Discos

Un Don Juan muy poético, pero venido a menos

Daniel Martínez Babiloni
jueves, 22 de noviembre de 2007
El Gran Burlador. Música para el mito de Don Juan. Cyrille Gerstenhaber, soprano. Marisa Martins, mezzosoprano. Xavier Sabata, contratenor. Ian Honeyman, tenor. Jonathan Brown, bajo. La Grande Chapelle, Àngel Recasens, director. Coproducción de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, S.A. y Lauda Música, S.L. Productor ejecutivo: Albert Recasens. Un disco compacto DDD con una duración de 65’43” grabado en la Kapel van de Vlerick Leuven-Gent Management School, Gante, del 28 al 30 de enero de 2007. Lauda LAU 006. Distribuidor en España: Harmonia Mundi
0,0001872 Cuando tuve noticias del disco que aquí comentamos me dio la impresión de que se trataba de uno de esos recopilatorios que giran en torno a un tema, en esta ocasión el Don Juan. Al ver que era un trabajo de La Grande Chapelle y Àngel Recasens -y no de fragmentos de compositores famosos que han abordado el tema- sentí curiosidad por saber algo más de él, puesto que conocía al grupo por la grabación de algunas obras de José de Nebra y su dedicación a la música barroca.

El acercamiento a la figura del burlador que el sello Lauda nos presenta no tiene nada que ver con los tratamientos musicales que le ofrecieran, por ejemplo, Gluck, Gazzaniga, Mozart, Carnicer o Strauss. Se puede considerar este trabajo como un todo global; el disco en sí mismo -la grabación de las piezas y los poemas que lo conforman- ilustra el recorrido vital de tan ilustre personaje. Por medio de la técnica del contrafactum -cambiar el texto a canciones existentes anteriormente- recrean la vida de Don Juan centrándose en algunas de sus conquistas.

Como introducción El mar está hecho Troya, canción en la que se plantea el dilema: “quien padece de amor y de amor muere…” Para retratar al protagonista, en la voz del tenor Ian Honeyman, se recogen versos del propio Tirso de Molina (1579-1648): El Gran Burlador, dúo entre tenor y bajo con algún que otro problemilla de dicción en español; Un hombre sin nombre, dúo en el que se presenta el libertino ante la Duquesa, dama a conquistar; ¡Sevilla a voces me llama el Burlador!, toda una declaración de principios; y ¡Qué largo me lo fiáis!, coro que le advierte de las consecuencias de su conducta.

Entre las plebeyas la primera en caer bajo su seducción es Tisbea, en cuya descripción se canta Dulce ruiseñor -dúo jovial en forma ternaria entre soprano y mezzo-, Acentos de un nuevo Eneas y Flores ¡a escuchar los dos ruiseñores!, otro dúo. Aminta sale más bella, canta el cuarteto vocal -soprano y mezzo en las partes femeninas, contratenor y tenor para las masculinas- en el retrato de la segunda plebeya burlada. Entre las nobles, Doña Ana aparece en dos temas amorosos: Quedito, pasito y ¡Qué dulcemente hiere!, cantados por el mismo conjunto anterior.

Como intermezzo se incluye una tocata de Giovanni Maria Trabaci (ca. 1575-1647), Secondo tono con quattro fughe, y una danza popular con el título de El baile de la aldegüela -la parte más animada del disco. Como epílogo, un Dies irae a ocho voces con música de Cristóbal Galán (ca. 1620-1684) y texto datado en el siglo XIII aunque de dudosa autoría, según la relación de fuentes.

Las fuentes a las que ha recurrido el recientemente fallecido Àngel Recasens y su hermano Albert se encuentran en la Biblioteca Nacional -el Libro de Tonos Humanos (1655-1656)-, Catedral de Segovia, Catedral de Valladolid, Monasterio de El Escorial, The Hispanic Society de Nueva York, Universidad de Coimbra, Conservatorio di San Pietro en Nápoles, Biblioteca de Ajuda en Lisboa y la Biblioteca de Catalunya de Barcelona. Como autores de dichas piezas constan, además de los mencionados y algún que otro anónimo: Juan Hidalgo, Manuel Egüés, Bernardo Murillo, Jean de Macque y Manuel Correa. Por lo que respecta a los textos, Lola Josa y Mariano Lambea, han recurrido a fragmentos de la propia obra de Tirso de Molina, El burlador de Sevilla, junto a otros de Calderón y de procedencia anónima.

Estos son los mimbres con los que se ha urdido este homenaje al fraile mercedario Gabriel Téllez, es decir, Tirso de Molina, en la figura de Don Juan, glosada ampliamente en un largo ensayo adjunto al libreto en francés, inglés, alemán y español. Mimbres a los que hay que añadir una importante aportación de fondos públicos: hasta cinco sellos institucionales avalan el producto. No hay nada más que ver el estuche, una cajita contiene el citado libreto de setenta y cinco páginas en papel satinado y el típico porta cedé de doble hoja en cartoné, todo ello profusamente iluminado con escenas de cuadros de Velázquez o Sánchez Coello, entre otros.

Un producto bien cuidado, tanto en lo sonoro como en lo visual, aunque un tanto anodino en lo musical para quienes prefieran el trasunto romántico del mito. Sigue la estela de otros trabajos conmemorativos creados por La Grande Chapelle y Recasens para Lauda como las músicas para el Quijote, para el eros barroco o el Requiem para Cervantes. El Gran Burlador es un encargo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el CSIC.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Harmonia Mundi
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