España - Madrid

El cuarteto, un vehículo para la profesionalidad

Juan Krakenberger
lunes, 31 de enero de 2011
Madrid, martes, 18 de enero de 2011. Sala Sony de la Fundación Albéniz. La Escuela Superior de Música Reina Sofía y el Instituto Internacional de Música de Cámara de Madrid presentan a nueve cuartetos de cuerda, formados por sus respectivos alumnos. Cuartetos Albéniz, Arriaga, Esplá, Esferas, Scarlatti, Ars, Piatti, Amaryllis y Voce. Profesores: Heime Müller y Günther Pichler. Obras de Mozart, Brahms, Chaicovski, Dvorak, Beethoven, Janáçek y Debussy. Madrid, 18, 19 y 21 de Enero 2011.
0,0003757 Antes de empezar, deseo advertir al estimable lector que esta crónica será algo diferente de las que se acostumbran hacer sobre conciertos. Tuve la suerte de tocar cuarteto de cuerdas profesionalmente durante 25 años de mi vida, y el género me es muy caro. Abarca un repertorio de la mejor música compuesta en el clasicismo, romanticismo y la era moderna, y suministra experiencias inolvidables a los que se dedican a tocar este repertorio. Tocar cuarteto es además saludable, porque el placer que de ello se deriva rejuvenece, probablemente debido a la osmosis mente/cuerpo que su cultivo provoca. El tema es apasionante, y más aún en España, y de eso trata lo que sigue.

En el transcurso de apenas cuatro días, se presentaron nueve cuartetos de cuerdas, cinco formados por alumnos de la Escuela Reina Sofía, y el resto, conjuntos estables que vienen a Madrid a perfeccionarse. Fui informado de que en total hay trece cuartetos que trabajan permanentemente -siete del Instituto y seis de la Escuela- preparándose los integrantes así para una carrera profesional en sus respectivos instrumentos, o con su cuarteto estable. Que esto sea posible, aquí en Madrid, es una auténtica proeza solo reservada a pocas instituciones en el mundo. De lo que no cabe ninguna duda es de que los alumnos que se benefician de esta práctica serán buenos profesionales, porque desde ahora cumplen una condición imprescindible: han adquirido lo que quiero llamar “afinación sensible”, que va más allá de tocar afinado. En efecto, la afinación sensible es la combinación de vibraciones en simpatía con los sonidos que rodean al músico, a través de una sensibilidad subliminal de las puntas de los dedos de la mano izquierda. Esta sensibilidad provoca además endorfinas y, por ende, da mucha satisfacción al que experimenta estas sensaciones.

La pregunta es: ¿cómo se llega a obtener esta sensibilidad? Porque si esto fuera algo natural, todos los conservatorios superiores de España tendrían que tener sus cuartetos de alumnos, pero resulta que no los tienen. Hagamos cifras y seamos modestos. Partamos tan solo de los seis cuartetos de la Escuela Reina Sofía, y multipliquemos por veinte (el número de Conservatorios Superiores del país): saldrían 120 cuartetos. Pero, como digo, seamos modestos y no pretendamos comparar los conservatorios con esta Escuela excepcional. Pongamos la mitad: 60. Pues, estimado lector, póngase a buscar porque no ha de encontrar ni 60, ni siquiera una docena de cuartetos de estudiantes (exceptuando Zaragoza, donde soplan otros aires). ¿Y por qué no? Pues por la sencilla razón que la inmensa mayoría de los estudiantes de cuerda alta no desarrollan una afinación sensible, conditio sine qua non para que suene bien un cuarteto de cuerdas. Y presentar en público a conjuntos que suenan a rayos no resulta conveniente, por motivos obvios. ¿Y a qué se debe esto? La respuesta es sencilla: porque en general la andadura sobre el instrumento empieza tarde y mal.

