España - Andalucía

Despedida del X Ciclo de Cámara, ¿hasta cuándo?

José-Luis López López
jueves, 18 de junio de 2009
Arnold Schoenberg © OD Arnold Schoenberg © OD
Sevilla, lunes, 11 de mayo de 2009. Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol. Daniel Müller-Schott, violonchelo solista; Stuttgarter Kammerorchester. Director, Michael Hofstetter. F. Mendelssohn-Bartholdy, Sinfonía de cuerdas nº 12 en Sol menor. F. J. Haydn, Concierto para violonchelo y orquesta nº 1, en Do mayor, VIIb.1. E. Bloch, From Jewish Life para violonchelo y orquesta de cuerdas. A. Schönberg, Verklärte Nacht (Noche transfigurada), Op. 4. X Ciclo de Cámara de la Fundación Cajasol. Concierto de Clausura. Asistencia: 85 % del aforo (600 plazas, unos 500 espectadores).
0,0003941 El Ciclo de Música de Cámara de la Fundación Cajasol (hasta hace 2 años, antes de la fusión de las Cajas de Ahorro El Monte y San Fernando, Fundación El Monte) ha cumplido su X edición. Desde el principio, y en progresión creciente, se ha caracterizado por su excelencia, en la primera línea de ciclos semejantes de toda España y Europa. Baste con señalar (sería excesivo mencionar aquí la relación exhaustiva) que en estas diez temporadas (con un promedio de 16-18 conciertos cada una) han pasado por la espléndida Sala Joaquín Turina solistas instrumentales y vocales como G. Leonhardt, T. Berganza, J. Achúcarro, A. de Larrocha, M. Bayo, B. Davidovich, D. Bashkirov, T. Pinnock, T. Mork, B. Hendricks, Sh. Mintz, Mª J. Pires, B. Douglas, M. Maisky, N. Stuttzmann, A. Gavrilov, Mª J. Montiel, J. Jansen, E. Leonskaja, A. Kirschchlager, Y. Bashmet, J.-Y. Thibaudet, J. Perianes, A. Staier, D. Sitkovetski, E. Mechetina, etc, etc. Y conjuntos de diversos tamaños, desde Orquestas de Cámara: I Musici, Academy of St. Martin-in-the-Fields, I Solisti, Solistas del Covent Garden, The English Concert, Ensemble Solistas de Sevilla, Die Kölner Akademie, New London Consort, Moonwinds, Bayerischen Kammerochester, London Baroque Ensemble, Ensemble Modern..., hasta Tríos (Guarneri, Arbós...), Cuartetos (Borodin, Carmina, Takács, Vogler, Tokio, Jerusalem, Juilliard, Brodsky, Casals, Kodaly, Kronos, Hagen, St. Petersburg, Petersen, Artemis, Pavel Haas, Kuss, Fine Arts...) y Quintetos (algunos Cuartetos anteriores reforzados por un 5º miembro, o el extraordinario Ensemble Wien-Berlin...). Algunos de los indicados han actuado varias veces. Y no puede silenciarse la ejecución, a lo largo de varias sesiones, de integrales camerísticas: Cuartetos de cuerda de Beethoven (Carmina, Takács, Vogler), los 15 Cuartetos de cuerda de Shostakovich (Borodin), Suites para violonchelo de Bach (T. Mork), los Cuartetos de Schnittke (Kronos), las Quince Sonatas del Rosario, de Biber (The Rare Fruits Council), Tríos y Cuartetos con piano de Dvorák (N. Tichmann, I. Bieler, M. Kliegel, con ilustres acompañantes), las 32 Sonatas para piano de Beethoven (N. Goerner, L. Lortie, J. Biss, J. Perianes). Y, por fin, en las últimas temporadas, estrenos absolutos, por encargo de la Fundación, de T. Marco, L. de Pablo, J.M. Sánchez Verdú.

