España - Madrid

Un nivel internacional de altos vuelos

Juan Krakenberger
martes, 1 de marzo de 2011
Madrid, lunes, 21 de febrero de 2011. Auditorio Sony de la Fundación Albéniz. Cuartetos Ars, Con Fuoco, Cavaleri, Acies, Voce y Piatti. Obras de Beethoven, Stravinsky, Haydn, Webern, Ligeti y Smetana. Ciclo Da Camera. Cátedra de cuartetos de cuerda. Profesor: Günter Pichler. Asistencia: 85% del aforo
0,0002219 Seis cuartetos estables, que vinieron a Madrid para perfeccionarse con el maestro Günter Pichler, nos dieron una exhibición de altísima calidad de lo que se puede hacer con este género. Una demostración más de que el repertorio para esta formación permite no solamente una enorme variedad sino que nos trae música de gran enjundia, y esto teniendo en cuenta los diferentes estilos que desfilaron ante nosotros. Un concierto casi maratónico -más de dos horas y cuarto- que se hicieron cortas ante la variedad y seriedad con que fueron regalados nuestros oídos.

No cabe duda que la presencia del maestro Pichler en Madrid atrae a lo más granado de cuartetos jóvenes europeos que desean abrirse un porvenir y que vienen a perfeccionarse con él. Creo difícil que pueda repetirse un concierto de esta naturaleza en muchos otros sitios, a escala mundial. Madrid puede estar orgullosa de tener una escuela capaz de semejante proeza.

Un detalle interesante aún a señalar: seis cuartetos = veinticuatro músicos. De estos veinticuatro, quince fueron mujeres, o sea, casi 2/3 partes. Un género que hasta hace pocos lustros aún estaba en manos masculinas, exclusivamente, está siendo conquistado por mujeres, y por lo visto y oído, lo hacen muy, muy bien. Una evolución digna de destacar.

L. van Beethoven: Cuarteto nº11 op 95: 1º Mov: Allegro con brío. Cuarteto Ars: Rositsa Chopeva y Desislava Karamfilova, violines, Petya Kavalova, viola, y Marina Hinova, violoncello: Este cuarteto formado por jóvenes búlgaras hizo alarde de mucha técnica, tocando este movimiento a un ritmo rasante, muy rápido. Con ello sacrificaron algo de calidad sonora, pero parecía no importarles. Querían mostrar el enorme empuje de esta música y lo lograron plenamente. Hace unos lustros, esta versión no hubiera sido aceptable, pero nuestros oídos de hoy, acostumbrados al ruido cotidiano, responden mejor a embates de esta naturaleza.

Igor Stravinsky: Concertino para cuarteto de cuerdas. Cuarteto Con Fuoco: Imge Tilit y Guideste Mamac, violines, Marion Plard, viola, y Sara Inés Aquinezer, violoncello: Esta obra data de 1920. Pasajes de ritmo motórico, y otros ritmos complejos por su irregularidad caracterizan esta obra. A destacar también largos pasajes de dobles cuerdas a cargo del primer violín. Todo ello para crear un clima cargado de tensiones, para terminar con calma y sosiego de forma muy expresiva. Una obra de dificultad técnica extrema, que nos fue transmitida con una precisión impresionante, como pocas veces nos es dada presenciar. ¡Fuera de serie!

Franz Joseph Haydn: Cuarteto op 76 nº4 ‘Salida de sol’ (Sunrise). Cuarteto Cavaleri: Anna Harpham y Ciaran Maccabe, violines, Ann Bellby, viola, y Rowena Calvert, violoncello. Este cuarteto se formó en 2008 en Inglaterra (Royal College) y nos brindó una maravillosa versión de uno de los cuartetos más bellos y expresivos de Haydn. El mismo principio ya nos envuelve en la magia de la melodía y del color sonoro. Y lo pudimos gozar dos veces, ya que repitieron la exposición de este primer movimiento ‘Allegro con spírito’: ¡excelente idea! El Adagio que sigue sonó gloriosamente, con pianísimos de una calidad sonora extraordinaria. En el Menuetto y Trío sobresalieron los unísonos, y unos rubati apenas insinuados pero muy efectivos. Y el Allegro final destacó unos contrastes entre forte y piano, ejemplarmente logrados. ¡Qué bien sonó esto! Un auténtico placer.

