España - Galicia

Kenny Barron o el diseccionador de standards

Juan Gil
viernes, 16 de marzo de 2001
La Coruña, martes, 13 de marzo de 2001. Fundación Pedro Barrié de La Maza. Kenny Barron Trio. Kenny Barron, Piano; Ray Drummond, Contrabajo; Victor Lewis, Batería.
0,0001093 El pianista Kenny Barron ofreció un concierto caracterizado por la fluctuación entre la elegancia, la levedad y los sonidos más rabiosos del Be-Bop llevando a cabo una delicada operación en la que diseccionó tema a tema una selección de clásicos standards.Barron, que está considerado en la actualidad como una de las personalidades más destacadas del mundo del jazz, cuenta con una nutrida lista de colaboraciones que van desde Dizzy Gillespie a Stan Getz pasando por Stanley Turrentine, Milt Jackson o James Moody, a lo que hay que añadir numerosas grabaciones entre las que destaca Sunset to Dawn, Green Chimneys o Scratch.Tal y como había anunciado en la rueda de prensa que ofreció en la fundación organizadora del evento, el repertorio estuvo integrado principalmente por Standards pianísticos que le sirvieron de excusa para dar muestra de su fascinación por la música de Thelonius Monk algo que ha marcado su carrera desde que en 1981 Barron formara parte del grupo Sphere que rendía tributo a la imagen de tan genial compositor y pianista, y del que volvió a hacerse eco dedicándole gran parte del concierto al presentar su personal visión de un Blue Monk que sirvió de broche final.El concierto se desarrolló en un calculado equilibrio en un proceso de contraposición de temas casi susurrados en que la música surgía con despreocupada naturalidad y arrebatados arranques melódicos, siempre sin perder el carácter calmado de Barron al que sólo consiguió inmutar uno de los numerosos teléfonos que sonaron entre las butacas.El trío en una total interacción acompañó el diálogo instrumental con la comunicación visual y a ratos verbal consiguiendo un resultado que llamaba la atención por la claridad de su sonido y la asombrosa lógica de los arreglos. Predominaron los esquemas más clásicos con una ordenada alternancia de solos y temas, intercalando desnudas intervenciones en que Barron daba buena cuenta de su impecable técnica, tanto en los pasajes desarrollados con posiciones cerradas desplazadas en bloque como aquellos en que utilizaba el registro extremo del instrumento.En Reflections ofreció el carácter más personal de Monk enturbiando la dulzura melódica con los transversales borrones cromáticos que descendían por el teclado al tiempo que aprovechaba los potentes motivos del grave marcados con su vigorosa mano izquierda contrastando con la brillantez de un So What de Miles Davis portentoso.Contrabajo y Batería tuvieron la posibilidad de mostrar de igual modo su calidad musical bien en los paréntesis bien en su labor acompañante. Drummond con una gran dosis de buen humor y felicidad -"quien canta su mal espanta"- sacó un contundente sonido de las cuerdas del bajo apoyando con total precisión los regresos de Barron sobre el tema. Por su parte Lewis se mostró como un batería de detalles recalcando en los juegos con los platos e insistente en la constancia rítmica sin recargar pero elaborando cuidadas trayectorias motívicas.El talante reservado de Barron quedó imprimió en el resultado final del concierto en el que imprimió un carácter cargado de sensibilidad e intimismo combinando las armonías blues y progresiones más contemporáneas estableciendo un vínculo caracterizado por la coherencia.
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