Veamos: el violín y la viola exigen posturas corporales asimétricas, mientras que el cuerpo humano es simétrico. Para que esas posturas asimétricas no causen durezas y tensiones, conviene que sean asimiladas a temprana edad -digamos de 4 años en adelante- para que resulten del todo naturales. La inmensa mayoría de los violinistas que se destacan hoy en día en el mundo han empezado su andadura a muy temprana edad. Hace 65 años, después de la 2ª Guerra Mundial, hubo más o menos una docena de violinistas célebres, todos genios, que llegaron a tocar bien a pesar de todo. Hoy hay centenas de gente que toca tan bien o mejor que aquellos, gracias a los avances de la ciencia que ha definido bien cómo enseñar y cómo obtener los mejores resultados. Todas estas novedades no han llegado a España, y por ello tenemos gran mayoría de violinistas y violas extranjeras en nuestras orquestas: aquí no se producen los profesionales que se necesitan. En estos tiempos en que hay mucho paro, esto es una calamidad: más de 500 puestos de trabajo no aprovechados, en un país donde el talento para esto es notorio. España es nº 1 en deportes. ¿Y qué es hacer deporte? Usar una combinación efectiva de la cabeza y el cuerpo. ¿Y que es tocar el violín? ¡Exactamente lo mismo!

Yo no culpo al profesorado de los Conservatorios Superiores de la falta de cuartetos de cuerda de alumnos. Ellos reciben un material humano que, salvo escasísimas excepciones, está tieso, lo que impide desarrollar la sensibilidad de la cual estoy hablando. Y sin esa sensibilidad, la afinación será defectuosa y el cuarteto no sonará bien. ¿Por qué es esto así? Como ejemplo, tengo entendido que en las Escuelas de Música Municipales del país, los alumnos ingresan a los 6 años, y reciben dos años de cursos teórico/prácticos, empezando con el instrumento que eligen recién a partir de los ocho años. Nada que objetar para otros instrumentos, pero para violín/viola esto es demasiado tarde. Lo que extraña es que los conservatorios profesionales y superiores no protesten por esto, ¿o no se dan cuenta? No digo que nadie pueda superar este inicio de la andadura tardía, pero será en el mejor de los casos una pequeña minoría, y me parece que las instituciones oficiales deben de servir a las mayorías, no a las minorías. Para las cuerdas altas puede afirmarse, rotundamente, que: ¡el cuerpo no puede esperar, la cabeza, sí!

En los cuartetos que tocaron en estos tres conciertos -sobre todo en los dos primeros- hubo un buen número de alumnos españoles. ¿Cómo han hecho ellos para superar el escollo señalado? Pues, si se analiza caso por caso, se llegará a la conclusión que tuvieron la suerte de iniciar su andadura sobre el instrumento a temprana edad, que tuvieron suerte con sus primeros profesores, y que la gran mayoría no cursó estudios en establecimientos oficiales. Y esto se vio reflejado en lo que escuchamos: ante todo, mucha soltura y excelente calidad en los “unísonos” que casi todas las obras traen, donde se pone a prueba esta afinación “sensible” de la que estoy hablando.

La situación actual tiene remedio, sin costes adicionales, si se tuviera interés en corregirla ya que seguir como estamos no deja al país muy bien parado, que digamos. Tengo correspondencia, hace años ya, con el MEC, para sugerir cambios que mejoren la situación. Pero parecería que el asunto no interesa, porque no sucede nada para mejorar las cosas. En el caso de España, esto es doblemente doloroso, porque hay talento a raudales. Hace pocos meses, un joven muy dotado, de 20 años de edad, acudió a mí para que le suelte: una conocida experta extranjera lo había calificado de musical, talentoso, pero totalmente tieso. Trabajamos intensamente durante tres meses, y como tenía talento respondió muy positivamente, y -ante todo- consiguió aumentar su placer al tocar el violín. Pues ahora ya es alumno del Mozarteum de Salzburg donde se encuentra a sus anchas, y España se perdió otro profesional, porque después de esta experiencia quién sabe si deseará regresar para trabajar aquí. Casos así no deben producirse, y si se producen, algo anda mal. Es hora ya de corregirlo.

