Discos

‘Opera’ goes to cinema

Paco Yáñez
miércoles, 12 de marzo de 2008
Olga Neuwirth: Lost Highway. Constance Haumann, Georg Nigl, Vincent Crowly, David Moss, Andrew Watts, Kai Wessel, Gavin Webber, Grayson Millwood, Rodolfo Seas-Araya, Lucas Rössner y Jodi Melnick, voces. IEM Graz. Klangforum Wien. Johannes Kalitzke, director. Barbara Fränzen y Peter Oswald, productores. Franz Josef Kerstinger, ingeniero de sonido. Dos SACDs DDD de 93:10 minutos de duración grabado en la Helmut-List-Halle, de Graz (Austria) en 2003. Kairos 0012542 KAI. Distribuidor en España: Diverdi
0,0002821 No es frecuente, en absoluto, en el mundo de la música culta una propuesta como la que Olga Neuwirth (Graz, 1968) nos plantea en su ‘teatro musical’ (según su propia denominación, en todo caso entre los posibles de la ‘ópera’) Lost highway (2002-03); obra basada en el film homónimo del cineasta norteamericano David Lynch (1946).

Lost Highway (1997) es una interesante película de un director considerado ya de culto, y cuyo cine siempre ha cuidado los aspectos de carácter musical, no sólo ya la selección de la música en sus filmes, sino la propia estructura y ritmo de sus cintas; con una manera de dirigir, según la actriz Patricia Arquette, totalmente musical. Robert Loggia, que interpreta el papel de Dick Laurent en esta película llega aún más lejos, al afirmar que Lynch “es el Toscanini, el director de orquesta; lleva el ritmo, tiene la visión (...) y los actores le siguen, como buenos músicos”.

Pocas obras de Lynch inciden más en este aspecto rítmico que su subyugante Lost Highway, un trabajo en el que el cineasta se vuelve a sumergir en sus temas predilectos, aquellos relacionados con la culpa, con los demonios internos que habitan en nosotros, y que somos, en todo caso, nosotros mismos en nuestras múltiples caras, en las cientos de transfiguraciones que adoptamos a lo largo de nuestras acciones y existencia. El paisaje de la mente es, de esta forma, un campo de exploración casi obsesivo para Lynch; especialmente aquellas mentes torturadas y que buscan ‘autoengañarse’ a ellas mismas para encontrar una salida en un mundo hostil con sus personajes.

En su búsqueda de los resortes de nuestro pensamiento, Lynch analiza cómo funciona nuestra mente y cómo es la percepción que tenemos de la realidad; una percepción en la que “lo que recordamos no es necesariamente cómo realmente pasó” esa misma realidad, frase que tanto Lynch como el personaje protagonista, Fred, entonan en los extras y en el film de la magnífica edición española de la película lanzada por Cameo.

Si el juego de recuerdos de nuestra mente es un eje central del film, juego en el que el director defiende que el recuerdo puede ser incluso más válido que la realidad ‘objetiva’ misma, no menos fuerza tiene en la obra la presencia de lo que Lynch denomina ‘fuga psicogénica’, a través de la cual el protagonista se proyecta en toda una realidad paralela que le permite escapar del infierno de la culpa y de la irreparabilidad de sus actos homicidas, movidos por las sospecha de la duda y los celos -originados en su supuesta impotencia-. Ello permite integrar todo un juego de personalidades desdobladas y en cierto modo ‘fugadas’, en las que se repiten vidas y procesos casi como en bucles paralelos, con una presencia constante de la violencia de las relaciones sociales, así como de la eterna persecución del hombre y la mujer, y del ‘bien’ y del ‘mal’ (nótense, por favor, las comillas).

Sobre este complejo entramado fílmico, en el que la estructura en dos partes de la película se ve atravesada por esta fuga en diversas direcciones, al punto que se cierra en un círculo que nos devuelve a su partida, esta vez desde el más informado ‘otro lado’; es sobre el que ha trabajado Olga Neuwirth para la construcción de su composición Lost Highway, para la cual, como en obras anteriores, ha colaborado con la Nóbel de literatura Elfriede Jelinek en la elaboración del libreto.

Desarrollada siguiendo casi escena por escena al propio film, el libreto de Jelinek retoma casi a pies juntillas el guión fílmico de David Lynch y Barry Gifford, eliminando algunas conversaciones ‘superfluas’ (si las hay) e incorporando algunas del puño y letra de la autora de La pianista y Deseo. Conociendo las citadas novelas, no era de extrañar que Jelinek incidiera en los aspectos conflictivos relacionados con la pareja, así como en el infierno de la convivencia afectivo-sexual que asoma por doquier en Lost Highway. Estas relaciones marcan, como en el film, dos partes diferenciadas: la primera gélida y fracasada, caracterizada por la impotencia y la sumisión al orden social; y la segunda pasional y tórrida, marcada por la culpa y la ocultación dentro del territorio de lo instintivo; en lo que puede ser la propia fuga psicogénica del protagonista o toda una metáfora sobre la transubstanciación de la naturaleza patológica y problemática del hombre en distintos rostros, actitudes, actos y ambientes sociales (En el libreto de este SACD, el filósofo Slavoj Zizek desarrolla un interesantísimo análisis psicoanalítico sobre los personajes y sus roles en Lost Highway; estudio que recomiendo leer a cualquiera, pero sobre todo a quien conozca previamente el film de Lynch).

