situaciones, serán sin duda enriquecedores puesto que exigirá mejorar el conocimiento y la investigación musicológica. Pero la existencia del debate no debe llevar implícita la anulación sistemática de una obra por el hecho de que el oyente esté posicionado en uno u otro lado de la discusión. 

    Así pues, de la misma forma que comenzaba este artículo reclamando para el creador un entorno de libertad total, exhorto a los oyentes a que no se dejen influir por críticas o comentarios que descalifiquen o ensalcen una obra simplemente por su origen o procedencia, a que juzguen por sí mismos, a que no admitan apriorismos de ningún tipo, únicamente de esta forma se puede llegar a tener criterio propio y conseguir una coherencia en el proceso de creación y consumo del arte. No se debe de olvidar que el destino de la creación artística es puramente antropocéntrico, nadie salvo el ser humano puede apreciarlo ni consumirlo por lo tanto cualquier desviación en las posibilidades tanto de la creación como del consumo actúa de forma perversa sobre el sistema global.

    Hay dos campos especialmente propensos a sufrir estos comportamientos maximalistas, me refiero a las adaptaciones de obras y a las mezclas o hibridaciones entre géneros o estilos. No voy a hablar de las primeras, tal vez en otra ocasión, (aunque sí puedo adelantar que no creo que Terpsícore quiebre su arpa por el hecho de que Nacho Duato cree una coreografía con música de Bach), pero sí de las segundas. 

    Postula, o postulaba, la genética clásica que, en general, de la hibridación interespecífica sólo pueden surgir especímenes estériles. Afortunadamente esto no es extensivo al mundo de las artes. 

El Officium y el Discantus

    Me vienen a la memoria unos cuantos ejemplos de producciones híbridas con resultados más que notables en algún caso, acertados en otros y más bien desafortunado en uno de ellos, amén de algunas que es mejor ni citar. 

    En septiembre de 1.993 el noruego Jan Garbarek, saxofonista soprano de jazz, se unió al Hilliard Ensemble para grabar para el sello ECM el álbum Officium, basado en obras  de Cristobal de Morales (1.500 - 1.553), Guillaume Dufay (1.397 - 1.474), Magister Perotinus (¿1.200 - ?), Pierre de la Rue (1.460 - 1.518) y Anónimos. 

    Una alternancia de melodías enormemente líricas de los saxos soprano y tenor, situadas espacialmente en primer plano y armonizadas sobre el canto de las voces (un contratenor, dos tenores y un barítono) conformaron una obra incapaz de dejar indiferente a nadie que reuniera dos condiciones: poseer  la sensibilidad suficiente como para apreciarla y carecer de prejuicios para abordar la escucha imparcialmente. Es evidente que la interpretación no podía ser la misma que la que hubiera efectuado por ejemplo Paul McCreesh con su Gabrieli Consort  o James O'Donnell con su coro de la Catedral de Westminster, pero lo que también resultó claro es que fue capaz de suscitar emociones en el oyente (al menos en mi lo hizo). Fue, en mi opinión, una hibridación con resultados notables y desde luego el fruto de la unión no resultó estéril. 

    No se si basado en esta experiencia, pero en cualquier caso con una paralelismo notable, el 6 de octubre de 1.997 fue estrenado en Valencia (con motivo de la conmemoración del 9 de octubre - Fiesta de la Comunidad Valenciana) el concierto denominado genéricamente Discantus en el que también un músico de jazz, Perico Sambeat, improvisaba melodías con sus saxos (también alto y soprano para seguir con los paralelismos) sobre las voces del Coro de Cámara Lluís Vich de Valencia (un contratenor,  cinco tenores y tres bajos) que interpretaban obras vocales polifónicas de Ginés Pérez, Antonius Jané, Anónimos y del Misteri d'Elx (Misterio de Elche) con una puesta en escena de Vicent Genovés.

La novedad estuvo aquí, al menos en la representación del estreno a la que asistí, en la distribución espacial  de las voces, que estaban ubicadas en distintos lugares del recinto, aunque en el mismo plano, y del saxo que emitía sus melodías desde cotas generalmente más elevadas. 

    Aunque técnicamente no hubo nada que reprochar, tampoco aportó nada en absoluto a las personas que ya conocíamos la obra de Garbarek, es más, era muy difícil sustraerse a la tentación de la comparación, aunque fuese inconsciente, y la verdad es que si bien el Coro no sufría en esa simulación mental, la sombra del saxofonista noruego se cernía sobre Sambeat con resultados demoledores. 

