Discos

La alargada sombra de Harnoncourt

Daniel Martínez Babiloni
martes, 13 de mayo de 2008
Wolfang Amadè Mozart. Conciertos para vientos: Concierto para trompa y orquesta nº 4 en mi bemol mayor, K.495; Concierto para oboe y orquesta en do mayor, K.314 [285d]; Concierto para fagot y orquesta en si bemol mayor, K.191 [186e]; Concierto para trompa y orquesta nº 1 en re mayor, [386b]. Katharina Arfken, oboe. Donna Agrell, fagot. Teunis van der Zwart, trompa. Freiburger Barockorchester. Petra Müllejans, directora. Martin Sauer, director artístico. Disco compacto de 66’19 minutos de duración, grabado en mayo de 2006 en la Paulus-Saal de Freiburg in Breisgau, Alemania. Harmonia Mundi HMC 901946
0,0003135 La Freiburger Barockorchester es un conjunto con algo más de veinte años de historia, especializado en el canon centroeuropeo de los siglos XVII y XVIII. El proyecto surge en la ciudad alemana de la cual toma el nombre, Freiburg, y se ha convertido en una de las iniciativas más interesantes de cuantas se dedican al denominado -y no exento de controversia- historicismo. En la década de los noventa, una vez convertidos en la sociedad mercantil 'FBO Gesellschaft des bürgerlichen Retches', comienzan las giras y grabaciones con las cuales poder mantenerse económicamente -a la vez que con subsidios de la propia ciudad de Freiburg y del estado de Baden-Württemberg- y desarrollar sus proyectos artísticos. Son frecuentes las visitas a festivales y auditorios americanos y europeos, así como las numerosas grabaciones que realizan para el sello Harmonia Mundi, entre otros.

En sus registros, la música de Mozart se ha convertido en una constante, ya que desde 2006 son ocho (en compacto o DVD para la discográfica francesa) los dedicados a sus obras. Han grabado las sinfonías París [nº 31, K. 297], Praga [nº 38, K. 504] y Júpiter [nº 41]; dos óperas: Don Giovanni (CD y DVD) y La clemenza di Tito; un Concierto para piano el nº 27 [K. 595]; y algunas obras en las que los instrumentos de viento son los protagonistas: serenatas, divertimentos, la Sinfonía Concertante en mi bemol mayor [K. 297b], el Concierto en do mayor para flauta y arpa [K. 299], el Concierto para clarinete en la mayor [K. 622] y los conciertos que aquí se reseñan.

Esta enumeración nos da una idea de que la relación entre ambos no es producto de la casualidad. Se trata de un trabajo consistente, constante y bien planificado. Como muestra, el disco que aquí presentamos, que reviste una pátina de familiaridad con la música del salzburgués, y calidad en el acabado del producto.

La actitud con la que abordan este repertorio es muy cercana a aquello de lo que hace proselitismo Nikolaus Harnoncourt [El diálogo musical. Reflexiones sobre Monteverdi, Bach y Mozart. Barcelona: Paidós Ibérica, S.A., 2003]: las interpretaciones son vigorosas y dejan entrever todas las líneas de la textura y contrapuntos con claridad, a lo cual contribuye una articulación nítida y precisa de las cuerdas y una presencia colorista de los vientos en los tutti. Se resaltan los contrastes de intensidad y los tempi, generalmente, son fluídos; persiste una clara direccionalidad del fraseo que dota a las interpretaciones, tanto acompañamiento como solistas, de gran expresividad.

En este último aspecto destaca, sobre todo, el trompista Teunis van der Zwart. El primer trompa de la Freiburger Barockorchester domina la trompa natural y se muestra con prestancia y poderío; no duda en arriesgar aquello que se denominaría como 'buen sonido', para llegar hasta la médula de la esencia musical. Sobre todo, fuerza y resalta el cuivrè (timbre metálico característico de la trompa) en algunos momentos en forte (Allegro moderato del K. 495 o inicio de la 'Romanza' del K. 386b).

A pesar de la dificultad que entraña la interpretación con un instrumento de estas características (hay que recordar que la trompa natural requiere un amplio dominio de la columna de aire, de la presión de los labios y de la posición de la mano en la campana), logra momentos verdaderamente líricos y virtuosísticos (Allegro moderato y Romanza del Concierto nº 4 K. 495). Son muy pocas las veces en las que emplea el rubato, pero cuando lo hace lo consigue de una forma muy natural, sutil y sin llegar a languidecer el fraseo.

Los biógrafos de Mozart señalan que Franz Xaver Süssmayr (1766-1803), su ocasional alumno de composición y copista, completó el Réquiem a instancias de Constanze. También lo hizo con el Rondó del Concierto para trompa nº 1 en re menor [386b], a partir de los fragmentos dejados por el maestro. Esta obra figuraba con el número de catálogo K. 412 y como escrita en 1782. Por tanto, el primer concierto para trompa en el catálogo pasa a ser el último cronológicamente hablando. De ahí que esta incertidumbre se prestase a diversos intentos de compleción. El primero es el ya citado de Süssmayr en abril de 1792. Otro es el que nos presenta Van der Zwart: añade al Allegro moderato un Rondó de Torsten Johann, clavecinista -si las fuentes no nos fallan- de este mismo conjunto. La diferencia entre ambas versiones estriba en un perceptible aumento de la velocidad en la segunda, el añadido de una breve cadencia, y el final se resalta con un accellerando.

