Alemania

¡Honremos, enojemos y desobedezcamos a nuestros padres!

Eduardo Benarroch
viernes, 28 de septiembre de 2007
Bayreuth, martes, 28 de agosto de 2007. Festspielhaus. Die Meistersinger von Nürnberg de R. Wagner. Directora de escena: Katharina Wagner. Escenografía: Tilo Steffens. Vestuario: Michaela Barth. Iluminación: Andreas Grüter. Dramaturgia: Robert Sollich. Franz Hawlata (Hans Sachs); Artur Korn (Veit Pogner); Charles Reid (Kunz Vogelgesang); Rainer Zaun (Konrad Nachtigall); Michael Volle (Sixtus Beckmesser); Markus Eiche (Fritz Kothner); Edward Randall (Balthasar Zorn); Hans-Jürgen Lazar (Ulrich Eissinger); Stefan Heibach (Augustin Moser); Martin Snell (Herman Ortel); Andreas Macco (Hans Schwarz); Klaus Florian Vogt (Walther von Stolzing); Norbert Ernst (David); Amanda Mace (Eva); Carola Gruber (Magdalena); Friedemann Röhlig (Un sereno). Coro del Festival de Bayreuth (Director del Coro: Eberhard Friedrich). Orquesta del Festival de Bayreuth. Director de orquesta: Sebastian Weigle. Festival de Bayreuth 2007
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¿Quién lo hubiera pensado? Katharina Wagner ha demostrado que es una niña traviesa que no sólo ha desobedecido a sus padres sino que ha provocado al público confrontándolo consigo mismo, presentándole una imagen del arte y de su propio país que no les ha gustado (¿a quién le gusta mirarse en un espejo intelectual?) y por lo tanto, muy pero muy enojados han abucheado a quien los ha provocado de tal manera. Diez puntos para Katharina, algo que obviamente ha aprendido de Peter Konwitschny.

La producción de Katharina Wagner es más que una producción, es un análisis de una sociedad vista a través de los ojos y de la mente de una joven que ha crecido en un ambiente encerrado, lleno de tradiciones inexplicables y aparentemente tontas.

Quienes conozcan como se enseña(ba?) en Alemania y también conozcan como se enseña en escuelas secundarias como la de Rudolf Steiner en Schloss Hamborn, se darán cuenta que cualquier joven que haya atendido tal instituto de enseñanza se rebelará contra la opresión intelectual, que la enseñanza libre y universal del arte no contiene un elemento solo de especialización sino un panorama total de las artes que es general y también específico.

Pero Katharina va mucho más allá de la enseñanza artificial y encasillada que muestra en su producción, porque Katharina nos presenta el resultado fascista de tal enseñanza y ese resultado es tan horrible y choca tanto que deja un mal gusto en la boca, y también una sensación de alivio que alguien tan joven, nacida y tan metida en el establishment más cerrado y ultraconservador de Alemania pueda rebelarse contra el sistema y al mismo tiempo revelar talento artístico insospechado.

Porque la risa que causa ver a esos jóvenes estudiantes vestidos de riguroso uniforme caminando en forma simétrica llevando patas de muebles en lugar de velas hacia un altar es una risa amarga, que nos hace mirar hacia atrás, hacia los horrores del Holocausto. Y esos libritos amarillos que aparecen tan a menudo, son el equivalente del famoso librito rojo de Mao, pero en Alemania esos libritos son el color característico de la Editorial Reklam, que publica libritos de todos los temas intelectuales, y de autores como Kleist, Schiller y por supuesto Wagner. ¿Y quien posee más libritos? ‘Beckmesser’. Cuando los Maestros se sientan a la gran mesa en la tercera escena del primer acto, la pila más alta y se supone más variada de temas (incluyendo la Tabulatura) es la del Staatschreiber ‘Beckmesser’. Y dejo otra imagen aún menos atractiva y mucho más peligrosa para más adelante.



La producción no es lacónica, es una producción épica en todo sentido y llena de recovecos donde Katharina provee su información para ser digerida por el público, que al final, asqueado vomita sus propios prejuicios. Es una producción purgante y si usted querido lector, tiene algo adentro que no le gusta nada y le gustaría sacárselo de encima, le recomiendo que vaya a verla, empeñe a su abuelita (y por favor desempéñela luego de la función) y consígase una entrada para el año que viene, porque este psicoanálisis operático le hará muy bien a su espíritu y al final lo dejará contento.

