Reino Unido

La Simón Bolívar y un argentino envidioso

Agustín Blanco Bazán
jueves, 11 de agosto de 2011
Gustavo Dudamel © Wikipedia Gustavo Dudamel © Wikipedia
Londres, viernes, 5 de agosto de 2011. Royal Albert Hall. Sinfonía número 2 en do menor "Resurrección" de Gustav Mahler (1860-1911). Miah Persson, soprano. Anna Larsson, mezzo-soprano. Coro Nacional Juvenil de Gran Bretaña. Orquesta Sinfónica Simón Bolivar de Venezuela. Gustavo Dudamel, director. BBC Proms
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El argentino envidioso soy yo. Melómano y criado en la vanagloria de un Buenos Aires erróneamente descrito como “el” centro cultural de America Latina, siempre soñé con un país no sólo famoso por los mejores jugadores de fútbol sino también, algún día, por la mejor orquesta sinfónica latinoamericana. A los sesenta y uno, ya no sueño mas. Prefiero admirar una realidad como la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela en los Promenade Concerts de la BBC o “Proms” de Londres. Hay, por supuesto niños y adolescentes argentinos de sobra para comenzar una labor generacional capaz de lograr que en veinte o treinta años una orquesta argentina pueda actuar en los mas importantes festivales europeos. De hecho, son muchos y muy empeñosos los grupos que se empeñan en hacer buena música en Argentina. Pero no hay allí una ética de educación musical como la de Venezuela, donde desde 1975 e independientemente de los cambios políticos, el Estado, consciente de la importancia de la música en la promoción social y el desarrollo individual de sus ciudadanos, se entromete como promotor fundamental de una empresa donde la música clásica pasa a ser componente fundamental de cohesión colectiva. Sólo el Estado puede hacerlo. Nada de esas fundaciones de gente rica que deduce impuestos para hacerse propaganda a ella misma como generosa. El neoliberalismo cultural norteamericano o británico no vale ni para America Latina ni para ninguna otra región periférica donde todo, inclusive la educación musical, es, o debería ser, lucha contra la pobreza y el desamparo.

La Fundación Estatal para el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles Venezolanas (FESNOJIV) emplea 15.000 profesores de música y abarca 250.000 beneficiados en un sistema de orquestas preescolares (4 a 6 años), noventa orquestas infantiles (7-16), 130 orquestas sinfónicas juveniles (16-20) y mas de treinta orquestas profesionales, entre las cuales la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela bajo la batuta de su director musical Gustavo Dudamel ha pasado a destacarse internacionalmente. Fundador y Alma Mater del Sistema es José Antonio Abreu cuya actitud inspiradora documentan muchas entrevistas y conferencias. Para los integrantes de la orquesta (violín, viola y flauta) que accedieron a conversar conmigo antes del último concierto londinense de la orquesta, Abreu es “como un padre. O mejor, cuando viene a hablarnos es como un abuelo que llega a la casa en reunión familiar y todo el mundo se acerca a ver que dicen. Enseña con ejemplos. Nadie sabe en que momento duerme, es un ángel para todo niño que forma parte del sistema.”

“Tres cuartas partes de esos niños viven bajo el nivel de pobreza”, reza escuetamente el programa de mano de las BBC Proms del concierto con la Resurrección de Mahler interpretada por la Simón Bolívar el 5 de agosto.

“Un niño que en su caserío accede a una orquesta adquiere una visión de futuro”, me comenta el violista Ismel Campos. “Mi mamá es cantante en un coro. Me llevaba a los ensayos, y mis cinco hermanos se incorporaron a una orquesta local de entre noventa y cien niños. Y al verme a mí … ¡todos quieren ser violas, no violines! Y todo el mundo quiere ser músico.”

Luego de crecer con instrumentistas reclutados en la niñez, la SBSO se ha sacado el rótulo de “Juvenil” y sus actuales miembros, con una edad promedio de 25, parecen aprestarse a seguir creciendo juntos. “Hemos venido creciendo juntos desde hace años, … infantil…, juvenil … y ahora venimos como Sinfónica Simón Bolívar. La música no tiene límites de edad….”

Eran cuatro años mas jóvenes cuando se presentaron en las Proms del 2007, con la Décima de Shostakovich, las danzas de West Side Story y una selección de piezas latinoamericanas como “fiesta” final, vistiendo chaquetas con la bandera venezolana, estrellas y todo. ¿Van a uniformarse para la Segunda de Mahler?, les pregunté: “No, esta vez de traje” me contestaron con la suavísima socarronería local. Los que quieren mas “fiesta” que Mahler se van a desilusionar, pensé. De hecho, mientras algunos amigos latinoamericanos que no habían jamás escuchado Mahler se afanaban inútilmente por conseguir entradas, otro se preguntaban por qué una orquesta sin tradición mahleriana se ponía de gira nada menos que con la Resurrección, así como Dudamel eligió nada menos que la Novena de Mahler para debutar en Londres al frente de la Filarmónica de Los Angeles meses atrás.