La Belle et la Bête

   Abusando de su paciencia, me gustaría referirme a otro ejemplo de hibridación, este ya incluso intergenérica puesto que el resultado fue una obra audiovisual. Hablo de la ópera del compositor estadounidense Philip Glass La bella y la bestia. Asistí a su estreno en Valencia (Teatre Principal) el día 15 de junio de 1.994. 

      Como es bien sabido, la obra recrea la música compuesta por Glass y las voces mientras al mismo tiempo es proyectada sin sonido la obra maestra del cine La Belle et la Bête (1.946) del gran escritor y director francés Jean Cocteau (colaborador en la creación del Grupo de los Seis). 

    Las imágenes se sucedían sin cesar mientras delante el Philip Glass Ensemble, integrado entonces por tres  saxos (sopranos y alto), tres teclados y una flauta, al que se añadieron cuatro voces: una mezzo ( La  Bella, Adelaida), un barítono (La Bestia, El Príncipe, Avenant) una soprano (Felice) y un bajo (El Padre, Ludovic, Prestamista) representaba la ópera cuyo libreto es el guión original de la película. 

    En esta ocasión aunque la idea fue curiosa y original, desde el punto de vista artístico no alcanzó, en mi opinión, la calidad del primer caso. La música me recordó demasiado a algunas canciones de Henri Duparc (Le Galope, La Fuite, etc.), cuidado, no estoy diciendo en absoluto que musicalmente tuvieran relación, sólo que en mi produjo una evocación de estas obras, y lógicamente una percepción de pérdida de originalidad aunque, repito, pudo ser algo totalmente subjetivo, además la parte musical no estuvo a la altura de las imágenes ni se imbricó adecuadamente con ellas. Posteriormente la ópera fue grabada en compacto (Nonesuch 7559-79347-2) y ahí sí creo que los productores se equivocaron ya que no se debe de privar a un espectáculo audiovisual de una de sus arterias vitales y más cuando esa parte es el hilo conductor de la obra. 

La Misa Criolla

    Para finalizar, me gustaría hablar de la obra cuyo título encabeza este artículo y de su autor. El compositor argentino Ariel Ramírez nacido en Santa Fe en septiembre de1.921 es, fundamentalmente, un creador de obras basadas en el folclore argentino y sudamericano en general. 

    Sus raíces penetran profundamente en la filosofía, creencias, ritos y mitologías de estos pueblos y junto a  Los Calchakis, maravillosos  autodidactas que musican a Almafuerte, Darío Domingues, Marino Mores, María Graña, Eduardo Falú, etc. constituyen la mejor embajada cultural y social que un continente puede desear puesto que todas sus vivencias y anhelos han sido trasmitidas al mundo entero a través de su arte. Desde el canto desesperado y desgarrado de las tribus amazónicas por el mantenimiento de sus culturas e incluso de sus vidas, hasta la recuperación del legado cultural popular que supone la sistematización de las melodías y el redescubrimiento de instrumentos exclusivos de pequeñas regiones geográficas pasando por la dispersión de las ideas y obras de escritores y poetas como el mencionado Almafuerte, Jaime Dávalos, Violeta Parra, etc. 

    Pero además de un compositor, es un buen pianista y ha obtenido grandes éxitos como acompañante. Dicen las críticas (7) que su actuación en el Teatro Albéniz de Madrid en 1.997, con el espectáculo "Los Creadores" (junto a Mariano Mores), fue un enorme éxito y que bastaron las primeras notas de Alfonsina y el Mar interpretadas por el maestro Ramírez para obtener una "ovación cerrada del público". 

    Su Misa Criolla es, en mi opinión, un ejemplo perfecto de una hibridación, en este caso entre liturgia y folclore. Fue cantada por vez primera en la primavera del año 1.964 con el texto en castellano que aprobó la Conferencia Episcopal para América Latina (había sido propuesto por su presidente Osvaldo Cateno) y música de Ramírez.  El propio compositor dirigió el estreno tocando además el clave y contando con la participación del cuarteto Los Fronterizos y del Coro de la Basílica del Socorro (amén de un nutrido grupo de intérpretes de instrumentos sudamericanos). 

    La primera grabación data de 1.964, obteniendo inmediatamente galardones internacionales (como por ejemplo el Gran Premio del Disco en Francia) y desde entonces ha sido editada en 40 países, su partitura publicada en Estados Unidos (por Lawson-Gould Music Pub. Inc.), en Canadá (Ministerio de Cultura) y lógicamente en Argentina por Pigal-Lagos. El número de copias vendidas sobrepasa, con toda certeza, los 3.000.000. y se ha representado en numerosos países. 