¿Quién no adora a esta ópera tan inocente?, ¿quién no conoce casi de memoria lo que sucede durante los tres actos y qué alegría causa al final ver al joven noble lleno de talento casarse con la hija más rica de Nuremberg y traer el cambio en las artes que tanto necesitan y de paso castigar al villano caricaturesco que osó enamorarse de la joven doncella? ¿No es así, señor lector?



Ahhhhh, si solo fuera tan simple.....

En mi opinión, Los Maestros Cantores de Nuremberg es la ópera más peligrosa del repertorio y por lo tanto de Wagner, donde todos ven lo que desean ver y se olvidan (o prefieren) de ver lo que realmente sucede. Los Maestros Cantores es una ilusión, un rompecabezas (que de paso Katharina usa en la escena del examen de canto del primer acto) detectivesco que revela aspectos muy especiales de la vida y de las esperanzas de una sociedad que vive de la fantasía y de la haraganería intelectual, tanto ayer como hoy. Algo que hubiera puesto muy contento a Rudolf Steiner, quien siempre pensaba que había otra forma de ver las cosas....y Nuremberg boca abajo es una de ellas.

Como bien lo analizó Carl Dahlhaus, ahora se sabe que la prueba de admisión del primer acto puede ser analizada y considerada como satisfactoria o sea que ‘Walther’ debería ser nombrado maestro en el primer acto. Y de paso, la canción del premio (en su totalidad) no lo es. Wagner suele jugarnos malas pasadas si somos haraganes y a Wagner le encanta jugar con el prejuicio. Es mucho más fácil pensar que el joven ‘Walther’ triunfará luego de ser humillado, pero es mucho menos placentero admitir que este joven no cambiará nada y es un mentiroso, que dice lo que conviene cuando le conviene y que al final termina casándose con la joven más rica de Nuremberg. Para un noble menor empobrecido es un arreglo muy conveniente.



¿Y ‘Hans Sachs’? ¿Por qué renuncia al amor que le ofrece ‘Eva’? La realidad del verdadero Hans Sachs nos dice que terminó casándose con una joven y que vivió feliz con ella hasta el final de sus días. Pero hay otra forma de verlo.

En una carta a Mathilde Wesendonck, Wagner escribe de su nueva ópera donde ha creado un carácter del cual Mathilde se enamorará. Y esta carta fue escrita luego de la tan mentada “renuncia” al amor que el sentía por ella. Y, ¿cuál es el carácter del cual se enamorará Mathilde? ‘Hans Sachs’, que habla por Wagner mismo, o sea que Wagner desea que Mathilde se enamore de ‘Sachs’/Wagner nuevamente.

Y es que hay alguien que por una vez tome el carácter de ‘Sixtus Beckmesser’ en serio en su total dimensión intelectual? Como buena hija obediente (referencia a las propias palabras de ‘Eva’ a su padre ‘Veit Pogner’), Katharina ha seguido los pasos de su padre, quien fue el primero en descubrir que ‘Beckmesser’ no era el personaje caricaturesco y ridículo que veíamos en forma harto tradicional, sino que luego de estudiar el libro de Wagenseil, nos hizo aprender que era el importante Jefe de Policía de esa ciudad estado y además era un señor muy buen mozo, eso es si lo interpretaba Herman Prey.

Katharina hace de ‘Beckmesser’ la figura central y más importante de su propio mensaje, de su propio Konzept, porque ‘Beckmesser’ es el que se convence de la futilidad del arte encasillado, ya que luego del segundo acto ocurre una transformación jamás vista anteriormente en ningún teatro del mundo, ‘Beckmesser’ se libera de sus prejuicios y es ‘Walther’ quien los adquiere.

La canción del premio de ‘Beckmesser’ es como una seance donde la realidad se combina con sensaciones antes nunca sentidas, con luces semi apagadas y con ‘Beckmesser’ como supremo sacerdote sentimos lo que él siente en su punto más íntimo, ya no es una canción que el jamás logró entender, sino su propia canción válida hasta el punto de poseer mucho más contenido dramático que la blandura y superficialidad de la canción de ‘Walther’.



