Discos

Una experiencia que te transporta en el tiempo

Michael Lukey
lunes, 14 de mayo de 2007
Shura Cherkassky: Recital. Jean-Philippe Rameau: Gavotte en La menor con Seis Variaciones. Ludwig van Beethoven: Sonata para piano en Do menor, Op. 13 “Pathétique”. Felix Mendelssohn: Fantasía in Fa sostenido menor, Op. 28 “Sonate écossaise”. Frédéric Chopin: Nocturno en Fa menor, Op. 55 No. 1; Scherzo en Si bemol menor, Op. 31. Alexander Scriabin: 2 Préludes, Op. 11 Nos. 5 & 10. Piotr Chaicovsqui: Nocturno en Do sostenido menor, Op. 19 No. 4. Franz Liszt: Réminiscences de Don Juan, S. 418. Shura Cherkassky, piano. Productor ejecutivo: John Pattrick. Remasterización: Tony Faulkner. Un disco compacto de 78 minutos de duración, grabado en el Concert Hall de Snape Maltings (Festival de Aldeburgh) el 24 de junio de 1974. BBC Legends BBCL 4185-2. Distribuidor en España: Diverdi
0,000192 ‘Una experiencia que te transporta en el tiempo’: así describía un columnista del New York Times cómo era escuchar al pianista Shura Cherkassky allá por 1985. Ciertamente, Cherkassky, que murió en 1995 a los 86 años de edad, fue uno de los últimos supervivientes de la llamada ‘edad de oro’ del piano. Alumno de Josef Hofmann en una época en la que ‘el pianista era al menos tan importante como el compositor’, Cherkassky nunca dejó de sorprender a su público (incluso a quienes le oyeron tocar la misma pieza varias veces) con sus personales y, con frecuencia, excéntricas, interpretaciones.

A nadie debe sorprender, pues, que Bryce Morrison parezca sentir la necesidad de defender a Cherkassky en sus perspicaces y elocuentes notas de la carpetilla. Según dice el propio Morrison, la tendencia de Cherkassky a ‘menospreciar la sabiduría recibida, la costumbre y la convención’ podía dejar a parte de su público rojo de ira tras ciertos recitales. Sin embargo, la impresión general de la grabación del presente compacto basta para que aquella defensa resulte innecesaria: el pianismo trascendental de Cherkassky, su vivacidad y su originalidad están aquí totalmente desplegadas, mientras que su ocasional querencia a entrar en el reino de la irresponsabilidad se muestra muy contenida.

El recital se abre con la bien conocida Gavotte en La menor con Seis Variaciones de Rameau, en una interpretación inimaginable en cualquier otro pianista; lo cual sirve para definir, en mayor o menor medida, el resto de las pistas del disco. Sólo los pedantes de la ornamentación podrían sentirse ofendidos ante esta interpretación – y en ese caso, incluso ellos deberían reconocer la habilidad de Cherkassky para hacer que una composición tan minuciosamente decorada fluya con semejante facilidad. A continuación, la Sonata “Patética” de Beethoven. Tal y como observa Morrison, esta versión resulta paradójicamente más alegre que cualquier otra grabada en disco. A un primer movimiento notable por su inusual pero inteligente opción para los acentos y las dinámicas, sigue un auténtico tiempo lento cantabile, tocado con una emocionante e infantil simplicidad. El ‘rondo finale’ centellea de forma audaz, pero sin perder nunca su impulso rítimico básico.

Una introducción lenta lleva a la forma sonata en la Fantasía en Fa sostenido menor, Op. 28 (o “Sonate écossaise”) de Mendelsshon, una de las tres composiciones pianísticas a gran escala escritas en su madurez. Ésta es una obra técnicamente exigente, y en el ‘Presto finale’ la versión de Cherkassky supone un despliegue de auténtico virtuosismo: no la mera destreza mecánica, sino la ‘capacidad para convertir una partitura en blanco y negro en una miríada de luces y colores’. Cherkassky era justamente famoso por sus interpretaciones de Chopin, y muchas de las grandes cualidades de su Chopin resultan evidentes en el Nocturno y el Scherzo del presente registro: fraseo expresivo y lógico, y un uso soberbio del rubato en ambas manos, que al final devuelve todo el tiempo que se toma prestado. Tal y como era probable con un pianista que hacía tantos experimentos durante un recital, el Scherzo Op. 31 no sale bien en esta ocasión: por momentos, Cherkassky hace que el oyente sienta que está escuchando esta pieza por primera vez; pero al final, la interpretación suena embarullada y se escora hacia la incoherencia. Existen otras grabaciones de esta pieza – por ejemplo, la recientemente editada correspondiente al recital que dio en el Wigmore Hall con motivo de su 84 cumpleaños – para demostrar que Cherkassky era más que capaz de tocarla de modo convincente.

Siguen tres miniaturas rusas: dos Preludios de la colección Op. 11 de Scriabin, y un inolvidable Nocturno de Chaicovsqui, que recuerda a sus Estaciones. El recital concluye con una ‘ráfaga de brillantez desinhibida’ en las Réminiscences de Don Juan de Liszt, con un Cherkassky que de nuevo exhibe el virtuosismo de la vieja escuela; la explosiva aprobación del público al final lo dice todo. En resumen, este disco está bien cargado (78 minutos) de una clase de pianismo que raramente se escucha hoy en día, por lo que resulta altamente recomendable.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi
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