España - Cantabria

Música y Academia en el siglo presente (3)

Xoán M. Carreira
jueves, 4 de agosto de 2011
Santander, viernes, 15 de julio de 2011. Palacio de Festivales de Cantabria. Sala Argenta. Hansjörg Schellenberger, oboe. Ivan Monighetti, violonchelo. Wolfram Christ, viola. Radovan Vlatković, trompa. 19 participantes en el Encuentro de Música y Academia de Santander 2011. Johann Sebastian Bach, El arte de la fuga BWV 1080, selección (nº I, XV, V, IV y XI) y Concierto de Brandeburgo nº 3 en sol mayor, BWV 1048. Toshio Hosokawa, Lied III para violonchelo y piano (del proyecto "Música para una escuela"). Ludwig van Beethoven, Sonata para violonchelo y piano nº 7 en la mayor Op. 47 b. Franz Laschner, Noneto en fa mayor. Ciclo Cámara Cantabria.
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Ignoro en que momento se pusieron de moda los chistes sobre violistas, pero entiendo que son relativamente recientes pues los sujetos tradicionales de befa en las orquestas eran los sufridos contrabajistas y sus gigantescos "armarios" sonoros sobre los cuales he leído chascarrillos divertidísimos en los más diversos idiomas, los mejores de ellos relacionados con su siempre complicada ubicación en el foso orquestal en los teatros de ópera, la cual da lugar a cómicas situaciones dada la absoluta ignorancia por parte del contrabajista tanto de lo que está sucediendo sull palco, como de lo que realmente escucha el público en la sala. Los modernos chistes sobre violistas son a menudo más crueles y acostumbran a remitir a un práctica del pasado, la de que muchos violistas fuesen violinistas con técnica insuficiente y/o precarios conocimientos de teoría musical. En cualquier caso, gracias a la Red, podemos leer versiones adaptadas de estos chistes a los diversos idiomas y paises, incluso en las webs de algunas orquestas sinfónicas y conozco a excelentes y bienhumorados violistas que coleccionan este tipo de caústicos pero inofensivos dardos contra su propia profesión.

La evidencia prueba sin embargo que los violas ocupan un puesto de observador privilegiado tanto dentro de la orquesta como en el interior de los grupos de cámara. No sólo desde la perspectiva auditiva, sino también visual del director, el entorno y el público, así como la sensitiva, de la percepción de las ondas sonoras. Tal es el caso del maestro Wolfram Christ que desde su puesto de primer viola de la Berliner Philharmoniker ha desarrollado una brillantísima carrera como solista, director orquestal y docente. En este concierto, rodeado de sus alumnos, nos ofreció una versión luminosa e intemporal del Tercer concierto de Brandemburgo. Christ nos ofreció en el escenario de la Sala Argenta una exquisita muestra de la más característica factura del Lucerne Festival Orchestra, uno de los festivales más sutiles, inteligentes y programados con mayor sensibilidad y sentido común en este mes de agosto europeo. Cuando utilizo la palabra intemporal lo hago de modo consciente, incluso provocativo. Wolfram Christ conoce perfectamente tanto las teorías sobre la interpretación históricamente informada como las diversas tradiciones interpretativas de los Conciertos de Brandemburgo y del Tercer concierto en concreto y las utiliza libremente según su criterio. Lo que me parece realmente valioso es que Wolfram Christ hace una interpretación del Tercer concierto de Brandemburgo como una obra plenamente actual, de 2011, y es esa perspectiva la que la convierte en intemporal y trascendente.

Hansjörg Schellenberger y conjunto. Fotografía © 2011 by Elena Torcida

Otra visión totalmente diversa es la de Hansjörg Schellenberger quien, coherentemente, eligió la pura abstracción de El arte de la fuga, el primer intento de J. S. Bach -frustrado, como sus consecuentes La ofrenda musical y las Variaciones Goldberg- para ser reconocido como músico académico en el ámbito universitario de Leipzig. Schellenberger nos ofreció una selección de cinco números en un espléndido arreglo propio para instrumentos de caña que, como cabía esperar, tuvo una interpretación absolutamente modélica.

Dos días antes el maestro Ivan Monighetti había tenido la cortesía de invitarme a asistir a un ensayo de la Sonata para violonchelo y piano nº 7 Op. 47 b de Beethoven, versión violonchelística de la Sonata a Kreutzer, cuya parte de violonchelo está atribuida a Carl Czerny, pero que en 1996 se autentificó como de Beethoven en un congreso en Ottawa. Sea o no original de Beethoven la parte violonchelística, lo cierto es que sí contó, al menos parcialmente, con su supervisión y visto bueno. Durante el ensayo con la pianista Julia Hsu pude constatar no sólo la profundidad analítica de Monighetti sino también comprobar una vez más la riqueza de la tradición interpretativa rusa beethoveniana y sus profundas diferencias de perspectiva -que a menudo comparto- con la germánica.

Ivan Monighetti y Julia Hsu. Fotografía © 2011 by Elena Torcida

Ya en el concierto, la Sonata para violonchelo y piano nº 7 fue una auténtica revelación para gran parte del público, no tanto por el descubrimiento de la versión violonchelística de la popularísima Sonata a Kreutzer como por la propia versión, una manera totalmente distinta de abordar la obra como una narración; desde su emocionante retórica interna, antes que atendiendo a su imponente estructura formal. Desde esta perspectiva, la voz del violonchelo de Monighetti alcanza un pathos que quizás sea inasequible para el violín, el cual campa en los dominios del lirismo. Por su parte la pianista Julia Hsu había ya comprendido y asumido los nuevos códigos retóricos propuestos por Monighetti y les había aportado su propio y muy contrastante mundo sensible. El resultado fue una pura eclosión de emoción y sensibilidad actual y rebosante de vitalidad.

Previamente, Monighetti había interpretado con la pianista Daria Goremykina una pieza de Toshio Hosokawa (1955), escrita para el proyecto "Música para una escuela", con el cual la Escuela Reina Sofía pretende crearse un repertorio propio que se convierta en una riqueza inmaterial que añadir a la constituida por los propios alumnos que allí se forman. El Lied III para violonchelo y piano (2009) es una delicada 'canción sin palabras' que actualiza la tradición mendelsshonia, que sirvió de muy apropiado puente entre la abstracción de Bach y la efusión emocional de Beethoven.

Radovan Vlatković y conjunto. Fotografía © 2011 by Elena Torcida

El maestro Radovan Vlatković, con un grupo de alumnos y la colaboración extraordinaria de Hansjörg Schellenberger, presentó una obra maestra raramente interpretada en tierras meridionales, el Noneto en fa mayor de Franz Laschner (1803-1890), una hermosísima obra crepuscular de un género, el noneto, que para entonces ya estaba siendo sustituido por las serenatas para orquesta de cámara.

El conjunto dirigido por Vlatković nos ofreció una ejecución impecable y elegante en todos los sentidos: dinámica, rítmica, expresión, claridad formal, cuidado del timbre, sutileza de ataque, empaste, etc.; que puso en evidencia la belleza y perfección del Noneto, así como el talento de Laschner y las enormes posibilidades de una agrupación instrumental que tanto había sido apreciada por los compositores Biedermeier. Así lo supo apreciar el público que reconoció con generosidad el esfuerzo y el talento empleado en resolver una ejecución realmente compleja. Yo fui el primero en acompañar de muy buen grado los aplausos por más que no comparta los criterios interpretativos de Radovan Vlatković, los cuales reconozco que están firmemente anclados en una tradición bávara sobre la que existe abundante y rica documentación.

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