Y qué cómico es también que Wagner entone loas en homenaje a las virtudes de la Ciudad Estado justo cuando históricamente la Ciudad Estado ha llegado a su fin.

Los Maestros Cantores es una broma de muy mal gusto de un señor que tenía un sentido de humor sospechoso (según Carl Dahlhaus), y es un juego de prestidigitación que lleva al espectador desprevenido por senderos que lo dejan perdido en un bosque lleno de imágenes que lo confunden. Es mucho más fácil entonces cerrar los ojos y pensar que se está cómodo en su propia casa rodeado de sus artefactos familiares y hacerse la ilusión de que todo está bien y que no hay lobos cerca.... con esta obra, le recomienzo al lector que jamás haga eso, porque el lobo wagneriano se lo comerá crudo.

Luego de una obertura bien estructurada, sin demasiada espontaneidad, donde las partes camerísticas sonaron deliciosas y los tutti muy borrosos y de sonido aglomerado, la primera escena muestra un gran salón interior de una Academia de Arte, el coro, invisible, suena por detrás. Los niños aprendices de riguroso uniforme gris entran en fila india portando patas de mesas con pasos militares, precisos, obedientes, estudiados y conformes, una referencia oblícua a los uniformes marrones de los programas nazis de niños (¿es esta una crítica directa a su tío Bodo Lafferentz quien fuera fundador del programa nazi Kraft durch Freude?).

En este gran salón, hay galerías en tres pisos donde se ven diversos objetos, por ejemplo un piano, un violoncello, bustos de próceres y objetos de escultura y de pintura, típicos de una academia o escuela donde se enseñan todas las artes (¡más Rudolf Steiner!). La presencia del pasado es abrumadora y vigilada por ojos atentos desde el cielo raso por figuras del pasado.

 

Uno por uno, y en forma simétrica, los niños entran con la supuesta misión de rendir homenaje presentando velas en una especie de altar, pero como veremos más adelante, no son velas las que portan sino patas de mesas.

La primera aparición de ‘Walther von Stolzing’ es de adentro de un piano en el primer piso, pero cualquier asociación con la música estará equivocada porque este ‘Walther von Stolzing’ es un pintor que se pasea con su pincel y su tacho de pintura; es un pintor de brocha gorda. Por debajo ‘Eva’ y ‘Magdalena’ (vestidas de igual uniforme para evitar las diferencias de clases, aún más Rudolf Steiner....) juegan al gallito ciego. Katharina parece querer decirnos que su propia juventud careció de estos ingredientes espontáneos. A un costado se ve un andamio con un artista que pinta un fresco sobre el cielo raso en una semejanza muy apropiada con 'Recondita armonia'.

En una ópera donde la música es primordial y donde el espíritu reinante es el de la música, es una gran provocación ver a la personificación de lo nuevo en la música aparecer como un pintor, es como ser vegetariano en una gran estancia argentina. Pero este ‘Walther’ es un joven rebelde y abierto que con su pincel pinta a ‘Eva’ sobre su propio vestido y no olvidemos que en dialecto alemán la palabra pincel tiene asociaciones sexuales con el miembro masculino.



Y ahora, como era de esperar, viene la ceremonia del armado de las mesas. Esta sociedad tiene sus reglas para todo y estas reglas deben ser aprendidas desde niños. Las mesas, apiladas a un costado, son llevadas al centro de la gran sala y puestas al revés, siempre en forma simétrica los niños proceden a retirar las patas de las mesas que antes habían ubicado en el altar y arman las mesas una a una y las ponen todas juntas en un cuadrado inmenso, no sin antes habernos mostrado la figura de la cruz con las mesas centrales antes de armar el gran cuadrado.

