España - Madrid

El sensacional cuarteto Meta4

Juan Krakenberger
jueves, 7 de febrero de 2008
Madrid, lunes, 28 de enero de 2008. Auditorio 400 del MNCARS. Cuarteto Meta4: Antti Tikkanen y Minna Pensola, violines, Atte Kilpeläinen, viola, y Tomas Djupsjöbacka, violoncello. Marko Myöhänen, electrónica, con apoyo técnico del LIEM. György Ligeti: Cuarteto de cuerdas nº 1 ‘Metamorphoses nocturnes’. Kaija Saariaho: Nymphea (Jardin Secret III). George Crumb: Black Angels (Images I). Temporada 2007/08 del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea. Asistencia: 98% del aforo
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En su segunda visita a España, el Cuarteto de Cuerdas finlandés Meta4 atrajo numeroso público: ya corrió la voz que se trata de cuatro jóvenes músicos de gran calidad, y su presente actuación confirmó el prestigio adquirido desde 2001, cuando empezaron su andadura.

La primera composición inscrita en el programa, el Cuarteto nº 1 de Ligeti fue, en rigor, la única de las tres en que pudieron lucirse técnica y sonoramente, sin electrónica u otros artilugios. No quiero entrar en detalles sobre la obra, ampliamente expuestos por Enrique Igoa en el programa de mano en base a datos recogidos de diversas fuentes. Solo decir que se trata de una obra relativamente temprana de Ligeti, de 1954, aún bastante influída por Bartók y los ritmos y melodías balcánicos. A pesar de que este cuarteto se ejecuta sin solución de continuidad, tiene varias secciones, ocho en total, entre ellas, por ejemplo, un sabrosísimo vals. El cuarteto Meta4 toca de pie (violoncello excluido, sentado sobre una pequeña tarima para facilitar el contacto visual con los colegas), y la calidad, precisión, sonoridad y musicalidad del conjunto es realmente admirable. Esta obra es de muy difícil ejecución, tanto técnica como rítmicamente. La seguridad con la cual atacaron los pasajes arriesgados fue pasmosa, y el hecho que se le rompiera una cuerda al viola (que se retiró unos minutos para colocar otra) no los amedrentó en absoluto. Partieron de nuevo desde un breve silencio unos compases anterior al accidente. Este cuarteto termina en silencio, muriendo paulatinamente. La impresión que la ejecución hizo sobre los oyentes fue tal, que este silencio se prolongó unos 15 segundos antes de que estallaran los aplausos. Detalle muy significativo, y más aún cuando se trata de música contemporánea. ¡Notable!

La finlandesa Kaija Saariaho es la autora de Nymphea (Jardin Secret III) para cuarteto de cuerda y electrónica en vivo, una composición de unos 25 minutos de duración, en general de clima calmo y de sonoridad esférica. Las cuerdas altas utilizan micrófonos colocados en los instrumentos, y otros para la voz. Casi el 100% de la obra consiste de diferentes formas de clusters que se van alternando. Describe -a mi entender- una extensa tundra, bastante fría, y hacia el final los cuartetistas susurran un verso cuyas palabras lamentan la ausencia de calor veraniego. Para oídos mediterráneos, un tanto monótono, a pesar de la discreta intervención de la electrónica, tanto al hacerse eco de lo tocado por los instrumentos como por algunos ruidos sordos (pero siempre muy discretos). El técnico de sonidos del cuarteto compartió con éste los aplausos.

El intervalo sirvió para armar los artilugios necesarios para la ejecución de la última obra: tres mesas con seis o siete copas llenadas a diferente nivel, y dos atriles soportando sendos tam-tam. En efecto, la obra de George Crumb Black Angels (Images I), "trece imágenes de la tierra oscura", para cuarteto de cuerda eléctrico, exige toda esta parafernalia. El resultado es interesante, por inesperado. Pude seguir, al principio, los primeros cinco subtítulos del total de trece, luego ya no. Debe de haber algunos pasajes muy cortos, resultado de una numerología utilizada por el compositor basada en los dígitos 7 y 13. Traduzco algunos títulos, para dar una idea de que se trata: “noche de los insectos eléctricos”, “sonido de huesos y flautas”, “campanas perdidas”, “música del diablo”, “danza macabra”, etc., etc. Los cuatro componentes del cuarteto mostraron su destreza, tocando sus instrumentos al revés, con el arco sobre el diapasón y pisando las cuerdas cerca del puente; también supieron sacar sonido de fantasía tocando con un arco el borde de los vasos, produciendo acordes que acompañaron evoluciones del violoncello, ya sean rítmicas o melódicas, y el 1º violín con su discreta maraca y el viola con una bolsa de piedritas acompañaron a la 2ª violín y violoncello en pasajes sugestivos. También esta obra tiene su intríngulis, y la destreza de los cuatro jóvenes finlandeses fue espectacular.

Así lo entendió el público con sus insistentes aplausos al final del concierto. Tuvieron que salir a saludar muchas veces. Se lo tenían merecido: realmente hicieron una demostración de competencia y dominio como pocas veces se pueden apreciar. Otro excelente concierto del CDMC. El público madrileño va descubriendo que allí se escuchan cosas interesantes, y las colas que se forman con media hora de anticipación para acceder al auditorio se hacen cada vez más largas. ¡Buena señal!

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