España - Galicia

Voces de la infancia

Paco Yáñez
jueves, 9 de junio de 2011
Georg y Alice Crumb © 2019 by Steven Pisano Georg y Alice Crumb © 2019 by Steven Pisano
Santiago de Compostela, martes, 31 de mayo de 2011. Centro Galego de Arte Contemporánea. Taller Atlántico Contemporáneo. Diego García Rodríguez, dirección. Alfred Schnittke: Lebenslauf. George Crumb: Ancient Voices of Children. Ocupación: 70%
0,0007903 Todo pasa en esta vida, hasta las campañas electorales. Lo más preocupante es la reseca que dejan... Me he cansado en las últimas semanas de escuchar discursos entre el populismo de más baja altura intelectual y la más simplista retórica política. No es algo achacable de forma exclusiva a un sólo color parlamentario, desgraciadamente se trata de una plaga extendida que viene vaciando de ideología el discurso de los partidos hegemónicos en los últimos lustros, instalados como lo están en una dialéctica de hooligans que flaco favor hace tanto a quienes la padecemos, como a aquellos que desafinadamente la entonan. Estos días se han visto las primeras reacciones en masa en nuestras plazas. Se trata de una dinámica que, de enquistarse la crisis económica y la dictadura de un poder político supeditado al capital especulativo, no hará sino ir a más, con imprevisibles consecuencias... Decía Chesterton que necesitamos releer la historia para saber no sólo dónde estamos, sino hacia dónde caminamos. Parece que ciertos signos y señales reaparecen. Algunos harán las re-lecturas demasiado tarde...

Entre los discursos políticos más inconsecuentes que he escuchado en los últimos comicios, está el del actual presidente de la Xunta de Galicia, que no se ha cansado de repetir la gran labor que su gobierno viene realizando, y que está permitiendo (Feijóo dixit) salir a Galicia de la crisis mejor que el conjunto de España. Resulta paradójico que este discurso triunfalista se acompañe de toda una serie de recortes del estado en su labor sociocultural, disfrazada tal maniobra de corte reaccionario y neoliberal con el oportunista disfraz de la ‘austeridad’. Siempre hay quien aprovecha los ríos revueltos para recomponer la realidad al son de sus filiaciones. El tema con respecto a la cultura es que, en esta valleinclanesca Galicia, lo que por un lado se ahorra, por otro se despilfarra a mancheas -que dirían por aquí-...

En esa Galicia ficticia conformada en el imaginario cultural de la Xunta, las instituciones gallegas que venían protagonizando el mayor volumen de estrenos de música actual han sido, paradójicamente, las más damnificadas con la excusa de la crisis. La aportación del erario regional a la Orquesta Sinfónica de Galicia ha bajado cerca de un millón de euros; el presupuesto del Festival Via Stellae ha conocido una caída sin precedentes de en torno al 80%; mientras que la institución que hoy nos atañe, el Centro Galego de Arte Contemporánea, ha visto su presupuesto desplomarse en un 50%. Paralelamente, aquellas iniciativas (atadas y bien atadas) en manos del poder gubernamental de la Xunta, se nutren con unos presupuestos impropios de esa falaz austeridad, como el artísticamente errático 'Galicia Classics’, o ese proyecto megalómano que es la Cidade da Cultura, principal inversión cultural de la Xunta de Galicia y que, ver para creer, en sus actividades habitualmente cuelga el cartel de aforo completo por la ridícula capacidad de sus salas para tales actividades.

Como ya señalamos el pasado mes de abril, en la reseña del concierto que S@X21 ofreció en el cGac compostelano, el director de la institución, el portugués Miguel von Hafe, ha optado por una sencilla regla de tres, y si su presupuesto ha caído el citado 50%, sus dos ciclos de música actual también han experimentado una merma correlativa, por lo cual el ciclo ‘Perspectivas de ensemble’, del Taller Atlántico Contemporáneo, presenta en 2011 tan sólo tres citas: 31 de mayo, 11 de octubre y 13 de diciembre. Complejo será para el melómano seguir un ciclo con tal dispersión temporal. Si, al menos, el interés de las propuestas y la calidad de las interpretaciones es el mismo que hoy escuchamos, el esfuerzo de estar pendiente del calendario merecerá la pena.

Si el pasado curso el TAC dedicó ‘Perspectivas de ensemble’ a la música gallega contemporánea, algo que a quien estas líneas firma le parecía en exceso localista -habida cuenta la orfandad que padecemos en cuanto a obras de los grandes maestros de la actualidad-, este año el conjunto gallego dirige su mirada al exterior, centrándose en compositores de muy diversa procedencia geográfica sin presencia gallega alguna. A veces, aunque parezca retórico, en el término medio está la virtud...

