España - Galicia

Dos ases del canto

Hugo Alvarez Domínguez
miércoles, 3 de marzo de 2010
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Vigo, sábado, 13 de febrero de 2010. Centro Cultural Caixanova. Dolora Zajick, mezzosoprano. Francisco Casanova, tenor. Borja Mariño, piano. Obras de Gluck, Bellini, Albéniz, Gomes, Chaicovsqui, Donizetti, Massenet, Verdi y Hálevy. Ciclo Grandes Voces del Festival Xacobeo Classics
0,0001928 Noche fundamental e inolvidable para la lírica viguesa en el segundo concierto del ciclo Grandes Voces que ofrece el Festival Xacobeo Classics. Dos titanes del canto, el tenor Francisco Casanova y la mezzosoprano Dolora Zajick, unieron sus fuerzas en un programa largo y comprometido para ofrecer una de esas veladas que reconcilian al aficionado con el arte lírico, y que hacen que los que creen que ya no hay voces lo puedan dudar. Lamentable que, una vez más, el público de Vigo no haya respondido en masa a semejante evento y que la asistencia, pese a lo popular de los precios, fuera verdaderamente escasa, porque quienes nos desplazamos desde otros puntos de Galicia, e incluso desde fuera de la comunidad, pudimos vibrar con el arte de dos artistas de primerísima categoría y un pianista gallego de primer nivel, excelente acompañante de cantantes.

El programa resumía lo mejor de las carreras de estas dos voces, con arias y dúos en general sobradamente conocidos y de máxima exigencia: Alceste, Il Pirata, Norma, La Favorita, La Doncella de Orleáns, Lo Schiavo, Il Trovatore, Don Carlo, La Juive, Werther y Aida fueron los títulos escogidos, en un programa que, además de reconciliar al aficionado con el mundo de la voz como ya he dicho arriba, lo reconciliaba también con el llamado 'repertorio', obras que no deberían faltar en ninguna programación y que, sin embargo, cada vez es más difícil ver representadas en condiciones, quizá porque solo hay un puñado de cantantes capaces de cantarlas con garantías. Por suerte, esta noche tuvimos dos.

Ante una Dolora Zajick -por fin debutando en Galicia, ya era hora- que mantiene la voz fresca como una rosa después de haber encarnado a las mismas heroínas durante 25 años, solo cabe maravillarse y definirla, directamente, de fenómeno vocal. La voz es potente y poderosa, llena de armónicos, y de una extensión a la altura de pocas cantantes hoy: tiene el grave de la contralto y el agudo de la soprano dramática igual de bien timbrados. Si a esto se le suma una técnica de manual se podrá empezar a entender el por qué del fenómeno Zajick: no teme a las coloraturas ni a los trinos como quedó demostrado en una ‘Canción del velo’ de Don Carlo de verdadera referencia, que es difícil escuchar mejor cantada ya no en el presente si no también tal vez en el pasado; tampoco es nada desdeñable su capacidad para jugar con los reguladores pese al tamaño de la voz -sorprende por ejemplo cómo es capaz de plegar su torrente vocal a la intimidad del Gluck inicial, y, además, el increíble doble regulador que aplicó de forma magistral en el dúo de Norma quedará eternamente para el recuerdo de todos los presentes-. Por último, pero no menos importante, hay que añadir una garra y un temperamento encendidos, aún siendo una velada concertante, lo que aportó un plus de calidad a su actuación: la química con Casanova en los dúos hizo saltar chispas y demostró por qué está considerada una Azucena y una Amneris de referencia; lleva ambos personajes dentro de sí. Ante tal despliegue de medios, lo único que cabe desear es que aún haya cuerda para rato y podamos seguir disfrutando de cantantes de su raza. De momento, nos visitará nuevamente el próximo mes de Mayo para interpretar en Santiago de Compostela el Réquiem de Verdi.

A su lado, Francisco Casanova, un tenor que ya ha dado muchas alegrías al público gallego, podría haberse conformado con ser meramente el telonero de la superestrella mediática. No fue así, y también él rubricó una actuación sobresaliente, con una voz de emisión solar, slanzio generoso y agudos brillantes, que se apoya además en una gran sensibilidad en el decir como principal arma de transmisión de emociones. Si es cierto que el fiato le jugó alguna mala pasada momentánea, y que tal vez no sea el belcanto el repertorio que estilísticamente hablando más se adecue a su instrumento, no lo es menos que la voz es bellísima y el estilo de canto devuelve a un pasado cada vez más olvidado en lo referente a la manera de hacer las cosas. Se agradece oír cantar así aunque sea solo de vez en cuando. Tuvo dos momentos absolutamente excepcionales: la bellísima aria de Lo Schiavo de Gomes ‘Quando nascesti tu’, página hoy por hoy de rarísima escucha y que fue toda una clase magistral de canto, incluyendo soberbias medias voces, y el aria de La Juive, que traspasó directamente los límites de la emoción, poniendo la piel de gallina a quien esto suscribe. Excepcional.

Los cuatro dúos interpretados se beneficiaron no solo del arte de estos dos ases del canto, sino también de la evidente química que transmitieron en todo momento, y que ayudó a hacer de ellos momentos vibrantes. Contribuyó no poco al triunfo el excelente trabajo de Borja Mariño al piano, siempre contenido, limpio en el sonido, sensible y atento a los solistas, que supo además frasear con claridad y exponer muy bien los juegos dinámicos de las dos obras de Albéniz que interpretó entre las arias y los dúos -el intermedio de la ópera Merlin y ‘El Puerto’ de Iberia-.

Pese a lo escaso de un público que no siempre terminó de soltarse como debería ante la superlativa calidad de lo que se estaba escuchando, se ofrecieron cuatro propinas: Casanova una soberbia versión del ‘Paxarín tú que vuelas’ de La Pícara Molinera de Pablo Luna y la gallega Cantiga de José Castro "Chané", a capella -que se ha convertido en un momento ineludible en los recitales del tenor dominicano en Galicia- y Zajick dos spirituals, en los que volvió a mostrar su cara más íntima, para cerrar una noche que hizo que el ciclo Grandes Voces viera su nombre más plenamente justificado que nunca. Quienes hayan faltado, se perdieron una de esas contadas ocasiones en las que el canto se convierte en un espectáculo pleno y completo.
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