Los maestros visten pantalones que son demasiado cortos, excepto ‘Sachs’ que está vestido de intelectual de camisa y pantalones negros ¡y sin zapatos! ‘Beckmesser’ aparece de traje gris, corbata, un poco desarreglado y con sus enormes zapatos y pantalones angostos y relativamente cortos se asemeja a un Monsieur Hulot alemán sin la pipa. Antes de sentarse a la mesa, viene la ceremonia de lustrarse los zapatos, y los maestros se arrodillan para hacerlo. El único que no viste la toga y sombrerito es ‘Hans Sachs’, que permanece descalzo y sentado mientras el resto, de pie, rinde quien sabe qué homenaje a quién.....quizás a sus propias costumbres.

Por un costado Katharina nos habla de que la manía alemana de pasarse la vida limpiando nunca morirá y por eso vemos a un portero vestido de delantal azul que se ocupa solamente de sacarle el polvo a los bustos, de hacer brillar las manijas de bronce y en general de conservar todo limpio y ordenado.



Mientras ‘Kothner’ pasa revista a los Maestros y luego ‘Pogner’ nos cuenta de su decisión para el día siguiente, ‘Walther’ muestra su aburrimiento y falta de respeto paseándose por los tres pisos y desarreglándolo todo. Por fin cuando baja a presentarse al examen lo hace con el teclado del piano a cuestas, teclado que entrega a ‘David’ explicándole de donde lo ha sacado y ‘David’, horrorizado por lo que ‘Walther’ ha hecho, corre hacia el piano a repararlo. Pero este ‘Walther’ no es un cantante sino un pintor, por esa razón presenta a los maestros su portafolio de telas en una carpeta y las despliega sobre la mesa de los maestros, que no saben como reaccionar. ‘Kothner’ ya le ha tomado disgusto al Junker y sus malos modales, y se escupen las palabras el uno al otro con tremenda agresión.

A ambos costados del escenario se ubican dos enormes pizarrones donde se deben armar rompecabezas de la ciudad de Nuremberg, algo que ‘Beckmesser’ hace en un santiamén y que ‘Walther’ ejecuta en forma muy inusual y creativa. ¡Nadie jamás ha visto a la ciudad de Nuremberg boca abajo! Y para hacer las cosas aún más difíciles para si mismo procede a desarreglar el rompecabezas de ‘Beckmesser’ y luego usa su pincel para pintar margaritas sobre la mesa de los maestros. ¡Según Rudolf Steiner, hay siempre más de una forma de mirar las cosas!

El pobre ‘David’, tratando de ayudar a ‘Walther’, se pone a rearmar el rompecabezas del caballero, pero ya es demasiado tarde, porque ‘Walther’ se ha enojado y se ha retirado de la sala dejando a los maestros silenciosos y como clavados a sus asientos. Poco después, ‘Sachs’ también se levanta de su asiento, mira al autosatisfecho ‘Beckmesser’ y se retira.



En el segundo acto el salón interior de la academia se ha convertido en una cafetería, ya no es una academia de arte sino de la vida, y allí encontramos a ‘Eva’ y a ‘Magdalena’ tomando cervezas. A un costado ‘David’ se la pasa estudiando su ejemplar de la Tabulatura a fin de poder pasar el examen con el Profesor ‘Sachs’. Sobre una mesa a un costado ‘Sachs’ no clava suelas de zapatos sino usa una máquina de escribir, la atmósfera es opresiva y melancólica, por detrás una mano gigantesca hace un signo que puede ser visto en casi todas las ciudades alemanas....es como un signo religioso ¿Que nos quiere decir Katharina? ¿Kunst oder Religion? ¿o quizás Kunst als Religion? A un costado ‘Eva’ y 'Magdalena' pensativas, del lado opuesto ‘Sachs’, descalzo, se despereza y apoya sus brazos melancólicos sobre la vieja máquina de escribir y allí canta su 'Flieder Monolog'. Sobre el piso encuentra zapatos blancos como los de ‘Walther’, quien ahora camina también descalzo, como tratando de imitar al maestro.

‘Eva’ se insinúa al Profesor ‘Sachs’ y lo provoca, ‘Sachs’ siente esta provocación femenina tratando de no tomarla en serio pero no puede negar su atracción sexual. Con aún más contenido sexual ‘Eva’ agita una botella de Sekt (vino burbujeante alemán) y la deposita sobre la mesa, la botella explota con una columna de espuma de 5 metros como una eyaculación gigantesca que deja a ‘Sachs’ muy malhumorado como si hubiera eyaculado en sus propios pantalones.

