Rusia

El fruto de la tradición

Maruxa Baliñas
lunes, 10 de agosto de 2009
San Petersburgo, lunes, 13 de julio de 2009. Teatro Mariinski. Gala de ballet: Divertissement e In the night. La noche de Walpurgis, coreografía de Laonid Lavrovski sobre música de Charles Gounod (escena de la ópera 'Fausto'). Interpretado por Tatiana Tkachenko, Yuri Smekalov, Andrei Ivanov y otros. Pas de deux y Variación de 'Don Quixote', coreografía de Alexander Gorski sobre música de Ludwig Minkus. Interpretado por Anastasia Kolegova y Yevgeni Ivanchenko (Pas de deux) y Elena Evseyeva (Variación). Requiem for the Narcissus, coreografía de Yuri Smekalov sobre música de Clint Mansell arreglada por Lux Aeterna. Interpretada por Vladimir Shkliarov. Adagio de 'Espartaco', coreografía de Leonid Yakobson sobre música de Aram Jatchaturian. Interpretado por Daria Pavlenko e Ilia Kuznetsov. Tango (Fugato), coreografía de Alexei Miroshnichenko sobre música de Astor Piazzolla. Interpretado por Viktoria Tereshkina y Alexander Sergeyev. El cisne, coreografía de Michel Fokine sobre música de Camille Saint-Saëns. Interpretado por Irma Nioradze. Pas d'action del ballet 'La Bayadera', coreografía de Marius Petipa revisada por Vajtang Chabukiani sobre música de Ludwig Minkus. Interpretado por Anastasia Petushkova, Andrei Ermakov y otros. In the Night, coreografía de Jerome Robbins sobre música de Frédéric Chopin. Interpretado por Anastasia Matvienko, Denis Matvienko, Maya Dumchenko, Konstantin Zverev, Yekaterina Kondaurova y Danila Korsuntsev. Orquesta del Teatro Mariinski. Valeri Ovsianikov, director musical. XVII Festival 'Estrellas de las Noches blancas'.
0,0002326 La gala se dividió en dos partes. La primera de ellas, Divertissement, fue propiamente lo que se entiende por una gala de ballet, mientras la segunda, In the Night, estuvo íntegramente dedicada al ballet homónimo estrenado por Jerome Robbins en 1970, que se estrenó en la URSS en 1992, precisamente en el Teatro Mariinski.

In the Night no es el ballet más innovador de Robbins, pero si una obra redonda, que funciona muy bien y da posibilidad de lucimiento a los seis bailarines, por lo que es representada a menudo por ballets muy diversos y no sólo el New York City Ballet que lo estrenó. Concebido como un retrato de las relaciones de pareja, en el escenario se combinan tres parejas de bailarines, cada una de ellas con un planteamiento de sus relaciones bien diverso. Al principio las tres parejas salen una detrás de otra y 'presentan' su modo de relacionarse entre sí y con su entorno. Después empiezan las tres parejas empiezan a entremezclarse y acaban las tres juntas en el escenario para la parte final (Nocturno op. 9 nº 2). El primer pas de deux, interpretado por el matrimonio Matvienko, presenta la relación desde un punto de vista romántico y un poco formal (Nocturno op. 27 nº 1) y fue la que más me gustó técnicamente. La segunda parte (Nocturno op. 55 nº 1), a cargo de Maya Dumchenko y Konstantin Zverev, es la más interesante técnicamente pero me resultó más confusa en lo expresivo. La tercera (Nocturno op. 55 nº 2) es la más animada y explícita sexualmente: Yekaterina Kondaurova y Danila Korsuntsev estaban claramente en su estilo, trasmitieron muy bien sus planteamientos y de hecho en la parte final, con los seis bailarines en escena, fueron los más atractivos.

Es justo destacar también la interpretación de Alexandra Zhilina, quien tocó el piano en directo muy atenta en todo momento a los bailarines sin por ello dejar de hacer una interpretación muy meritoria de los cuatro Nocturnos, que no desmerecería en ninguna sala de conciertos.