Desde un punto de vista musical, Olga Neuwirth intenta poner una atmósfera acústica adecuada y llena de ecos a todo este entramado fugado de realidades, pasiones y culpas; aferrándose a esos dos grandes bloques del film y a los muchos sonidos que se escapan directamente de la película a la música en teléfonos, coches, risas, etc. De este modo, el primer SACD está marcado por un ambiente estático, de masas electrónicas de corte espectral y voces que rara vez se escapan de la pura narración; exceptuando la figura del hombre misterioso, que recibe un tratamiento muy curioso en la obra de Neuwirth, estilizando su voz hasta la de un falsetista. Ello permite a Neuwirth reflejar en música los tonos ocres y negros de Lynch, en una película muy pictórica, muy plástica; en la que los protagonistas emergen casi como salidos de un cuadro de Turner, de Rothko, si acaso como el genial perro de Goya al balcón de su propia existencia. Mención especial para el tratamiento vocal de la transubstanciación de los dos protagonistas masculinos, en la que Neuwirth utiliza transformación electrónica de las voces como ya hiciera en Bählamms Fest (1997-99), aderezada en esta ocasión con una pizca de jazz en el saxofón -que reaparecerá en más ocasiones-, como símbolo musical de la fuga psicogénica de Fred en Pete. Es éste un efecto que crea una suerte de ‘difuminado’ vocal, de ‘acústico virtual’, realmente angustioso y desasosegante; no pudiendo ser mejor espejo sonoro para la imagen plástica creada por Lynch en celuloide.

Este recurso volverá a aparecer al ‘retornar’ Fred de su fuga existencial a través de Pete, en un segundo SACD en el que fragmentos de la propia banda sonora del film emergen en la música de la austriaca; una banda sonora original de Angelo Badalamenti en la que escuchamos temas de Trent Reznor, David Bowie, Brian Enno, Marylin Manson o Lou Reed, entre otros. En uno de los momentos capitales del film, cuando tras hacer el amor en el desierto Alice abandona a Fred para siempre, suena el madrigal Ecco mormorar l’onde, de Claudio Monteverdi, insertado por Neuwirth creando una atmósfera aún más extraña y portando en su letra la visión del mundo a través de la (¿distorsionada?) mirada de un enamorado. Todo este segundo SACD tiene mayor presencia del canto, de la música más explícita en cuanto a sexualidad, de los conjuntos instrumentales, de los ritmos insinuantes y de una movilidad que es reflejo de la acción mayor en el film.

Todo esto conforma un trabajo imposible de resumir en unos pocos párrafos, más si tenemos en cuenta los muchos ecos y posibles que se esconden en cada imagen de Lynch, en cada palabra de Jelinek, en cada sonido de Neuwirth; un trío que estaba ‘condenado’ a encontrarse en algún momento, por cuanto los tres comparten más de una obsesión creativa y artística, como Lost Highway da sobrada fe; con sus demonios, sus traumas, su violencia y sus persecuciones eternas, como esa de la policía a Fred al final del film -metáfora de todas las persecuciones entre el ‘bien’ y el ‘mal’ a lo largo de la historia-; o esa otra no menos perturbadora de Fred a la cubista y poliforme Renée/Alice, que en su frase final “nunca me tendrás” resume la no menos eterna y frustrante persecución del hombre a la mujer, del solitario a la (ingenua y falsa) compañía.

La interpretación es extraordinaria, tanto por el soberbio elenco de actores y voces, como por parte de la electrónica del IEM de Graz. En el apartado instrumental destaca esa maravilla que es el Klangforum Wien, sin duda el grupo más especializado y capaz en la música de Neuwirth, como sus restantes grabaciones para Kairos dan fe; especialmente la de su anterior ‘teatro musical’ Bählamms Fest (Kairos 0012342 KAI). Como en esa ocasión, Johannes Kalitzke vuelve a ponerse a las órdenes de todos los efectivos musicales para firmar una versión excelente de esta composición, que permite seguir los ambientes, sus tensiones y las posibles fugas con una idoneidad total.

Lost Highway
aparece en Kairos registrada en formato SACD, sin duda el medio más adecuado para sus características acústicas, dadas las tres fuentes de sonido que Neuwirth maneja constantemente, con acústicos, electrónica y ‘acústicos virtuales’. Ello hace ganar mucho a una audición que en estéreo, según Neuwirth, es como ver un Monet en blanco y negro. El libreto de esta edición es extraordinario, con jugosísimos textos del citado Zizek, y de Lynch y Neuwirth entre otros, analizando detalladamente este trabajo de ya enorme importancia entre las composiciones de su autora.

Como se podrán imaginar, no puedo finalizar sin recomendar vivamente el visionado del film de Lynch antes de escuchar este SACD de Kairos, por cuanto la audición será mucho más rica y valiosa en lecturas; las propuestas por Lynch, que de por sí son muchas, y los matices que añaden Jelinek y Neuwirth, que no son pocos, para afrontar un tema que exige éstas y otras muchas lecturas; tal es su complejidad y vigencia.

Hemos de agradecer al sello Cameo el proporcionarnos una copia de su edición especial del film de David Lynch Lost Highway para la realización de esta reseña.

Este disco ha sido enviado para su recensión por el Klangforum Wien.
Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.