    La música de la obra es un conglomerado de melodías y ritmos basados en las tradiciones seculares de Argentina y de gran parte de hispanoamérica.  Su interpretación está concebida para un solista (o dúo vocal), coro mixto mínimo de cuarenta voces, clave (o piano) y un amplio abanico instrumental donde se encuentran: charango, quena, siku, y una enorme variedad de instrumentos de percusión de distintas procedencias (bombos legüeros, tumbadoras, cocos, etc.). 

    Sus partes son: 

        - Kyrie: Ejecutada en ritmo de baguala - vidala (música andina). Parte de gran dramatismo donde el solista debe comunicar el aislamiento, soledad, inmensidad y hostilidad del altiplano. 

        - Gloria: En este movimiento, el compositor escoge primeramente el yaravi andino para inciar el movimiento, utilizando luego el Carnavalito como variedad argentina del Carnaval boliviano y peruano. Está compuesto en modo menor. 

        - Credo: Una de las partes clave de la obra. Realizada con ritmo de Chacarera trunca, propio de Santiago del Estero. Con una insistencia obsesiva transmite gran emoción. 

        - Sanctus: Se regresa al Carnaval pero adoptando la variante boliviana de Cochabamba y en modo mayor. 

        - Agnus Dei: En esta parte, la oración pone de manifiesto el anhelo universal por la paz. Está compuesta evocando un Estilo (especie lírica de la Pampa) (8)

    Posteriormente,  se realizó una versión orquestal (Buenos Aires, 1.977), convirtiéndose en pieza de repertorio que ha sido interpretada en acontecimientos de gran trascendencia y salas emblemáticas (la Nervi del Vaticano, el Royal Festival House de Londres, etc.). 

    Aquellos lectores que quieran una buena aproximación a la obra grabada pueden acudir a la realizada en el Santuario de la Bien Aparecida (Cantabria) en el año 1.987 por José Carreras y las Corales Salvé de Laredo y Sociedad Coral de Bilbao dirigidas por José Luis Ocejo con el compositor al piano y clave, Domingo CuraJorge Padín (percusión), Arsenio Zambrano (charango), Lalo Gutierrez (guitarra), Raúl Barboza (acordeón) y el grupo Huancara de instrumentos sudamericanos (Philips 420955-2). Es una grabación excelente con una gran transparencia y un buen balance que incluye además las obras Navidad en Verano y Navidad Nuestra ambas también de Ariel Ramírez sobre textos de Félix Luna.

Notas y Bibliografía

1. En realidad pienso que la única limitación que un creador o un intérprete debería autoimponerse es la de no realizar una prostitución mercantilística de su obra o recreación. Es evidente que el objetivo de cualquier artista debería ser el poder vivir de su arte, pero de eso a que se diseñen obras o producciones en los despachos de marketing con la teleología única y última de ganar el máximo dinero posible hay un abismo. Precisamente el abismo que separa el arte del "show business". ¿Qué cómo diferenciarlo?. Es sencillo, cuestión de criterio.

2. De hecho, de los dos cuadernos que acompañaban a la carta, solo fue devuelto a Spaun el número 1

3.  El texto traducido de esta carta puede ser consultado en: (texto abreviado) Schubert, de Peter Härtling. 1.997. Ed. Seix Barral. Pág. 89. También (texto íntegro) en: Los lieder de Schubert, de Dietrich Fischer-Dieskau. 1.989 (traducción española). Ed. Alianza. Págs. 62 y 63. Curiosamente los textos de ambas obras no coinciden y discrepan notablemente en algunos puntos (por ejemplo en la edad del compositor Schubert).

4. Cortés, J. 1.999. Olvidos injustos. Mundo Clásico nº 42.

5. Dahlhaus, C. 1.997. Fundamentos de la historia de la música. Ed. Gedisa. Traducción de la obra Grunlagen der Musikgeschichtte de 1.977.

6. Cabría preguntarse el sentido de las interpretaciones actuales de grandes obras corales, como la Misa en Si m de Bach, con los papeles de soprano y contralto o los coros en manos de niños, que carecen de la madurez suficiente para abordar estas obras y del registro adecuado, en vez de con mujeres en base a una fidelidad histórica cuando la exclusión de la mujer  nunca ha sido una cuestión musical sino religiosa,  ya que la Iglesia siempre ha proscrito la presencia femenina y sobre todo en los coros.  En la segunda mitad de este siglo aún se pueden encontrar referencias del Pontífice que avalan esta misoginia recalcitrante. Para más información en castellano sobre estos temas: Reflexiones sobre la música, de Paul Henry Lang, 1.998 (traducción). Ed. Debate.

7. Algañaraz, Juan Carlos. 1.997. En España, una embajada de lujo. Diario El Clarín, (Buenos Aires). 21.02.97.

8. Notas procedentes de: Philips 420955-2.

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