Discos

Física orgánica

Paco Yáñez
lunes, 16 de mayo de 2011
Chaya Czernowin: Anea Crystal; Sahaf; Sheva; Winter Songs III. Quatuor Diotima. Eric Daubresse (IRCAM), electrónica. ascolta. Ensemble Courage. Ensemble Nikel. Titus Engel y Jonathan Stockhammer, directores. Rainer Pöllmann, productor. Andreas Lorenz, Thomas Monnerjahn y Henri Thaon, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 56:34 minutos de duración grabado en el Studio Gärtnerstraße de Berlín y en el Europäisches Zentrum der Künste de Dresden (Alemania), del 26 al 30 de enero de 2009, y el 28 de marzo y 19 de mayo de 2010. Wergo WER 6726 2. Distribuidor en España: Diverdi
0,0002776 Afirma Jörn Peter Hiekel con respecto a la música de Chaya Czernowin (Haifa, 1957) que ésta mira en profundidad a nuestra oscuridad interior, encontrando en sus abismos asomos de belleza. Este proceso de introspección psicológica a partir de traumas históricos, que había alcanzado su cenit en el catálogo de la compositora israelí con la ópera Pnima...ins Innere (1998-99), se ha ido transformando, a lo largo de la última década, de un pathos de corte expresionista a un proceso en el que los desarrollos vegetativos han adquirido un peso crucial a la hora de estructurar y dotar de vida a las piezas musicales. No quiere ello decir que la música de Czernowin se haya vuelto microscópica o ajena a su entorno cultural, y en lo que ha ido derivando es en composiciones organizadas como pequeños homúnculos orgánicos interrelacionados con un sistema; principios que tanto comparte, a un nivel micro, con la biología celular, como a un nivel macro, con buena parte de la arquitectura de vanguardia.

Lejos de ubicarnos en un escenario de rígida determinación científica, en el cual la música se encuentre completamente sujeta a leyes y principios prefijados, la evolución de estos procesos biológicos en la arquitectura sonora de Czernowin nos sitúa en territorios-límite que redefinen la membrana del corpus musical, sus fronteras, y desde este perímetro la ontología misma del hecho sonoro. Esa lucha del sonido contra su propia camisa de fuerza (o cárcel dorada) somete a lo musical a un proceso de continua reformulación, rehuyendo los elementos tautológicos y apostando por la fisicidad del gesto musical como punto de liberación de tensiones entre compositor, intérpretes y oyentes; una triple intersección que abre resquicios a lo inesperado, a la individualidad emocional e intelectual dentro del proceso composición-interpretación-audición. Se trata de una fenomenología de la escucha que bebe de la filosofía del ascoltare de Luigi Nono y Massimo Cacciari, y cuyo proteico influjo recala en Chaya Czernowin a través de algunos de sus maestros, como Brian Ferneyhough o Helmut Lachenmann. En la investigación del hecho físico de la música y sus límites, comparte la israelí con tan ilustres precedentes la posibilidad de descubrir un espacio donde lo biológico, lo psicológico, lo sociológico y lo cultural se integran en una acción sintética de amplio calado hermenéutico e infinitas posibilidades artísticas, cual el desgarro de un dripping pollockiano sobre un lienzo yaciente.

Tras sus últimos monográficos en NEOS (10926) y Mode (219), retorna la música de Chaya Czernowin a la sección discográfica de Mundoclasico.com con un soberbio compacto para Wergo que recoge sus Winter Songs III (2003-04), así como un conjunto de piezas englobadas bajo la denominación Shifting Gravity, que compendia el ciclo Anea Crystal y las obras Sahaf y Sheva, todas ellas compuestas en 2008.

Las tres piezas para cuarteto de cuerda Anea Crystal se enraízan en una estética que nos podría recordar a la de Brian Ferneyhough, pero igualmente a ciertos destellos del Penderecki más gráfico y vehemente de los años sesenta. Un amplio uso de ritmos inestables, del pizzicato y del glissando, va conformando unas piezas heterogéneas con cierta sensación de caos controlado, de situarnos en una frontera al borde de la pérdida del dominio sobre los materiales sonoros. Czernowin, fiel al desarrollo vegetativo antes mencionado, crea una combinación interna entre las diferentes partes de estos cuartetos, sintetizando una fusión que multiplica sus efectos en la aquí dispuesta como pieza central del ciclo: ‘Anea’, que como un cristal refleja y multiplica los recursos de las otras dos partes del ciclo: ‘Seed I’ y ‘Seed II’.

Por su parte, Sahaf y Sheva, intercaladas aquí con Anea Crystal, aportan sonoridades y conceptos totalmente dispares y contrastantes. Sahaf, tras su fulgurante comienzo, se convierte en un campo de timbres ligados por ritmos inestables en un marco que se va precipitando hacia el silencio. La calidad del vacío y la materia de la nada parecen ser los objetos de estudio para Czernowin, a través de los residuos musicales que se desprenden de tales espacios. Sheva se afianza más en el sonido mismo, a través de síntesis tímbricas no convencionales y cierto margen para la improvisación libre. Tanto Sahaf, como Sheva, conducen la música de la israelí a territorios en la fractura con la propia música tal y como esta se conceptualiza en su cuarteto, abriendo universos sonoros radicalmente dispares, y por tanto una gran riqueza artística.

Por último, las Winter Songs III, para ensemble y electrónica, nos conducen a un mundo sonoro más cercano a Sahaf y Sheva, mucho más imprevisible, indómito y ruidista. Se rige esta tercera entrega de las Winter Songs por su carácter oscuro y denso, así como por cierta frialdad que paraliza el decurso sonoro de forma reiterada, como si una congelación atacara periódicamente a unos instrumentos ateridos en un proceso de dispersión. Tras escuchar el ciclo Anea Crystal, las Winter Songs III realmente parecieran música mutilada, procesos sonoros en ruina, colapsos acústicos. La inventiva tímbrica nos remite aquí a la mejor Czernowim, pero hay que reconocer que su apuesta es tan arriesgada que por momentos la pieza parece al borde de la autodestrucción.

Las interpretaciones son excelentes. La presencia del Quatuor Diotima nos permite escuchar una Czernowin hasta delicada en sus texturas y ataques. La depuración sonora, el control y sentido de los pizzicati en Anea Crystal, son algo a destacar, así como la claridad exponiendo voces y combinando los planteamientos que se solapan como síntesis de las distintas partes. El resto de la versiones están marcadas, al contrario, por un ímpetu rabioso. Me han sorprendido gratísimamente los ensembles Nikel y ascolta, éste último dirigido por el norteamericano Jonathan Stockhammer. El peso tímbrico y rítmico de sus ataques los conducen con un sesudo domino estructural, en piezas cuyo control es realmente complejo sin que todo el edificio musical se caiga por tierra.

Las tomas sonoras son magníficas, y el libreto muy bien documentado, con ensayos realmente informativos sobre estas nuevas propuestas a cargo de una de las compositoras más destacadas de nuestro siglo, siempre sugerente y arriesgada.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi
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