España - Asturias

Heroica ciudad aunque pobre homenaje

Ignacio Deleyto Alcalá
lunes, 18 de junio de 2001
Oviedo, miércoles, 13 de junio de 2001. Auditorio Príncipe Felipe. Programa: G. Rossini, Il Barbiere di Siviglia: Obertura, ‘Una voce poco fa’; W. A. Mozart, Così fan Tutte: Obertura, ‘Come Scoglio’. Ch. Gounod, Faust: ‘Ah! Je ris’; G. Verdi, La Traviata: ‘Addio del passato’. L.V. Beethoven: Sinfonía nº 8 en Fa mayor, op. 93. Ana Lucrecia García Telleria, soprano. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Dirección musical: Manuel Galduf. Concierto Centenario Clarín. Asistencia: 85%.
0,0001648 Como no podía ser menos, la ciudad de Oviedo se ha volcado en la celebración de los actos conmemorativos del centenario de la muerte de Leopoldo Alas 'Clarín', catedrático de Derecho Romano en la Universidad de Oviedo, famoso crítico literario y autor de cuentos que inmortalizara a la capital asturiana en su extensa novela La Regenta. La idea de celebrar un concierto dedicado a Clarín y vertebrado en torno a las referencias musicales que salpican su obra literaria era, a priori, una excelente propuesta. La selección de las piezas se basó en el estudio realizado por Ana Cristina Tolivar Alas, biznieta del escritor y profesora del Conservatorio de Oviedo. Sin embargo, puede que ni el enfoque ni los medios dispuestos hayan sido los más adecuados para llevar a buen puerto dicho concierto.En cuanto al programa, quizás habría sido preferible ceñirse a las referencias musicales que aparecen en La Regenta que es el texto emblemático del autor sin necesidad de buscar en otras obras. El programa resultó ser algo disperso y poco coherente. En la novela, presidida desde la altura por la bella catedral de 'Vetusta', hay una larga lista de compositores y obras que habrían sido suficientes para elaborar un interesante programa con La Regenta como hilo conductor. Veamos algunas: 'Casta Diva' de Norma de Bellini, 'Spirto gentil' de La Favorita de Donizetti, 'Ecco ridente in cielo' de Il Barbiere di Siviglia de Rossini, 'La Donna é mobile' del Rigoletto de Verdi, la escena del piano del Acto II de Il Barbiere di Siviglia de Rossini así como referencias al Faust de Gounod, Poliuto de Donizetti, Les Huguenots de Meyerbeer, La Sonnambula de Bellini y un intenso recuerdo de Ana Ozores al Stabat Mater de Rossini al final del capítulo XXV:'Calló el P. Martínez y comenzó el órgano a decir de otro modo, y mucho mejor, lo mismo que había dicho el orador de lujo. El órgano parecía sentir más de corazón las penas de María... Ana pensó en María, en Rossini, en la primera vez que había oído, a los diez y ocho años, en aquella misma iglesia, el Stabat Mater... Y después que el órgano dijo lo que tenía que decir, los fieles cantaron como coro monstruo bien ensayado el estribillo monótono, solemne, de varias canciones que caían de arriba como lluvia de flores frescas. Cantaban los niños, cantaban los ancianos, cantaban las mujeres. Y Ana, sin saber por qué, empezó a llorar.'Tampoco pareció demasiado acertada la elección de la joven soprano venezolana Ana Lucrecia García Telleria para protagonizar en exclusiva la primera parte del concierto. Fueron evidentes tanto su falta de madurez vocal como su falta de 'tablas' a la hora de salir a un escenario. Se le notaba nerviosa, sin saber que hacer con las manos y con poca capacidad de transmitir el texto de las arias al público. Poco feliz fue la idea de empezar su actuación con la dificilísima 'Una voce un poco fa' que resultó muy poco expresiva, sin gracia alguna y plana en la interpretación. Incómoda en la tesitura, tampoco convenció en la coloratura poco ayudada además por la batuta. Los mismos defectos se pudieron ver en el aria de las joyas del Faust de Gounod. Vocalmente hablando, fue mejor el 'Come Scoglio' y también 'Addio del passato' de La Traviata. Aquí demostró una mayor seguridad además de enseñar lo mejor de su instrumento: potencia, agudos firmes y fáciles y un centro prometedor.Manuel Gadulf se lució poco en las oberturas. Pocas veces hemos escuchado una obertura del Cosí tan insulsa y pesada como la que nos regaló el director valenciano. No sólo marcó un tempo imposible para que la música fluyera con chispa y alegría sino que además no mostró ni una sola idea original en su interpretación. En la segunda parte dedicada a la Sinfonía nº 8 en Fa mayor de Beethoven (curiosa elección para este concierto) no hubo mayores cambios. Muy preocupado por dar todas las entradas, sin embargo, no parecía más que seguir la partitura sin mucho convencimiento así como demostrar una técnica directorial poco elegante con efusivos golpes de batuta, dirigiendo siempre arriba. Rompamos una lanza por la orquesta que con una cuerda bien ensamblada (excelentes contrabajos) salvó la interpretación a pesar del excesivo entusiasmo del timbalista.En definitiva, un concierto que prometía mucho pero que pasó sin pena ni gloria. Ocasión perdida para homenajear a Clarín como se merece en esta 'heroica ciudad que dormía la siesta'. Y siguiendo con La Regenta, ¡qué maravillosa ópera verista habría hecho! ¿Se imaginan un libreto con la esencia de la obra de Clarín (necesariamente habría que reducir los 150 personajes que pululan por la mente de Clarín en la novela) y puesto en música por alguien como Puccini que tan bien retrató a las mujeres atormentadas. Los protagonistas: Ana Ozores, soprano spinto, Fermín de Pas, tenor lírico-spinto. Don Álvaro Mesía, barítono, el tenorio de turno, y el ingenuo y atontado Víctor Quintanar, bajo, con una escena en su habitación declamando unos versos de comedia con la espada en la mano. Además de Petra, la doncella de Ana, soprano ligera a lo 'Despina', astuta, intrigante, seductora y sin que falte la madre del Magistral, Doña Paula Raíces, mezzo, autoritaria, hipócrita e intransigente. Se imaginan la primera escena del Acto I con el Magistral subiendo por la torre de la Catedral de Vetusta para observar desde las alturas sus dominios, la ciudad de Vetusta 'su pasión y su presa'. Otra ocasión perdida...
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