España - Cantabria

Festival de Santander

Sin enigmas para Oramo

Roberto Blanco
miércoles, 29 de agosto de 2007
Sakari Oramo © Auditorio de Zaragoza Sakari Oramo © Auditorio de Zaragoza
Santander, jueves, 23 de agosto de 2007. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Obras: Mijail Glinka: Jota aragonesa (Capriccio brillante). Edward Elgar: Variaciones Enigma Op.86. Johannes Brahms: Sinfonía nº 2 en re mayor, Op.73. City of Birmingham Symphony Orchestra. Sakari Oramo, director. Aforo: 1800 localidades. Ocupación: 75%. 56 Festival Internacional de Santander
9,04E-05 Las últimas décadas han sido testigos de la aparición en las salas de concierto de todo el mundo de una serie de excelentes directores de orquesta de origen escandinavo, y concretamente finlandeses, que tras la estela de Osmo Vänskä, se han hecho cargo de grandes agrupaciones orquestales de todas las geografías. Recordemos a Salonen, Saraste, Frank, o a quien hoy nos ocupa, Sakari Oramo, que con su Orquesta Sinfónica Ciudad de Birmingham (dieciocho años asociada con Simon Rattle) ha visitado el festival veraniego santenderino.

Oramo propuso abrir boca con la intranscendente Jota Aragonesa de Mijail Glinka subrayando con brillantez la riqueza tímbrica y rítmica, así como los elementos folklóricos de esta música de raíz nacionalista pasada por el tamiz del orquestador ruso.

Después, la moderación y el buen hacer del finés se reflejaron con efectividad en las Variaciones Enigma con una lectura romántica y refinada de la obra de Elgar, extrayendo un excelente sonido de su orquesta. A lo largo de su desarrollo hubo momentos soberbios, como el ‘Tema’ y la primera variación, ‘W.M.B.’, con una orquesta de Birmingham lanzada, o ‘Troyte’, con metales y timbal vertiginosamente exactos, o también el chispeante y pastoral encanto de ‘Dorabella’.

En la segunda parte del concierto, Oramo siguió demostrando poseer aliento romántico y tener un claro concepto del lenguaje brahmsiano. Tiene la fuerza y energía necesarias para la empresa, afinando en los aspectos de precisión y control. De esta manera, la Segunda resultó muy convincente, con buen equilibrio dinámico y la intensidad requerida, mostrando con claridad la riqueza estructural y el desarrollo de la obra. Una versión madura con hallazgos expresivos muy interesantes, como el bien y sutilmente dibujado segundo movimiento, o el fulgurante final del cuarto, dentro de un planteamiento global impecable, de gran control y admirable respuesta orquestal.

Tras los prolongados aplausos, director y orquesta ofrecieron una agradable propina, la Canción de la mañana de Elgar, que finalizaba la velada con sus apacibles sones.
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