La primera parte de la gala fue el batiburrillo habitual en esta clase de espectáculos: bailarines buenos y no tan buenos, estrellas ascendentes y otras muy asentadas, números de técnica mezclados con otros fundamentalmente expresivos, y todo ello presentado con tanta rapidez, buscando más el contraste que la evolución, que por momentos costaba entrar en el espectáculo. Lo noté especialmente en el caso del pas de deux y variación de Don Quixote, ballet que había visto completo pocos días antes. Anastasia Kolegova y Yevgeni Ivanchenko no lo hicieron tan bien como Alina Somova y Mikhail Lobukhin (los protagónicos en esa representación anterior), pero para tratarse de dos bailarines relativamente jóvenes (especialmente en caso de Kolegova, quien ingresó en el Mariinski hace apenas tres años y aún no tiene ninguna categoría especial) no desmerecieron en absoluto. Elena Evseyeva interpretó su 'Variación' de Don Quixote con gran corrección y estilo adecuado, pero lo que en otras muchas compañías sería una actuación meritoria, para los cánones de Mariinski se quedó en buena 'a secas'.

La gala se inició con La noche de Walpurgis de Lavrovski. Protagonizado por Tatiana Tkachenko, otra espléndida bailarina joven de la compañía, destacó además Andrei Ivanov, en el papel de Pan. Ivanov me pareció un bailarín un poco pesado para ser 'de bravura', sobre todo al comienzo de la coreografía, pero tiene equilibrio e hizo una gran demostración de todos los retos técnicos que le plantea Lavrovski. Me gustaron también mucho los cuatro 'seres primitivos' del cuerpo de baile: Fiodor Murashov, Vasili Tkachenko, Ilia Petrov y Oleg Demchenko.

El primer culmen de la gala llegó con la tercera de las piezas presentadas: Requiem para Narciso (2008-2009) de Yuri Smekalov -el bailarín que acompañó a Tkachenko en La noche de Walpurgis-, que sin embargo no fue bailada por él, sino por Vladimir Shkliarov, otro bailarín joven (lleva dos años como solista de la compañía, en la que ingresó el mismo año de su graduación en 2003). Smekalov, a quien no conocía en su faceta de coreógrafo, me pareció un nombre a tener muy en cuenta. Como coreógrafo ha trabajado principalmente con algunos de los principales patinadores de Rusia y con ellos ha conquistado un buen número de galardones, además de un diploma Benois (2008). Como bailarín ha sido solista durante diez años en el Eifman Ballet -con el que ganó una 'Máscara dorada' (2008)- y ahora lo es del Mariinski. El curriculum de Shkliarov no le va a la zaga, y a juzgar por lo que vi en este Narciso es un bailarín que puede convertirse en una de las grandes figuras de la danza clásica en los próximos años.

Tras Narciso, se presentó uno de los clásicos de este tipo de galas: el Adagio de Espartaco, interpretado por Daria Pavlenko e Ilia Kuznetsov. Para gran parte del público este fue el primer gran número de la noche y recibieron numerosos aplausos.

El Tango de Alexei Miroshnichenko volvió a combinar antiguo y moderno con una gran flexibilidad. Miroshnichenko es otro coreógrafo muy joven, también formado en San Petersburgo como Smekalov, y de una edad semejante, que ya ha presentado algunas de sus coreografías fuera de Rusia (New York City Ballet, entre otros). Personalmente me gustó más el trabajo de Smekalov, pero sin duda Miroshnichenko es un gran coreógrafo que demuestra que el ballet en Rusia sigue vivo.

Los dos números finales de esta primera parte de la gala fueron nuevamente dos clásicos de los que no pueden faltar. Primero Irma Nioradze, una de las grandes estrellas de la compañía, hizo la mejor versión que vi nunca -en vivo- de El cisne de Saint-Saëns, en la coreografía de Fokine. Nioradze es una bailarina impresionante en todos los aspectos, pero lo que más me impresionó es su técnica de brazos, la cantidad de expresividad que acumula en ellos. Tiene además medida al milímetro toda la coreografía, de modo que la agonía del cisne progresa con total coherencia, cada movimiento va un poco -pero sólo un poco- más allá, la muerte llega cuando tiene que llegar, ni un momento antes, y ese control expresivo es una de las cosas más difíciles de lograr para un artista.

Para terminar la parte inicial de la gala, el Pas d'action de La Bayadera, en la revisión de Vajtang Chabukiani de la coreografía tradicional de Petipa. Como suele ocurrir en los números de bravura tanto en el Bolshoi como en el Mariinski, el público local fue muy exigente con los bailarines, quienes haciendo prodigios técnicos conseguían tan sólo una aprobación moderada y unos aplausos cariñosos. Anastasia Petushkova es la única que consiguió ser 'braveada' al final de sus intervenciones, a pesar de que Andrei Ermakov  y el resto de los participantes demostraron también una competencia que sólo décadas, por no decir siglos, de escuela depurada pueden alcanzar.
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