Argentina

‘¡Oh, amigos! ¡Alegría! ¡Alegría!’ Reabrió el Colon

Carlos Singer
viernes, 7 de mayo de 2010
Teatro Colón © EEMM Teatro Colón © EEMM
Buenos Aires, jueves, 6 de mayo de 2010. Teatro Colón. Ludwig van Beethoven, Sinfonía Nº 9 en re menor, opus 125 ‘Coral’. Paula Almerares, soprano; Alejandra Malvino, mezzosoprano; Enrique Folger, tenor ,y Leonardo Estévez, barítono. Orquesta y Coro (maestro preparador Marcelo Ayub) Estables del Teatro Colón. Director: Carlos Vieu. Concierto extraordinario
0,0001576 De manera bastante sorpresiva y tras permanecer cerrado durante casi tres años y medio (exactamente 1282 días), anoche nuestro Teatro Colón se volvió a llenar de música… y de público. Se llevó a cabo allí una función extraordinaria, “dedicada a todas las personas, empresas y organismos que trabajaron en la obra de restauración y puesta en valor del Teatro, en agradecimiento a su esfuerzo y compromiso”. La invitación se extendió a los críticos musicales, ansiosos de poder comprobar en forma directa los resultados de las largas y complejas tareas.

La elección de la partitura beethoveniana -en especial por su movimiento conclusivo- pareció desde luego sumamente apropiada para resaltar el regocijo que a todos nos embargaba al poder ingresar, otra vez, a la emblemática sala. Además, porque la obra emplea tanto orquesta como solistas y coro, permitiendo así apreciar, en muy diversas combinaciones sonoras, si la tan famosa acústica del Colón se había visto afectada o menoscabada.

Pese a que la prueba no se llevó a cabo en condiciones óptimas -recién a principios de junio estará lista la nueva campana acústica a emplearse en conciertos, por lo que en esta oportunidad se la reemplazó con una de emergencia- a lo que habría que añadir que, a causa de la enorme asistencia, algunos tuvimos que ubicarnos en lugares bien alejados de los que habitualmente solemos ocupar (en mi caso me tocó un palco muy escorado hacia la izquierda, casi sobre la orquesta), no parece haber ninguna diferencia auditiva tangible entre lo ahora valorado y lo que uno atesora en la memoria.

La limpidez y claridad con que todo se oye tiene su pro y su contra. Daba placer escuchar el pianísimo del triángulo (inicio del Alla Marcia) o la forma extremadamente suave con la que Vieu hace que cellos y bajos canten el tema del final (Allegro assai), pero por otro lado dejó al descubierto ciertas cosas, como un problemita en los oboes en un complicado pasaje del primer movimiento, una fea desafinación entre cuerdas graves y trombón al empezar el 'Seid umschlungen, Millionen!' o algún desajuste momentáneo.

Dejando de lado estos pequeños detalles, la versión que pudimos apreciar (que de seguro era la primera a la que asistía buena parte de la audiencia, a juzgar por los aplausos intempestivos, incluso al concluir secciones del movimiento final) tuvo en líneas generales un alto nivel. La orquesta, pese a salir de largos meses con mínima actividad, se mostró dispuesta y en mejores condiciones que en épocas anteriores, con una positiva renovación del plantel. Hacía tiempo que la cuerda no sonaba con la dulzura, plasticidad y expresión con la que encararon la melodía que abre el Andante moderato del tiempo lento, donde también tuvo gran lucimiento el solista de trompa.

Mientras la orquesta lucía con sus filas a pleno (cosa que casi nunca puede hacer en el foso) el Coro se notaba algo más reducido en número de lo acostumbrado, participando unas 65 voces. Estuvo ajustado, con buena afinación, adecuada intensidad en los momentos que la requerían y empaste, aunque detecté cierta preeminencia de las voces masculinas.

El cuarteto vocal respondió con gran idoneidad. Leonardo Estévez otorgó prestancia y buen decir a su llamada inicial; Enrique Folger confirió apropiado tono heroico y bello timbre a su intervención en el Alla Marcia, a la vez que Paula Almerares volvía a mostrar su reconocida valía con una labor impecable, coronada con un ascenso perfecto a un si agudo redondo y de muy grato color. Alejandra Malvino completó el elenco con su habitual solvencia y calidez.

Carlos Vieu que, casualidades del destino, había sido el último director en trabajar con esta orquesta antes del cierre de la sala (preparando Turandot en octubre de 2006) fue el encargado de llevar a buen puerto esta pre-reapertura. Y no cabe duda de que lo hizo con su acostumbrada sabiduría y experiencia.

Dirigió los movimientos centrales de memoria, con la pequeña partitura de bolsillo cerrada sobre su atril. Tanto en el primero como en el último la abrió, pero quizás más como medida de precaución que otra cosa, ya que apenas la empleaba. Su enfoque tuvo suficiente vuelo e intensidad expresiva, esmero en la elaboración del planteo, muy correcto balance entre los diversos grupos orquestales, contrastes sonoros bien definidos y gran rotundidad en los pasajes conclusivos. Una labor de fina orfebrería.

Aunque no sea tema de un comentario estrictamente musical, merece que haga algunas muy breves precisiones sobre cómo se ve el Teatro por dentro. No hay cambios llamativos en la sala, sólo se la observa más limpia, mejor iluminada y con sus dorados, molduras y detalles renovados y relucientes. Donde se detectan mejoras importantes es en el Foyer de acceso -mármoles brillantes, vitrales recuperados, pisos trabajosamente reconstruidos-, otras áreas nobles y en el imponente Salón Dorado, con sus impactantes arañas, grandes espejos y pátinas resplandecientes, muy posiblemente el espacio donde sean más notorias las restauraciones.

Confío que esta nueva etapa que ahora se inicia, con un edificio revalorizado en sus aspectos estéticos y técnicos, junto con su enorme capital humano, permitan que el Colón recupere el sitio de privilegio en el concierto mundial que nunca debió haber perdido.
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