Argentina

Recuperando el nivel

Gustavo Gabriel Otero
jueves, 19 de agosto de 2010
Buenos Aires, martes, 10 de agosto de 2010. Teatro Colón. Jules Massenet: Manon. Ópera en cinco actos, libreto de Henri Meilhac y Philippe Gille. David McVicar, dirección escénica. Tanya McCallin, escenografía y vestuario. Paule Constable, iluminación. Michael Keegan-Dolan, coreografía. Producción de la Lyric Opera de Chicago repuesta por Loren Meeker (puesta en escena), Kevin Sleep (iluminación) y Colm Seery (coreografía). Anne Sophie Duprels (Manon), John Osborn (Des Grieux), Víctor Torres (Lescaut), Carlos Esquivel (Conde Des Grieux), María José Dulin (Poussette), Daniela Tabernig (Javotte), Gabriela Cipriani Zec (Rosette), Osvaldo Peroni (Guillot), Gustavo Gibert (Bretegny), Fernando Grassi (Posadero), Leandro Sosa y Alejandro Di Nardo (guardias), Marta Cullerés (sirvienta) y elenco. Coro Estable del Teatro Colón. Preparador del Coro: Marcelo Ayub. Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección Musical: Philippe Auguin
0,0003121 El 2010 parece ser el año de Manon Lescaut en Buenos Aires. El personaje salido de la pluma del abate Prévost subió por tercera vez a los escenarios de nuestra ciudad. Juventus Lyrica ofreció la ópera de Puccini en el Teatro Avenida y el propio Colón presentó hace pocas semanas el ballet de Kenneth Macmillan. Ahora la querible y amoral francesita puede ser vista en la versión de Jules Massenet en una producción de la Lyric Opera de Chicago, también en el Colón. Queda para el gusto de cada uno decidir sobre las ventajas de la ópera sobre el ballet o de las calidades de las recreaciones de Puccini, Massenet o, si hubiera posibilidades de apreciarlas, las de Aubert, Büser o Henze.

Este tercer espectáculo lírico de la reabierta sala de la calle Libertad fue, en principio, el mejor como totalidad, de los vistos en esa sala en esta temporada con una producción visual y musical en las cuales se puede vislumbrar el tímido inicio de la recuperación del nivel artístico mínimo que el Colón debe ofrecer por la magnificencia de su sala, por sus posibilidades presupuestarias, artísticas y técnicas, por su tradición y por los precios de sus localidades.

Como es sabido el Colón es un teatro de producción propia pero esto no quita que sea saludable y necesaria la coproducción con otros entes del mundo. Es deseable que lo antes posible el Colón pueda recupere un nivel de producción que lo haga apto para exportar sus puestas en escena.

En este caso la puesta de la Lyric Opera de Chicago trajo a nuestro medio las ideas de un director escénico de nivel internacional que utiliza los estándares de trabajo actoral de cualquier coliseo lírico de buen nivel, con detalles de actuación que no son usuales en los esclerosados registas que convoca y que gustan al público del Colón.



Momento de la representación
© 2010 by Máximo Parpagnoli. Gentileza Teatro Colón

La puesta


La escenografía de Tanya McCallin resuelve el problema de los seis escenarios distintos, que necesita la acción, mediante una escenografía única compuesta de unas gradas grises a las que se añaden algunas sillas dispersas y cambiantes. El marco resulta ciertamente funcional para realizar rápidos cambios de escena y para servir de soporte a la idea de teatro dentro del teatro con el pueblo que aplaude, aprueba o reprueba la moral de los protagonistas, o simplemente curiosea la acción, desde esas gradas. Claro que la escena única, finalmente, resulta tediosa.

Adecuado el vestuario de época de McCallin, primaria la coreografía de Keegan-Dolan con reposición de Colm Seery y correcta la iluminación de Paule Constable repuesta por Kevin Sleep, aunque creemos que algunas torres de luces visibles al público y con el agregado de ser molestas en las primeras filas de la platea se deben, sin duda, a dificultades técnicas por la obsolescencia de recursos del Colón antes que a una idea del iluminador.

Los aspectos teatrales originales de David McVicar fueron repuestos por Loren Meeker en un trabajo de precisión milimétrica que puede ser fácilmente confrontable mirando la grabación comercial disponible de la puesta.

Toda la idea de la puesta de McVicar es poner el acento en la teatralidad tanto de los solistas como del coro, lo que para algunas mentes demasiado conservadoras y decididamente anticuadas no es bueno en la ópera.

La actuación, la gesticulación y la dirección de los personajes lucen cinematográficas y aunque algunos detalles puedan ser reprochables -como la escenificación del preludio o el abanicarse constantemente de coro, figurantes y algunos solistas- pocas veces se ha visto en el Colón este nivel de credibilidad actoral.

Bienvenida, entonces, una puesta de calidad y nivel internacional al, desde hace años, provincial teatro Colón.



Momento de la representación
© 2010 by Máximo Parpagnoli. Gentileza Teatro Colón

La versión


El francés Philippe Auguin ofreció una versión musical que fue creciendo a medida que se desarrolló la representación. Con un primer acto un poco uniforme y sin demasiada delicadeza el maestro fue encontrando en los siguientes la necesaria dosis de refinamiento propios de la música francesa. Su batuta tiene conocimiento, seguridad y estilo y logró rendondear una muy buena interpretación orquestal.

El tenor John Osborn, de ascendente carrera internacional en roles belcantistas, fue un excelente Des Grieux con refinada emisión, buena proyección, variedad de matices e impecable francés a lo que se sumó una compenetración actoral notable y credibilidad escénica. Una noche de triunfo del artista de Iowa.

La soprano francesa Anne Sophie Duprels, con sobrados antecedentes en la música contemporánea según informa el programa de mano fue una Manon convincente. Es importante resaltar el desarrollo psicológico y actoral que Duprels imprime al personaje y su entrega vocal.



Momento de la representación
© 2010 by Máximo Parpagnoli. Gentileza Teatro Colón


Víctor Torres compuso a Lescaut con inmaculado francés y exquisita belleza vocal, Carlos Esquivel fue un soberbio Conde Des Grieux y Osvaldo Peroni un eficiente Guillot.

Adecuado Gustavo Gibert como Bretigny y eficaz el resto del numeroso elenco del cual se destacó Fernando Grassi como Posadero, un rol que en la última versión del Colón compuso su padre -un puntal de excelentes noches de ópera en este teatro- y que ahora, recambio generacional mediante, canta con solvencia su hijo.

Con ductilidad, simpatía y cohesión se mostraron las tres jóvenes actrices de vida disipada (Poussette, Javotte y Rosette) encarnadas por María José Dulin, Daniela Tabernig y Gabriela Cipriani Zec, de las cuales se destacó por carisma y calidad vocal Daniela Tabernig. Correcto el desempeño del coro preparado por Marcelo Ayub.

En suma: una versión de Manon con la que el Colón parece recuperar su nivel mínimo.
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