Discos

Formalismo espiritualista

Paco Yáñez
lunes, 23 de noviembre de 2009
Jonathan Harvey: Cuartetos de cuerda Nr. 1-4; Trío de cuerda. Arditti Quartet. Gilbert Nouno (IRCAM), realización informática musical. Kaisa Pousset y Harry Vogt, productores. Ute Hesse y Jérémie Henrot, ingenieros de sonido. Dos SACDs DDD de 93:18 minutos de duración grabados en el Rosbaud-Studio de la SWR Baden-Baden (Alemania), del 10 al 14 diciembre de 2007. æon AECD 0975
0,0001996 La pasada semana, reseñábamos en la sección discográfica de Mundoclasico.com [leer reseña] el ciclo de cuartetos de cuerda del compositor alemán Jörg Widmann para el sello MDG (307 1531-2). Siete días después, nos encontramos con otra integral para dicha formación, en este caso la del compositor británico Jonathan Harvey (Sutton Coldfield, 1939), un creador que este año ha visitado las páginas de nuestro diario debido a su importante presencia en la programación de diversos festivales europeos.

Si en el caso de Widmann su ciclo de cuartetos se ha construido con una celeridad pasmosa, por lo que a Jonathan Harvey se refiere su alquitarado cuartetístico ha requerido casi treinta años de meticulosa composición para completar un corpus que nace en 1977, con su Cuarteto de cuerda Nº1, y que se cierra -por el momento- ya en el siglo XXI, con el Cuarteto de cuerda Nº4 (2003). Este recorrido expone los valores principales de la obra de Harvey, con su entregada atención a los aspectos formales -inculcada por maestros como Erwin Stein, Hans Keller o Milton Babbit- y su anhelo integrador para dar cabida en su música a una espiritualidad muy marcada por su acercamiento al budismo -con notabilísimas influencias de Rudolf Steiner-.

El Cuarteto de cuerda Nº1 supone el inicio de un ciclo muy compacto en el que lo espiritual marca un camino a seguir, en este caso a través de tonos expansivos que van generando universos armónicos y melódicos muy abigarrados. El timbre, los elementos consonantes y disonantes, así como un refinado trabajo en la afinación de las cuerdas, dan lugar a una obra muy atmosférica por sus texturas, al tiempo que muy abierta, esfumada y meditativa, con un carácter por momentos casi ‘rothkiano’.

Estructurado en tres secciones, el Cuarteto de cuerda Nº2 (1988) aborda un estudio de la melodía a través de la temperatura del color tímbrico y su filiación a los conceptos de ‘frío’ y ‘calor’; asociados en la dramaturgia de Harvey a elementos caracteriales ‘femeninos’ y ‘masculinos’ cuyo diálogo va marcando distintos modos de explorar el universo melódico hasta su proceso disolutivo final. El contrapunto y los cuartos de tono marcarán también esta travesía por la melodía, en toda una convocatoria de los recursos que enriquecen su exposición en la música actual, sin obviar la permanente vigencia de los modelos que nutren esta formación instrumental desde sus mismos orígenes.

Muy cercano en estilo al Segundo Cuarteto está el Cuarteto de cuerda Nº3 (1995), que de hecho toma del anterior una serie de motivos que se hacen de nuevo audibles en diversos pasajes de su recorrido, para compactar si cabe aún más este ciclo. De nuevo, el desarrollo melódico explora procesos microinterválicos, así como el color del timbre y la tensión dramática a través de una música que rehuye toda frialdad academicista.

El Cuarteto de cuerda Nº4 supone una suerte de camino hacia el nirvana a través de los cinco ciclos que constituyen esta obra, con una evolución extática que nos deja en lo que Jonathan Harvey denomina “jardín del paraíso”. La parte electrónica, desarrollada conjuntamente con Gilbert Nouno en el IRCAM parisino, se presenta muy intrincada con los instrumentos de cuerda, en la que para Arnold Whittall es una de las composiciones más logradas y profundas del británico; algo que podemos suscribir, sin duda, al escuchar una pieza de gran belleza tanto formal como espiritual. Se trata de una obra muy serena, en la que el color es importantísimo, así como el espacio en que éste disemina sus brochazos tímbricos, lo cual va creando una sensación de pertenencia a su atmósfera serena y subyugante, que se vive como un estado conquistado por el oyente a lo largo del proceso de penetrar en el universo alquitarado por Harvey.

El vibrante Trío de cuerda (2004) supone una verdadera dinámica de contrarios, en la que se alternan tanto los modelos de producción sonora como los ambientes evocados. Con un arranque inspirado en la música folk, estos pasajes de carácter más popular e ‘irreverente’ se van intercalando con materiales más circunspectos y místicos derivados de la magna Passion and Resurrection (1981); proceso que va alcanzando una suerte de síntesis entre lo sagrado y lo profano a medida que llega a su final y los motivos se van integrando convenientemente asimilados.

Todas las versiones corren a cargo del cuarteto que más y mejor ha defendido estas partituras en las últimas décadas: el Arditti Quartet londinense, un conjunto que no necesita presentación alguna para los buenos aficionados a la música contemporánea. No es éste el primer acercamiento discográfico del Arditti a los cuartetos de Jonathan Harvey, pues ya en los años noventa habían grabado para el sello francés Montaigne (MO 782034) un magnífico compacto -hoy descatalogado- con, entre otras composiciones, los dos primeros cuartetos de cuerda del británico. Dedicatario de estos cuartetos, al tiempo que conjunto que ha ofrecidos sus respectivos estrenos, el Arditti Quartet -actualmente formado por Irvine Arditti y Ashot Sarkissjan en los violines, Ralf Ehlers en la viola y Lucas Fels con el violonchelo- muestra un sonido impecable en unas versiones que pienso mejoran incluso las del sello Montaigne, al ahondar más en el calado espiritual de estas obras, que ejecutan de forma técnicamente impecable de nuevo, pero si cabe con mayor madurez y reflexividad, donde antes afilaban un discurso más punzante, directo y contundente. Se trata de un conjunto de lecturas absolutamente referenciales, parte de un compacto que será de adquisición obligada para conocer en mayor profundidad la música de Jonathan Harvey, una de las voces ineludibles en el panorama de la música actual británica.

Las tomas sonoras son también excepcionales, típico producto de la WDR alemana, y se presentan en soporte SACD, algo especialmente adecuado para el Cuarteto de cuerda Nº4, debido a su electrónica espacializada. El libreto contiene un breve ensayo sobre los cuartetos de Jonathan Harvey a cargo de Arnold Whittall, así como fotografías de compositor e intérpretes; todo ello con el habitual y atractivo diseño del sello francés æon.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Diverdi
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