Interesantísimo programa de presentación, con dos obras marcadas por el palimpsesto, así como por la presencia de la infancia y sus ecos en la música. El TAC, uno de los ensembles gallegos que más cuida sus puestas en escena y sus conciertos como un todo orgánico con voluntad pedagógica, encomendó al pianista Nicasio Gradaille la explicación previa de las piezas programadas, algo que siempre se agradece y que creó una receptividad idónea en el numeroso público reunido en el auditorio del cGac.



© 2011 by Paco Yáñez

Abrió el concierto la música de Alfred Schnittke (Engels, 1934 - Hamburgo, 1998), con su pieza para piano, tres percusionistas y cuatro metrónomos Lebenslauf (1982). Coincide la composición de esta mirada retrospectiva de Schnittke al curso de su vida con el momento en que se bautiza como católico en Viena, ciudad donde había pasado parte de su infancia, y donde había escuchado muchos de los temas musicales que filtrará a este palimpsesto, claro ejemplo del eclecticismo que caracterizó al compositor en su diálogo con la historia; esa conversación musical en la que Schnittke asocia la armonía (aquí básicamente citas) al pasado, mientras que su ausencia transubstancia al presente. De este modo, se posibilita un marcado poliestilismo que tiene en Lebenslauf un clarísimo ejemplo, con proliferación de intertextualidad y préstamos, especialmente en su primera parte, con la Marcha turca de Mozart, la Marcha nupcial de Mendelssohn, La Marsellesa, el Dies Irae, frases musicales en notación germánica derivadas de las iniciales de Shostakovich, DSCH, y del apellido BACH, etc.

La obra comienza con un solo metrónomo, presencia que el TAC convocó en grabación de audio y fotografías proyectadas en las que iban apareciendo los metrónomos en las entradas sucesivas que se iba acumulando; lo cual, aunque efectivo, restó algo de autenticidad y magnetismo a la presencia del metrónomo en escena. Recordando el, para mí, más memorable concierto de Schnittke habido en Galicia, el que Gennadi Rozhdestvenski dirigió al Concertgebouworkest en Compostela, con la suite Almas muertas (1984), la presencia del metrónomo es crucial en la dramaturgia de la pieza, y aunque es cierto que resulta complejo coordinar en vivo sus múltiples batidas con el discurso instrumental, sería un reto pertinente el ofrecer de nuevo esta obra con todo su orgánico en directo. El primer tramo de la pieza, con su sucesión de citas, nos retrotrae al mundo de la infancia -como otras partituras de ese mismo 1982, como A Paganini-, en Lebenslauf con presencia de un piano de juguete en el que escuchamos al mismísimo Mozart, con las limitaciones y evocaciones de tal instrumento. A medida que se desarrolla la pieza, con la entrada de más metrónomos para complejizar la escena, ésta se hace más densa y crispada, más obsesiva y abigarrada, con presencias violentas de la percusión y proliferación de polirritmos para evocar el caos y el desorden, al tiempo que una insidiosa batida de metrónomos, de cierto compás que insta a unificar, y que para Gradaille representa la verdad oficial impuesta por unos jerarcas soviéticos cuya presencia gravita angustiosamente sobre la vida y la música de Schnittke. Con un colapso instrumental general en los últimos compases, lo que permanece es un solitario metrónomo final que explicita la tiránica soledad del tiempo como realidad física independiente del ser humano..., o la victoria del patrón único sobre el exiliado, una vez ha vaciado la escena de las voces y ritmos discrepantes. Múltiples lecturas: Schnittke.

La interpretación del TAC, con dirección de Diego García, resultó un tanto rígida, muy ceñida al tempo metronómico. Del citado concierto de Rozhdestvenski una de las lecciones fundamentales que aprendimos fue que bajo una superficie a veces árida o trágica, la dramaturgia de las piezas de Schnittke alberga un sentido del humor que exige una mayor fluidez musical y una actitud menos encorsetada, más libre en el ataque y más audaz en los desarrollos. Loable, como siempre, el piano de Nicasio Gradaille, aunque su instrumento de juguete tuviese un sonido muy limitado; mientras que el trío de percusión pecó algo más de esa rigidez antes mencionada, si bien se agradece la contundencia de sus intervenciones, lo visceral de sus ataques y el arrojo de su lectura, aunque en pasajes puntuales ello entrara en conflicto con la precisión metronómica. Muy de agradecer, en todo caso, el esfuerzo del TAC para crear relieves.



