España - Madrid

Música de los ministriles

Judith Ortega
miércoles, 10 de noviembre de 1999
Madrid, sábado, 30 de octubre de 1999. Iglesia Vieja del Monasterio de El Escorial. Obras de Francisco Guerrero, Antonio de Cabezón, Samuel Scheidt, Johann Hermann Schein, Johann Vierdanck, Alessandro Orologio, Carlo Ferina, Benedetto Ré, Hernando de Cabezón. Concerto Palatino: Bruce Dickey, corneta; Doron David Sherwin, corneta; Charles Toet, sacabuche; Harry Ries, sacabuche; Wim van Beku, trombón de varas bajo; percusión. IV Ciclo de Música Española. Los Siglos de Oro. Centenario de la muerte de Francisco Guerrero.
0,0001264 El tercer bloque del ciclo Los Siglos de Oro se ha dedicado este año a conmemorar el centenario de la muerte del importante compositor sevillano Francisco Guerrero (1528-1599). Así, a lo largo de cuatro conciertos la música de este compositor ha sido interpretada por Tallis Scholars, Pro Cantione Antiqua, Concerto Palatino ?que comentamos hoy- y el organista Jan Willem Jensen.Sobre este concierto, en primer lugar, hay que señalar la excepcional oportunidad de recuperar un repertorio prácticamente desconocido como es el de la música instrumental antigua. La figura del ministril como intérprete de esta música dentro en los diferentes ámbitos de actividad de la época nos es aún desconocida. En este sentido cabe destacar la labor del musicólogo Juan Ruiz Jiménez que viene a llenar esta laguna. Además de la interpretación de obras instrumentales dentro del concierto, Caja Madrid, también ha publicado la transcripción de cinco de estas obras -Si el mirar, No me podré quejar, Todos amor, Subiendo amor y Adiós mi amor-, realizada por Ruiz Jiménez, autor también de las notas de todos los conciertos, en las que se abunda en la necesidad de recuperar el repertorio teniendo en cuenta el contexto para el que fue creado. Esta idea enlaza con la de la organización, ubicándo estos conciertos en los espacios para los que fueron concebidos. Este hecho es valorable de forma positiva, pero sin olvidar que es más un sueño que una realidad, ya que tampoco esos lugares son los mismos y las iglesias se han convertido en salas de concierto cuando eran el espacio para la celebración de la liturgia. A pesar de todo no cabe duda de que los lugares escogidos son bellísimos, pero no siempre posean las condiciones acústicas idóneas para la interpretación musical.Como decíamos, el repertorio de la música instrumental hasta el siglo XVIII duerme en los archivos, siendo aún muy escasas las obras que se han recuperado. No sólo se desconoce la música, sino otros elementos relacionados con la función y la difusión. Las obras instrumentales de Guerrero son canciones de las que no se conserva el texto y que han sido difundidas a través de libros para ministriles. Como bien ilustran las notas, algunas de estas obras eran anónimas, pero cotejando diferentes fuentes se ha llegado al conocimiento de la autoría de Francisco Guerrero. Esta música se interpretaba en las misas de festividades de primera clase después de la Ofrenda, la Epístola y Comunicada, según el ceremonial de la catedral de Sevilla. El lenguaje instrumental, poco desarrollado puede hacer pensar que fueron concebidas para ser cantadas. Pero el hecho es que no se conserva la letra, y su difusión ha tenido lugar a través de los libros de ministriles, que es donde se han conservado y el lugar de su procedencia.Todas estas consideraciones nos remiten a lo interesante del programa. Además de las citadas obras instrumentales de Guerrero, el repertorio era muy variado y se incluían obras de otros compositores como Scheidt o Schein, cronológicamente posteriores a este músico, de los cuales también se tocó música instrumental. Dos obras para tecla fueron interpretadas por Jacques Ogg, quien posee un gran dominio de la técnica, pero cuyo acercamiento a las obras es poco riguroso con las dinámicas ofreciendo versiones muy particulares.La actuación del Concerto Palatino merece un importante reconocimiento. El esfuerzo a la hora de tocar los instrumentos antiguos como los sacabuches o las cornetas se apreciaba a simple vista. Ofrecieron una ajustada afinación y es de señalar el gran nivel interpretativo de cada uno de los instrumentistas. No podemos obviar la parte de la percusión en la que se alternaban algunos de los músicos, que nos hizo hasta pasar un rato divertido. El acercamiento de este grupo a las obras es muy personal, con instrumentos históricos, pero en el que la interpretación para a ser recreación de lo que debía ser la música, lo cual no les resta mérito, sobre todo cuando consiguen acercar al público un repertorio que no es fácil; pero acusamos en todo un excesivo uso de recursos sobradamente efectivos como es la percusión. En la obra de Benedeto Ré titulada Canzona a 4, accomodata suonares duoi Chori (Mailand, 1609) se dividieron como indica el título dos a dos a ambos lados del recinto, pero la acústica no permitía una óptima percepción del efecto ?al menos desde donde yo me encontraba-.Sin duda el concierto fue un éxito. Ante la cantidad de los aplausos, y demás demostraciones de júbilo ?entre el público había hasta quien se levantó y gritaba palabras de aliento a los músicos-, fue premiada con dos bises: dos piezas de nuevo con alardes de percusión y acrobacias que fueron de nuevo muy felicitadas.
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