La respuesta es que esta orquesta es, a su manera, mahleriana, no con el sonido o el estilo de las grandes orquestas europeas o norteamericanas, pero que Mahler da para mas que ésto lo demuestra la Simón Bolivar. Mis entrevistados comenzaron a trabajar con el último movimiento de la Resurrección “hace doce años, porque venían los del Conservatorio de New England. Después nos visitó el maestro Rattle con gente de Berlin para ayudarnos a madurar el estilo, … hemos hecho todas las sinfonías menos la Sexta y la Octava. La Décima la hicimos con el maestro Abbado. Mahler es uno de los compositores con los que mas nos identificamos, por la gama de instrumentos. Pensó en grande, y una parte importante del Sistema es pensar en grande. Mahler es uno de los compositores que le caen muy bien a la orquesta. Sus integrantes se han acostumbrado a él desde muy jovenes. Y también el Maestro Abreu nos ha hablado de la carga emocional que hay que tener presente para poder hacer un buen Mahler. Hay que pensar mas allá de la nota que uno está tocando. Hay momentos de calma y otros de locura. Nada mejor que Mahler para expresar esto”. Y el sitio web del Sistema contiene arrebatadores slogans, algunos de los cuales se me ocurren apropiados para penetrar en el mundo sonoro del compositor, por ejemplo “tocar y luchar”, “primero pasión, aprendizaje después”.

Ustedes se crían con estos slogans, les comento a mis entrevistados. El hacer música es para ustedes una experiencia colectiva totalizadora. Qué hay del resto de sus vidas. “Es que para nosotros no hay resto. Con la música no hay resto. Nuestra vida es la música. Toda nuestra actividad tiene que ver con la música”.

Los integrantes de la Simón Bolívar también hacen música de cámara. “Y mucho. Es importante para conectar los diferentes grupos de instrumentos. Abbado nos dijo que la música de cámara es como la pequeña parte a través de la cual se va formando la orquesta.” Y entre sus próximos proyectos figura el ciclo completo de Sinfonías de Mahler que bajo la dirección de Dudamel compartirán con la Filarmónica de Los Angeles en esta ciudad y en Caracas a partir de enero del 2112.

Horas después de mi conversación volví a un Royal Albert Hall con su capacidad para 5.200 oyentes repleta. Dudamel y la Simón Bolívar son culto en Londres, según demostraron los delirantes aplausos que acompañaron la entrada por separado de cada uno de los grupos de una gigantesca orquesta, incluidos catorce contrabajos. La interpretación de Dudamel me convenció menos que su magnífica Novena de Mahler de meses atrás, debido a tiempos a veces excesivamente lentos en el andante moderato y una excesiva parsimonia de pausas y fragmentaciones después de la “salvaje explosión” (Wild herausfahrend) del inicio del último movimiento. El primer movimiento y el progreso final, a partir del “un poco mas movido” (etwas bewegter) fueron en cambio modelos de fraseo, tratamiento cromático y desarrollo armónico. El sonido Mahler de la Simón Bolivar es diferenciado y preciso. Es también un sonido joven, visceral, incisivo en una entrega sin reticencias.

En general, ésta fue una versión vital y directa, más concentrada en una apasionada asertividad que en las abstracciones meditativas de orquestas donde sus integrantes pasan la marca de los cincuenta de edad. Y una versión digna de ser comparada con las mejores que me tocó escuchar en algunas ocasiones donde la trascendencia de la obra se asocia con acontecimientos existenciales. Al frente de la orquesta de Dresde, Haitink conmemoró los cincuenta años del bombardeo de la ciudad con una versión de espontaneidad suprema, mientras que Boulez festejó sus ochenta dirigiendo a la Filarmónica de Viena con intimísima y penetrante serenidad. Dudamel y la Simón Bolívar acentúan los contrastes de la partitura como lucha, planteada a partir de la extrema agresividad del acorde inicial y resuelta con un igualmente asertivo voluntarismo en el himno final.

También el Coro Nacional Juvenil de Gran Bretaña (multiétnico, edad máxima, 28 años) ayudó a esta versión juvenil, ingenua y por ello mismo mahleriana hasta la médula. La soprano Miah Persson y la mezzo Anna Larson se incorporaron a la orquesta y el coro con con similar inspiración, sólida proyección vocal y fraseo de superlativa musicalidad.

Inspirado por este concierto, no tuve mas remedio que volver a soñar: tal vez los partidos políticos argentinos van a incluir en la campaña electoral un proyecto como el del sistema venezolano, capaz de convocar a los niños pobres y sus familias a “tocar y luchar” y hacer de la música “una experiencia colectiva y social” de “capacitación, prevención y recuperación” destinada a evitar "una juventud vacía, desorientada y desviada”. Luego de leer estos conceptos en el sitio web del sistema, los políticos se prenderán a YOUTUBE para escuchar la breve conferencia de José Antonio Abreu en TED. Mientras los niños argentinos aprenden, la ciudad de Buenos Aires construirá ese auditorio del cual se hablaba en mi infancia, para contrastar la vetusta sala operística del Colón con algo nuevo y diferente. Y después habrá una orquesta argentina que exporte este ejemplo como logro cultural colectivo en un país plagado de pobreza y desigualdades empeñado en “hacer realidad sus sueños” (ver website del Sistema). Pero mientras tanto, tango, futbol, improvisación desordenada, y pasiones artísticas desorganizadas y fragmentadas. Imposible hacer un buen Mahler bajo estas condiciones. Así que si de Mahler se trata, ¡argentinos a Caracas en el 2012! ¡Y, por favor, no olvidar ir al barrio de Ismel Campos para contratar violas, que nunca sobran!

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