España - Cataluña

Joan Manuel Serrat atrae a un numeroso público

Juan Krakenberger
jueves, 5 de agosto de 2010
Cambrils, martes, 27 de julio de 2010. Parque Samá. Recital de canciones de Serrat, basadas en textos de Miguel Hernández. Dirección musical y piano: Ricardo Miralles. Teclado y programaciones: José Mas “Kitflus”. Batería y Percusión: Vicente Climent. Guitarras: Israel Cuenca. Viola: Olvido Lanza. Contrabajo y bajo eléctrico: Víctor Merlo. Ocupación: 100%
0,0001489 En los 35 años que frecuento Cambrils y acudo a su festival de música, nunca he visto una afluencia tan masiva de público a un concierto. Las entradas se habían agotado hace semanas. No cabe ninguna duda: Serrat es un imán que atrae como pocos, y su espectáculo, con el cual recorre Cataluña, es de gran calidad, tanto auditiva como visual. La veintena de canciones que canta durante 1 ¾ horas, sin intervalo, desfila con apenas algunos segundos de pausa, durante las cuales hay pequeños cambios de ubicación, ya sea de micrófono, o Serrat buscando su guitarra para acompañarse a si mismo.

El célebre cantautor se dirigió varias veces al público, contando sus gratos recuerdos de juventud respecto a Cambrils, donde aprendió la guitarra en su día, o glosando los motivos de su dedicación a los textos de Hernández. Su manera campechana, sencilla, oculta su edad: viéndolo en sus pantalones tipo blue jeans y su americana, sin corbata, le hace parecer como un hombre de unos 40 y pico años.

Se advierte, enseguida, que Serrat tiene mucho apego a los textos de Miguel Hernández. Ya hace 37 años que hizo un álbum sobre textos del poeta. Y en consecuencia decidió armar un espectáculo con efectos sonoros y visuales ambicioso y en este empeño, no cabe duda alguna, tuvo éxito. El escenario tiene dos planos: abajo, el cantante y los músicos, delante de una cadena de biombos transparentes -14 de ellos- con travesaños irregulares que daban vida a un dibujo atractivo. Todo ello muy bien iluminado, con focos que permitían proyectar luz sobre uno o varios músicos en pasajes solistas. Según el carácter de las canciones, había más o menos intensidad de luz: todo muy bien meditado. La parte superior del fondo del escenario eran tres pantallas, dos laterales y una grande, central, en las cuales se ilustraba el contenido de las canciones. Como ejemplo, en una canción sobre el tema de la tiranía, se veían imágenes de dictadores y políticos de la extrema derecha.

En cuanto a la música, propiamente, cabe ante todo resaltar la extraordinaria labor de los ingenieros de sonido: lo que escuchamos era tan perfecto como si se hubiera tratado de un play-back: todo estaba en su sitio, con coordinación y contrastes dinámicos logrados al 100%. Posiblemente me equivoque, pero había pasajes donde creí escuchar a violines, un clarinete, o una armónica sin que en ese momento se tocaban estos instrumentos sobre el escenario: pero todo es posible con el uso de teclados electrónicos. En línea general podría afirmarse que este espectáculo, sin sus sofisticados elementos tecnológicos, no tendría esta perfección. Que, hoy en día, el gran público prefiera esto a, digamos, un cuarteto de cuerdas, es -en cierto modo- triste, pero eso es la realidad de las cosas. Es la evolución de la tecnología: descargas con ordenador, ipods, y toda clase de artilugios acostumbran a los oídos a cierta sonoridad, y es eso lo que el público desea escuchar. Y lo recibió, en esta ocasión. De ahí, el enorme éxito, que llegó a entusiasmar a gran parte del público.

Los textos de Hernández son más bien pesimistas: miseria, muerte, amor frustrado, tiranía, todo esto no permite que se acompañe esto con música divertida o amena. Y es así que el carácter de las canciones era más bien serio o trágico, hubo una que tenía un ritmo más movido, pero eso fue una excepción. Otra que llamó la atención tuvo un estribillo obstinado: “Si me matan, bien/si vivo, mejor”. O sea, había poca variación en la línea musical, y la lograda lo fue gracias a los diferentes arreglos instrumentales de las mismas. Otro detalle significativo para el éxito: cuando Serrat canta, su dicción del texto es perfecta, se le entiende cada palabra. Ya sé, para un cantautor, eso es esencial, pero para los cantantes, en general, no. La voz de Serrat sigue siendo recia, afina perfectamente, y su don de comunicación es de alto nivel.

En suma, para mí -que no soy especialista en este género- no hubo mayormente motivo de emoción; más bien de admiración por la meticulosidad técnica de un espectáculo minuciosamente preparado, con cariño y dedicación. Así lo comprendió el numeroso público, que al final aplaudió largamente, una parte de los asistentes de pie. Lo que dio paso a un fin de fiesta sobre el escenario con Serrat presentando a sus colaboradores, y agradeciendo de viva voz a los técnicos por su labor.

Un evento, sin duda, excepcional, que Cambrils recordará.
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