España - Valencia

El equilibio de un buen trípode

Lope de Osuna
viernes, 19 de octubre de 2007
Alicante, viernes, 28 de septiembre de 2007. Teatro Arniches. Residencias, en Alicante. Clara Andrada, flauta. José Luis Estellés, clarinete. Frano Kakarigi, contrabajo. Trío Arbós. Neopercusión. Programa: Isangyung, Trío; Yoshihisi Taira, Trichromie; Miguel Gálvez, Kammerkonzert *; Frederic Rcewski, Les Moutons de Panurge. XXIII Festival de Música de Alicante. Organizado por el Centro de Difusión de la Musica Contemporánea
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No hay nada más eficaz que la sencillez. El concierto 'Residencias en Alicante' tuvo su eficacia y una gran belleza, sustentada sobre el trípode de sus tres grupos de intérpretes. El Trío Arbós y Neopercusión han programado y dirigido el ciclo 'Residencias', del Auditorio del MNCARS en Madrid. Su calidad, ya conocida y sobradamente contrastada, fue el punto de apoyo básico sobre el que la calidad de las cuatro obras programadas actuó como palanca del éxito del penúltimo concierto del festival. El tercer elemento del triple trípode lo constituyeron el contrabajo y los solistas de viento-madera. A causa de la complicación de movimientos que conllevaba la colocación del gran despliegue de instrumentos de percusión requerido por las obras a interpretar, el orden de ejecución inicialmente previsto para éstas hubo de ser cambiado por el arriba descrito.

Un trío lleno de equilibrio

Isang Yun escribió la primera parte de su Trío para violín, chelo y piano por encargo de Horst Göbel y fue estrenado por éste y su trío en 1973, siendo completado en 1973 con una segunda parte. La estructura ternaria de ambas está invertida en sus tempi y logra transmitir una sensación de equilibrio y estabilidad general sobre la que se destacan episodios sonoros de distintos timbres y ritmos, que los integrantes del Trío Arbós interpretaron con gran acierto y musicalidad. La textura fue rica y los ataques de gran precisión.

Todos los colores son tres

La proyección sobre una pantalla de una mezcla de los tres colores básicos, cian, amarillo y magenta, da distintos resultados en función de la proporción en que se haga dicha mezcla. Cualquier ordenador doméstico actual trabaja con millones de colores que se derivan del uso de los tres básicos. El adecuado equilibrio en la mezcla da como resultado el blanco. Cuando el equilibrio es perfecto, también lo es el blanco Tanto, que no hay forma de distinguir su procedencia.

La precisión de Neopercusión es comparable a lo que en fotografía sería la obtención del blanco perfecto. Cuando tocan unísono, sólo la vista nos dice que lo hacen dos o los tres, que no es un solo instrumento. Por otra parte, la riqueza tímbrica de Trichromie y su riquísima variedad rítmica fueron expuestas en una interpretación de gran categoría instrumental y musical.

La fórmula y el concerto

El mejor elogio que recibió Edvard Grieg sobre su Concerto para piano lo oyó de boca de Franz Liszt cuando éste le dijo algo así como “Muchacho, ha encontrado Vd la fórmula”. Sobre Kammerkonzert, obra de Miguel Gálvez encargada por el CDMC para su estreno en este XXIII Festival de Música de Alicante, se podría decir algo semejante. Gálvez ha encontrado la forma de trasladar al s XXI la estructura de un concerto grosso con todas los aditamentos rítmicos, texturales y armónicos que hoy ya son una parte de la herencia musical que nos dejó el s. XX.

El primer movimiento se inicia con acordes regulares del piano sobre notas largas del quinteto y una delicada intervención de la percusión en maderas, gongs y campanas. En el segundo, notable intervención de Garvayo al piano y en su labor de coordinación, junto a los crescendi de la percusión. El tercero se anima en una serie de síncopas y diversas variaciones rítmicas, tímbricas y melódicas, con algún unísono de gran fuerza expresiva muy bien resuelto por el conjunto.

En la calma del cuarto, un motivo en notas largas va pasando de uno a otro instrumento. Es de resaltar el cambio de carácter de la obra en este movimiento, con unos trinos llenos de fuerza y escalas de notable dificultad mecánica y expresiva en el piano. El movimiento final comienza con unos stacatti del grupo, con pizzicatti de la cuerda, de los que se separan los vientos. Se llega a momentos de mucha riqueza tímbrica con esos punzantes armónicos sobreagudos del contrabajo, al que se une el resto de los instrumentos con el canto predominante del chelo con la intervención final de piano y violín antes de un larguísimo silencio final realmente sobrecogedor. Fue sin duda el momento culminante de la noche.

Un nieto de 4:33

Les moutons de Panurge, sobre un relato del Gargantúa y Pantagruel de Rabelais, es una obra de ecos, acumulaciones y disolución de lo expuesto en un caos improvisatorio al que, según las instrucciones del autor, ha de seguir una participación de 'no músicos'. Tras la exposición temática completa, faltó, a mi modo de ver, algo más de imaginación, o por mejor decir, valentía para lanzarse más abiertamente al caos. Vueltos a puerto, del que apenas se habían separado en una especie de navegación de cabotaje, la participación del público resultó en la práctica como un diálogo muy reglado con los músicos del escenario y hubo diversión para todos.

En ambos casos, acaso faltó algo más de desorden sistematizado, regulado; de libertad para todos en una obra que no deja de ser descendiente directa del concepto cagiano de la inexistencia real del silencio absoluto. Que puede no existir; que puede ser más o menos completo; que a veces puede llegar a oírse, incluso a sentirse como una presión insoportable en determinadas circunstancias. Pero que es siempre fundamento esencial de la música.

Estreno absoluto, encargo del CDMC

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