‘Walther’ entra también malhumorado, pero por razones diferentes. Vemos que este ‘Walther’ es un chico caprichoso, que patea objetos en el suelo para mostrar su frustración y se burla de los Maestros Cantores imitando sus voces (una idea genial). Por detrás aparecen las imágenes iluminadas de los Maestros que lo rechazaron y cuando por fin dice 'Doch diese Meister!' la mano cae como un pene flácido sobre el escenario; sobre la mano se monta ‘Walther’ a pintarle las uñas y el nombre de ‘Eva’, y a un costado de la mano (por ser la última función) Kathy... (por Katharina).

La escena comienza a adquirir un espíritu anárquico que culmina con la entrada de otro Profesor de esa Academia: ‘Sixtus Beckmesser’. Los aprendices (estudiantes), se aprontan para una lección especial de este renombrado académico y negando de una lado a otro con sus cabezas indican los fallos de acuerdo a las reglas. Poco antes de comenzar su canción ‘Beckmesser’ se había dado cuenta que tenía alumnos presentes y les había hecho una reverencia. También durante la canción de ‘Beckmesser’ caen zapatos blancos desde lo alto cada vez que este comete un error.



El final de esta escena es totalmente anárquico pero lleno de imaginación, puesto que ahora aparecen los grandes maestros del pasado, Bach, Beethoven, Schiller, y hasta Brecht, desde el fondo del escenario, con sus grandes cabezas (en alemán los ilustres son llamados Cabezudos) y por debajo mostrando nada más que calzoncillos y uno de ellos (Brecht) medias de mujer de nylon negras. Son los Cabezudos quienes debaten cómo castigar a ‘Beckmesser’ mientras los estudiantes (aprendices) le tiran sus libritos amarillos.

Y como si eso fuera poco, los Maestros Cantores aparecen por detrás totalmente desnudos pero no hay violencia, aunque si hay ridículo y dolor por parte de ‘Beckmesser’. La escena final del segundo acto se ha convertido en un Happening, en escena quedan solo ‘Sachs’, ‘Beckmesser’ y ‘Walther’ como en un sueño. El Portero Limpiador (el sereno) luego de recoger desperdicios canta la canción del sereno y los bustos vivientes (los Cabezudos) se sorprenden por el desorden, pero queda tiempo todavía para más sorpresas. Mientras ‘Beckmesser’, rejuvenecido y renacido baila con uno de los Cabezudos, ‘Walther’ avergonzado por lo que ha hecho, procede a limpiar la mano que había pintado.....poco después sabremos por qué y qué transformaciones fundamentales les han ocurrido a estos dos caracteres.

Desde el comienzo del tercer acto vemos el apartamento de ‘Sachs’, de estilo minimalista, y de riguroso blanco, por un costado un escritorio y por otro un sillón, por detrás de una cortina cada busto ha adquirido vida y se ven a Dürer, Bach, Beethoven y los otros cabezudos atormentando a ‘Sachs’ que se debate consigo mismo. ‘Sachs’ escucha la canción de 'David' con nostalgia por la frescura y espontaneidad que el mismo ha perdido y cuando entona 'Mein liebes Nürnberg' se cierra la cortina que oculta a los bustos vivientes dejando la habitación moderna y a ‘Sachs’. Durante el monólogo ‘Sachs’ se quitaba su camisa y al pronunciar "Ein Kobold" se ponía una camisa blanca elegante sobre sus pantalones azules oscuros listo para la ceremonia del Wiese.

‘Walther’ aparece acarreando una maqueta en forma de pequeño escenario que estaba en el segundo piso en la Academia de arte del primer acto, y allí en forma novedosa y muy bien justificada (algo que veremos más adelante), Katharina nos confirma que ‘Walther’ es pintor y que juega con los colores como Wagner jugaba con las armonías supuestamente diatónicas de esta partitura. ¡Si esta partitura es diatónica ‘Walther’ es un pintor, parece querer decirnos con una sonrisa!

