España - Castilla y León

Sensibilidad a flor de piel

Roberto San Juan
jueves, 1 de abril de 2010
Sofya Melikyan © RFG Sofya Melikyan © RFG
León, lunes, 15 de marzo de 2010. Auditorio Ciudad de León. Sofya Melikyan, piano. G. Fauré: Nocturnos op. 33, nº 1; op. 33, nº 3 y op. 36, nº 4; Impromptus op. 31, nº 2 y op. 34, nº 3. F. Liszt: Juegos de agua en la Villa d´Este. F. Liszt-R.Wagner: Muerte de Isolda. R. Schumann: Escenas del bosque, op. 82; Sonata nº 2 en sol menor, op. 22. Ciclo ‘Jóvenes maestros internacionales’ en coproducción con la Fundación Eutherpe
0,0004402 La joven pianista de origen armenio Sofya Melikyan regresó a León para abrir el ciclo ‘Jóvenes maestros internacionales’ con un recital parcialmente similar al ofrecido hace unos meses en la sala de audiciones que la Fundación Eutherpe posee en la ciudad. Si en aquella ocasión el programa estuvo dedicado íntegramente a Fauré en la primera parte, reservando para la segunda varias piezas de Liszt, así como la transcripción para piano que el compositor húngaro realizara de la wagneriana Muerte de Isolda, Melikyan condensó ahora el grueso de aquel recital en la primera parte de éste, si bien reduciendo aquí la presencia de Liszt y añadiendo una segunda mitad dedicada íntegramente a Schumann.

La exquisita sensibilidad artística de Sofya Melikyan parece encontrar su cauce natural de expresión en las pequeñas piezas intimistas en la esfera del Romanticismo y del Impresionismo, y tanto los Nocturnos como los Impromptus de Fauré fueron buena muestra de ello. Mirando hacia arriba y con un gesto que parecía buscar no ya la inspiración, sino más bien hacer fluir el ideal sonoro interiorizado, la joven pianista armenia fue desgranando una tras otra con solvencia y madurez intelectual unas piezas complejas cuya memorización supone un reto. Melikyan es una maestra en el uso del mezzoforte y con el tipo de ataque adecuado en cada momento fue capaz de extraer mil y un matices en el ámbito de una sonoridad intermedia en sus versiones de los Nocturnos nº 3 y nº 4, poniendo de relieve detalles que podrían pasar desapercibidos en una lectura de la partitura menos cuidadosa que la suya. Esta pianista parece diseccionar técnicamente las piezas y después, tras haber interiorizado su mensaje musical, recompone los fragmentos en una obra de arte que ofrece al público. Igualmente su versión de los Juegos de agua en la Villa d´Este de Liszt resultó sumamente sugerente y evocadora, dibujando con maestría un fluido paisaje acuático a través de las cascadas de notas sobre el teclado.

La primera mitad del recital concluyó con la Muerte de Isolda en la transcripción pianística de Liszt. Gracias a un intenso trabajo, casi artesanal, para individualizar las diversas líneas melódicas entretejidas en una densa textura, Melikyan recreó una atmósfera mágica de misticismo contenido y anhelo constantemente insatisfecho, hasta alcanzar una saturación en cuyo clímax se podría haber esperado aún una mayor intensidad sonora de la que la pianista extrajo del Steinway de la sala (por cierto, se debería haber revisado antes del concierto la afinación del piano, ya que algunas notas sonaban desafinadas).

Ya en la segunda mitad, Sofya interpretó con maestría y musicalidad las nueve Escenas del bosque op. 82, breves piezas de carácter descriptivo que recrean determinadas situaciones o sentimientos, desde la rotundidad de ‘El cazador en la emboscada’ al misterioso ‘Lugar embrujado’, o desde la melodía rasgada y quebrada de ‘El pájaro profeta’ hasta la delicada ‘Despedida’. Por último, la versión de la Sonata op. 22 nº 2 de Schumann mantuvo el alto nivel interpretativo del recital, comenzando con un brillante ‘So rasch wie möglich’, al que siguieron un delicado ‘Andantino’ y un agitado ‘Scherzo’, para concluir con un ‘Rondo’ de carácter virtuosístico.
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