Polonia

Con el corazón en la mano

Maruxa Baliñas
jueves, 26 de agosto de 2010
Varsovia, viernes, 13 de agosto de 2010. Estudio de concierto ‘Witold Lutoslawski’ de la Radio Polaca. Aleksandra Kurzak, soprano. Daniel Wnukowski, piano. Robert Schumann, Frauenliebe und –leben op. 42. Fryderyk Chopin, Melancolía op. 74 nº 13, Aguas turbulentas op. 74 nº 3, Adelante op. 74 nº 9, Deseo op. 74 nº 1, Mi amada op. 74 nº 8, Unidos en la muerte op. 74 nº 11, Primavera op. 74 nº 2, y Canción lituana op. 74 nº 16. Festival Chopin y su Europa 2010
0,000243 Debo en primer lugar confesar mi debilidad por Amor y vida de mujer de Schumann. Estos fueron los primeros lieder que realmente me emocionaron y después ya vinieron otros muchos. Por eso, la expectativa de escucharlos otra vez me hizo ir la sala de la Radio Polaca (bastante tristona por otra parte, como todas estas salas radiofónicas) muy ilusionada. Y una vez allí, Kurzak superó mis expectativas. Ya no es que tenga una voz preciosa, rica en armónicos, que controle perfectamente la voz y frasee con mucho gusto, sino que además posee una variedad de expresión muy amplia que la hace igualmente emocionante cuando canta, casi exagerando con los nervios de la boda y con un tempo demasiado rápido, su ‘Ayudadme hermanas’, como cuando en la siguiente canción, ‘Tu mirada, dulce amigo’, no duda en parar el tempo, en dejar que se creen silencios incluso. Sólo los grandes músicos son capaces de hacer realidad esa frase que a mí me enseñaron cuando empezaba con el solfeo: “El silencio es música”. 

La mayor sorpresa llegó en la segunda parte. Nunca me había planteado de dónde era Kurzak y fue para mí una agradabilísima sorpresa descubrir que polaca, y por lo tanto orgullosísima de las canciones de Chopin. Decir que se volcó en ellas de modo que sonaron aun mejor que Schumann es poco. Y eso no es tan fácil, porque las canciones de Chopin no son en absoluto fáciles de cantar. Chopin no valoraba especialmente sus lieder, de hecho, no se molestó en publicarlos (ni siquiera quería que se publicaran, lo hizo su amigo Fontana tras su muerte y contra la voluntad de otros amigos de Chopin, que querían ser fieles a sus deseos) y por lo tanto requieren un esfuerzo mucho mayor por parte de la cantante.



Momento del concierto
Fotografía de Wojciech Grzędziński, © 2010 by Narodowy Instytut Fryderyka Chopina

Kurzak no pretendió emular el estilo de los lieder alemanes, o por lo menos no exclusivamente. Estas son unas canciones menos sutiles, más directas, con textos no tan simbólicos o elaborados poéticamente y con un acompañamiento pianístico que no sigue tan de cerca la melodía cantada, sino que presenta un estilo muy improvisatorio. De hecho, Chopin a menudo improvisaba estos acompañamientos sin llegarlos a escribir, lo que ha impedido que algunas de sus canciones lleguen a nosotros.

Me llamó especialmente la atención 'Adelante' (1847), la canción nº 9, que Kurzak trató de un modo muy dramático pero sincero, que tiene un acompañamiento ligerísimo que recuerda a los Preludios op. 28. Muy graciosa resultó 'Mi amado' (1841), la nº 8, en la que Kurzak, enfrentada a un texto casi ridículo, da a la canción un aire entre cómico y picaresco que me pareció mucho más adecuado, por ejemplo, que el usado por Ewa Podles (la otra versión que conozco de esta canción). En la canción nº 1, 'Deseo' (1829?) me llamó la atención sobre todo el acompañamiento realizado por Wnukowski, quien hizo sonar los numerosos trinos casi como vibratos de violín. La nº 15, 'Primavera' (1838) es una preciosa canción popular en la que Kurzak pareció cambiar su timbre de voz para hacerla sonar más clara, más popular, una voz no tan elaborada, incluso con 'errores' en el agudo.

Wnukowski hizo un gran acompañamiento, al que sólo le pondría una pega. Como la mayoría de los pianistas acompañantes actuales, tiende a cuidar demasiado de la cantante y a no lucir suficientemente su parte, cuando yo por lo menos concibo los lieder como una mezcla ‘armónica’ de voz y acompañamiento. Hizo algunas cosas preciosas, como en Amor y vida de mujer, en el quinto lied, el paso de la escena con las amigas a la marcha nupcial, y sobre todo el lied final, ‘Ahora me has causado el primer dolor’, donde contribuyó tanto como Kurzak a dejarnos con el alma desolada.




Entrega del pasaporte como 'embajadora cultural'
Fotografía de Wojciech Grzędziński, © 2010 by Narodowy Instytut Fryderyka Chopina


Tras el concierto, el gobierno polaco le entregó a Aleksandra Kurzak un pasaporte honorario como embajadora cultural de su país, y se formó una larga cola para comprar sus discos, especialmente la edición de las canciones de Chopin -acompañada al piano por Nelson Goerner- en la nueva colección de la música completa de Chopin que ha presentado en los últimos meses el Instituto Chopin de Varsovia en su propio sello discográfico. Y si hubo cola para comprar sus discos, más aun para que los firmara [momento recogido por esta foto inferior, donde casualmente aparece en primer plano Xoán M. Carreira, nuestro editor]



Tras el concierto, la firma de autógrafos y discos
Fotografía de Wojciech Grzędziński, © 2010 by Narodowy Instytut Fryderyka Chopina
Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.