Argentina

Notable conjunto de arcos

José Mario Carrer (1937-2022)
viernes, 16 de mayo de 2008
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Salta, viernes, 9 de mayo de 2008. Teatro Provincial de Salta. Orchestra d’Archi Italiana. Director Mario Brunello. Johann Sebastián Bach: Concierto Brandemburgués nº 3 en sol mayor BWV 1048. Giovanni Sollima: Spasimo para violonchelo solista y emsamble. Felix Mendelssohn Bartholdy: Octeto para cuerdas en mi bemol mayor op.20. Instituto Italiano de Cultura
0,0001315 Estas líneas están referidas a dos noticias relevantes para Salta. La primera es la probable visita del mas importante director de orquesta argentino, el Maestro Pedro Ignacio Calderón, al que las autoridades anteriores nunca invitaron a conducir la orquesta sinfónica local por esas cosas extrañas que a veces les pasan a los funcionarios. Esta esperada visita, probablemente se concrete allá por el próximo mes de junio de este año. La segunda es justamente la impresión que dejó la Orquesta de Arcos Italiana con su brillante actuación del viernes 9 de mayo.

Dos decenas de instrumentistas de cuerda forman este excelente grupo del Véneto italiano que conduce el estupendo violonchelista Mario Brunello. Comenzaron con uno de los seis conciertos brandemburgueses escritos por el genial Juan Sebastián Bach en una de sus más felices épocas que para él representó vivir en la corte de Köthen. El grupo no tiene clavicémbalo por lo que el contrabajo amplificado vendría a ser como el continuo que pide la obra. El potente ‘allegro’ inicial es una muestra de la habilidad de Bach para armar tensiones dramáticas sonoras. Todo desemboca en un breve “adagio” que se cierra con un impetuoso ‘allegro’ desarrollado tal como si fuera una danza constante en el infrecuente compás de 12 x 8. Es bueno recordar que durante esos años, Bach contaba con un excelente grupo instrumental con el cual podía darse el lujo de escribir páginas de este tipo, tan atractivas desde lo armónico, pasando por lo musical y por lo rítmico. Ya que hablo de ello, tal vez la única particularidad haya sido la inesperada vivacidad del tempo empleado, lo que de ninguna manera le quitó brillo a la ejecución.

A fines del siglo XX, el Teatro Massimo de Palermo, tal vez el más grande teatro de ópera de Italia, reabrió sus puertas luego de importantes trabajos de restauración. La terminación de estos trabajos generó agasajos, festividades, entre las que se encontraban, como es lógico de suponer, conciertos varios. En uno de ellos se conoció Spasimo para violonchelo solista acompañado de grupo de instrumentos. La partitura dividida en cuatro esquicios es realmente llamativa. Tiene un lamentoso inicio que se convierte en dramático cuando el solista es acompañado por un Gran Cassia (bombo) cuyos golpes suenan como lacerantes latigazos. Continúa con un abrumador y frenético solo de violonchelo y variados elementos de percusión cuyo juego incluye cambios de tonalidad con figuraciones ligadas o eventuales pizzicati. Todo esto es adornado por un tremendo recitativo que cuenta las calamidades de la época en Palermo. Hay ruido de mar hasta que al final aparecen emociones que despiertan la esperanza de algo mejor. La obra pertenece al compositor y también violonchelista Giovanni Sollima, nacido en Palermo hacen cuarenta y seis años de prolífica producción que ha colaborado con el maestro Mario Brunello y con Martha Argerich y Giusseppe Sinópoli entre otros. Posee una particular belleza en el uso de especiales efectos sonoros.

El cierre del concierto fue para ese prodigio escrito por Mendelssohn a sus diecisiete años de edad. Concebido para octeto de cuerdas, o sea un doble cuarteto, no es habitual su audición pues no es sencillo encontrar dos cuartetos que se unan para esta obra o un grupo de ocho músicos para hacerla. Por tanto, es mas frecuente escucharla en transcripciones para grupos algo más numerosos por su carácter sinfónico en sus cuatro movimientos plenos de romanticismo. Tiene un alucinante ‘scherzo’ y el movimiento final esta armado sobre la base de una fuga monumental. Su ejecución requiere instrumentistas virtuosos y este grupo los tiene, no solo en el director solista Mario Brunello, un violonchelista que lo tiene todo o en su percusionista Pietro Pompei sino en el resto de sus integrantes. Tocar de este modo, con tan alto nivel, solo puede hacerse luego de años de trabajo conjunto y continuo.

Hubo tres momentos para devolver el sostenido aplauso. Primero un movimiento del Divertimento nº 136 de Wolfgang Amadé Mozart. Luego uno de los mejores arreglos que escuché sobre temas de Astor Piazzolla realizado por José Bragato y finalmente un movimiento de un Concierto en la menor de Antonio Vivaldi. Por supuesto me quedé con ganas de más.
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