Este ciclo de altísimo nivel, con un público fiel de abonados (la Fundación hubo de limitar los abonos puestos en venta, para dar oportunidades a otros oyentes) de alta preparación musical media, y de un amor inquebrantable a la mejor música, es, sin duda, uno de los patrimonios culturales vivos más importantes de Sevilla y su amplio entorno (que llega a toda Andalucía, y a Madrid, gracias a los excelentes medios de transporte actuales). Sería una pérdida irreparable, una catástrofe, un gigantesco paso atrás, que el presente concierto (que aún no hemos comenzado a comentar) de la Orquesta de Cámara de Stuttgart fuera la despedida definitiva de estos Ciclos, que han destacado gloriosamente durante la última década. Bastantes aficionados y algunos críticos han mostrado el temor, y la congoja, ante la posibilidad de que esa luminosa tarde-noche de tantos martes del año deje de ser el lugar de encuentro y deleite (tantas veces asombroso) de los amantes de la música de cámara, de la gran y buena música, patrocinada y organizada por la Fundación. Quien esto firma desea, espera, confía que este altísimo pabellón de Cajasol siga ondeando en la vida musical sevillana, en la XI edición y en las siguientes (no quisiera verlo arriarse mientras me quede vida, y que sea por muchos años). No puede negarse que hay crisis económica; pero, al menos, que la llama de esta luminaria no se apague del todo la próxima temporada, aunque, si fuera inevitable, disminuyera algo la calidad y cantidad del XI ciclo: el caso es mantener la continuidad hasta -si ese fuera el caso- que lleguen tiempos mejores

Pero, ahora, hay que hablar del deslumbrante concierto de despedida del X Ciclo. En el Land alemán de Baden-Württemberg florece una intensa vida musical: Musikhochschule de Freiburg/Br. (una de las más importantes de Alemania), de Karlsruhe, Mannheim, Stuttgart y Trossingen; agrupaciones musicales de primerísima referencia, como la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg, Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR, el Stuttgarter Kammerchor, y esta Stuttgarter Kammerorchester (entre otras muchas más). Fundada en 1945, es la Orquesta de Cámara profesional más antigua, que recibió en 2008 el Premio Europeo de Música de Cámara.

Comenzó el programa con una obra aparentemente 'inocente': la Sinfonía de Cuerdas nº 12, en Sol menor, la última de una serie que Felix Mendelssohn-Bartholdy compuso ¡entre los 12 y los 14 años!. Nadie lo diría: es una página arrasadora, que rebosa de construcciones contrapuntísticas, contrastes brillantes y empleo ocasional de pequeños grupos de entre el tutti de 18 miembros que componen la Orquesta. Desde la solemne Fuga: Grave-Allegro inicial al vigoroso Allegro molto final, pasando por el Andante central con su simétrico juego de variaciones, los intérpretes ejecutaron una partitura con exacta precisión y modulación, de un adolescente que, no lo olvidemos, poco más de dos años después, compondría el milagroso Octeto para cuerdas, Op. 20.

Siguió el Concierto para violonchelo y orquesta nº 1, en Do mayor, Hob. VIIb.1, de Franz Joseph Haydn (estamos en el 200º aniversario de su muerte). Compuesto entre 1765 y 1769, se perdió hasta que fue redescubierto en el fondo Radenin del Museo Nacional de Praga en 1961, tras lo cual se impone enseguida en el repertorio haydniano. El Moderato con el que comienza, bastante amplio, posee el mismo carácter y es construido según los mismos principios que el Concierto para violín y orquesta, en Do mayor, Hob. VIIa. 1 (1761): un ritmo de marcha de estructura simple, algo elemental. Pero el Adagio en Fa mayor que sigue, enormemente cantabile, está ya plenamente incluido en el Clasicismo con el que identificamos a su autor; tiempo de un lirismo que se acerca de puntillas al umbral del dramatismo, sin traspasarlo. En cuanto al finale, Allegro molto, se trata de una página extraordinaria, un verdadero fuego de artificio, de un impulso y un ardor de cabalgada de pasión, con casi un aire de movimiento perpetuo, exento de la más mínima uniformidad melódica y rítmica, en una condensación tal que exigió a los de Stuttgart mostrar toda su versatilidad: alta tensión y moderación al mismo tiempo. Enorme el violonchelista Daniel Müller-Schott, con un sonido pleno, carnoso, inigualable, que lo convirtió (a pesar de la compañía de una de las mejores Orquestas de Cámara del mundo) en la estrella de la noche.

