España - Madrid

Lo peor es que a nadie le parece preocupar el problema

Juan Krakenberger
lunes, 26 de marzo de 2007
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Madrid, martes, 20 de marzo de 2007. Sala de Actos de la Fundación Caja Madrid. Barborá Veisová, Olga Isaac, Marion Plard, Cristina Laura Pop, Hindenburg Leka, Miguel Ercolino, Emilio Vicente Argento, y Wen Xiao Zheng, viola. Pianista: Héctor Sánchez. Obras de J. S. Bach, J. N. Hummel, P. Hindemith, W. Walton, H. Vieuxtemps, R. Clarke, C. Stamitz y F. Schubert. Cátedra de Viola de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Profesor titular, Diemut Poppen. Profesor asistente, Nils Mönkemeyer. Aforo: 45%
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Me han de perdonar los lectores de Mundoclasico.com si insisto con crónicas sobre conciertos de alumnos de viola; lo hago por dos motivos: 1) Porque la viola fue mi instrumento y su repertorio me es familiar y 2) Porque merece la mayor atención, ya que la escasez de violistas españoles competentes es notoria, consecuencia de una pedagogía totalmente obsoleta y desfasada de cuerdas altas (violín y viola), un tema que me preocupa, sobre todo porque talento no falta, todo al contrario. Cuando, en rigor, España debería poder exportar violistas, tenemos que importarlos, hasta el punto que ni siquiera nos ceñimos a dar preferencia a ciudadanos de la EU (tal como se hace en países vecinos), y peor aún, hasta en nuestra Joven Orquesta de España (JONDE) empezamos a recurrir a jóvenes de países vecinos.

Lo peor es que a nadie le parece preocupar el problema, y el MEC se cruza de brazos, en vez de analizar porque en un Conservatorio Superior (Zaragoza) las cosas funcionan con normalidad, y en los demás no. Y todo porque la estructura funcional adoptada en Zaragoza hace pocos años es la que rige en todo el mundo, mientras que el resto se ciñe a modelos decimonónicos caducos e ineficientes. Resultado: no hay ningún alumno de nacionalidad española en esta cátedra de la Escuela Reina Sofía, los candidatos no dieron la medida. Sí hay dos sudamericanos: parece que la madre patria se está quedando atrás. Hacia fin del presente mes, podrán leer algo más sobre este tema, analizando las causas del atraso.

Pero vamos al grano. Como siempre en estos casos, me referiré a cada alumno por separado:

Barborá Veisová tocó los dos primeros movimientos de la Sonata nº 2 para viola de gamba y teclado de Bach, quien compuso tres sonatas para estos instrumentos, que fueron transcritas para viola, por una cuestión de tesitura y sonoridad. Un breve ‘Adagio’ hace de introducción a un ‘Allegro’, un típico ejemplo de trio-sonata, porque hay tres voces, uno a cargo de la viola y dos para sendas manos del teclista. Es música absolutamente genial, y la versión fue muy buena, con una interpretación que asumió influencias del historicismo, lo que confiere al fraseo una frescura y alegría muy especial.

Olga Izsac interpretó la Fantasía para viola y piano de Hummel, pieza típica del repertorio vienés para la viola, con su elegancia y buen humor. Tiene pasajes de bravura, sobre melodías de cuño popular, no demasiado refinadas pero atractivas, aún así. La versión fue impecable, y perfectamente adaptada al estilo.

Marion Plard nos tocó la Trauermusik de Paul Hindemith, escrita para viola y orquesta de cuerdas, en su versión con piano. Se trata de cuatro cortas piezas, escritas en pocos días con ocasión de la muerte del Rey de Inglaterra. Me pareció que la joven intérprete estaba bastante tensa, por los nervios, y esto se reflejó en una afinación algo alta, sobre todo al principio, y también en unos portamenti que no tenían la solidez deseable. Por lo demás, versión correcta, un poco corta de enjundia.

Cristina Laura Pop, una veterana en la escuela, tocó el primer movimiento del Concierto de William Walton. Esto es uno de los conciertos contemporáneos más brillantes escritos para la viola, y es muy exigente para el intérprete. La Srta. Pop demostró garra y técnica, y nos presentó una versión impecable, con pleno dominio de los pasajes más expuestos y bello sonido en los líricos.

Hindenburg Leka fue el último intérprete de la primera parte del concierto, ofreciéndonos una excelente versión de la Elegía op 30 de Henry Vieuxtemps. El eximio violinista y compositor belga, niño prodigio, se acordó de la viola con esta Elegía que, a pesar de su melodía tranquila, está plagada de excursiones virtuosísticas. Leka la tocó con elegancia, y el necesario virtuosismo, en una versión plenamente convincente.

Hasta ahora, todos los alumnos tocaron sus partes de memoria. En la segunda parte había dos sonatas para viola y piano, que se interpretaron con atril, y un concierto, sin atril.

Miguel Ercolino, un joven violista venezolano, tocó el 1º movimiento de la Sonata para viola y piano, de Rebecca Clarke. Música post-romántica, con alguna influencia del impresionismo, esta compositora inglesa, que se radicó luego en EEUU, muestra su gran talento en este ‘Impetuoso’, que es en realidad una especie de recitativo-fantasía, muy logrado. La versión muy buena, con excelente coordinación entre la viola y el piano. Muy buen sonido, y contrastes dinámicos bien calibrados para una sonoridad conjunta.

Emilio Vicente Argento, de la Argentina, nos tocó el 3º movimiento del Concierto para viola y orquesta de Carl Stamitz. A falta de conciertos clásicos de compositores consagrados, los violistas deben recurrir a compositores de segunda categoría: no hay más remedio. La versión fue muy buena, con pleno dominio de los pasajes expuestos.

Y para terminar, Wen Xiao Zheng interpretó, junto con Héctor Sánchez, la Sonata ‘Arpeggione’ (D.821) de Franz Schubert, en su integridad, con sus tres movimientos.. He citado al pianista, expresamente, porque en esta obra la intervención del piano es crucial para lograr una buena versión. Y realmente, fue la coronación del concierto, porque oímos un Schubert tocado con mimo, mucha musicalidad, los rubati justos para hacer justicia a las preciosas melodías y frases. Esta versión tenía gran categoría, y no desmerecería en cualquier sala de conciertos del circuito internacional.

Nuevamente destacar la actuación del pianista acompañante, muy dúctil, con buen sonido, y fraseo impecable, acompañando con mimo a los ocho alumnos de viola. Una hora y media de buena música, bien tocada.

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