Reino Unido

Covent Garden nunca defrauda a Rossini

Enrique Sacau
viernes, 21 de diciembre de 2007
Londres, lunes, 17 de diciembre de 2007. The Royal Opera House, Covent Garden. Gioachino Rossini, La Cenerentola. Moshe Leiser y Patrice Caurier, dirección de escena. Christian Fenouillat, decorados. Agostino Cavalca, vestuario. Christopher Forey, iluminación. Elena Xanthoudakis (Clorinda), Leah-Marian Jones (Tisbe), Magdalena Kozená (Angelina), Lorenzo Regazzo (Alidoro), Alessandro Corbelli (Don Magnifico), Toby Spence (Don Ramiro), Stéphane Degout (Dandini). The Royal Opera Orchestra & Chorus. Renato Balsadonna, director del coro. Evelino Pidò, director musical
0,0002152 Tras la celebrada producción de La Cenerentola de Rossini concebida por Els Comediants para la Welsh National Opera, el listón había quedado alto en Gran Bretaña. Els Comediants consiguieron poner en escena un espectáculo divertido representando esta ópera como un cuento de hadas. Para ello, incluso recurrieron al empleo de extras disfrazados de ratones, una referencia irónica a la Cenicienta de Disney. Se les fue la mano con esto. La función de los ratones era doble: primero, ayudar a cambiar los muebles de sitio y a mover los decorados cuando convenía, que estuvo bien; y segundo, calmar la ansiedad de Els Comediants, quienes obviamente preocupados -como casi siempre es el caso tratándose de directores de teatro que también hacen ópera- con el estatismo del género operístico, llenaron el escenario de elementos innecesarios, moviéndolos sin descanso. Eso no estuvo bien.

El trabajo de Moshe Leiser y Patrice Caurier con Rossini es mucho más sutil y nunca se llena el escenario a rebosar. Su Barbiere di Siviglia fue una fiesta del absurdo y de la payasada; su Turco in Italia resultó una narración hilarante acerca de los amantes mediterráneos y su pasión; su Cenerentola es más una fábula que un cuento de hadas. Los sencillos decorados y vestuario, diseñados por Christian Fenouillat y Agostino Cavalca, respectivamente, rozán lo cómico, pero sin exagerar. Economía de movimientos para los cantantes y el coro, a saber, nada es gratuito porque cada gesto y cada postura se ha planeado y ensayado con mimo. El resultado es brillante, pues esta producción adereza la ópera -que se hace un poco repetitiva en el segundo acto- sin usar las bufonadas que tan adecuadamente se emplearon en el Barbiere.



Alessandro Corbelli (Don Magnifico) y coro
Fotografía ©2007 by Johan Persson. Gentileza de ROH

Al éxito contribuyó un reparto de buenos cantantes-actores. Ejemplo típico de ello fue Alessandro Corbelli, cuya interpretación de ‘Don Magnifico’ fue fenomenal: se las compuso para encontrar el equilibrio entre lo bufo y lo siniestro, al tiempo que cantaba de modo excelente.



Magdalena Kozená  como 'Angelina'
Fotografía ©2007 by Johan Persson. Gentileza de ROH

La ‘Cenerentola’ de Magdalena Kožená fue simplemente perfecta. Pero seré puñetero: por más que su interpretación del último número fue impecable, no me acabó de convencer. Creo que fue porque no reservó sus capacidades con la coloratura: empezó con los trinos y otras acrobacias vocales demasiado pronto, y me dejó sin expectación antes de acabar el rondó.

Cantando ‘Dandini’, Stéphane Degout perdió su voz a mitad del primer acto; y por si acaso no era evidente, en el descanso el teatro impetró la benevolencia del público. No fue necesario, porque el actor se recuperó en el entreacto y cantó estupendamente. Su voz no está bien apoyada, pero tiene un precioso timbre; y además es un actor convincente.

El ‘Don Ramiro’ de Toby Spence fue lo mejor y lo peor: en ‘Sì, ritrovarla io giuro’ simplemente no pudo con los agudos; y si esto es así, ¿por qué quiso hacer uno al final del aria? Un agudo, por cierto, que ni siquiera está escrito. Fue una pena, porque esto hizo que su impresionante interpretación del príncipe quedara ensombrecida. Lo que le hace tan bueno es su timbre viril (algo de lo que suelen carecer los ténors légers) y su precioso fraseo. Spence está ya preparado para afrontar el ‘Duca di Mantova’ y otros papeles de más peso, pero igual debería dejar los agudos a otros cantantes.



Elena Xanthoudakis (Clorinda), Leah-Marian Jones (Tisbe) y Lorenzo Regazzo (Alidoro)
Fotografía ©2007 by Johan Persson. Gentileza de ROH


Excelentes Lorenzo Regazzo como ‘Alidoro’ (sobre todo en la extremadamente difícil aria del primer acto), y las hermanas, Elena Xanthoudakis (Clorinda) y Leah-Marian Jones (Tisbe).

Cuesta un poco describir la dirección de Evelino Pidò. Por un lado, hizo que la ópera fluyera y nunca resultó aburrido. Por otro, cometió errores inexplicables que no son de recibo en un profesional tan respetable: singularmente en el primer acto pareció ignorar totalmente a los cantantes, a quienes o empujaba en demasía o no era capaz de seguir. Lo cual derivó en números ‘a lo Tom y Jerry’, en los que unas veces los cantantes y otras la orquesta corrían tras el otro, sin cazar nunca al ratón. Aparte de esto, Pidò sabe cómo hacer que la orquesta suene espléndidamente y mantener el discurso musical divertido y alegre. Al final, esto es un gran espectáculo navideño.
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