Reino Unido

Brünhilde cabalga en los Cotswolds

Agustín Blanco Bazán
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Longborough, sábado, 24 de julio de 2010. Sala de la Opera de Longborough. La Walkiria, ópera en tres actos con texto y música de Richard Wagner. Director de escena: Alan Pivett. Diseños de Kjell Torriset. Elenco: Andrew Rees (Sigmund); Lee Bisset (Sieglinde); Mark Richardson (Hunding); Jason Howard (Wotan); Alwyn Mellor (Brünhilde) Allison Kettlewell (Fricka). Orquesta y coro del Festival de Opera de Longborough bajo la dirección de Anthony Negus. Festival de Longborough
0,0011838 Todo empezó con Glyndebourne. Y siguió, siguió con varias otras casas de campo destinadas a satisfacer ese ritual tan expandido en Inglaterra, el de construir un pequeño teatro para una temporada de opera veraniega junto a una residencia señorial y hacer picnics en medio de jardines y panoramas de ensueño. Y por supuesto que la gracia es ir de etiqueta. La residencia de Martin y Lizzie Graham en las afueras del pequeño pueblo de Longborough se encuentra en medio de los Cotswolds, una de las zonas turísticas mas emblemáticas de la isla por sus casas y techos en rústico Tudor y la cercanía de Birmingham permite a los Graham contratar a varios instrumentistas de la Sinfónica de esta ciudad para el foso de un gran galpón agropecuario transformado en un cómodo teatro para 500 personas. En el vértice superior del frontispicio triangular de la fachada hace equilibrio una estatua de Wagner, un compositor a primera vista extraño para una sala de proporciones camerísticas, pero finalmente comprensible para quienes conozcan la historia de la empresa. Hace unos años el Festival de Longborough presentó un Anillo del Nibelungo experimental, de reducida extensión y proporciones orquestales, y animados por el éxito de la iniciativa los responsables del festival decidieron cavar y cavar para agrandar el foso y hacer un Anillo en serio.

Finalmente, luego del éxito del Oro del Rhin en temporadas pasadas tocó el turno a La Valkiria en tres funciones que completaron un festival que también incluyó Madama Butterfly y Don Giovanni. Llevado inicialmente por mi interés en ver y escuchar a quién puede llegar a ser una gran Brünhilde de los próximos años, me encontré con una producción wagneriana de inusual calidad.

El director de orquesta Anthony Negus no ha alcanzado la carrera internacional que merecen sus méritos, pero aparte de ser un consistente Kapellmeister de la Opera Nacional de Gales, aprendió su Wagner trabajando con Reginald Goodall. La interpretación de Negus tuvo esa inspiración a la vez sobria e intensa que saben imprimir los buenos wagnerianos, pero la orquesta consistió en 65 instrumentistas, y primeros y segundos violines en número de ocho cada categoría, seis violas, cuatro chelos y tres violonchelos, con lo cual la masa orquestal pareció algo raquítica en pasajes como la ‘Cabalgata de las valquirias’ y el emotivo tutti que precede la despedida de Wotan (‘Leb wohl du künes, herrliches Kind!’)

La relativa pequeñez de la sala y de la orquesta llevó a un cierto desbalance entre la orquesta y los cantantes, estos últimos demasiado estentóreos, en particular las mujeres. Se trató de un reparto compuesto casi enteramente por británicos, buenos en general y con tres voces excepcionales, a saber, la de Alwyn Mellor (Brünhilde), Andrew Rees (Sigmund) y Rachel Nichols (Helmwige).