Pero hay más sorpresas, porque durante la narración del sueño, ‘Walther’ pinta parte de la maqueta (un teloncillo interno) de color rosa, y cuando ‘Sachs’ se rie, la borra. Poco después y bajo la mirada atenta de ‘Sachs’, ‘Walther’ mezcla nuevos colores y pinta el decorado de la maqueta, pero también pinta su autorretrato que exhibe a un costado.



Esa es la base de su canción del premio. ‘Beckmesser’ entra por donde habían desaparecido los Cabezudos, o sea detrás de la cortina blanca, y enseguida ve el retrato de ‘Walther’ al que viste con su propio saco burlándose del narcisismo de ‘Walther’ . La transformación de ‘Beckmesser’ ha sido tan radical como inesperada, sobre su camiseta negra se lee Beck in town, una alusión al futbolista Beckham en Los Angeles, y más de un reflejo al 'Siegfried' de Sergio Morabito y Josi Wieler en el Sigfrido de Stuttgart. Pero este es un nuevo 'Beck....messer' que ha llegado al departamento de ‘Sachs’ y allí descubre la pintura fresca sobre la parte del decorado de la maqueta....y luego al aparecer ‘Sachs’ ambos riñen y como en un sueño se baten a duelo con pinceles.

‘Eva’ aparece vestida en forma nada atractiva como una caricatura de Angela Merkel, con un zapato blanco y otro marrón, y al llegar ‘Walther’ por el costado ve los zapatos de ‘Beckmesser’ y se los pone ¡¡¡mmmmmm!!! (¿ven qué es lo que está por suceder?), pero mientras tanto ‘Sachs’ le ha puesto los zapatos a ‘Eva’ y le toca el muslo y se calienta como debe ser con ella y explota de rabia, y en lugar de eyacular como en el segundo acto, vuelca sus emociones sobre la máquina de escribir.

Y poco antes del quinteto la transformación de ‘Walther’ es completa, ahora es él quien pone orden y limpia los pisos y se ha convertido en el odiado spiessig und piefieg, o sea el más estrecho de los pequeños burgueses. Para el quinteto Katharina nos presenta una imagen familiar, dos niños por venir en el matrimonio de 'David' y 'Magdalena' y como corresponde a una familia de ricos casados con Junker, tres hijos para la familia de ‘Walther’ y ‘Eva’, más el padre, 'Veit Pogner'.

Para confirmar la escena, bajan dos marcos que encuadran a las dos familias para el álbum familiar, pero el marco de ‘Eva’ y ‘Walther’ estaba descentrado (a propósito) y es ‘Eva’ quien debe encuadrar a su nueva familia. Durante el quinteto uno de los niños se siente con terrible dolor de estómago y se aleja corriendo al final para vomitar a un costado.

Y ahora Katharina no deja títere con cabeza para su escena final que da escalofríos. Los Maestros Cabezudos se pelean entre ellos a ver quien castiga mejor a ‘Sachs’ y terminan atándolo sobre una silla. El coro asciende automáticamente en una tribuna eléctrica desde el piso y se ubica en forma de anfiteatro frente al público por detrás de los maestros, quizás otro homenaje a su tío Wieland, que solía usar al coro en forma de coro griego espectador. Los Cabezudos (Grosskopfgerten) están inquietos, despliegan cuernos (son ahora Gehörnenten=cornudos ) porque sus tradiciones han sido traicionadas, entran tres muñecas que simulan sexo con los Maestros Cabezudos que se ponen contentísimos con ellas hasta que ‘Sachs’ las echa del escenario. Uno a uno los Cabezudos se despiden del público. Tres comprimarios de trajes amarillos entran a escena con una caja y en ella ponen todos los desperdicios que había en escena durante la escena anterior, y también fuerzan adentro de la caja a los tres regiesseurs que eran responsables por las acciones y regie de los Cabezudos. ‘Sachs’, serio e implacable de traje negro y camisa blanca, enciende con un fósforo el contenido de la caja y de paso calienta sus manos con el fuego que se levanta.

