Portugal

It ain't nesessarily so

Teresa Cascudo
miércoles, 10 de noviembre de 1999
Lisboa, viernes, 5 de noviembre de 1999. Pavilhao Atlantico. Porgy and Bess de George Gershwin. Keel Watson (Porgy), Tinuke Olafimihan (Bess), etc. Coro do Teatro Nacional de Sao Carlos (dirección de Joao Paulo dos Santos), Orquestra Metropolitana de Lisboa, dirección musical de Eric Stern.
0,0002097 En esta parca temporada operística, la presentación en Lisboa de Porgy and Bess iba a ser una especie de inyección de dinamismo. Las razones que justificaban tal expectativa eran de diversa índole. Se trataba de una producción independiente de Tito Celestino da Costa financiada exclusivamente a través del patrocinio de varias empresas. Era el resultado de la colaboración de músicos de gran calidad: el Coro del Teatro Nacional de Sao Carlos y la Orquestra Metropolitana de Lisboa y cantantes negros venidos de Inglaterra y de los Estados Unidos dirigidos por un director americano, Eric Stern, que nunca había actuado en Portugal. Por último, iba a tener lugar en uno de los edificios construidos para la Exposición Universal de 1998, el Pavilhao do Futuro, transformado en el Pavilhao Atlântico, un espacio polivalente con un aforo de diez mil personas.Uno de los objetivos de la productora era hacer llegar al mayor número de personas posible la que fue presentada como la primera ópera americana. Esto me lleva a exponer, muy brevemente porque sale del ámbito de esa crítica, algunas consideraciones sobre Porgy and Bess. La popularidad de canciones como Summertime, I got plenty o'nuttin' o I love you Porgy extraídas del contexto dramático de la ópera, hace que se tenga una idea un poco equivocada de lo que realmente es la obra. No se trata para nada de un espectáculo leve, ni musical ni dramáticamente, y sin embargo fue presentada en Lisboa como una especie de canto a la igualdad de las clases y fue incluso divulgada en las escuelas. Así como no tengo ningún problema moral con los caminos creativos abiertos por las nuevas tecnologías (más adelante se entenderá el motivo de esta prevención), tampoco repruebo el contenido del libreto de Porgy and Bess. Sin embargo, no me parece que los problemas de un grupo de marginales sean el vehículo más adecuado para acercar la comunidad escolar a la ópera. Pero bueno, a lo mejor esto es una manía mía.De la misma manera, se demostró que ciertos productos son difícilmente adaptables a sistemas productivos diferentes de aquél para el que fueron concebidos y que, cuando se intenta, esa transposición se traduce en la disminución de sus cualidades. Eso es lo que ocurrió con esta producción, ilustrando una de las tensiones determinantes de la música del siglo XX. Me refiero a la oposición entre las esferas de lo culto y lo popular, con sus circuitos, sus productos y sus códigos respectivos. La edad de la máquina, el propio Gershwin escribió un artículo titulado The composer in the mechanical age, o, en las palabras de Walter Benjamin, de la reproducción mecánica de la obra de arte hizo que, de la noche a la mañana, fueran posibles plateas de millones de personas. Pues bien, el montaje de cualquier producción en el Pavilhao Atlântico plantea problemas relacionados con la utilización de la tecnología para alcanzar el mayor número de espectadores lo que, sin duda, formaba del espectáculo pero que, lamentablemente, acabó por ser su perdición.El primer problema evidente fue el de la distribución del sonido en un espacio de tales dimensiones. Hubo desproporción en el tratamiento individual de los instrumentos, sonidos que se mantenían durante segundos después de ser emitidos transformados en una especie de desagradable chasquido y, sobre todo, una especie de homogeneización fatal para una partitura tan rica. Había altavoces suspendidos en el techo del pabellón, pero la verdad es que todo parecía venir de las enormes columnas que estaban situadas en la zona del escenario. La traducción simultanea no funcionó siempre, y, cuando funcionaba, resultaba