Día
8 de marzo, día de la mujer trabajadora, día de estreno de
la ópera Beatrice di Tenda en el Liceu; paradojas de la vida,
o no, o quizás sea esta la mejor manera de concienciar al personal
y demostrar que los tiempos siguen sin cambiar. La mujer, trabajadora o
no, siempre está en la parte dura de la historia, y en esta ocasión
el marido no tiene ni que mancharse las manos, simplemente le sirve el
libelo. Una obra donde la mujer es vilipendiada talmente por un marido
que no la ama, y que solo desea a una dama de su corte, un marido que groseramente
se vale de una mentira para que sea juzgada y condenada a muerte. Basada
en un hecho histórico acaecido alrededor del 1418, Beatrice duquesa
de Tenda es acusada por su segundo marido Filippo, duque de Milán,
que ha llegado a ser, gracias a las posesiones aportadas por su esposa,
señor de toda la Lombardia y el Piamonte y que no soporta tener
que compartir aunque solo sea de hecho el poder con su esposa.
Esta ópera fue estrenada durante el carnaval de
1833 en Venecia, teniendo una pobre acogida. Pero los problemas de esta
obra no son solo el día del estreno, vienen desde el inicio de su
confección, ya que Bellini tuvo duros enfrentamientos con el libretista
Felice Romani por la lentitud de este en confeccionar el libreto, lo que
dio una tensa confección de la obra por parte de ambos y que terminó
con una amistad de años que nunca se volvería a restablecer
totalmente. Está situada entre las óperas Norma y
I
Puritani, dos de las más celebradas obras del autor, pero con
menos suerte entre el publico tanto en la época del autor como en
posteriores.
Después del pequeño preámbulo, vamos
al grano. Ayer fue una noche de gloria en el Liceu. Bueno no es que
cogiera a nadie por sorpresa, el público barcelonés conoce
ya de años a la diva, y cuando en una programación aparece
el nombre de Edita Gruberova el aficionado corre a buscar las entradas,
sabe que esa será una noche de disfrute asegurado, su belcantismo
está hoy por hoy en la cresta mundial, y, a pesar de no estar ya
en su mejor momento, los años no perdonan, no va a perderse semejante
placer.
En la obertura ya se pudo apreciar que el planteamiento
sería totalmente belcantista, es decir, que la orquesta no se llevaría
el protagonismo, ese, sería integro para los cantantes, como así
fue, y en especial para Königin-Gruberova, papel que por cierto
ha interpretado en numerosas ocasiones. Como reina entró en la escena,
su aparición provocó aplausos y bravos en todos los pisos,
como reina inició su quehacer, y como reina remató finalmente
la tarea.
Como dijo Teresa Núñez muy acertadamente
en su comentario del día
28 de febrero el Real ya tiene su reina, pero lo siento Teresa
esa reina la tendremos que repartir, todos queremos un pedacito de tan
rico pastel.
Me perdonaran si me extiendo un poco en mis entusiastas
comentarios, pero me resulta difícil escuchar voces como la de la
inteligente Edita y ser comedida, con ella no han podido poderosas discográficas
ni directores, en este campo hay paralelismo evidente con la insigne Leyla
Genser, siempre adorada por su publico y repudiada o peor todavía,
ignorada por las discográficas.
Como decía, la Gruberova, abrió la boca en
su primera aria con tan delicado pianissimi que en el teatro no se oía
ni el parpadeo de las pestañas, no fuera que pasara desapercibida
ni una sola nota, siguió con una mezza di voce dolcissima que se
fue incrementando tono a tono controladamente hasta llegar al forte, del
que nunca abusó, no por carencia, ya que las veces que lo rozó
se le observó con amplitud, siempre y cuando no fuese en el extremo
más agudo de la tesitura, donde todo hay que decirlo, tuvo algún
problema, pero eso es peccata minuta, el resto, todo, fue de libro, siguió
a la subida una recogida de voz en sutil piano, intercalando unos adornos
cuidados, suficientemente lentos como para no perderse ni uno y suficientemente
rápidos como para que no resultaran pesantes. Una verdadera maravilla
fueron sus increíbles coloraturas en las que vimos al menos
tantos matices como en el mismísimo iris. Y claro para ello
obvia decir que está en posesión de un potente fiatto que
le permite tales finuras.
A todo esto se preguntarán ustedes, ¿pero
es que no cantaba nadie más?, bueno sí que cantaban, pero
claro, había demasiada luz.
Allí estuvo interpretando a 'Filippo' un gran barítono
de todos conocido, Renato Bruson, al que hemos tenido ocasión de
ver en el Otelo del Real esta temporada y que tan buenas críticas
obtuvo. Cantante con experiencia probada que resolvió con elegancia
el rol de ruin marido de Beatrice. Pero acometió un papel que no
hace favor a su actual tesitura; se requiere un barítono más
ligero y sobre todo con amplia agilidad para poder realizar los adornos
de las partituras bellinianas y su voz actual no da bien en ese aspecto.
En cambio el sentimiento y la robustez de carácter de personaje
tan malvado lo expresó a la perfección, especialmente el
aria del final del segundo acto en la que destacó por su dramatismo.
En cuanto a la mezosoprano búlgara Petia Petrova,
cantante ganadora del premio Viñas en esta misma ciudad. Es cantante
de voz fina, con ligera falta de armónicos, de color claro, a la
que puede sacarle mayor provecho a poco que el papel y el entorno acompañen.
Cumplió en su papel de acusadora de Beatrice y amante de Filippo,
con corrección, tuvo momentos de dramatismo y desparpajo pero no
fueron muchos, puede que fuese algo pesante el tener que compartir firmamento
con semejante estrella.
José Sempere asumió el papel de 'Orombrello',
supuesto amante de 'Beatrice'. Cantó ese divergente papel de cándido
acusador y aspirante a paladín de la vilipendiada alternando
una voz brillante y opaca según momentos y a la que se le podía
haber pedido mayor implicación en el papel. Tuvo pasajes en que
mostró un bonito timbre y un volumen suficiente pero con parcas
dinámicas y apianados.
Respecto al resto, Santiago Calderón y Alfredo
Heilbron, como 'Anichino' y 'Rizzardo del Maino', tengo poco que decir,
ya que la extensión de los papeles respectivos no daba para mucho,
la mayor parte de sus intervenciones eran en compañía del
coro o de algún protagonista y solo comentar que como mínimo
no desmerecieron.
Respecto a la dirección ya he comentado que se atuvo,
con muy buen criterio, al acompañamiento de los cantantes como tiene
que ser en la ópera y, especialmente, en la belcantista, ya de por
sí poco elaborada y marco exclusivo para la voz. Friedrich Haider
inició con una obertura contenida quizás algo pobre en dinámicas,
tenia margen para haber dado más de sí, siguió en
la misma tesitura hasta el final de la obra donde dejó que finalmente
estallara, como para demostrar que sí podía pero no quería.
Llevó muy bien los distintos bloques instrumentales en especial
la cuerda que sonó realmente compacta con un sonido redondo y empastado,
y en general se puede decir que tuvo una lucida noche.
También el coro funcionó bien con voces recogidas
en todas sus intervenciones y con una buena coordinación con la
orquesta, haciendo hincapié en las dinámicas dramáticas
de la obra.
Y para terminar insisto en lo dicho, si de belcanto se
trata, ¡por favor, que nos traigan a la GRUBEROVA!
|