España - Madrid

El cuarteto de cuerda, disciplina indispensable (I)

Juan Krakenberger
martes, 10 de marzo de 2009
Thomas Adès © Auditori Thomas Adès © Auditori
Madrid, miércoles, 25 de febrero de 2009. Auditorio Sony. Cuarteto Finzi y Cuarteto Signum. W. A. Mozart, Cuarteto KV 409 ‘Hoffmeister’ y Cuarteto KV 465 ‘de las disonancias’. Thomas Ades, Arcadiana op 12. Profesor: Günter Pichler. Ciclo ‘Da Camara’. Ocupación: 90%
0,0001532 En días sucesivos, cuartetos estables, del IIMCM, y cuartetos de estudiantes de la escuela Reina Sofía, nos interpretaron seis cuartetos y fue nuevamente fascinante observar como la veteranía influía en el quehacer de los grupos, y como a veces la espontaneidad de los conjuntos de alumnos les ganaba en ímpetu, cuando no siempre en calidad, que también la hubo, en todos los casos. Una cosa es indiscutible: la disciplina de tocar cuartetos es indispensable en la formación de un músico de cuerdas, y el hecho que esto no se hace con intensidad en los conservatorios españoles es uno de los factores responsables del déficit de profesionales que padecemos.

Acabo de enterarme que en la ya consagrada ‘London International String Quartet Competition’ en su 11ª edición, participarán tres de los cuatro cuartetos actualmente estudiando en Madrid, más otro que estuvo aquí hace unos años. Se trata de los cuartetos Signum, Solstice, Finzi, y el Ardeo que ya no está aquí. O sea, de los doce cuartetos participantes, cuatro han pasado por Madrid. No está mal. ¿A ver quién gana esta vez? Recuerdo al amable lector que fue precisamente este importante concurso que lanzó al mundo al Cuarteto Casals que ganó allí el Primer premio, hace años ya.

Comentaré brevemente cada cuarteto, en el orden de su ejecución:

W. A. Mozart, Cuarteto KV 409 ‘Hoffmeister’, a cargo del Cuarteto Finzi: Sara Wolstenholme y Natalie Mary Dick, violines, Ruth Gibson, viola, y Lydia Shelley, violoncello. Se trata del primer cuarteto del compositor creado después de los célebres seis que dedicó a Haydn que, según él, “le proporcionaron bastante fatiga”. Y esto se nota: es música muy amable, menos formal que aquellos seis, pero no menos inspirada o creativa. El Menuetto es un portento, con un pasaje de síncopas muy original, el Adagio un discurso bellísimo impregnado de profunda ternura, y el final es brillante, extenso y provisto de una coda que lo resume todo: ¡Genial! La versión del Cuarteto Finzi fue, nuevamente, bastante excepcional, y sorprendente, en cuanto a la concepción musical. Optaron por tocar con una sonoridad dulce, dentro de un clima de mezza voce, sin alardes ni contrastes brillantes. Hubo, eso sí, variedad dinámica, pero dentro de límites prudentes. Esto nos trajo una diafanidad poco usual, que permitió escuchar las voces interiores con mucha nitidez. En todo momento esta forma de tocar corre el peligro de sonar ‘afectada’, pero supieron evitar esto, con mucha elegancia. Sin duda, un Mozart sui generis, muy agradable de escuchar, y que cosechó aplausos agradecidos del público.

Thomas Adés, Arcadiana op 12, por el Cuarteto Signum: Kerstin Dill y Annette Walther, violines, Xandi van Dijk, viola, y Thomas Schmitz, violoncello. Esta obra del compositor inglés, compuesta en 1994, y que dura unos veinte minutos, consta de siete trozos, intitulados en italiano, alemán y francés, que reproduzco, para dar una idea de que se trata: “Venezia notturna, Das klinget so herrlich das klinget so schön, Auf dem Wasser zu singen, Et…(tango mortale), L’Embarquement, O Albion, Lethe”. Resulta interesante señalar que esta obra será la composición obligada, para todos los participantes, del 11º concurso para cuartetos de Londres, al cual ya aludimos más arriba. A pesar de que se trata, evidentemente, de música contemporánea, esta música se escucha con agrado porque suena, en general, de forma muy diáfana y placentera, haciendo honor al título segundo: “esto suena tan maravillosamente, esto suena tan bien”. Un trozo hasta tiene el carácter de juicy (jugoso) tan connatural de los compositores británicos. Hay pasajes tonales y atonales, pero el compositor sabe crear un clima en el cual las disonancias o la atonalidad sirven precisamente para eso: un discurso agradable. La versión del Cuarteto Signum, altamente profesional y muy cuidada. ¡Bravi!

Hubo aplausos agradecidos, lo que no evitó que un 10% del público abandonara la sala. Ellos se perdieron lo que siguió: lástima.

W. A. Mozart, Cuarteto KV 465 ‘de las disonancias’, de nuevo a cargo del Cuarteto Signum. Este es el sexto y último de la serie compuesta en homenaje a Haydn. Llamaron la atención los primeros compases de esta obra, que podría haber sido la continuación de la música que escuchamos anteriormente. El lenguaje que Mozart utiliza para este Adagio, de apenas 22 compases, sobre todo los primeros 8, es tan avanzado sobre su época, que siempre quedamos asombrados. Solamente un genio pudo concebir semejante música hace más de 200 años. La versión que nos brindaron los jóvenes alemanes fue excelente, destacando sobre todo la enorme limpieza y calidad sonora. Como ejemplo menciono apenas las dos secuencias de vertiginosas semicorcheas a cargo del primer violín en el Allegro final, transparentes y nítidas. Bravo. Un brillante fin de concierto, que cosechó nutridos aplausos.
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