Anton Webern: Cinco movimientos para cuarteto op 5 y Seis Bagatelas para cuarteto op 9. Cuarteto Acies: Benjamin Ziervogel y Raphael Kasprian, violines, Manfred Plessi, viola, y Thomas Wiesflecker, violoncello. Estas obras datan de 1909 y 1913, respectivamente. Los cinco movimientos alternan de clima -movido/tranquilo/movido/tranquilo/ movido- y constituyen en realidad un cuarteto de forma tradicional, si no fuera por la manera tan original de Webern de expresarse. Es un idioma ya contemporáneo: revolucionario para la época en que fue escrita esta música. Las Bagatelas son piezas muy breves donde se exploran matices sonoros diferentes. La versión fue ejemplar. Los cuatro músicos austríacos superaron las dificultades con enorme aplomo y escuchamos versiones ejemplares. También estas piezas están plagadas de dificultades de todo orden que fueron superadas con gran soltura. ¡Impresionante!

György Ligeti: Cuarteto nº 1 ‘Metamorfosis nocturnas’. Cuarteto Voce: Sarah Dayan y Cécile Roubin, violines, Guillaume Becker, viola, y Florien Frere, violoncello. Esta obra data de 1953/4 y constituye una muestra cabal del arte de Ligeti. Este compositor cuida ante todo los efectos sonoros de sus construcciones, y combina los cuatro instrumentos de manera muy original, para sorprendernos a cada vuelta con nuevos colores y efectos. Hacia el centro de la obra, al violoncello se le rompió una cuerda y luego de algunos minutos reanudaron la obra con el pasaje de trinos tan sugerente, que inicia momentos más sosegados de la obra. Pero luego, las cosas se animan de nuevo: suena un vals irónico y le sigue otro ritmo típicamente húngaro, pero hacia el final es nuevamente el color sonoro -armónicos y glissandi- el que nos lleva hasta el último compás. Lo que escuchamos fue nuevamente una prueba de la gran calidad del cuarteto Voce, fundado en 2004 y que, cada vez que los oímos, se superan. Montar una obra como ésta da muchísimo trabajo, y que lo hicieron con dedicación y amor quedó debidamente testimoniado. ¡Bravi!

Ya habíamos escuchado casi hora y media de música, y hubo un breve intermedio.

Bedrich Smetana: Cuarteto nº1 ‘De mi vida’. Cuarteto Piatti: Charlotte Scott y Michael Trainer, violins, David Wigram, viola, y Jessie Ann Richardson, violoncello. Con esta obra volvimos al romanticismo del siglo XIX: la obra data de 1876, momento de plena madurez del compositor que volcó en este cuarteto reminiscencias de su vida, de la forma más expresiva que uno pueda imaginar. ¡Qué bella música! ¡Qué entrañable narración! Desde el inicio, cuando la viola canta el primer tema, quedamos atraídos por esta narrativa sentimental. El segundo movimiento nos trae ritmos bohemios, donde rubati delicados nos embaucan en un genial cuento lleno de vida y ganas. El Largo sostenuto -tercer movimiento- es muy emocionante, destacándose voces internas llenas de ternura. Y el Vivace final, con desenfreno y pasajes solistas para el primer violín, termina finalmente con reminiscencias de las movimientos anteriores, como una visión panorámica ‘De mi vida’ por parte del compositor. La versión de los jóvenes músicos ingleses (Royal College y Royal Academy) fue ejemplar, impresionando ante todo el bello sonido que produjeron. ¡Una auténtica gozada!

El público presente aplaudió a todos los grupos con entusiasmo. Habíamos presenciado algo inusitado: calidad a torrentes, buena música, y una demostración de dedicación y trabajo serio como pocas veces se puede apreciar. Todas las versiones correspondieron a un nivel internacional de altos vuelos. Difícil de creer, pero eso fue lo que sucedió. ¡Notable!
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