Tras la pausa, en la segunda parte, sonó primero la música del casi olvidado (salvo en el ámbito judío) Ernest Bloch (Ginebra, 1880-Portland, Oregon, 1959). Este compositor, que no debe confundirse con su homónimo alemán Ernst Bloch (1885-1977) el famoso filósofo autor de Das Prinzip Hoffnung -El principio esperanza- también judío, emigró a EE.UU., en 1916 donde adquiriría la nacionalidad años más tarde. Vivió en la década de los 1930 en Suiza, pero regresó a su país de adopción, donde terminaría sus días. De su obra, en la que están muy presentes las raíces hebraicas, apenas se programa en nuestros días poco más que algunas de sus piezas de cámara. Así ocurrió también en esta ocasión: las melancólicas, idiomáticas, bellísimas tres partes que componen el ciclo From Jewish Life (De la vida judía), compuestas en Cleveland en 1923-1924: Prayer, Supplication y Jewish Song. El tríptico fue compuesto originalmente para violonchelo y piano, y el propio Bloch lo transcribió para orquesta de cuerdas. La Stuttgarter Chamberorchester llevó a cabo una interpretación llena de hondura y delicadeza, conmovedora, acompañando a un Müller-Schott prodigioso, sobrenatural. Por si no fuera poco, nos obsequió como “bis” nada menos que con la impresionante ‘Toccata’, de la Sonata para violonchelo solo (1957) del estadounidense George Crumb (n. 1929), uno de los compositores vivos de primera fila, autor del famoso cuarteto para violines I y II, viola y chelo electricos (¡asombrosa pieza!) Black Angels, escrita como protesta contra la guerra de Vietnam. Maravilla.

Con todo, el culmen de la velada fue Verklärte Nacht (Noche transfigurada), Op. 4, de Arnold Schönberg. Escrita para sexteto de cuerdas en 1899 (hay musicólogos que prefieren esta primera versión) fue trasladada por su autor a dos versiones para orquesta de cuerdas, en 1919 y en 1943. Esta última fue la que escuchamos en esta ocasión. Recordemos que esta partitura se incluye en el período “tonal” del compositor; inspirada en un poema del poeta místico entonces de moda, hoy olvidado, Richard Dehmel, puesto en música también por Anton Webern. El poema relata el diálogo entre el enamorado de una mujer que está esperando un niño de otro hombre. La música es como un comentario de los sentimientos expresados, y no como ilustración de acción alguna. En la tonalidad principal de Re menor -tonalidad 'fetiche' de los tres vieneses- su forma sigue la del poema, en cinco partes encadenadas: 1. Situación de la pareja en el tradicional claro de luna (muy lento); 2. Confesión de la mujer (más animado), con la presentación del tema principal; una frase cargada de dramatismo, que da lugar a un largo desarrollo cuya máxima intensidad corresponde a un dialogo atormentado entre las cuerdas graves y agudas; 3. Espera de la reacción del hombre, corto período de transición basado en el retorno del tema de introducción, intensamente resaltado, que acaba simbólicamente con la tonalidad distante de Mi bemol menor; 4. El paso a la segunda mitad de la obra se lleva a cabo por el deslizamiento armónico sobre un Re mayor luminoso, de una textura casi transparente (murmullos de las cuerdas con sordina), en la que aparece el segundo tema principal; esta cuarta parte, que corresponde a la respuesta del hombre, cuyo amor triunfa sobre la prueba a la ha sido sometido, prosigue en largo dúo que desembocará sobre una nueva cumbre apasionada, con el retorno del primer tema 'transfigurado' por el modo mayor; 5. Finalmente, una larga coda concluye este himno a la Naturaleza y a la redención por el amor, lejano eco de, entre otros, de un tema wagneriano. Pieza tan sublime conmocionó al público, que premió la exquisita labor, la impecable ejecución de la Orquesta de Cámara de Stuttgart con interminables aplausos.

Este final no puede ser el último: nos encomendamos a la gran Fundación Cajasol, y digamos confiados: ¡hasta la próxima temporada, en el XI Ciclo de Cámara!
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