Discos

¡Cantemos y bailemos ya que somos libres!

Daniel Martínez Babiloni
jueves, 4 de octubre de 2007
Los impossibles. Anónimo (Coimbra, 1643): Sã qui turo; Lucas Ruiz Ribayaz & Antonio de Santa Cruz: Jácaras; Tradicional (Mexico): La Llorona; Diego Ortiz (Roma 1553): Recercada 1+2; Anónimo: Falalán (Cancionero de Upsala, 1556); Anónimo (Coimbra, 1643): Marizápalos Bastião; Nicola Mattei: La Dia Spagnola; Eugenio Bennato: Moresca; Santiago de Murcia (Mexico, 1730): Fandango; Tradicional catalana: Villancico; Lucas Ruiz de Ribayaz (Madrid, 1677): Españoletas; Tradicional (Mexico) / Santiago de Murcia: La Lloroncita; Tradicional (Mexico): Fandanguito. L’Arpeggiata: Christina Pluhar, arpa barroca, teorba, y dirección; Marcello Vitale, chitarra battente, guitarra barroca; Charles Edouard Fantin, laúd, guitarra barroca; Elisabeth Seitz, salterio; Marina Albero, salterio; Doron Sherwin, cornet à bouquin; Mira Glodeanu, violón; Lucas Guimaraes Peres, viola; Richard Myron, contrabajo, violón; Francesco Turrisi, clavecín, percusión; Michèle Claude, percusión; David Mayoral, percusión. The King’s Singers. Béatrice Mayo Felip, canto. Patricio Hidalgo, canto, jarana. Pepe Habichuela, guitarra flamenca. Jorge Matta, consejero lingüístico y musicológico. DVD: Rencontres improbables, un film de Olivier Simonnet; bonus tracks: El Baile, El Guapo. Registro realizado en febrero, abril y agosto de 2006 en la Capilla del Hospital de Nuestra Señora del Buen Socorro de París Naïve V-5055. Distribuidor en España: Diverdi
0,0002175 Aviso: antes de escuchar este disco desabróchense los cinturones, corsés, fajas y refajos (sobre todo los mentales) para poder moverse a gusto. Disfrútenlo. Siéntanlo. No intenten hacer un ejercicio intelectual. Esto ya lo ha hecho por nosotros la directora del grupo, Christina Pluhar, asesorada por el musicólogo Jorge Matta. Ha recogido quince temas relacionados en lo armónico con la romanesca; en lo rítmico con la hemiolía; la parte interpretativa –de auténtico lujo– reúne a los King’s Singers, Pepe Habichuela, Patricio Hidalgo y a Béatrice Mayo-Felip junto a L’Arpeggiata; bebe de fuentes como el Cancionero de Upsala, el Códice Saldivar o el Tratado de Glosas de Ortiz, pero también de algún estándar del jazz, música de raíz, algún que otro bolero y del flamenco; hay un espacio importante para la improvisación –por creación o embellecimiento, que decían en el XVII; en lo geográfico viajamos por Italia, España, Portugal y México y en lo temporal del siglo XVII al XXI. Fusión en el más amplio sentido de la palabra.

El germen de todo esto se encuentra en un manuscrito de Santiago de Murcia (c.1682-c.1740) en el que se halla Los Impossibles, pieza que utiliza el esquema de la romanesca: fórmula melódico-armónica en la que el bajo repite una serie descendente de cuartas. Este soporte permite el canto de un poema o la improvisación instrumental. La primera vez que se recoge el término es en los Tres libros de música en cifra para vihuela (1546) de Alonso Mudarra, quien incluye una pieza con el título de Romanesca o Guárdame las vacas, y en el Carminum pro testudine liber IV (1546) de Pierre Phalèse.

Este esquema viaja, parece ser, de Italia a la Península Ibérica y de allí al Nuevo Mundo. Ha permanecido incólume inserto en la música tradicional mexicana en canciones que se recogen en este registro como La Llorona o La Lloroncita, que desde los cancioneros de música culta del siglo XVI pasaron a formar el género actual del son jarocho. En Recercada, de Diego Ortiz (c.1510-c.1570), se aprecia claramente la aplicación del esquema armónico como base de una serie de improvisaciones del salterio y del cornet à bouquin –corneta alargada con agujeros para los dedos de ambas manos.

Uno de los elementos más recurrentes es la construcción rítmica sobre combinaciones de metros binarios y ternarios, hemiolías, presente en Jácaras, de Lucas Ruiz de Ribayaz (¿-c.1560), proveniente de su Luz y norte musical (Madrid, 1677), o en La Petenera de origen popular cantada por Patricio Hidalgo y Béatrice Mayo-Felip con una intervención, muy sentida, del cornetista Doron Sherwin cual fliscorno en una banda actual de jazz.

