Alemania

Shhhhhh, hay un elefante en la habitación....

Eduardo Benarroch
lunes, 22 de agosto de 2011
Bayreuth, lunes, 1 de agosto de 2011. Festspiele. Tannhäuser de Richard Wagner. Versión de Dresde (Dresde Hoftheater, 19-10-1845). Director de escena: Sebastian Baumgartner. Escenografía: Joep van Lieshout. Vestuario: Nina von Mechow. Iluminación: Franck Evin. Video: Christopher Kondek. Dramaturgia: Carl Hegemann. Lars Cleveman (Tannhäuser), Günther Groissböck (Landgraf), Camilla Nylund (Elisabeth), Michael Nagy (Wolfram), Lothar Odinius (Walther), Thomas Jesatko (Biterolf), Arnold Bezuyen (Heinrich), Martin Snell (Reinmar), Stephanie Friede (Venus), Katja Stuber (Un pastor). Coro del Festival de Bayreuth (director del coro: Eberhard Friedrich). Orquesta del Festival de Bayreuth. Director de orquesta: Thomas Hengelbrock. Festival de Bayreuth 2011. Asistencia: 100%
0,0005529

Como en toda publicación que se precie, hay lectores de Mundo Clásico que leen y dejan pasar, hay quienes se enojan con quienes escribe las notas y hay otros que hasta se enojan con el editor por haberlas publicado. Me gustaría aconsejar a quienes lean esta nota que si están de acuerdo con lo que sigue, que se quejen al Festival de Bayreuth.

Dos años han pasado desde que las dos hermanastras Wagner han tomado las riendas del potro llamado Festival de Bayreuth. En manos de su padre Wolfgang era un potro bien domado, ágil y de muchas facetas interesantes, de vez en cuando se rebelaba pero siempre volvía a Wolfgang con su cabeza alta. Eva y Katharina se encuentran con un potro que de pronto se les esta escapando de las manos, no hay rienda que le venga bien y las riendas que ellas han preparado no sirven, el potro no obedece más.

En otras palabras, por primera vez en muchos años ha habido entradas a la venta para muchas de las óperas que se estaban presentando. Si la excusa de las hermanastras es que su actual política esta designada precisamente para ese propósito deben ser aplaudidas, al fin se podrán comprar entradas de un momento a otro. Mientras uno camina por las calles de Bayreuth, comiendo un helado de pronto se le mete en la cabeza que quiere ir a ver una función y para hacerlo no tiene más que acudir a la boletería y comprar su entrada. Una meta muy loable, pero hay que acordarse también de las palabras 'responsabilidad artística'.

El año anterior se vio un Lohengrin lleno de ratas. Las ratas personificaban al espíritu ciego de las masas, en este caso los coros de la casa, en un momento se decidían por un personaje y en otro cambiaban de opinión. Puras ratas, pobres ellos. Pero aparte de las ratas todo está claramente descrito en la partitura.

Este año Tannhäuser, quizás la obra mas problemática de presentar de Wagner, recibió un tratamiento aun más provocador o para otros inconsciente. Este es el tercer Tannhäuser que veo en menos de un año, todas nuevas producciones puestas en la Ópera Real de Londres, en Zürich y finalmente la puesta de Sebastian Baumgartner que inauguró el festival. A Baumgartner le vi un muy buen espectáculo en la Komische Oper, Orest de Haendel en una versión moderna e inteligente que no se apartaba mucho de la historia original, es mas, su producción contenía aspectos novedosos e inteligentes, como recitativos acompañados por balalaika [leer reseña]. En esta producción las cosas han cambiado radicalmente.

 

 

Al entrar al teatro, tarde como se acostumbra luego de escuchar la última fanfarria de llamada, el público se encontró frente a una masiva instalación de tres pisos creada por Joep van Lieshout. En esta instalación se produce Bio Gas, o sea, que recursos naturales como plantas, alimentos descartados, defecaciones y otras delicias similares son usadas para crear un combustible que es amigote de la Naturaleza. ¡Exacto! Usted, señor lector, siempre pensó que esa era la forma de encarar esta obra y por fin hay alguien que hizo realidad su sueño. Para otros lamentablemente fue una pesadilla.

La compañía que produce ese BioGas se llama Wartburg (igual que como usted lo imaginó señor lector). En el piso superior (¿me pregunto si alguien se ubicó en la galería superior para constatar si los espectadores podían ver tan alto?) había cuchetas donde dormía parte del coro vestidos de operarios. Dos puentes unían los dos pisos y por debajo se ubicaban enormes tanques procesadores y almacenadores de BioGas. Parte de un público seleccionado estaba sentado a los costados del escenario. Videos mostrando una delgada mujer desnuda era visto en pantallas, y también (al igual que con Schlingensief en su discutido Parsifal) se veían los procesos que hacen que bacterias descompongan productos naturales produciendo entre otros Bio Gas.

