Opinión

El anuncio de la reapertura del Teatro Colón

Susana Desimone
lunes, 16 de noviembre de 2009
0,0003224 Es difícil creer que el acto realizado el día 10 de noviembre, a las 19 hs., en el Salón Emperador del Hotel Panamericano, perseguía solamente una finalidad vinculada con el arte, desvinculada de lo político.

Es cierto que, el motivo central de la convocatoria estaba motorizado por el anuncio de la reapertura del Teatro Colón, largamente esperada, para el 25 de mayo de 2010, fecha coincidente con el Bicentenario de la Revolución de Mayo.

Y a medida que nos aproximábamos al lugar de la cita, pudimos observar numerosos carteles o afiches en los alrededores del Teatro, que mostraban dos lacayos con librea, conocidos como “valetti”, que en otros tiempos abrían las puertas del teatro a los abonados a las funciones de gala.

Esa misma ilustración figura en las tapas del elegante folleto en el que se anuncia la Temporada 2010, y en la edición especial de la Revista del Teatro Colón, correspondiente a los meses de septiembre y octubre de 2009.

El metamensaje resultaba claro: vuelven los viejos buenos tiempos al Colón, los tiempos de las galas, la ropa de etiqueta y las damas elegantes y enjoyadas en la platea.

Al llegar a las puertas del Hotel, un grupo de integrantes de la Orquesta Académica del Teatro, interpretaba algunos temas musicales mientras otros repartían volantes en los que se recordaba que dicha orquesta tenía como fecha de comienzo de sus actividades el día 5 de marzo de 2009, que los cuerpos del Instituto Superior de Arte comenzaron sus actividades “con excepción de nuestra orquesta”, y que sus intentos de comunicación con el Director García Caffi y la Licenciada Ana Massone fueron vanos, aunque les fue enviado un correo electrónico en el cual se prometía que “a la brevedad se les explicitará en una reunión el nuevo programa de estudios que regirá a la Orquesta.”

Al salir, una vez finalizados los anuncios oficiales, los músicos de la Orquesta Académica seguían en la vereda, olímpicamente ignorados.

Sin embargo, curiosamente, en la página 52 del folleto dedicado a las actividades a desarrollarse durante el año 2010 figura la Orquesta Académica del Teatro Colón, con un concierto programado para el día 15 de julio, en el Anfiteatro del Parque Centenario, como parte de la “Temporada de Verano”.

Quizá llevados por cierta influencia europea, los organizadores parecen no haber advertido que el mes de julio corresponde a la plenitud del invierno en la latitud de Buenos Aires, como así tampoco habrán notado que la orquesta en cuestión sigue sin estar anoticiada de lo que se proyecta en relación con ella.

Pero, volvamos a la ceremonia.

Durante una larga media hora, antes de que se abrieran las puertas del Salón Emperador, se sirvieron bebidas y delicados bocaditos mientras crecía el número de invitados, periodistas y público asistente, que registraban su presencia frente a un largo escritorio atendido por cuatro señoritas de largos cabellos rubios y aspecto de modelos, que parecían haber sido cuidadosamente elegidas.

Al permitirse el ingreso al Salón, los concurrentes fueron tomando ubicación y, luego de algunos minutos de expectativa, apareció el señor Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, acompañado por el Jefe de Gabinete y algunos de sus miembros, por algunos miembros de la Legislatura y por el Director General del Teatro, Pedro P. García Caffi.

El Ingeniero Macri se refirió a aspectos financieros de su gestión y expresó su esperanza de que el Teatro vuelva a ser “el faro que por décadas irradió a esta ciudad, a nuestro país y al mundo”.

A su turno, el Jefe de Gabinete expresó el placer que le había deparado el trabajo en equipo con García Caffi, en lo relativo al aspecto edilicio y a la futura programación del Teatro.

García Caffi, por su parte, con voz casi quebrada por el nerviosismo, la emoción, o vaya uno a saber por qué otra circunstancia, invitó a presenciar dos videos, uno referido a las obras de restauración y refacción del edificio y el segundo destinado a enumerar, brevemente, las obras que se presentarían a lo largo de 2010.

Finalmente, invitó a los presentes a seguir compartiendo una copa y a formular todas las preguntas que estimaran pertinentes.