Uno de los géneros más interesantes que compila Christina Pluhar son los negrillos, o villancicos –en el sentido navideño del término– que parodian el lenguaje criollo de los esclavos negros hablando en portugués o español.  Es el caso de Sâ qui turo (Aquí todos somos negros) y Bastiâo (Sebastián), anónimos recogidos en un manuscrito aparecido en una librería de Coimbra de 1643, que presentan la alternancia métrica citada y ritmos muy sincopados. Ambos sorprenden por el swing que tienen, cierta actitud de abandono es inevitable al oírlos, así como marcar el tempo con el pie –o seguramente un movimiento más pronunciado de caderas y hombros para los más desinhibidos.

Un poco más subidito de tono es el lascivo Fandango, de Santiago de Murcia (c.1682-c.1740), que suena obsceno en manos de L’Arpegiatta y Pepe Habichuela, de la soltura y viveza con que lo interpretan. En la misma línea Marizápalos, canción anónima conocida en Perú desde 1730, cuenta la historia de una muchacha que tiene un tío cura –del que se dice que “sabe gramática”–, quien por poco la coge “en el mal latín” con su enamorado Pedro Martín.

Pero soseguémonos –que el calor aprieta– y vayamos a temas más serios y sentidos como el Olvídate de mí, bolero que canta al dolor por el amor perdido. ¿Se les habría ocurrido alguna vez bailar un bolero a media luz acompañados por una instrumentación barroca? Otros temas son Falalán, canción anónima de pastores compilada en el Cancionero de Upsala (Vencia, 1556), las Españoletas de Ruiz de Ribayaz (¿-c1560) en las que la frontera entre flamenco y barroco se desdibuja o La Dia Spagnola, pieza en la que, sobre el bajo de la romanesca, salterio y violín llevan a cabo una serie de improvisaciones que adornan con mucha fuerza lo escrito por Nicola Matteis –no se aclara si padre o hijo, violinistas de origen napolitano que se trasladaron a Inglaterra.

La Moresca de Eugenio Bennato (1947) nos acerca al mundo de la tarantela italiana y forma parte de una serie de trabajos de este cantautor y etnomusicólogo que convierte al género en medio de comunicación entre los pueblos del Mediterráneo, en un intercambio de ritmos e instrumentos. Para ello puso en marcha en 1998 su proyecto –cuanto menos curioso– Taranta Power (ver www.tarantapower.it)

El disco se cierra con un Villancico catalán tradicional arreglado por Goff Richards (1944), arreglista de música para brass band y jazz, editado y cantado ‘a capella’ por los King’s Singers en una alarde de afinación, empaste, dominio de la tímbrica y expresión –a los que tan acostumbrados nos tiene este sexteto fundado en 1968, que igual arreglan y cantan oberturas de Rossini, que temas de The Bealtes como antiguos temas vocales originales. El pianisimo final es apabullante.

Por si todo esto fuera poco con el disco nos regalan un DVD documental, Reencuentros Improbables, dirigido por Oliver Simonnet donde nos ponen los dientes largos al mostrarnos parte del proceso de grabación. ¡Qué bien se lo pasan! De verdad que se les ve disfrutar a todos y eso se nota en la audición. Y aún hay más, dos temas cantados por Béatrice Mayo-Felip de regalo: El Baile, sobre el estándar Caravan y El guapo, tradicional mexicano. La carpetilla que contiene ambos discos, muy cuidada, informa con mucha claridad de la gestación del proyecto y del contenido en inglés y francés. Las letras de las canciones aparecen tanto en su lengua original como traducidas al inglés, francés y español. La sonorización es excelente –el Habichuela es muy expresivo cuando inicia su toque en el ensayo en la Capilla donde se graba.

Quien se atreva a acercarse a esta grabación lo ha de hacer sin complejos y con un espíritu muy abierto, puesto que se trata de un proyecto que no tiene fronteras temporales ni geográficas. Menos, todavía, obedece a una etiqueta estética determinada: fusión, pastiche, mestizaje… da igual como lo quieran llamar. El compacto resulta sensual y estimulante. Todo el trabajo intelectual que hay detrás –comentado anteriormente– no se nota, la grabación transmite un entusiasmo, un cuidado meticuloso del contenido musical y los diferentes géneros maridan bien. Por ello me permito aconsejarla y por su puesto insistir en que se dejen llevar y lo disfruten. Con los tiempos que corren no está mal abandonarse de vez en cuando. Como dice la gente de Guinea “ha cantamo e bayazo que forro ficamo”. Pues eso, cantemos y bailemos ya que somos libres.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi
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