Italia

Verdi baila

Elna Matamoros
jueves, 13 de septiembre de 2001
Parma, domingo, 9 de septiembre de 2001. Parma. Teatro Regio, Verdi Festival. Ballo della Regina (Verdi/Balanchine), Quartet for Strings (Verdi/Martins), Viva Verdi (Verdi/Martins), The Four Seasons (Verdi/Robbins). Representaciones: 8 y 9 de septiembre. Barber Violin Concerto (Barber/Martins), Dances at a Gathering (Chopin/Robbins), Symphony in C (Bizet/Balanchine). Representaciones: 11, 12 y 13 de septiembre. New York City Ballet; Director, Peter Martins. Orquesta Sinfónica de la Fundación 'Arturo Toscanini'; Director Musical, Hugo Fiorato. Asistencia: 99%.
0,0001435 El entusiasmo que la dirección del Teatro Regio de Parma ha puesto en la organización del Festival Verdi ha quedado demostrado en la forma en que han reservado espacio escénico a la danza, y lo han hecho con la compañía que mejor ha podido homenajear al compositor, el New York City Ballet, que tanto por su altísima calidad como por contar en su repertorio con las obras más apropiadas, llevó al público al éxtasis.El New York City Ballet, fundado por el coreógrafo George Balanchine en 1948, es una de las grandes compañías clásicas del mundo y una de las pocas que tiene en su haber un repertorio propio, único y extraordinario, que dominan con un estilo absolutamente inalcanzable para el resto, y que fieles a la tradición marcada por sus fundadores, siguen sorprendiéndonos por su altísimo nivel técnico, por su exquisita musicalidad y por la explosividad artística de sus bailarines.El programa elegido para su presentación oficial en el Festival lo constituían cuatro ballets, todos ellos sobre música verdiana, que ofrecían los trabajos de los coreógrafos fundadores de la compañía - George Balanchine y Jerome Robbins - y otros dos especialmente creados para la ocasión por el actual director de la mísma, Peter Martins.Abría la noche el Ballo della Regina, todo un clásico de la compañía que Balanchine creó en 1978 sobre la música añadida para ballet del Don Carlo estrenado en 1867 en la Ópera de París, y que presenta un desafiante reto para todos sus intérpretes; en este caso, Peter Boal - impecable como siempre y harto experimentado en estas lides - y Miranda Weese - soberana técnica de la compañía, que supo paliar las dificultades que le brindó la orquesta con sus peculiares tempi - estaban rodeados de cuatro excelentes solistas y una pléyade de jovencitas entusiastas, bellísimas, de puntas brillantes y maquillajes perfectos incluso después de pasarse todo el ballet corriendo de aquí para allá.Los dos trabajos presentados por Peter Martins demuestran una vez más la solidez de su influencia balanchiniana, que no es ni más ni menos que la habitual en aquellos que se han pasado toda su carrera disfrutando de las enseñanzas de un determinado creador; la ventaja es que en el caso de Martins, al no pretender 'romper lo preestablecido', ni 'crear un estilo propio', ni 'dotar de una personalidad nueva a la compañía', que es lo que suelen decir los que luego se dedican a copiar sin complejos, se limita a no tratar de shockear al público, y simplemente le deja disfrutar de la danza, de los juegos coreográficos de sus bailarines y del uso inteligente de la música. Y de verdad que se lo agradecemos enormemente.Tanto en el Quartet for Strings sobre el Quartetto per archi in mi minore arreglado por Yuli Turovsky, como en elViva Verdi sobre variaciones de La Traviata de Marc-Olivier Dupin (excelente el violín de Kurt Nikkanen), vemos cómo Martins ha encontrado la pieza clave de sus coreografías en la extrema complejidad de su trabajo de paso a dos - recordemos que él mismo era un extraordinario partner en sus tiempos como bailarín - y en la precisión sublime del trabajo de puntas de la escuela americana. Si en el Quartet for Strings destacó Jennie Somogyi (recientemente ascendida al rango de Principal Dancer esta temporada), en Viva Verdi fue Darci Kistler - la elegancia en puntas - quien, a pesar de estar acompañada por un deslucido Charles Askegard, brilló con luz propia. Tres jóvenes solistas, a resaltar Janie Taylor, hicieron el resto para sacar adelante el ballet.Cerró la noche The Four Seasons, una coreografía de Jerome Robbins de carácter mitológico y festivo sobre la música para ballet de I Vespri Siciliani con partes intercaladas de Il Trovatore y de I Lombardi alla prima crociata en la que, siguiendo la idea original de Verdi, el dios del año nuevo, Jano, invita a una danza representativa a cada estación; un ballet de gran brillantez escénica, con bellísimos diseños originales de Santo Loquasto y Jennifer Tipton, justo lo que merece una coreografía como esta. Y rodeado de unos arrolladores Damian Woetzel y Alexandra Ansanelli - que aún tiene que reposar su ímpetu juvenil antes de convertirse en una estrella - el español Antonio Carmena, completamente transformado por un trabajo que por fin ha desarrollado todo su talento, interpretando el otoñal Puck; será uno de los elementos indispensables de la compañía en un futuro muy breve.Acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Fundación 'Arturo Toscanini' bajo la batuta del veterano titular de la compañía Hugo Fiorato, el New York City Ballet demostró una vez más que ellos sí saben lo que es presentar un buen espectáculo de danza clásica, dominando el repertorio, conociendo y respetando los legados coreográficos recibidos, superando el aspecto técnico para utilizarlo como instrumento artístico y expresivo, y sabiendo seleccionar las coreografías de cada programa de acuerdo a las circunstancias.Vamos, que habría sido una estupenda inauguración de temporada para el Teatro Real de Madrid.
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