Y ahora comentaré, una por una, las actuaciones escuchadas.

Concierto del 18 de Enero. Asistencia: 95%. Ciclo ‘Da Camera’

Mozart: Cuarteto K 575. Cuarteto Albéniz: Marina Peláez y Pablo Muñoz, violines, Inés Picado, viola, y Pedro Peláez, violoncello. Nos ofrecieron una versión muy correcta de este célebre cuarteto. Hicieron bien en repetir la exposición del primer movimiento. Este movimiento -también los otros- traen diversos pasajes de unísono, que sonaron muy bien, con gran pureza. En el segundo movimiento, el violoncello tiene un solo en tesitura alta, que sonó espléndidamente. El fraseo, en general, correcto: una pizca más de libertad expresiva llegará con el tiempo.

Brahms: Cuarteto op 51 nº2, movimientos 1 a 3. Cuarteto Arriaga: Alma Olite y Cristina Grifo, violines, Ewelina Bielarczyc, viola, y Natalia Díaz, violoncello. Con Brahms, no es solamente la buena afinación sino también el sonido conjunto que influye en el rendimiento, y quedé muy impresionado por la calidad lograda. Esta preciosa música recibió una versión muy expresiva, donde todo estaba en su sitio. ¡Muy bueno! Espero poder tener el placer de escucharles también el cuarto movimiento, en un futuro no demasiado lejano. ¡No me lo perderé!

Chaicovski: Cuarteto nº1 op 11. Cuarteto Oscar Esplá: Eszter Stankowski y Matej Osap, violines, Ivan Podyachev, viola, y Mariusz Wysocki, violoncello. El compositor no se prodigó con la forma cuarteto de cuerda: apenas escribió tres, y todos entre los 30 y 35 años de edad. Este primero se destaca por el segundo movimiento, Andante cantábile, que se ha hecho muy famoso y se toca con frecuencia separadamente. Se trata de música muy bien compuesta, pero que no entusiasma: hay un academicismo que en algunos momentos estrangula la evolución musical. La versión fue excelente, y los unísonos rápidos del último movimiento -de difícil ejecución- sonaron de forma soberbia. La calidad de los cuatro pudo comprobarse en los solos que tenían y el conjunto funcionó superlativamente bien.

Concierto del 19 Enero. Asistencia: 15%. Ciclo Preludio.

Debido a la hora -12 a.m.- hubo poco público, pero la calidad fue nuevamente muy satisfactoria. Veamos:

Dvorák: Los Cipreses, para cuarteto de cuerdas, sin número de opus. Cuarteto Esferas: Chi Lee y María Flores, violines, Sara Ferrández, viola, y Mon-Puo Lee, violoncello. Se trata de cinco piezas de una duración de entre dos-tres minutos cada una, muy bonitas, inspiradas en títulos poéticos. La versión sonó muy bien, reflejándose el carácter -romanticismo típico checo - de cada pieza con mucha musicalidad y buen sonido.

Beethoven: Cuarteto op 18 nº6. Cuarteto Scarlatti: Andriy Murza y Sara López, violines, Paula García, viola, y Lucía Otero, violoncello. Este célebre cuarteto, el último de la serie de seis que abarca el op 18, demuestra la maestría de Beethoven en el género, desde el principio, y recibió una interpretación digna de elogio. Calidad sonora, afinación, musicalidad, todo impecable. Los pasajes en unísono, perfectos. Me gustó especialmente el empuje, a través de una ligera aceleración, que se dio a la repetición del Scherzo, luego del Trío. Muy buena idea, y muy efectiva.