ilegible, por lo menos desde donde yo estaba sentada. Además no había manera de distinguir claramente qué personaje estaba cantando en cada momento. Por si todo esto fuera poco, las sillas del Pavilhao Atlântico son muy incómodas, lo que, unido a los esfuerzos que eran necesarios para mantener la cabeza a la altura del escenario para ver alguna cosa, transformó las tres horas del espectáculo en una pequeña tortura. Puede ser que los enfermos de uno de los hospitales de Lisboa, que tuvieron acceso a la retransmisión de la ópera en directo por video-conferencia, fueran al final los que disfrutaron la ópera en mejores condiciones.Quizá lo más triste sea pensar que la producción hubiera funcionado muy bien en cualquier sala tradicional, incluso en el Coliseu dos Recreios, que tiene problemas acústicos bastante graves desde la remodelación de 1994. La escenografía presentada en Lisboa era una reconstitución de la original (Alvim Theatre de Broadway en 1935) de la autoría de Tito Celestino da Costa, también productor del espectáculo. Fue concebida específicamente para esta ocasión con la preocupación de ser visible desde todos los puntos del Pavilhao. A pesar de algunas soluciones de gusto dudoso, como la chabola andante de Porgy, cumplió su función simplificando las tareas de cambio de escenario en cada acto. En su trabajo, Tito Celestino da Costa contó con la colaboración de Jenny Weston, responsable del movimiento en palco de los cantantes.Sobre todo, es lamentable que se desperdiciaran las notables cualidades dramáticas y musicales de los músicos que participaron en la representación. Los papeles protagonistas fueron cantados por el bajo-barítono Keel Watson y por la soprano Tinuki Olafimihan. Formado en el Trinity Colleg of Music, Keel Watson ha desarrollado su carrera en Londres, habiendo llegado a actuar bajo la batuta de directores del prestigio de Kent Nagano. Su potente voz y su imponente presencia en el escenario hicieron de él un Porgy de gran cualidad. Por su parte, Tinuke Olafimihan, nacida en Londres, tiene un timbre aterciopelado, con agudos facilísimos y excelentes cualidades expresivas que hacen de ella una perfecta Bess. Ha desarrollado su carrera en escenarios europeos, habiendo actuado e Inglaterra, Irlanda, Francia, Holanda y España, donde participó como Clara en la producción del Porgy and Bess presentada por el Teatro Real de Madrid en la temporada 1997/8. Recientemente cantó el papel de Bess en el Barbican Centre, al lado de Willard White, quien, después de sus grabaciones para Emi y Decca, es todavía hoy un Porgy de referencia.El resto de los cantantes, el barítono Ivan Thomas como Crown, la soprano Maureen Brathwaite como Clara, la mezzo Hyacinth Nicholls como Serena y el bajo Ronald Samn como Jake, evidenciaron su familiaridad con la obra y con sus respectivos personajes. Merecen una mención especial Margareth-Anne Richard y Ralfp Cato, fabulosos como Maria y Sporting Life. Todos ellos son magníficos intérpretes, con cualidades dramáticas que, si bien no les sirvieron de mucho durante la representación dadas las circunstancias en que tuvo lugar, se evidenciaron en los ensayos a los que tuve la oportunidad de asistir.En el Pavilhao Atlântico también estuvieron el Coro del Teatro Nacional de Sao Carlos, bajo la dirección de su titular Joao Paulo dos Santos, y la Orquestra Metropolitana de Lisboa, dirigidos por Eric Stern. Pianista y compositor, además de director, Stern es especialista en el repertorio musical de Broadway. Fue el responsable, junto con John Mauceri, de la serie de grabaciones de obras de Gershwin editadas por la Nonesuch Records con motivo del centenario del compositor. Hubiera sido un placer escuchar el trabajo realizado por Stern con los músicos de la Metropolitana, porque, por lo que se podía adivinar por detrás de aquel sonido plastificado y homogeneizado, todos ellos fueron capaces de interpretar la partitura de Porgy and Bess con todo el vigor que exige.
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