© 2011 by Paco Yáñez

De entre los grandes compositores de nuestro tiempo, George Crumb (Charleston/West Virginia, 1929) ha gozado de cierta presencia en Galicia a lo largo de estos últimos años, con citas realmente notables como el Black Angels (1970) que ofreciera el Grupo Instrumental Siglo XX en el Festival Mozart 2007, o el Makrokosmos (1972-73) en manos de Nicasio Gradaille en el Festival de Lugo 2010. A estas citas hemos de sumar Ancient Voices of Children (1970), que se interpretó al menos dos veces en Vigo, en los años 2006 y 2008, con dirección de un Diego García que, con tal bagaje, volvía a tomar la batuta para conducir una partitura que había interiorizado previamente, algo que se ha notado en los resultados musicales alcanzados esta noche en el cGac.

Entre las obras que conformaban el programa, y dentro de la voluntad interdisciplinar que suele llevar el TAC a sus conciertos, pudimos ver el cortometraje Forma temporal, de Xoán Anleo, inspirado, precisamente, en el proceso de ensayo e interpretación de Ancient Voices of Children en el Conservatorio Superior de Vigo, en el 2006. Nicasio Gradaille organizó en aquella ocasión una actividad con alumnos de Composición del conservatorio olívico para poner música a los Seis poemas galegos, de Federico García Lorca. Como complemento, decidieron abordar alguna otra composición basada en poemas del escritor granadino, resultando de su búsqueda la ejecución de la pieza de George Crumb, compositor en el cual Gradaille es un referente fundamental en Galicia. Aunque la voluntad del cortometraje es loable, no se puede decir que alcance una altura artística muy notable, sin una sinergia y diálogo sustantivo entre imagen y música, que debería ser el aspecto clave en propuestas fílmicas de esta naturaleza.

Pasando ya a la interpretación de Ancient Voices of Children, hay que constatar un mayor dominio de la obra por parte de Diego García, a pesar de la dificultad que ésta presenta, con una plantilla mayor y una profusión de las típicas técnicas extendidas crumbianas; técnicas que desarrollan todos los instrumentistas y que sintetizan una escena tímbrica heterogénea, imaginativa y de gran musicalidad en relación a los textos de Lorca. No es la ejecución de estas técnicas algo extremadamente complejo. Quien conozca estas partituras (editadas por Peters), sabrá que en buena medida el éxito en su correcta interpretación está más en dotar de sentido musical a las mismas, así como en dar con el punto exacto en la ‘coreografía’ interpretativa que nos proponen.

En el primer movimiento, ‘El niño busca su voz’, ya pudimos comprobar las sobresalientes dotes expresivas de Ana Cristina Ferreira, con un especialmente convulso e histriónico canto plagado de reminiscencias flamencas que proyectó dentro de la caja del piano, en paralelo a las acciones instrumentales que Nicasio Gradaille llevó a cabo con las cuerdas del instrumento para jugar con el eco y la transformación del canto en la reverberación del piano. Si tuviese que poner algún pero a este respecto sería tan sólo el escaso tamaño del piano del cGac, así como su muy lateral colocación, lo que resta matices y presencia al canto de Ferreira y al trabajo pianístico en el eco, que precisaría de mayor respiración. Sobresaliente me ha parecido el canto de Cristina Barriga en la voz infantil, emplazada en el foyer del auditorio. Cierta ingenuidad y una entonación muy medida dieron a su voz una presencia irreal, sugestiva y mágica. El refinamiento de Gradaille pareció contagiar a sus compañeros de ensemble, con especial mención para Céline Landelle al arpa. También muy notables los enunciados fonéticos y silábicos de los músicos a lo largo de este movimiento y de toda la obra, algo que no siempre cuaja en todos los ensembles, pues precisa de convicción, musicalidad y una acentuación muy acorde a la prosodia del texto en correlación con el tempo instrumental. Igualmente, desde este primer movimiento destaca la gran corrección de Diego García en el manejo de los tempi de la obra y sus diversos ambientes, dándole gran sentido a sus gradaciones en relación al texto lorquiano, en este primer movimiento con el cambio que supone el interludio ‘Dances of the Ancient Earth’ y su sonoridad primigenia, atávica, ancestral, a lo cual oboe y percusionistas ayudaron mucho en sus intervenciones.

‘Me he perdido muchas veces por el mar’ sonó realmente delicado en cuanto a timbres, muy sereno en tempo y extáticamente contemplativo, más que misterioso. Se podría poner como pega el frotado de arco de contrabajo contra las placas de la percusión, un tanto atascado donde debería sonar más legato, irreal y onrírico. De nuevo, el tamaño del piano es un serio problema para determinadas sonoridades que exigen más amplitud y reverberación acústica, por mucho que Gradaille se deje la piel y su notable sabiduría en esta música para sacar adelante sus compases.