Concierto del 21 Enero. Asistencia: 90%. Ciclo: Da Camera

Debo hacer hincapié aquí que en este concierto se presentaron cuatro conjuntos estables, que vinieron a Madrid a recibir enseñanzas del veterano maestro Pichler, ex primarius del célebre cuarteto Alban Berg, cuya sabiduría es buscada por cuartetos estables jóvenes que desean abrirse camino en el competitivo mundo de los conciertos públicos. Siendo así, debo aclarar que se trata de profesionales jóvenes que han terminado sus estudios del instrumento y así no constituyen grupos afectados por lo arriba comentado. Eso sí, se nota que los conjuntos estables logran profundizar cada vez más en los vericuetos de las partituras, fruto de la veteranía ya adquirida, antes y ahora aquí.

Janácek: Cuarteto nº1 ‘Sonata a Kreutzer’. Cuarteto ARS: Rositsa Chopeva y Desislava Karamfilova, violines, Petya Kavalova, viola, y Marina Hinova, violoncello. El movimiento ‘Con moto’ que dura apenas ocho minutos recibió una excelente interpretación por estas cuatro señoritas búlgaras. Esta música no es fácil, ni técnica ni musicalmente, ni para el intérprete ni para el oyente. Hay una intensidad inusitada, que el cuarteto ARS supo expresar con pleno conocimiento de causa, a pesar del lenguaje bastante moderno de Janáçek.

Debussy: Cuarteto op 10. Cuarteto Piatti: Charlotte Scott y Michael Trainer, violines, David Wigram, viola, y Jessie Ann Richardson, violoncello. Este cuarteto fue formado hace dos años por ex alumnos/as del Royal College y la Royal Academy de Londres, ya tiene ganados premios e hizo una cabal demostración de sensibilidad y destreza, ofreciéndonos una versión preciosa del bellísimo cuarteto de Debussy. Impresionó ante todo el color del sonido conjunto, ya sea en pasajes agresivos, ya sea en delicados, en los cuales hubo unos súper-pianísimos que sonaron soberbios. Rubati muy finos en el primer movimiento, el solo de la viola y luego un pasaje unísono de violín/viola en el tercer movimiento, llamaron especialmente la atención.

Beethoven: Cuarteto op 59 nº2. Cuarteto Amaryllis: Gustav Frielinghaus y Lena Wirth, violines, Lena Eckels, viola, y Yves Sandoz, violoncello. Este cuarteto de origen suizo se fundó en el año 2000 y ya ha ganado un primer premio en un concurso internacional. Su versión del Cuarteto de Beethoven se caracterizó por su minucioso análisis del fraseo necesario para hacer resaltar la arquitectura magistral de esta obra. Escuché algunos detalles que nunca antes me habían llamado la atención, y que posiblemente no se destacaron en el pasado porque nuestros oídos aún no estaban acostumbrados a asimilar estos exabruptos musicales. No cabe duda que las cosas estén cambiando, y que el Cuarteto Amaryllis las refleja de forma magistral.

Brahms: Cuarteto op 51 nº1. Cuarteto Voce: Sarah Dayan y Cécile Roubin, violines, Guillaume Becker, viola, y Florian Frere, violoncello. Otro cuarteto ya veterano, creado en 2004 y que se perfecciona en Madrid. Ya ha ganado varios premios internacionales. Su versión del Primer cuarteto de Brahms tuvo alto nivel internacional: intensidad y dramatismo en el primer movimiento, sonoridad sutil (con un ppp divino) en el segundo, solos de gran calidad en el tercero, y mucho brío, con contrastes entre pasajes líricos y animados excelentes en el cuarto, demostraron la ductilidad y musicalidad del conjunto.

Este concierto tuvo un alto nivel de calidad, a la altura de cualquier exigencia internacional. Es un placer y una satisfacción que Madrid acoja a estos jóvenes músicos, gracias a la labor de la Fundación Albéniz y de los profesores de fama internacional que allí enseñan.
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