Sin embargo, esa invitación se vio frustrada por la gran cantidad de personas ansiosas de acercarse a saludar y felicitar a las autoridades y no, precisamente, a formular preguntas al estilo de una conferencia de prensa.

Así quedaron sin respuestas preguntas tales como las siguientes:

1. ¿Qué ocurrió con los anuncios formulados, el día 13 de febrero de 2008, por el Ingeniero Macri y el ex Director del Teatro H. Sanguinetti, para la temporada 2010 del Teatro Colón?

2. ¿Con los artistas mencionados en aquella ocasión, se había llegado a firmar algún contrato y, en caso afirmativo, éstos fueron luego rescindidos?

3. Respecto al pedido formulado a la entidad 'World Monuments Fund', en el sentido de solicitar el envío de una misión para elaborar un informe sobre el proyecto del Teatro Colón y su estado actual ¿ha tomado alguna intervención la Comisión de Patrimonio Artístico y Paisajístico para elaborar un nuevo informe tal como se hizo en los años 2007 y 2008?

4. ¿Qué decisión se adoptará respecto de los agentes trasladados a otras áreas del Gobierno de la Ciudad, (hospitales, Ministerio de Salud) en tareas administrativas, contables, etc. cuyos pases ignoraron por completo su formación y experiencia de años en el Teatro Colón?

5. A pesar de la supresión de espacios destinados a algunos talleres ¿seguirá siendo el teatro Colón un productor de obras propias o se limitará a importar espectáculos armados en el exterior?

En cuanto a la programación en sí misma, debemos decir, como muy bien lo ha manifestado el crítico Federico Monjeau en el diario Clarín, que la función inaugural prevista adolece de un convencionalismo y facilismo, rayanos nuevamente (como en la celebración del 25 de mayo de 2008) en las características de los actos escolares. Y agrega el señor Monjeau: “Había, de todas formas, alternativas menos convencionales que esta gala. Sin ir más lejos, el Teatro Argentino de La Plata celebrará el mismo día con La Estancia de Ginastera y la ópera Ainadamar de Golijov, el músico argentino de mayor trascendencia en el circuito lírico internacional, a quien buena parte de la crítica estadounidense estima entre los autores más importantes de nuestra era”.

Por otra parte, ya se ha descartado -para la velada de reinauguración, como oportunamente se anunciara- la presencia de Barenboim y los coros y orquesta de la Scala de Milán. En principio se trata de una postergación para fines de agosto con dos Aídas en versión de concierto y una Misa de Réquiem de Verdi. Y en la misma semana, podríamos disfrutar de Barenboim dirigiendo la Novena Sinfonía de Beethoven, con la West Eastern Divan Orchestra.

También resultó sorprendente la “autocontratación” de García Caffi para la puesta en escena, escenografía e iluminación de la ópera Katia Kabanova, dado los escasos antecedentes del Director del Teatro en los rubros mencionados, que se limitan a la puesta de Edipo Rey en el Teatro Argentino de La Plata, cuando era su Director.

Por supuesto, aguardamos con ansia la presencia de los grandes solistas de conciertos cuyos nombre han sido publicados en la programación.

Esa ansiedad no impide que resulte evidente la ausencia de grandes nombres de la lírica -con excepción de los excelentes cantantes argentinos que sí estarán presentes- lo que deberemos atribuir a la urgencia de convocatoria por parte de la Dirección del Teatro y a la dificultad de los grandes artistas internacionales para alterar sus agendas planificadas con gran antelación.

Finalmente, digamos que, más allá del optimismo triunfalista con que se presentaron nombres, títulos, obras y actividades, queda la sensación de que la tendencia general es la del retorno a un teatro de minorías ilustradas, un teatro pensado especialmente -como bien señala Diego Fischerman en el diario Página 12- “para cinco mil amantes de la ópera y el ballet que, si todo sale bien, comprarán los abonos, y no para los habitantes de la ciudad en general -incluyendo al público de la cultura- que a partir del año próximo aportarán 140 millones de pesos anuales para financiarlo.”

Pero, aunque quien esto escribe lo lamente profundamente, pareciera que, para el Gobierno de la Ciudad, para la Dirección del Teatro Colón y para buena parte de los ciudadanos porteños, esos son detalles menores que no tienen demasiada relevancia.
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