España - Castilla y León

Champán con solera

Samuel González Casado
martes, 19 de mayo de 2009
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Valladolid, viernes, 8 de mayo de 2009. Auditorio de Valladolid. Vasili Petrenko, director. Antonio Meneses, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Falla: El sombrero de tres picos, suite n.º 2: Danza de los vecinos (seguidillas), Danza del Molinero (farruca) y Danza final (jota). Camille Saint-Saëns: Concierto para violonchelo y orquesta n.º 1 en La menor, op. 33. Serguei Procofiev: Sinfonía n.º 7 en Do sostenido menor, op. 131. Ocupación: 80% de 1700
0,0001677 Última colaboración de Petrenko con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en esta temporada y de nuevo un gran concierto como resultado, más irregular que en otras ocasiones seguramente por la heterogeneidad de los estilos con que el director ruso debía medirse. Así, las interpretaciones de las tres Danzas de la Suite nº 2 de El Sombrero de Tres Picos pecaron de superficialidad en el tratamiento de los timbres orquestales. Faltó finura en la modulación dinámica, y los contrastes, tan violentos, me parecieron un poco ajenos al estilo que le puede ir mejor a esta música. Además, los desequilibrios entre familias de la OSCYL obligan a ciertas precauciones cuando la información melódica reside en la cuerda aguda, exangüe por momentos ante las arremetidas de percusión y metales en la Jota. Pese a todo, esta interpretación desbordó energía y ritmo, lo que la convirtió en disfrutable dentro de su bastante vacía espectacularidad.

Nada que ver esto, desde luego, con el discreto y delicado acompañamiento que orquesta y director regalaron al grandísimo violonchelista brasileño Antonio Meneses, que demostró una vez más ser un maestro. Es impresionante la madurez con que afrontó el espléndido Concierto para violonchelo y orquesta nº 1 de Camille Saint-Saëns, obra que a veces da pie a desmesuras y sentimentalismos. Aquí sólo hubo cabida para una traducción sin estridencias, inatacable en la elección de los tempi, con un fraseo riquísimo pero con proverbial respeto a lo escrito: un champán de lujo que burbujea dentro de una botella llena de solera y que no se desborda. Hay que destacar, además, la capacidad virtuosística al servicio del arte, sin lucimientos vanos, y la perfección con que todas las transiciones se vieron integradas en ese discurso humilde pero de intensa musicalidad. Una versión para gourmets, desde luego, que fue celebrada con un Bach de propina como hay pocos.

En la misma línea, ya con Petrenko y la OSCYL como absolutos protagonistas, puede hablarse de la interpretación de la Sinfonía nº 7 de Serguei Procofiev. Aquí sí que el de San Petersburgo acertó y pudo regalar una particular despedida de temporada en su salsa. La composición es heterogénea y a veces tiene dejes que recuerdan a otros compositores (Dvorak, Rachmaninov), pero posee una indiscutible unidad gracias a la inteligencia con que Procofiev la organiza, utilizando desde melodías memorables que reaparecen hasta una sarcástica mala leche que nunca llega a los límites de lo grotesco. Es misión del director resaltar tanto la variedad como la unidad, y sobre todo dar con el tono preciso en cada rincón para que el conjunto no se desequilibre. Huelga decir que Petrenko, como nos tiene acostumbrados, acertó prácticamente en todo (algún ‘tiempo muerto’ en el primer movimiento evita el pleno). Mostró, además, lo que no había demostrado en Falla: capacidad para la introspección, sin prisas ni aspavientos, y elegancia y lirismo en la "gran melodía". La orquesta lució, ahora sí, un inusitado equilibrio entre familias instrumentales, a las que el director sacó mucho partido.

Confiamos, con todo la anterior, poder disfrutar muchas veces de las visitas de Vasili Petrenko, que da mucha vida a la temporada y (casi) siempre es garantía de rigor musical y éxito de público; una combinación difícil que brinda, junto con artistas invitados como Antonio Meneses, ese logrado bouquet -carencias instrumentales aparte- que ya desprenden las interpretaciones de la OSCYL, premiadas siempre con su fiel legión de abonados.
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