 
Mellor es físicamente robusta, tiene una articulación impecable y frasea maravillosamente, tal vez cincelando excesivamente algunas frases, pero siempre dándoles un significado correcto. Su registro es amplio, con sólido apoyo en grave y una expansión fácil a través del passagio. En su grito de valquiria el agudo final sonó algo abierto pero bien sostenido y en perfecta entonación. En el medio, su voz es segura, moderadamente densa y con un toque de acidez algo reminiscente de Regine Crespin o Gre Browenstein que la hace particularmente atractiva. Pasajes como el ‘Zu Wotans Wille sprichst du…’ y ‘War es so schmälich…’ fueron exquisitamente proyectados y la regie a la Harry Kupfer de Alan Pivett permitió a Mellor, una cantante de casi cuarenta años, demostrar que puede actuar con histrionismo. Frecuentemente me hizo recordar a Polasky en su actitud de compromiso e inmediatez con el drama, y su capacidad de comunicar esa difícil mezcla de de intimidad e inteligencia en su exploración de la voluntad de Wotan. También sabe comunicar la grandeza épica de su personaje en sus diálogos con Siegmund y Sieglinde, sobre todo en su encuentro con las valkirias antes de la llegada de Wotan. El peligro reside en la entrega total que la joven soprano parece poner en sus interpretaciones, lo cual le hace llevar su voz hasta el límite, ignorando los consejos de Birgit Nilsson y Jane Eaglen, de nunca dar el cien por ciento. También requiere especial cuidado el cultivo del registro grave ya que frases como ‘Nach Walhall folgst du mir’ salieron algo débiles. Tal vez le sea necesario reducir un repertorio que incluye roles tan pesados y de emisión tan diferente como Santuzza y Adalgisa, y capitalizar con los más líricos, Senta y Chrysothemis, para contener más a su Brünhilde. De cualquier manera ya aventaja, y por lejos, a Linda Watson o Lisa Gasteen, las Brünhilde de Bayreuth y el Covent Garden.

El Sigmundo de Rees tuvo una voz de cálida, proyectada como un clarín en sus momentos heroicos y maravillosamente fraseada a lo largo de sus portamenti. ¡Que importante esta oportunidad para un tenor joven de debutar con su primer rol wagneriano en un personaje importante, sin tener que esperar años antes que los teatros internacionales lo contraten para ello! Jason Howard cantó un Wotan de variado color vocal y sólido legato pero aún en busca de un fraseo más contorneado. La Sieglinde de Lee Bisset, algo destemplada en el primer acto, cantó el segundo y tercero con precisión y expresividad, y también Alison Kettlewell y Mark Richardson cantaron y actuaron bien sus roles de Fricka y Hunding respectivamente.

Finalmente merece particular mención la Helmwige de Nichols, un radiante rayo de sol en la nebulosa roca de las valkirias por su vibrante timbre lírico y su capacidad de ataque. Trate por favor cualquier casa de ópera de escucharla lo antes posible para incorporar un verdadero talento a sus elencos.
 
El elenco sólo ensayó tres semanas en Londres y diez días en Longorough. Dijo “solo” porque creo que este tipo de proyectos (¡nada menos que una Valquiria con cantantes jóvenes!) requeriría lo menos dos meses. Con ello este talentoso equipo podría alcanzar niveles excepcionales.

Los decorados oscuros con paneles y una gigantesca reja en constante movimiento asemejaban los de Schavenoch para la regie del Anillo de Kupfer para Berlín, y también el director de escena Pivett mueve a sus personajes como Kupfer, con gran hiperactividad y multiplicidad de gesticulación. Hubo algunas interesantes ideas, como por ejemplo Sieglinde dando agua a Sigmund de una enorme fuente de cristal iluminada por debajo con un poderoso foco que permite destacar las manos de los mellizos tocándose las manos mientras se las lavan. Menos feliz fue la idea de introducir a las Nornas…, si, como lo leen, las Nornas, que ya desde la entrada de Sigmund insisten en manipular el destino con la cuerda que terminará cortándose en El Ocaso de los Dioses. Lo hacen alcanzando la fuente de agua a Sieglinde, y también poniendo a Notung en manos de Siegmund. Las Nornas visten de negro, como los manipuladores de un teatro de marionetas, pero ¿son Sigmund y Sieglinde marionetas del destino? ¿O de Wotan, que hace una tierna y fugaz aparición detrás de la reja durante el relato de Sieglinde? En fin, las Nornas no solo desconcertaron a parte de la audiencia que no tiene por qué saber de antemano lo que ocurre en el Ocaso de los Dioses, sino que parecieron estar todo el tiempo en el lugar equivocado y haciendo también cosas erradas. Al interferir en la acción dramática en momentos cruciales, las hijas de Erda falsificaron su carácter de testigos de un destino que ni ellas ni su madre puede cambiar.

Mellor cantará su primera Isolda en otra opera campestre, Grange Park, el año que viene, cuando también incursionará como Sieglinde en Leeds, y de seguir así será una Brünhilde consumada en la Tetralogía de Seattle en 2013.
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