Mire señor lector, el mundo es así, si Ud todavía no es un pequeño burgués no se preocupe, lo será muy pronto -mensaje de Katharina, no mío- y al extinguirse el fuego, ‘Sachs’ saca un ciervo dorado de la caja. Contentísimo por su propio renacimiento y en forma casual ‘Beckmesser’ aparece vestido con su camiseta negra, pantalones crema y zapatos blancos. ‘Beckmesser’ convierte a su canción en una experiencia surrealista y de paso muy bien cantada, con un texto que adquiere nuevo significado cuando es presentado de esta manera. Durante la escena y de la misma caja anterior sale un hombre desnudo que desea poseer a una mujer inflable de goma, ‘Beckmesser’ despliega un pene de un metro y lo usa como si fuese un largo micrófono, el coro indignado arroja sus ropas de todos los dias al piso y por debajo revelan sus smoking y trajes rojos largos para las mujeres. Ahora se han puesto serios y severos y con luces reflejadas desde abajo también siniestros. Cuando ‘Sachs’ pide su testigo para que cante la canción del premio, ‘Beckmesser’ se rie abiertamente de ‘Walther’ mirándolo con desdén.

Al entrar ‘Walther’ como testigo, es la imagen del conformista, y trae consigo una plataformita con rocas artificiales y un jardincito sobre la cual se para para cantar su canción, vestido de traje oscuro, camisa blanca y corbata, el pequeño burgués ha llegado su propia cumbre y durante el gran acorde que anuncia la canción de ‘Walther’, baja el teloncillo (ahora un gran telón) que ‘Walther’ había pintado en el apartamento de ‘Sachs’, allí está la justificación de Katharina para suprimir al papel con la tinta fresca. Se puede no estar acuerdo con esta idea, pero la justificación para ella está bien hecha.



Del costado aparecen dos figuras románticas del pasado (que es como se veía siempre a esta ópera, nos dice Katharina) que actúan la canción del Premio mientras ‘Beckmesser’ -ahora el verdadero revolucionario- se ríe a carcajadas de la payasada. El coro se pone de pie para darle a ‘Walther’ una ovación y este se les acerca para firmarles autógrafos dejando de lado con un empujón a su novia ‘Eva’. 'Fritz Kothner', que tanto odiaba al joven noble, se deshace en elogios y abraza al triunfador y posiblemente se convertirá en su agente. Para culminar las celebraciones entra un enorme cheque del Banco de Nuremberg para ‘Walther’ con la poco atractiva figura de ‘Eva’ (Angela Merkel) por detrás. Este será un matrimonio de conveniencia. Como novedad, ‘Walther’, luego de rechazar su posición de Maestro (Profesor), se aleja del escenario ofuscado seguido de 'Pogner' y de ‘Eva’ y no regresa a recibir su medalla.

Queda en el centro la figura siniestra e inmóvil de ‘Sachs’ frente al coro igualmente siniestro e iluminado desde abajo al estilo de las ceremonias nazis en Nuremberg (veanse las fotos de la Catedral de la Luz de Albert Speer), a los pies de ‘Sachs’ la figura del Ciervo de Oro (en lugar del becerro). Sentado en una silla a un costado, sin poder creer lo que está viendo, vemos la figura de ‘Beckmesser’ con una mezcla de miedo y horror por lo que está sucediendo frente a sus narices en nombre del arte que el también ama. Dos enormes estatuas aparecen a sendos costados, ‘Sachs’ se ha convertido en un apóstol de la muerte del arte, ‘Beckmesser’ se acerca a él dando vueltas a su alrededor pero ‘Sachs’ ya ha pasado a un estado de fascismo artístico del cual no regresará. ’Beckmesser’ retrocede despavorido por las consecuencias mientras el coro se cubre los ojos.

PELIGRO...ARTE....es el último mensaje de Katharina.

Si la producción de Peter Konwitschny en Hamburgo había demostrado sin lugar a dudas que la provocación del regiesseur había dado el resultado correcto -¿se debe usar cualquier medio para proteger al arte? (la respuesta es NO)- la propuesta de Katharina también se justificó por si sola al escucharse los abucheos de un público que ve a Los Maestros Cantores como una obra sagrada con la cual no se debe interferir. El público de la última función se vió sus caras y costumbres en su propio espejo y no les gustó lo que vieron. Tesis aprobada señorita “doctora” Katharina.



