Discos

Sutilezas y evidencias

Alfredo López-Vivié Palencia
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Joseph Haydn: Sinfonía nº 88 en Sol mayor; Sinfonía nº 89 en Fa mayor; Sinfonía nº 90 en Do mayor; Sinfonía nº 91 en Mi bemol mayor; Sinfonía nº 92 en Sol mayor ‘Oxford’; Sinfonía concertante en Si bemol mayor para violín, violonchelo, oboe y fagot. Toru Yasunaga, violín; Georg Faust, violonchelo; Jonathan Kelly, oboe; Stefan Schweigert, fagot. Berliner Philharmoniker. Sir Simon Rattle, director. Productor: Stephen Johns; ingenieros de sonido: Christian Feldgen y Mike Clements. Dos discos compactos DDD de 145 minutos de duración; grabado en vivo en la Philharmonie de Berlín en febrero de 2007. EMI Classics 3 94237 2
0,0001961 Incluso quienes manifiestan la tirria más acérrima por Simon Rattle conceden, sin embargo, que el de Liverpool es un programador excelente. Este álbum da nueva prueba de ello, al reunir las sinfonías que escribió Joseph Haydn después de las parisinas y antes de las londinenses, con la guinda de la Sinfonía concertante. Naturalmente, como cuenta Richard Wigmore en sus estupendas notas de la carpetilla, unas se hicieron al rebufo de las primeras, y otras, como preparación para las segundas; pero, al menos nominativamente, estas cinco sinfonías constituyen una especie de interregno que sirve de excusa a Rattle para ponerlas juntas en cartel.

Pero es que, además, resulta que Rattle es un haydniano ‘de toda la vida’. El buen Joseph ha figurado constantemente en sus programas con la orquesta de Birmingham –donde muy pronto despuntó su vena socarrona, en la estela del Baronet Beecham- y con la Orchestra of the Age of Enlightenment –en la que aprendió los métodos ‘históricamente informados’ de la interpretación del clasicismo-. El camino a Berlín estaba, pues, pavimentado. No sin algún bache de por medio: cuenta la pianista Imogen Cooper () que en 1991, ella y Rattle dieron un concierto con la Filarmónica de Berlín a base de Haydn y Mozart, pero la orquesta canceló el ensayo de la sinfonía de Haydn, porque ‘nosotros ya sabemos cómo se toca esto’.

Quién les ha visto y quién les ve. Herbert von Karajan hizo mucho Haydn con sus Filarmónicos, y el de París –mucho más que el de Londres- les salía redondo de bonhomía; también Claudio Abbado se aplicó en la disciplina haydniana, y aunque sus interpretaciones fueron más intelectuales que otra cosa, no dejaban de atraer por su perfecto equilibrio. Con Rattle, ya como patrón y no como invitado, necesariamente las cosas iban a ser distintas; muy distintas.

El arranque de la Sinfonía nº 88 deja bien a las claras que los berlineses han asumido los modos historicistas –ataques ásperos, vibrato al mínimo-; pero también que Rattle ha aceptado de buen grado la sonoridad apabullante de esta orquesta fabulosa, que lo sigue siendo aun con sus efectivos muy reducidos. El denominador común es, naturalmente, la pasión sin límites que una y otro profesan por estas obras, gracias a un concepto sin duda compartido, y que este álbum recoge con toda fidelidad (por más que a los ingenieros de EMI aún se les sigue escapando el último tranquillo de la acústica de la Philharmonie).

“La obra de Haydn”, dice Rattle en su introducción a las notas, “es una mina de invención, inteligencia, humor y expresión. Y esas riquezas son más conmnovedoras cuando él las deja entrever, casi más que cuando las despliega abiertamente.” Y Rattle es muy bueno en los guiños, y posee una destreza particular para hacerlos evidentes, por más sutiles que sean; aunque tal vez demasiado evidentes. Entiéndase bien: Rattle no hace humor grueso, sino humor a lo grande, amplio y diáfano; como grande, amplia y diáfana es la respuesta que obtiene de sus músicos.

Poner ejemplos supone casi una tautología, porque los hay a a cada momento. En la Sinfonía 88, el tiempo retenido al máximo en el primer movimiento, la pólvora de las explosiones del segundo, o ese toque rústico del ‘minueto’ al que el mismísimo Antal Doráti hubiera dicho ‘amén’; el juego constante de la cuerda en la Sinfonía 89 –incluso en el último tiempo, con esas escalas descendentes que rematan la presentación del tema (vgr. 0’23’’), uno de los escasísimos ejemplos que muestran que incluso Haydn pudo alguna vez caer en la vulgaridad-; la Sinfonía 90 es para quedarse pasmado con la ostentación de virtuosismo y articulación de la cuerda de los ‘Berliner’, que Rattle exprime al límite del sofoco.

Por cierto, el disco contiene no sólo la interpretación en concierto del vertiginoso último movimiento de esta sinfonía con sus dos falsos ‘finales’, en los que el público por supuesto cae en la trampa de aplaudir -para obvio deleite de Rattle y su orquesta-; sino también una nueva interpretación con la sala vacía, destinada –en palabras de Sir Simon- “para quienes se dejan sorprender solos”.

Expresivas e insinuantes las intervenciones del fagot y del violonchelo en el tiempo lento de la Sinfonía 91 (qué buena preparación para la Sinfonía concertante). En la Sinfonía 92, Rattle –que en su día fue alumno de la Universidad de Oxford- sabe captar el carácter de seriedad y respeto de la obra, y da una lección de control de los planos sonoros en el complicadísimo primer tiempo. Y para la Sinfonía concertante Rattle encomienda las tareas solistas a los primeros espadas de su orquesta (a Kelly se lo trajo de Birmingham en 2003), de modo que el empaste está garantizado.

Como les decía, posiblemente el único reparo que cabe señalar es la obsesión de Rattle por no dejar de poner en evidencia las sutilezas haydnianas, sin dejar pasar ni una; por lo que la escucha continuada de los dos discos puede llegar a cansar. De todos modos, hay mucho que saborear en estas interpretaciones, así que lo mejor es degustarlas de una en una –o, como máximo, de dos en dos-.

Este disco ha sido enviado para su recensión por EMI Music Spain

(
) Nicholas Kenyon: Simon Rattle, from Birmingham to Berlin. Faber & Faber, Londres, 2001
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