En cuanto a la utilización de ambos arreglos por los solistas, parece que las interpretaciones 'tradicionales' -románticas, se podría añadir con cierta retranca- se decantan por el de Süssmayr, y las historicistas, con trompa natural, por la de Johann. Por lo menos, así lo hace, además de Teunis van der Zwart, el trompista holandés Ab Koster y la Tafelmuisk Toronto en un trabajo reciente para Sony Classical.

En la parte de las maderas, el Concierto para fagot y orquesta en si bemol mayor K. 191, escrito en Salzburgo en 1774, es interpretado por Donna Agrell con la misma tónica que lel resto, en cuanto a la fluidez del tempo. Además, es necesario señalar que tanto compositor como solista saben aprovechar al máximo los extremos registros del instrumento: aparecen saltos interválicos importantes y bien resueltos (cc. 18,19 y 25 del Andante ma Adagio).

Por lo que respecta al Concierto para oboe y orquesta en do mayor K. 314, de 1777 (más conocido por una versión del propio Mozart para flauta, un año posterior), hay que señalar que es el más virtuosístico, favorecido por las características técnicas del instrumento, de los cuatro que contiene esta edición. La sonoridad de Katharina Arfken es robusta y cálida; su dominio del instrumento no deja entrever en ningún momento la dificultad que entraña esta pieza, dada la precariedad técnica del oboe por aquellas fechas y lo exigente de la partitura.

Original resulta la presentación del tema por el solista en la exposición del Allegro aperto. En lugar de copiar una frase completa ya expuesta, Mozart utiliza el motivo resolutivo del final de la exposición del tutti (c. 31), y lo repite, en la parte solista (c.32), con carácter impulsor. También es interesante la combinación de dos oboes del tutti junto al solista, con lo que ello conlleva de juego tímbrico en los momentos en los que se superponen los tres oboes (cc. 65-68, 137-141). En otros momentos, combina a aquellos con las dos trompas en un motivo que sirve de puente entre secciones en el Rondó (cc. 24-30 y 70- 76), bien resaltado ambos por el conjunto.

Para acabar con las maderas, señalar las peculiares indicaciones de tempo del movimiento inicial del concierto para oboe y del lento del de fagot. Muestra de la meticulosidad del autor a la hora de definir sus intenciones hacia la interpretación. En el primero, Allegro aperto, dotado por Petra Müllejans (directora y primera violinista del conjunto) de decisión, fluidez y claridad (Harnoncourt lo adjetiva como diáfano, con cierta ingenuidad); en el segundo, Andante ma Adagio, en un tres por cuatro, excepción ya que los movimientos lentos de los demás conciertos están en compás de cuatro tiempos.

Los cuatro conciertos utilizan una plantilla muy similar, con la salvedad de que el Concierto para trompa nº 1 emplea dos fagotes con un papel propio que no es el de reforzar a violonchelos y contrabajos como en el resto. La Freiburger Barockorchester presenta aquí una plantilla inferior -22 músicos frente a 34- a la que Harnoncourt menciona como plantilla tipo (enumerada por Mozart en una carta desde Manheim), no sin restar importancia a las constantes variantes según espacio y ocasión de audición.

No aparece en las notas de la carpetilla (en francés, inglés y alemán) información sobre la procedencia de las cadencias. Es sabido que cuando Mozart interpretaba sus conciertos de violín o piano -lo cual además de constituir una gran atracción, le reportaba importantes ingresos-, generalmente no las escribía. No obstante, cuando componía para otros, era normal que dejara algo escrito.

Todos los conciertos para vientos están remitidos a amigos y músicos profesionales de las ciudades vinculadas con Mozart. En los casos en que las obras no obedecían a encargos, el compositor utilizaba a éstos a modo de viajantes -comerciales, se dice hoy- que mostraban su música por toda Europa: en nuestro caso, el trompista Joseph Leutgeb (1732-1811) y el oboísta Giuseppe Ferlendis (1755-1810), ambos de Salzburgo. Más dudas existen sobre el dedicatario del Concierto para fagot y orquesta en si bemol mayor K. 191 de 1774, el cual podría ser Thaddäus Freiherr von Dürnitz.

En definitiva, nos encontramos ante una propuesta de calidad que destila musicalidad a raudales. Más allá de las posibles discusiones en cuanto a la mayor o menor autenticidad de este tipo de interpretaciones, nos quedamos con lo que en ellas hay de musical. Ciertamente, en esta grabación el mensaje llega al oyente. Tampoco nos cabe duda de que, indirectamente, detrás de la Freiburger Barockorchester y su directora Petra Müllejans esté, en esta ocasión, la concepción mozartiana de Harnoncourt. No es de extrañar, pues éste es uno de los maestros con los que Müllejans ha estudiado en Salzburgo.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Harmonia Mundi
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