República Dominicana

Esto no es Haydn, es Sandoval

Antonio Gómez Sotolongo
jueves, 22 de marzo de 2007
Santo Domingo, miércoles, 14 de marzo de 2007. Teatro Nacional Eduardo Brito. Arturo Sandoval, trompeta. Orquesta del Festival Musical de Santo Domingo. José A. Molina, director invitado. Aaron Copland: Salón México. Joseph Haydn: Concierto en Mi bemol mayor, para trompeta y orquesta, Ho Vlle: I. Bautista-Ortiz Calero: La Virgen de la Macarena. José Antonio Molina: Fantasía Merengue. Festival Musical de Santo Domingo
0,0001175 La sexta edición del Festival Musical de Santo Domingo, que tuvo lugar durante los días 7 y 17 de marzo, contribuyó sin dudas a paliar un tanto el marasmo vivido por la música sinfónica y de cámara durante los últimos años en esta ciudad primada de América. De los seis conciertos realizados, el que más expectativas creó en el público fue el de Arturo Sandoval bajo la conducción de José A. Molina; y en su realización fue sin dudas el espectáculo más divertido.

La velada comenzó con una interpretación de Salón México, de Aaron Copland, bien jaranera, danzonera y tequilezca, conducida con buen tino por el Maestro Molina, quien contó con excelentes respuestas de los solistas, aunque el colectivo por momentos perdiera el bamboleo de las complejas síncopas. El público disfrutó y lo demostró sin ambages con sus aplausos, seguidamente la noche fue de Sandoval.

Arturo Sandoval no es un músico de gran cultura académica, es un guajiro de Artemisa, un pueblo más allá de La Habana. Arturo rompe las reglas sin conocerlas a ciencia cierta, porque como afirma su currículo asistió al conservatorio por muy poco tiempo. Arturo es un genio con un espíritu descontrolado que consigue emocionar hasta al más almidonado culterano, incluso cuando destruye a los clásicos.

El Concierto de trompeta de Haydn, que interpretó Arturo Sandoval, tuvo todos los defectos académicos que ruborizarían a un principiante; sin embargo, el público deliró en sus butacas, y luego de la pausa, cuando terminó La Virgen de la Macarena, la ovación amenazó con derrumbar los rojos muros del auditorio, obligando al artista a que, aún en trance, atacara una descarga sabrosísima, que lamentablemente no encontró respaldo entre los profesores, nada acostumbrados a las improvisaciones en conciertos sinfónicas. Esta fue una presentación contundente de la poderosa personalidad musical de Sandoval, quien es capaz de emocionar imponiendo su interpretación, incluso cuando destroza tan emblemática partitura.

Lo que se escuchó al final de la fiesta fue la Fantasía Merengue, una obra que se estrenó aquí en 1989 y en la que de forma rapsódica se suceden temas de algunas de las más populares piezas de la música bailable dominicana. La elaboración de la obra, desde el punto de vista formal, armónico, rítmico y melódico la convierten en una excelente muestra de la música sinfónica dominicana, porque en ella aparecen los temas bailables elaborados de tal forma que pierden su función original de canto y baile. Molina consigue en su Fantasía una obra sinfónica basada en melodías populares, algo completamente diferente a las piezas bailables con arreglos sinfónicos que escuchamos frecuentemente en los conciertos de la OSN.

La interpretación, de mano del propio autor, propició la solución de las serias dificultades técnicas que la obra plantea para los instrumentistas y durante la noche del concierto resultó fluida, agradable y absolutamente dominicana.
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