España - Galicia

Une voix et un 'vozarrón'

Lope de Osuna
viernes, 27 de junio de 2008
A Coruña, sábado, 21 de junio de 2008. Teatro Rosalía Castro. Annick Massis, soprano; Jory Vinikour, piano. Programa: Maurice Ravel, Shéhérezade: Asie, La flûte enchantée, L'indifférent; Henri Duparc: Chanson triste, L'invitation au voyage; Hector Berlioz: Les nuits d'été, op 7 (selecc.): Le spectre de la rose, Villanelle, L'Île inconue; Reymaldo Hahn, Chansons grises: Paysage triste, L'heure exquise, Tous deux; Gabriel Fauré: Après un rêve, op. 7 nº 1; Le secret, op 23 nº 3; Les roses d'Ispahan, op. 39 nº 4; Notre amour, op 23 nº 3; Claude Debussy: Green, Claire de lune, Apparition. Festival Mozart Caixa Galicia
9,9E-05 El recital de mèlodies a cargo de Annick Massis era el segundo y último del ciclo Liederabend. Tras el éxito incuestionable de Waltraud Meier la semana anterior, la soprano francesa despertó poco entusiasmo en el público del Rosalía. Un cantante no necesita en el recital con piano la expresión gestual o corporal precisa en una ópera, que aquí ha de ser más sobria y moderada. Incluso, la emotividad de la mélodie es de mayor sutileza que la del lied. Con todo, lo cierto es que Massis no logró encender al público ni de lejos, tal vez por su actitud física, con su atención volcada sobre la partitura.

Esa atención, que resta posibilidades de expresión -no sólo gestual, también vocal- imprescindibles en un recital de canto, suele ser síntoma de la inseguridad generada por una insuficiente preparación. Los despistes sufridos en Green y Apparition, de Debussy, el último camuflado en un supuesto fallo de la voz -que siempre sería más perdonable- fueron todo un síntoma.

En general, la voz de Massis tiene mejor timbre y rueda mejor en el registro medio que en el agudo, la emisión no es del todo regular y existe una tensión proporcional a la altura de la nota, como se pudo a preciar en el agudo final de Notre Amour, de Fauré, que, más allá de una simple tensión al emitir, entró de lleno en el campo de la aspereza.

Jory Vinkikour cumplió correctamente su papel de acompañante. Quizás, un cierto temor a lo que podía pasar con la cantante impidió juzgar más atentamente su actuación. Al final anunció las tres propinas que regalaron con un chorro de voz baritonal que inundó de sonido el Rosalía como no lo que había hecho Massis a lo largo de la noche. Una intervención digna del mejor presentador de cabaré por su actitud escénica y su vestimenta, en la que destacaban el chaleco con delantera y trabilla de brocado en oro y los calcetines de seda roja. Sólo le faltaba un 'canotier' o similar para situarlo en el Berlín de entreguerras.
Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.