¿‘De dónde vienes, amor, mi niño?’ vuelve a poner sobre escena un gran trabajo rítmico del TAC, muy vehemente y encendido. Es esto algo que siempre hemos agradecido al conjunto gallego, pues no son muchos los grupos por esta tierra que aparquen cierta contención timorata a la hora de desplegar un volumen sonoro tal, haciéndolo con sentido musical y corrección técnica. Claro que está que ello puede producir ciertas víctimas, en este caso la voz infantil, que con tal potencia percutiva en una sala de acústica tan directa y agresiva como la del cGac queda muy tapada, haciéndose prácticamente ininteligible su diálogo con una Ana Cristina Ferreira que ha vuelto a sorprender con un canto muy expresionista, repleto de matices y variedad de registros. Buen trabajo de David Villa al oboe y contundente rúbrica de percusión al movimiento.

Me decía tras el concierto una amiga que en el cuarto movimiento, ‘Todas las tardes en Granada, todas las tardes se muere un niño’, había estado muy cercana al llanto, tal había sido la intensidad de la música asociada al texto de Lorca y la emotividad con la que el TAC interpretó este pasaje, quizás el más elegiaco e intimista de Ancient Voices of Children. Diego García conjuga el movimiento como gran contraste estilístico, con ecos del flamenco transubstanciando un planto fúnebre, especialmente en la percusión a cuatro manos de Álex Sanz y Antonio Ocampo, excelsos; mientras que Nicasio Gradaille en su piano de juguete nos remite a un universo netamente bachiano, con el carácter infantil que confiere el instrumento, que actúa no sólo como reminiscencia de la niñez, sino como bálsamo musical en la eternidad del genio de Bach: una luz entre las sombras. Sombras son también las que parece recorrer la mandolina en ‘Ghost Dance’, con su extraño sonido de cuerdas con afinación alterada y esos glissandi que parecen conectar el mundo de los niños muertos con el de los vivos.

Con un arranque potentísimo del TAC, ‘Se ha llenado de luces mi corazón de seda’ nos pone sobre la pista de otra voz más en la partitura-palimpsesto que es Ancient Voices of Children, en este caso con los primeros acordes del ‘Abschied’ de la mahleriana Das Lied von der Erde, reducidos por Crumb para piano, percusión, arpa y oboe. Autor también muy atento a los ecos de los estragos de la muerte en la infancia, de lo cual tanto los Kindertotenlieder como la propia Das Lied von der Erde son ejemplos tan evidentes como dramáticos, Mahler es convocado por Crumb no sólo por este aspecto, sino por el carácter oriental que aporta con su partitura de inspiración china. Muy nítida la cita mahleriana en piano-percusión-arpa, y algo más desdibujada en oboe, si bien en esa línea va el trabajo crumbiano con la desafinación de esta madera que se va del escenario para tocar desde la lejanía el tramo final de la obra, mientras que, en un proceso inverso, será la voz infantil la que aparezca en escena para cantar con la soprano el final de la pieza proyectando en el interior de la caja del piano un dúo que entona el "Señor que me devuelva mi alma antigua de niño", y que se materializa en la dramaturgia de Crumb con la fusión del adulto y su alma infantil.

Concluía, de este modo tan emotivo y brillante, una interpretación que considero de más altura musical y técnica que la de Schnittke, y en la cual se comprueba una mayor filiación y experiencia de los miembros del TAC con la partitura de Crumb. Habida cuenta la complejidad y requerimientos de la obra, claro está que se podrían pulir una serie de detalles en cuanto a sentido y planos que acabarían posibilitando una lectura si cabe más crumbiana. Ahora bien, tal y como están las cosas en Galicia, con el derroche de energías que supone el preparar obras de este calibre para una sola ejecución, mucho me temo que el rodaje que estas partituras precisan hasta su más depurada ejecución es un reto complejo. Sería necesario que, en vez, o a la par, que se acometen proyectos de tintes faraónicos en Galicia, se articulara una red de conciertos de música actual que llevara a estos ensembles y obras a diversas ciudades de nuestra geografía, a efectos de que no sólo más publico pudiera conocer la música de nuestra contemporaneidad, sino de que los propios músicos pudieran madurar de este modo sus interpretaciones, que hoy ya partían de un nivel muy notable, como supo valorar el publico esta noche presente en el cGac compostelano en un número bastante superior al habitual, que hizo volver a escena a los músicos en varias ovaciones.

Entre el público se encontraba una nutrida presencia de gente del teatro gallego y del mundo de la música, con algunos de los cuales el TAC, o parte de sus miembros, desarrollan nuevos proyectos que pretenden afianzar una red con la que dotar de mayor interdisciplinariedad a la música actual. Interesante es el reto que el TAC se propone, así como positivo parece de cara a captar nuevo publico. Sería también muy positivo que perseveraran en el desarrollo de la música más arriesgada y comprometida de nuestro tiempo, tanto gallega como internacional. Veladas como la de esta noche, en tiempos tan oscuros, siempre se agradecen y aportan luz a lo que parece un futuro de negras sombras...
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