Discos

Las ideas sonoras de Bach

Juan Krakenberger
jueves, 3 de mayo de 2007
Johann Sebastian Bach: Sonatas para violín y clave BWV 1014-1019. Stefano Montanari, violín barroco; Christophe Rousset, clave. Nicolas Bartholomé, productor; Alessandra Galleron, ingeniero de sonido. Dos discos compactos DDD de 93 minutos de duración, grabados en febrero de2006 en la Academia Musical de Villecroze (Francia). Naïve Ambroisie AM 109 1-2. Distribuidor en España: Diverdi
0,0001492 Estos dos discos compactos nos traen una de las obras instrumentales cumbre de Bach. Y no obstante sorprende que éstas no se conozcan mayormente. Hay un sencillo motivo para ello: tocadas en un violín moderno acompañado por piano no resultan sonoramente atractivas, porque en su mayoría se trata de movimientos para tres voces –una del violín y dos para cada mano en el clave–, cuya nitidez y equilibrio son imprescindibles para que estas maravillas contrapuntísticas surjan en todo su esplendor. Para ello, la sonoridad del violín moderno dista demasiado del piano. Felizmente, las condiciones para un pleno disfrute se cumplen estrictamente en esta grabación: Montanari toca en un violín -sin modificar- de Hendrick Jacobsz (Amsterdam) de 1680, y Rousset en un clave de Guillaume Hemsch de 1763. Con ello se cumplen las ideas sonoras de Bach, y eso se aprecia en estos compactos.

Esta colección de sonatas fue creada por Bach durante su estancia en la corte de Köthen, donde tenía a su alcance buenos instrumentistas que las pudieran interpretar para el patrón. Tenía entonces 35 años de edad, y ya estaba en plenitud de sus facultades. Es notable cómo Bach era de ordenado: cada una de las seis sonatas está escrita en una tonalidad diferente, tres con sostenidos, las otras tres con bemoles; tres en modo mayor y tres en modo menor. A nuestros días nos han llegado varias copias, algunas de las cuales le han agregado un bajo continuo para viola de gamba, siguiendo las costumbres de la época. Pero no cabe duda que la intención original no fue ésa.

Es interesante transcribir lo que Forkel, el primer biógrafo de Bach, con información recogida entre los hijos de éste, escribe al respecto: “Seis sonatas para teclado con acompañamiento obligado de violín. Fueron compuestas en Köthen y pueden considerarse entre las obras maestras de Bach en este género. Todas están fugadas, y hasta contienen cánones con carácter, naturales, en diálogo entre los dos instrumentos. Hace falta un maestro para tocar la parte del violín, porque Bach conocía las posibilidades del instrumento y no se lo hizo fácil, valiendo lo mismo para el clave”.

La interpretación a cargo de Montanaro y Rousset toma en cuenta todo lo que el historicismo nos ha enseñado durante estos últimos veinte o treinta años, y debe ser considerada como perfectamente lograda. Los contrastes dinámicos no abundan –Bach no los indicó– y solamente se aplican en frases donde ya sea la suavidad o bien la energía resultan evidentes. En algunos pasajes yo personalmente hubiera preferido algo más volumen del clave, sobre todo en las Sonatas nº 1 y 2, pero uno va acostumbrándose a discernir las tres voces, y el placer que la escucha de esta música proporciona es inmenso.

Hay algunos movimientos que se destacan: el primero de la Sonata nº 4 es una Siciliana, cuya melodía nos es conocida de la Pasión de San Mateo, de una tristeza inconmensurable. El tercer movimiento de la Quinta Sonata convierte al violín en bajo continuo que acompaña una serie de arabescos del clave. Esto suena a gloria. En la Sexta Sonata, Bach dedica un ‘Allegro’ al clave, haciendo callar al violín. Todas las Sonatas tienen cuatro movimientos: lento – rápido – lento – rápido. Llama la atención que Bach da preferencia a ritmos trinarios sobre binarios.

La calidad de la grabación, en cuanto a acústica, es perfecta: no hay ni exceso ni escasez de reverberación. Y la destreza de ambos intérpretes es evidente: afinación total y buen sentido rítmico en el violinista, y total claridad de articulación del clavecinista. Evidentemente se trata de especialistas en la materia, y por ello sus nombres no nos son familiares. Pero eso, en versiones historicistas, suele ocurrir. Cabe añadir que recurren a la ornamentación libre en las repeticiones de movimientos lentos, con mucha mesura y muy buen gusto. Donde las aplican, caen de forma natural y lógica: todo muy bien pensado y realizado.

El CD termina con un ‘Adagio’ en 4/4 y un ‘Cantabile’ en ¾, dos movimientos de Bach sobre cuyo origen nada se nos dice, y que escuchamos por primera vez. En intención son similares a las sonatas.

El folleto que acompaña a los dos compactos trae un comentario histórico de Gilles Cantagrel, en francés con traducción al inglés, y minibiografías de los dos intérpretes. Para los amantes de la música instrumental de Bach, una grabación indispensable. Hay muy poca música instrumental a tres voces que pueda competir con la riqueza de invención de estas seis sonatas.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi
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