Costa Rica

Canto de cisne

Andrés Sáenz
jueves, 22 de julio de 2010
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San José de Costa Rica, sábado, 10 de julio de 2010. Foyer del Teatro Nacional. Recital de Claudine Gómez-Vuistaz (clavecín). Instrumento: Mario Donadio, Medellín, 2008. Obras de Jacques Duphly, Pancrace Royer, Louis Couperin, Antoine Forqueray, y Jean-Philippe Rameau. Organizado por elTeatro Nacional y la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica con la colaboración de la Embajada de México
0,0001942 Al abrigo del título "La Pléiade de clavecinistas franceses", la clavicembalista mexicana Claudine Gómez-Vuistaz ofreció un recital el sábado 10 de julio en el hermoso foyer del Teatro Nacional (TN), un recinto idóneo para escuchar la música de cámara.

El título La Pléiade, que en francés significa La Pléyade, es un traslado a la música, propuesto por la ejecutante, de la metáfora con que se designa a un grupo de poetas del siglo XVI en la historia de las letras galas.

El repertorio seleccionado privilegió aquellos compositores todavía activos como clavecinistas alrededor de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el clavecín tradicional cedía terreno al flamante pianoforte como el instrumento de tecla preferido.

También era una época de transición entre el barroco tardío, el nuevo estilo galante y el clasicismo incipiente, aunque compositores como Jacques Duphly (1715-1789) y Pancrace Royer (1705-1755) representan una especie de canto de cisne u ocaso fulgurante del estilo francés de la música para clavecín, que alcanzó resplandor con las obras de Louis Couperin (c. 1626-1661) y François Couperin (1668-1733) y todavía mantuvo el lustre con las de Antoine Forqueray (1671-1745) y Jean-Philippe Rameau (1683-1764).

Excepción hecha de François Couperin, piezas de todos ellos figuraron en el programa escogido por la señora Gómez-Vuistaz.



Claudine Gómez-Vuistaz saludando
© 2010 by Ileana Arauz


Claridad en la articulación de los arpegios, y precisión en los trinos y notas repetidas distinguieron el desempeño de la clavecinista, cuyas interpretaciones mostraron una marcada afinidad con el estilo altamente ornamentado de estos compositores.

Asimismo, la solista logró finos contrastes de registro entre el teclado superior e inferior del instrumento, un ejemplar reciente del taller del constructor colombiano Mario Donadio, que pertenece al clavecinista costarricense Roberto Vargas.

Entre las acabadas interpretaciones de más de quince piezas, habría que destacar la ligereza del toque en La Piémontaise, de L. Couperin, y en Le Rappel des Oiseaux, de J.-P. Rameau; los gráciles cambios de registro en La Régente, de A. Forqueray; la prontitud de la síncopas en La Felix, de J. Duphly; la sonoridad espesa, reminiscente de un órgano, digitación de virtuosa y presteza rítmica en La Marche des Scythes, de P. Royer.

La apreciable cantidad de oyentes reunidos en el foyer del Teatro Nacional mostraron su agrado mediante aplausos cálidos durante el recital de la clavecinista mexicana Claudine Gómez-Vuistaz.

Fuera de programa, la solista complació con una breve pieza anónima del barroco mexicano, parte de la colección Sánchez Garza, miscelánea de manuscritos musicales que pertenecieron al convento de la Santísima Trinidad de Puebla.
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