Estados Unidos

A quiet place reivindicado

Horacio Tomalino
jueves, 10 de febrero de 2011
Nueva York, domingo, 21 de noviembre de 2010. New York City Opera. Lincoln Center for the Performing Arts. A Quiet Place, ópera en tres actos con música y letra del compositor estadunidense Leonard Bernstein (1918-1990) y basado en el libreto del escritor americano Stephen WadsworthEstreno: Houston Grand Opera el 17 de junio de 1983. Christopher Alden, dirección escénica. Elenco: William Ferguson (Director del Funeral), Michael Zegarski (Bill), Judith Christin (Susie), Jonathan Green (Psicoanalista), Jake Gardner (Doc), Victoria Livengood (Señora Doc), Sara Jakubiak (Dede), Dominic Armstrong (François), Joshua Hopkins (Junior), Louis Otey (Sam), Christopher Feigum (Joven Sam), Patricia Risley (Dinah), Mary Ragan (Señora Brown), Adam Burby (Joven Junior). Coro y Orquesta del Teatro. Jayce Ogren, director musical. Temporada 2010-11.
0,0001611 A pesar de los muchos méritos de la ópera, A quiet place nunca ha logrado obtener el beneplácito del público en la medida en que se lo merece. En la reposición que la New York City Ópera llevó a cabo de la ópera de Leonard Bernstein, finalmente se ha logrado reivindicar una obra que por un lado logra honrar tanto la tradición de Broadway como la operística americana, conserva una trama de gran vigencia y que por cuya riqueza musical de identidad absolutamente americana debe inscribirse indefectiblemente en el legado operístico del gran país del norte.

Originalmente concebida como una secuela de la ópera en un acto Trouble en Tahiti (1951) -cuya versión definitiva ha sido incorporada a la ópera que nos ocupa-, la trama busca plantear las relaciones existentes en el seno de una familia americana de clase media de los suburbios de la ciudad de New York y el modo en que esta enfrenta el hecho de la muerte de uno de sus miembros así como la manera en que estos buscan juntos superar la perdida.

El primer acto tiene lugar en un salón funerario donde familiares y amigos asisten al oficio religioso de la madre de la familia muerta recientemente en un accidente automovilístico y hace referencia a las emociones que este hecho provoca tanto en su familia como en los asistentes a la sala velatoria. El segundo acto retoma básicamente el original de la ópera Trouble en Tahiti escrita varios años antes. En la escena, los personajes que conocimos en el acto anterior son presentados por medio de dobles más jóvenes y de modo retrospectivo puede observarse de qué manera los miembros de la familia han intentado enfrentar o escapar de la mediocridad cotidiana en la que se ven inmersos. Finalmente, el último acto tiene lugar en el jardín de la casa a modo de intento de reconciliación. El padre y los hijos, pensando en la madre fallecida, reconocen la necesidad de comunicarse a pesar de las dificultades y buscan alcanzar una reconciliación que les permita alcanzar la perdida paz interna.



©2010 by NYCO

La realista producción escénica que para la NYCO firmó Alden ayudó mucho a hacer fluida la compleja trama y esto gracias a un tratamiento actoral de primer orden de los cantantes, una muy acertada utilización de personajes mudos y unas estudiadísimas marcaciones para las escenas en las que intervino el coro. La cuidada iluminación de Aaron Black fue otro elemento importante en el éxito final de la producción.



©2010 by NYCO

El elenco estuvo a la altura de las circunstancias, destacando por su homogeneidad y solidez. Como el padre, el barítono Louis Otey fue un intérprete de gran temperamento que encontró en todo momento el acento justo para expresar todas transformaciones psicológicas que vive su personaje. Como la madre, la mezzo-soprano Patricia Risley resultó ser una Dinah intensa y de gran prestancia escénica. En cuanto a los roles nada simples de sus hijos, el barítono Joshua Hopkins conmovió por el sensible retrato que hizo del homosexual hijo Junior y de la conflictiva relación que mantiene con su padre. Por su parte, Sara Jakubiak superó la prueba que suponía la composición de su controvertida hermana Dede y lo mismo ocurre para Dominic Armtrong en el rol de su bisexual esposo François. De los muchos roles secundarios, sobresalieron con luz propia la señora Doc de una Victoria Livengod pletórica de personalidad, y la Susie de la veterana Judith Christin, quien convirtió en oro cuanta frase tocó.

La orquesta de la casa, dirigida por Jayce Ogren, tuvo una gran actuación. Desde el foso, el director americano condujo con brillantez y un muy atento equilibrio entre la orquesta y la escena demostrando en todo momento poseer un gran conocimiento de la partitura de Bernstein.
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