Alemania

¿Rossini semiserio o casi trágico?

Jorge Binaghi
viernes, 7 de agosto de 2009
Bad Wildbad, jueves, 16 de julio de 2009. Kurhaus. La gazza ladra, Milán, Teatro alla Scala, 31 de mayo de 1817. Libreto de Giovanni Gherardini y música de G. Rossini. Escenografía: Anton Lukas. Vestuario: Claudia Möbius. Dirección escénica: Anke Rauthmann. Intérpretes: Sandra Pastrana (Ninetta), Stefan Cifolelli (Giannetto), Maurizio Lo Piccolo (Podestà), Ugo Guagliardo (Fernando), Luisa-Islam-Ali-Zade (Pippo), Giulio Mastrototaro (Fabrizio), Elsa Giannoulidou (Lucia), Kornelia Gocalek (La gazza), y otros. Orquesta Virtuosi Brunensis y Classica Kammerchor de Brno (maestro de coro: Pavel Konarek ). Fortepiano y asistencia musical: Marco Bellei. Director: Ryuichiro Sonoda. Aforo completo
0,000237 Antes del ‘hermano mayor’, en Pesaro, la pequeña localidad termal de la Selva Negra tiene su Festival Rossini (¿o debería escribir Rossini Festival, a la inglesa?) que se llama, mejor, ‘Rossini in Wildbad’. El llamado Cisne de la localidad italiana parece haber encontrado buenas aguas termales en esta otra: el pueblito sigue siendo encantador, las aguas son buenas y estar tres días puede ser una buena minivación (con mal tiempo de verano incluido).

Para la inauguración había habido una versión en concierto de esta misma ópera, pero con algún cambio en el reparto (dos, creo) y la dirección de Zedda (que lamenté perder). Hubo algún otro concierto y otro con ejemplos musicales de una conferencia recordando a Schiller -es su año- y su relación con la ópera al que no pude asistir aunque me encontraba en la ciudad. El grueso de la programación eran dos obras en versión escénica y una función en concierto de otra, auténtica desconocida. Ya hablaremos, por orden cronológico, de las dos últimas. Ahora ocupémonos de esta ‘urraca’ de la que hasta mi juventud poco conocíamos aparte de la célebre -con motivo- obertura. Ahora, si no se ha convertido en título de repertorio (aunque el Liceu barcelonés la programó una vez en una buena versión tradicional que no sé si sus actuales directores propondrían, dada la verdadera manía anglosajona que parece aquejarlos…), la he visto ya, con esta tres veces, y la anterior justamente -leer reseña de hace dos años- en Pesaro.

Naturalmente, este Festival no tiene ni tanto dinero ni tanta fama, y apunta a artistas jóvenes, más o menos conocidos, a algún veterano y a algún nombre de fama que está libre y desea venir. Incluso sucede que quien desempeña un papel de compromiso en un título aparezca al día siguiente en una parte de comprimario, lo que no parece nada mal, sobre todo cuando de jóvenes o veteranos se trata.

La obra sigue siendo un poco larga y, como su protagonista, algo monótona, y para los niveles de una ‘semiseria’ (porque pese a todo termina bien, a diferencia del hecho real que la inspiró), más bien sombría, pero la música es de primer orden (incluso la breve aria de ‘Lucia’ que antes se cortaba y ahora da ocasión a una buena mezzo como la de aquí, sin mucho volumen -característica de muchas de las voces, que no sé si oirían en un recinto más grande aunque la acústica fuera mejor que la no muy reconfortante de aquí- pero con una buena escuela de canto).



© 2009 by Annette Wandel

Es lástima que alguno de los personajes secundarios como ‘Pippo’ o ‘Fabrizio’ no estén mejor definidos o no tengan algún momento de lucimiento, sobre todo cuando aquí estaban los muy buenos Mastrotaro en el segundo y la ya conocida mezzo Ali-Zade (muy entregada y con una dicción que fue mejorando con el transcurso de la obra). El coro, entusiasta y voluntarioso, es claramente mejorable, como se nota, en particular en el sector masculino en la escena del juicio del segundo acto.

Del cuarteto protagonista destacó sobre todo Guagliardo, no sólo por el color y el volumen, sino por el dominio de las dificultades de su parte, tanto de fraseo como puramente ‘vocales’ (‘Fernando’ es el más ‘serio’ de todos y tiene algunas frases ‘verdianas’ al tiempo que un canto de agilidad muy exigente). Pastrana entró con su cavatina de modo poco feliz, la voz sonaba dura y metálica y sin fuerza, pero de inmediato fue mejorando y demostrando sobre todo tener un agudo seguro y extenso. Lo mismo no se puede decir de Cifolelli, una voz incisiva pero fea, de agudo discutible en su emisión y diminuta; tampoco el actor es feliz ni su fraseo particularmente interesante. Lo Piccolo es un caso extraño; se trata de un bajo joven y de buena presencia que da de entrada las características del malvado de turno, el ‘Podestà’. Tiene algunas frases verdaderamente imponentes, sea en el aria, en los dúos y conjuntos o en los recitativos: el centro es ancho y bello, el agudo suficiente; pero cuando uno menos se lo espera la voz desaparece (no sólo porque el grave es de poco volumen y no mucha extensión). Supongo que ‘sólo’ se trata de trabajar aún un poco más.

La orquesta, procedente como el coro de Brno, también era muy entusiasta y sonaba muy bien (la mencionada acústica la ponía demasiado en evidencia y sobre todo los graves de todos los sectores resonaban bajo mis pies), pero el maestro en vez de atenuar los problemas los agudizó con un volumen y ritmo verdaderamente militares, a los que pocos momentos escaparon.

Los comprimarios estuvieron discretos (unos más que otros) y la ‘urraca’ (una atractiva Kornelia Gocalek) hizo todo lo que le marca la puesta en escena, que empezó del peor de los modos, con una ‘ilustración’ de la obertura (¿cómo alguien se iba a perder semejante oportunidad?) en la que una muchacha del pueblo es violada por un militar ante la vista de un subordinado y luego se convierte en la dichosa urraca vengativa, que en la obra parece, no muy claramente, tener sentimientos encontrados frente a ‘Ninetta’. Lo cierto es que luego la obra discurrió por cauces normales sin ruidos ni agregados (sean tonterías o genialidades de esas que se estilan en las nuevas concepciones de la presentación de las óperas, particularmente pero no sólo en Alemania).
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