El elenco fue variable, encabezado por un ‘Sachs’ visualmente excelente por parte de un artista de ley, Franz Hawlata, a quien la parte de ‘Sachs’ no le cae bien. La voz de Hawlata de bajo es perfecta para 'Ochs' y para 'Wozzeck', pero ‘Sachs’ necesita un rango más amplio y una voz un poco más expresiva y quizás cálida, y aquí Hawlata se encontró en dificultades. El color de su voz tampoco lo ayudó puesto que su bajo es de aspecto reticente e irónico, mientras que la parte de ‘Sachs’ no es nada reticente.

Otra elección de elenco me pareció inexplicable, la de Amanda Mace como ‘Eva’, un rol que generalmente ha sido bien elegido en este Festival. La voz de la Mace es pequeña y de poca variación expresiva, y sin el poder tonal para el segundo acto. Durante el quinteto jamás llegó a convencer ni como vocalista ni como soprano de valía. Se espera un cambio urgente de elenco el año que viene.

Norbert Ernst en cambio posee la voz ideal para 'David' y también la disposición anímica para el rol. Su 'David' resultó simplemente perfecto y su canto detallado y buena dicción lo convirtieron en uno de los puntales de la velada. Carola Gruber fue su 'Magdalena', una voz que sonó bien y una buena actriz.

De los dos principales restantes no se con cual quedarme, así que decreto un empate con el permiso del lector. No creo haber visto un mejor ‘Beckmesser’ que el de Michael Volle, su caracterización fue siempre de un nivel superior al acostumbrado y su canto también fue de primera. La forma en que encaró y declamó sus palabras en su canción del premio fue simplemente descomunal, transformando esa caricatura en algo vivo y nuevo. La expresión e intención en cada una de sus frases dieron nuevo significado a las palabras re-estudio del rol. Una creación inolvidable por parte de un artista de mucha valía.

Por otra parte, Klaus Florian Vogt se ha convertido en el tenor favorito del Wagner lírico y con razón. No sólo luce estupendo con atractiva figura alta y fisico privilegiado sumado a una cara bonita, sino que su voz de estilo aniñado pero con poder penetrante se adapta muy bien a este tipo de roles. La acústica de Bayreuth le favoreció mucho y se le pudo entender casi todas las palabras, algo que a sus colegas les critico mucho (excepto Volle). Vogt llegó a la canción del premio con reservas enormes, como si pudiera cantar todo el rol de nuevo, y eso ya es un logro mayor.

Artur Korn debutó en el rol de 'Veit Pogner' con éxito. Su voz es más adecuada a Strauss, pero su 'Pogner' llegó a convencer por ser una creación noble de un cantante de categoría.

Markus Eiche presentó un 'Kothner' odioso, tan meticuloso en sus procedimientos del primer acto, como meloso hasta la repugnancia al caer bajo la influencia de ‘Walther’ en el tercero, y de paso resultó un excelente cantante en todo respecto, en un rol que tiende a ser gritado, pero no en el caso de Eiche. Mucho más que correcto el sereno/portero de Friedemann Röhlig, un cantante joven de voz resonante y fresca.

Del coro de Bayreuth nunca caben dudas porque es simplemente extraordinario, solo que en esta ocasión hubo desencuentros con el director, pero como también hubo desencuentros con algunos de los cantantes, creo que es un problema entre foso, la acústica de la sala y la falta de costumbre de dirigir en ella por parte del director, el muy experimentado Sebastian Weigle.

Debo también admitir que ya había escuchado a Weigle dirigir Los Maestros Cantores en Berlin y allí no me había convencido y mi opinión no ha cambiado. La suya no es una lectura espontánea, aunque es muy exitosa en el uso de las maderas y en los solos en las partes camerísticas. Pero los tutti le presentan problemas de texturas y el sonido tiende a sonar borroso y amontonado. Pero habiendo dicho esto, su lectura fue prolija y movida, de un nivel bueno sin llegar a las maravillas de otros directores también jóvenes.

Pero si cabían dudas acerca de quien fue la estrella de la noche, esas dudas se disiparon entre los abucheos, la estrella de Katharina Wagner ha comenzado a ascender y en esta ocasión ha brillado en forma intensa.

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