 

La escena del Venusberg era vista como una enorme jaula que subía desde el piso y donde habitaban seres básicos como amebas que se la pasaban copulando. Venus aparecía como una mujer embarazada no por la producción sino por un Tannhäuser en calzoncillos tan poco atractivo como las bacterias. Luego de media hora de estas tonterías sin sentido la pregunta que surgió fue “¿habían puesto una escenografía equivocada?”

Era difícil, por no decir imposible, encontrar la conexión con la ópera de Wagner, en realidad nada podía estar más alejado de ella. Esta enorme instalación era como un elefante sentado sobre una torta de queso, el resultado fue por decir algo apropiado ‘aplastante’ y nada quedó de esa deliciosa torta llamada Tannhäuser.

Sebastian Baumgartner. Esquema del Concepto de Tannhäuser

© 2011 by Sebastian Baumgartner

 

La Personenregie fue inexistente, en ese enorme espacio que constituye el escenario de Bayreuth los caracteres caminaron de un lado a otro algunos vestidos de época y otros, como Tannhäuser, en calzoncillos, hasta que uno de sus amigos (Biterolf) le obsequia un par de pantalones de cuero que había traído para cambiarse en caso de que se orinara en los suyos, orinara de risa supongo. Es cierto que todo caballero que se precie, por mas que se encuentre en una instalación como esta, siempre lleva un par de pantalones de cuero de más. Biterolf era un caballero como pocos. Eso hemos aprendido, muchas gracias señor Baumgartner.

Creo sin equivocarme que no tiene ningún sentido describir qué es lo que (no) sucedió en escena, excepto un detalle para curiosos de las producciones modernas (de las buenas y de las malas). En el tercer acto cuando dice “dejame entrar pura dentro de tu bendito reino” Elisabeth muere al entrar en uno de los tanques de BioGas; de pronto se arrepiente y desea salir pero Wolfram la empuja y cierra la puerta desde afuera. O sea que hemos también aprendido que Wolfram es un asesino, cosa que nadie hubiera imaginado. Hay también una explicación psicológica pero es tan tonta que no vale la pena. Pero muchos de los espectadores sentados del medio hacia la izquierda fueron privados de ver la parte crucial de este desenlace porque en esta instalación masiva había una columna frente a la puerta que cerraba Wolfram. Yo tuve suerte porque aunque sentado en el medio, mi compañera me relató (sentada a la derecha) el crimen que Wolfram había cometido. Creo que la policía estaba sentada también a la izquierda y eso confirmó mis sospechas de porqué no saltaron al escenario de inmediato a rescatarla y apresar al villano Wolfram.

Se usó la versión de Dresde, una pena porque Wagner se tomó mucho trabajo para recomponerla en un estilo cromático mucho más afín a la obra y al carácter central. Pero ni siquiera la ajustada aunque a veces voluminosa dirección de Thomas Hengelbrock me tentó a cerrar los ojos. No es un mal director, y supongo que para el final del festival se habrá asentado y sus tempi y el volumen habrán encontrado un nivel más equilibrado al que escuché durante la segunda función.


El elenco fue variable pero hubo dos figuras que resaltaron por encima de todas. Una fue la estupenda, bella, lírica, estilista de primera, Elisabeth de Camilla Nylund. Su registro fue limpio, siempre de color plateado, homogéneo y de volumen medio pero penetrante. No se puede hablar de qué tipo de Elisabeth creó en escena porque no hubo escena. Digamos que la Nylund se movió como le indicó el regiesseur y no hay que culparla por ello. Esta soberbia cantante finlandesa me gustó desde sus comienzos en Colonia y merecía una mejor producción para su debut.

Günther Groissböck mostró una voz de bajo sensacional en el rol del Landgrave, un joven cantante austríaco con mucho futuro. Michael Nagy fue un timorato Wolfram, Lars Cleveman tuvo algún que otro problema con la tesitura que todavía no estaba anclada en la voz. Es posible que al igual que Hengelbrock, Cleveman se encuentre más cómodo al final. Tampoco le ayudó el comienzo en calzoncillos, haciéndolo nada atractivo y ridículo. Stephanie Friede fue una mediocre Venus. El coro del Festival fue también uno de los pilares que sostuvieron en parte esta decaída función.

Qué es lo que desean hacer las dos hermanastras con el Festival todavía no se entiende. Si desean atraer la atención de los mass media a toda costa lo están logrando, pero a costa de enfrentar a un público fiel, que fue uno de los muchos logros de Wolfgang Wagner. El “Nuevo Bayreuth” de los hermanos Wieland y Wolfgang fue un logro artístico inmenso, este “nuevo Nuevo Bayreuth” no puede compararse de ninguna manera con esos dos gigantes, pero también hay que darles tiempo a Eva y Katharina para aprender. Hay un dicho en inglés que dice que no hay que tirar al bebé con el agua de la bañadera. En este caso quizás haya que rescatarlo de dentro de alguno de los tanques de BioGas antes de que se ahogue.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.